"Los mellizos Potter" — capítulo 138
Capítulo 16:
"Cabeza de Puerco"
Durante el resto de la semana, Tabatha se sentía verdaderamente incomoda cada vez que Hermione mencionaba el tema de las clases particulares. Al parecer ni la castaña ni ron, se daban cuenta del malestar que le causaban esas tozudeces. Durante días había intentado enviarle cartas a Remus, pero debía contenerse y prestar atención a las advertencias de Ojoloco.
-¡Por favor, Tab!-insistió Hermione, mientras ambas bajaban las escalerillas de la habitación de chicas el sábado por la mañana.- ¡Tienes que ir conmigo, es realmente importante!-tironeó varias veces del abrigo de su amiga.
-¡Hermione!-exclamó la pelirroja, deteniéndose fuera del agujero de la sala común de Gryffindor.- Ya detente.-forcejó un poco y se liberó del agarre de la otra chica.-He dicho que no. No pienso ir a la Cabeza de Puerco, prefiero quedarme en Hogsmeade e ir a las Tres Escobas.-
La castaña quedó perpleja.
-¿Qué ocurre?-preguntó en un susurro.
-Yo…ah…-Tabatha se pasó las manos por el rostro y suspiró exasperada.-Lo lamento.-dijo finalmente. Al ver el rostro de su amiga, sintió un pinchazo en el pecho; Hermione parecía tener los ojos vidriosos.-Pero créeme que realmente, no puedo ir.-subió la cremallera de su abrigo y echó a caminar por el extremo opuesto del pasillo.
A pesar de que el día estaba lindo, una sombra acaparaba su esplendor dejando una nube negra encima de Tabatha. Durante la noche no había dormido nada y sentía las incontenibles ganas de gritar el nombre de su padrino para que él viniese a consolarla con un trozo de chocolate y alguna que otra palabra de aliento. Luego de la conversación junto a la chimenea, se había puesto lo injusto que había sido Ron en tratar de callarla cuando ella estaba defendiendo su parte de la historia.
Al salir de la galería se entretuvo pateando un guijarro con la punta de su zapatilla. Se sentía imponente al no poder hacerse escuchar.
Eres débil si no puedes callarlos.
Apretó los ojos y pateó la roca, lanzándola lejos de su posición.
La rabia le hervía la sangre y las mejillas parecían dos enormes faros rojos. Estrujó la punta de sus dedos dentro de los bolsillos y continuó caminando.
Para ese momento, ya todos es habían terminado de desayunar y se dirigían a Filch para poder mostrarle las autorizaciones. Tabatha desvió el camino en cuanto trabó una breve mirada con Hermione; la castaña, por su lado, la miró con cierta pesadumbre y continuó su camino con Harry y Ron.
La pelirroja se escabulló entre los demás alumnos y presentó su permiso. El conserje la miró con ojo crítico, pero la dejó pasar.
Aunque ella hubiera preferido pasar el resto del día en el castillo, la desanimó la idea tener que cruzarse con la profesora Umbridge. El dorso de la mano aún le ardía y la herida se había cicatrizado casi del todo.
Esquivando al resto del alumnado, tomó la cabecera de la fila y se abrigó un poco más con la campera. Nunca se había dado cuenta lo aburrido que era el camino sin compañía.
El viento le soplaba los cabellos en diferentes direcciones, mientras ella continuaba con la cabeza baja. Aun sentía remordimiento hacia sus amigos y en espacial para Harry; todo el verano la situación parecía rondar a su alrededor y no salía de la atmosfera Harry James Potter. Eso la irritó cada vez más.
Bajó por la calle principal y tres manchones, veloces como liebres, pasaron a su lado. Los gemelos y Lee se precipitaron hacia la entrada de Zonko, la tienda de bromas. Mientras Fred y Jordan jugaban una competencia para ver quién ingresaba primero, George se retrasó y le dedico una cálida sonrisa. Tabatha se la devolvió. El pelirrojo, la miró por última vez y decidió ir a separar a los otros dos.
Ella siguió con su camino. No tenía muy en claro a donde ir, pero no se detuvo; sus pies la llevaban sin rumbo fijo. Y cuando quiso darse cuenta, había llegado a la Casa de los Gritos. Una oleada de recuerdos la atacó.
Metiéndose por la estrecha entrada, se escabulló hacia el interior y subió las escaleras que conducían al piso de arriba. Allí, aún estaban presentes las marcas de la pelea que se había batido en su tercer año; en un rincón había una mancha negra, la cual, tiempo atrás, había sido roja, y era de la sangre de Ron. La estropeada cama mostraba los resultados del hechizo que Harry le había lanzado al profesor Snape.
Dejó que sus pies vagasen por el arruinado parqué y se apoyó contra una de las ruinosas paredes, deslizándose por la misma. Las rodillas le tocaron el pecho y la cabeza reposó contra las mismas. Se sentía cansada, fastidiosa y no había nadie cerca como para preguntarle al menos como se sentía.
Suspiró contra la tela de su jean y fregó la frente contra la prenda.
Ella había leído muchos libros muggle sobre los estados de ánimo. Algo que le había quedado muy fresco en la cabeza era que los seres humanos, luego de perder a un ser querido, se veían envueltos en el duelo; proceso por el cual se trataba de asimilar la falta de aquel ser querido. A veces duraba meses, otros años y algunos casos, para toda la vida.
A pesar de tener 15 años, la perdida de Cedric fue la gota que colmó el vaso. Acostumbrada a que los demás le dijesen como era la muerte, jamás se vio así misma siendo testigo de aquel cruel asesinato.
-Vamos, ya basta.-apretó nuevamente los ojos e intentó pensar en otra cosa.
-¿Tab? ¿Tab, estás aquí?-se sobresaltó en su lugar, en cuanto el eco de la casa le llevó una voz.- Oye, sí estás aquí, necesito algo de ayuda.-
Rápidamente, se puso de pie y se abalanzó hacia la puerta.
-¿Hola?-su voz resonó en el vacío.- ¿Quién anda?-una nube de polvo se elevó hacia su posición y una figura tambaleante apareció ante ella. Tabatha gritó y se echó hacia atrás.
-¡Tranquila! ¡Tranquila!-unos empolvados brazos se elevaron y se posaron sobre sus hombros.- Soy yo, George.-el muchacho sacudió la cabeza varias veces y su cabello pasó de estar gris a estar rojo de nuevo.-No te asustes.-
-Gracias por la advertencia.-la pelirroja masculló, mientras eliminaba las motas de suciedad del rostro de su amigo.- Pensé que estabas en Zonko.-
-Bueno.-George sonrió.-Ya me conozco esa tienda de memoria.-repuso mientras ambos ingresaban a la habitación.-Aparte, la Dama Gorda mencionó que dos chicas habían estado peleando frente a ella; le pregunté quiénes y no me respondió con exactitud, pero luego vi el rostro de Hermione y me cayó la ficha.-
-¿Ella…está enojada?-Tabatha elevó sus almendrados ojos.
-No sé si enojada sea la palabra correcta.-terció el muchacho.-Más bien, parecía acongojada y cuando Harry preguntó por ti, casi se puso a llorar.-la pelirroja bufó con malestar y se deslizó por la pared nuevamente.-Pero… ¿qué pasó?-
-Largo de explicar.-George se ubicó junto a ella. Más motas de polvo se elevaron cuando él sacudió su sweater.
-Bueno, tenemos tiempo.-él sonrió, pero ella bajó la vista.-Oye.-el muchacho la empujó suavemente con el hombro.-Puedes hablar conmigo, ¿sabías? No voy a comerte.-Tabatha rió levemente.
-Discutimos.-respondió.-Bueno, yo…yo le grité.-se mordisqueó el labio.-No debí hacerlo. Ella es una buena amiga y no se merece ese tipo de tratos.-
-Pero, ¿por qué discutían?-
Tabatha respiró hondo.
-Estoy celosa.-miró a su amigo con ojos lastimeros.-Estoy celosa de la atención que tiene Harry.-por un momento temió que George se largará a reír, pero en cambio, el muchacho la miró con atención.-Desde que ahuyento al Dementor en el verano, se ha vuelto el centro del mundo y nadie se acuerda de la segunda Potter; quién estuvo a un paso de recibir el beso del Dementor…-bufó por lo bajo.-Todos parecen más pendiente de él…-parpadeó varias veces.-
-Te entiendo.-habló George.-No es que me pase, pero te entiendo.-añadió.-Te he estado observando desde que llegaste a la Orden; no eres la misma. Lo noté.-
-Eres el único.-ella bufó, reposando la cabeza contra la pared.-Gracias.-
-De nada.-Tabatha se mordisqueó el interior de la mejilla y se movió apenas hacia un costado. Sus labios rozaron la piel manchada del muchacho, quién, ante la sorpresa, ladeó un poco la cabeza hacia el costado, de modo que ella le besó el inicio de la comisura. Tabatha enrojeció en menos de un parpadeó y volvió a colocarse en su lugar.
-Ohm…-George tenía una sonrisa enorme plasmada en el rostro mientras que ella ardía por dentro y por fuera.-Te invito una cerveza de mantequilla.-
..*
Luego de que salieron de la Casa de los Gritos, se dirigieron a Tres Escobas. El lugar estaba a rebosar, pero lograron encontrar una mesa vacía. George fue a la barra por las cervezas mientras Tabatha ocupaba los asientos.
A pocos metros se hallaban las hermanas Patil y Lavander. Las tres miraban a la pelirroja y hablaban entre ellas. Potter se sintió algo incomoda por lo que decidió apartar la mirada.
-Aquí están.-George regresó con dos botellas y se ubicó junto a ella.-Madame Rosmerta te manda saludos.-la pelirroja miró por encima del hombro de su amigo y divisó a la dueña del lugar, quién la saludaba agitando fervientemente un repasador.-Cree que estamos en una cita.-un sonrojo se instaló el rostro del muchacho.-Le dije que solo te hacía compañía, pero no me cree.
-Eres un buen amigo, Georgi.-Tabatha le apretó la mano y le sonrió cariñosamente. El jugueteó con su botella y tomó un trago largo de cerveza.-Oh, ¿irás a la reunión en…ya-sabes-donde?-
-Sí. Fred y Lee me esperan.-respondió él.- ¿Tú irás?-
-Ohm…-la pelirroja rascó la etiqueta de su botella con la uña.-No lo sé.-curvó los labios.-Lo más probable es que regrese al castillo.-
-No tiene sentido esa reunión si no estás tú.-George dijo todo tan rápido, que apenas se llegó a entender.-Harry no es el único que se ha enfrentado a… Quién ya tu sabes.-ésta vez fue el turno de Tabatha de enrojecerse.
-Lo pensaré y en todo caso, te alcanzo.-las hermanas Parvati, junto a un grupo numeroso de estudiantes, se movilizaron en masa hacia la salida. Justo cuando ellos salía, Fred y Lee ingresaron.
-¡George!-exclamó el segundo gemelo, sacudiendo un brazo.- ¡Tenemos que irnos!-
-¡Sí!-el aludido se terminó de otro trago la botella.- ¿Vienes?-
-Te alcanzo luego.-Tabatha sonrió.
-Bien. Te esperaré.-George se puso de pie y se reunió con los demás.-
Pasado un rato, el bar se fue llenando cada vez más y el barullo sobrepasó a Tabatha. Ella le dejó unos cuantos galeones a Madame Rosmerta y salió. Abrigándose un poco más, vio a otro grupo numeroso de alumnos; todos pertenecían a Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff. Ninguno a Slytherin. También le parecía raro no haber visto a Malfoy y su séquito en todo el día.
Pasó por Honeydukes y compró algunos caramelos de anís y calaveras de chocolate, las cuales devoró con ansias, y luego merodeó por el pueblo. La verdad era que la visita se había vuelto aburrida y aún no se animaba a regresar al castillo. La curiosidad le picaba la nuca; ¿qué estarían hablando en la reunión?
Pasando por el correó, torció a la izquierda y se encontró de frente con el lugar de congregación. El cartel chillaba por encima de su cabeza, mientras el viento lo oscilaba hacia los costados. Dedujo que los engranajes de la puerta generarían el mismo ruido y no quería que nadie la viese entrar. Se colocó la capucha de la campera sobre la cabeza e intentó subirse el rostro lo mejor que pudo y aguardó. Cuando se estaba terminando de arreglar, la puerta se abrió con un fuerte chasquido. Un hombre corpulento salió y antes de que cerrara, la pelirroja se coló. El tablón le azotó la espalda y las bisagras e quejaron.
Una vez dentro, nadie se percató de su presencia. En el ambiente había un fuerte aroma a polvo y humedad y Cabeza de Puerco, no era el pub más famoso del pueblo; consistía en una sola habitación, pequeña, lúgubre y sucísima, donde se notaba un fuerte olor a algo que podría tratarse de cabras. Las ventanas tenían tanta mugre incrustada que entraba muy poca luz del exterior. Por eso el local estaba iluminado con cabos de cera colocados sobre las vastas mesas de madera. A primera vista, el suelo parecía de tierra apisonada, pero cuando caminó por él, se dio cuenta de que había piedra debajo de una capa de roña acumulada durante siglos.
Se ubicó en una mesa, cerca del tumulto de gente, los cuales parecían estar sumidos en una ardua discusión, y se dispuso a escuchar.
-¿Tú quién eres?-preguntó hoscamente Ron, dirigiéndose a un chico.
-Zacharias Smith.-Tabatha lo reconoció como un jugador de Hufflepuff. -Y creo que tenemos derecho a saber qué es exactamente lo que nos permite afirmar que Quien-tú-sabes ha regresado.
-Mira.-intervino Hermione con rapidez.-Ése se no es el tema de esta reunión...
-Déjalo.-dijo Harry. La pelirroja pensó que algunos de sus compañeros, quizá incluso la mayoría, habían ido a Cabeza de Puerco con la esperanza de oír la historia contada por su protagonista.- ¿Quieres saber qué es exactamente lo que me permite afirmar que Quien tú-sabes ha regresado?-preguntó mirando a los ojos a Zacharias.- Yo lo vi. El año pasado, Dumbledore le contó al colegio en pleno lo que había ocurrido, pero si tú no lo creíste, no me creerás a mí, y no pienso malgastar una tarde intentando convencer a nadie.
El grupo en su totalidad había contenido la respiración mientras él hablaba.
-Lo único que nos contó Dumbledore el año pasado fue que Quien-tú-sabes había matado a Cedric Diggory y que tú habías llevado el cadáver a Hogwarts.-insistió el chico.-No nos contó los detalles ni nos dijo cómo habían matado a Diggory, y creo que a todos nos gustaría saber...
-Si has venido a oír un relato detallado de cómo mata Voldemort, no puedo ayudarte.-interrumpió Harry.-No voy a hablar de Cedric Diggory, ¿de acuerdo? De modo que si es a eso a lo que has venido aquí, ya puedes marcharte.
-Bueno.-saltó Hermione con voz chillona.-Bueno..., como iba diciendo..., si quieren aprender defensa, tenemos que decidir cómo vamos a hacerlo, con qué frecuencia vamos a reunimos y dónde vamos a...
-¿Es verdad que puedes hacer aparecer un Patronus?- la interrumpió la chica de la larga trenza, mirando a Harry. Un murmullo de interés recorrió el grupo.
-Sí.-contestó él poniéndose a la defensiva.
-¿Un Patronus corpóreo?
-Oye, ¿tú conoces a la señora Bones?-le preguntó.
-Es mi tía.-respondió la chica sonriendo.- Me llamo Susan Bones. Me contó lo de la vista. Bueno, ¿es verdad o no? ¿Sabes hacer aparecer un Patronus con forma de ciervo?
-Sí.
-¡Caramba, Harry!-exclamó Lee, que parecía muy impresionado.- ¡No lo sabía!
-Mi madre hizo prometer a Ron que no lo contaría.-intervino Fred dirigiéndole una sonrisa a Harry.- Dijo que ya atraías suficiente atención.
-Está en lo cierto.-murmuró Harry, y un par de personas rieron. La bruja del velo negro que estaba sentada sola en un rincón se movió un poco en la silla.
-¿Y mataste un basilisco con esa espada que hay en el despacho de Dumbledore?-inquirió Terry Boot.-Eso fue lo que me dijo uno de los retratos de la pared cuando estuve allí el año pasado...
-Pues sí, es verdad...-admitió Harry. Tabatha castañeó los dientes. Y ahí iba de nuevo, nada de merito para ella.
-Y en primero.-exclamó Neville dirigiéndose al grupo.-salvó la Piedra Filológica...
-Filosofal.-corrigió Hermione.
-Eso, sí..., de Quien-ustedes-saben.-concluyó Neville. Hannah Abbott tenía los ojos redondos como galeones.
-Por no mencionar las pruebas que tuvo que superar en el Torneo de los tres magos el año pasado: se enfrentó a dragones, a la gente del agua, a las Acromántula y a todo tipo de cosas...- intervino Cho.
Los impresionados asistentes emitieron un murmullo de aprobación que recorrió la mesa. Harry se moría de vergüenza e intentaba controlar la expresión de su rostro para que no pareciera que estaba demasiado satisfecho de sí mismo. El hecho de que Cho acabara de elogiarlo hacía que le resultara mucho más difícil decir a sus compañeros lo que se había propuesto explicar.
-Miren.-dijo sobreponiéndose, y todos callaron al instante.-No quisiera pecar de falsa modestia ni nada parecido, pero... en todas esas ocasiones conté con ayuda...
-Con el dragón no.-saltó Michael Corner.-Aquello fue un vuelo excepcional...
-Sí, bueno...-cedió Harry creyendo que sería una grosería no admitirlo.
-Y tampoco te ayudó nadie a librarte de los Dementores este verano.-aportó Susan Bones.
-No.-reconoció Harry.-De acuerdo, ya sé que algunas cosas las conseguí sin ayuda, pero lo que intento hacerles entender es...
-¿Intentas escabullirte y no enseñarnos a hacer nada de eso?-sugirió Zacharias Smith.
-Oye, tú.-dijo Ron en voz alta.- ¿Por qué no cierras el pico?
-Hemos venido aquí a aprender de él y ahora resulta que en realidad no puede hacer nada...-insistió el chico, sonrojado.
-Harry no ha dicho eso.-gruñó Fred.
-¿Quieres que te limpiemos las orejas?-preguntó George sacando un largo instrumento metálico de aspecto mortífero de la bolsa de Zonko.
-O cualquier otra parte del cuerpo. De verdad, no tenemos manías.-añadió Fred.
-A lo que iba.-siguió Harry.-Sé que se me han acreditado muchas hazañas y como he dicho antes, en ninguna de ellas estuve solo y tuve más ayuda de lo que me hubiera imaginado.-Tabatha se mostró interesada.-Obviamente conté con mis dos amigos, Ron y Hermione, pero también hubo alguien, que sin ella, dudo haber sobrevivido.-hubo un murmullo entre los presentes.
-¡Tabatha!-exclamó Neville. El muchacho se puso de pie y escudriñó la habitación.- No está aquí.-se volvió hacia el trio.- ¿Dónde está?-Ron y Hermione intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros.
-Tab.-prosiguió Harry.- ¿Por qué no te sacas la capucha y vienes aquí?-la pelirroja se mordió la lengua y sintió las miradas de todos, buscándola. Pero ella no levantó la vista. Un chirrido se escuchó en el lugar, seguido de pasos.-Oye.-una sombra le tapó la poca luz del lugar.-Pensé que no vendrías.-los dedos de Harry le corrieron la caperuza y un tímido mechón cayó sobre el rostro de la pelirroja.
-¿Tú también puedes hacer un Patronus corpóreo?-saltó Susan Bones, asomando su enrojecido rostro.
-Ella puede.-respondió Harry.-Y puede hacer miles de cosas más. Es diestra en pociones y tiene una muy buena defensiva en DCAO. Pero, por sobre todo, ella es la razón por la que pude superar todas esas pruebas.-Hermione dejó escapar un inaudible sollozo y sonrió.-Sé que nunca te lo he dicho, pero te lo agradezco, Lily.-hubo un estruendo de sillas en el local y casi veinticinco personas estuvieron alrededor de los mellizos.
-¿Aceptarás darnos clases con Harry?-preguntó Dennis Creevey. Muchos ojos estuvieron encima de ella, casi poniéndola incomoda.
-Sí, pero…-
-¡Genial!-exclamaron Fred y Lee, chocando los cinco. El resto de los presentes festejaron; Lavander y Parvati se le tiraron al cuello, abrazándola. Sobre la mata enrulada de la chica Brown, Tabatha divisó a George en un rincón; el muchacho le sonreía ampliamente.
-¡Aguarden, aguarden!-exclamó una chica. Lavander y Parvati se separaron. Aquella que pedía silencio, sin duda, era amiga de Cho e iba a Ravenclaw. Marietta Edgecombe se adelantó unos pasos, colocándose junto a la pelirroja.-Sí Harry no quiere contar lo que pasó en la prueba final, yo pre te pregunto a ti, si serías tan amable de hacerlo.-Hermione se cubrió la boca.- ¿Cómo murió Cedric?-
-¡Marietta!-chilló Cho, sacudiéndola del brazo.
-Creo que mejor…-
-¿Es que acaso estás sorda?-cuestionó Tabatha, poniéndose de pie.-Voldemort lo mató.-la audiencia contuvo el aire e, incluso, el cantinero prestó atención.- ¿No sé si alguna vez haya escuchado de él? Digamos, en cortas palabras, no es una buena persona; lo comprobé dos veces.-se volvió hacia el resto de los presentes.-Cedric Diggory fue asesinado, mediante el hechizo Avada Kedavra, en un cementerio y todo por culpa de Lord Voldemort.-giró bruscamente la cabeza hacia Marietta.- ¿Dudas?-
Todos quedaron atónitos.
-Sí, bueno...-interrumpió Hermione. Marietta regresó junto a Cho y permaneció en silencio.- Siguiendo con lo que decíamos...lo que importa es: ¿estamos de acuerdo en que queremos que Harry y Tabatha nos den clases?-hubo un murmullo general de aprobación. Zacharias se cruzó de brazos y no dijo nada, aunque quizá fuera porque estaba demasiado ocupado vigilando el instrumento que Fred tenía en la mano. -Muy bien.-asintió Hermione, que pareció aliviada al comprobar que al menos se habían puesto de acuerdo en algo.- Entonces, la siguiente pregunta es con qué frecuencia queremos reunimos. Creo que, como mínimo, deberíamos reunimos una vez por semana...
-Un momento.-terció Angelina.-Tenemos que asegurarnos de que esto no interferirá con nuestros entrenamientos de quidditch.
-Eso.-coincidió Cho.- Ni con los nuestros.
-Ni con los nuestros.-añadió Zacharias.
-Estoy segura de que podremos encontrar una noche que le vaya bien a todo el mundo.-afirmó Tabatha impacientándose un poco.-Pero piensen que esto es muy importante, estamos hablando de aprender solos a defendernos de Voldemort y de los Mortifagos...
-¡Así se habla!-bramó Ernie.-Personalmente creo que lo que intentamos es muy importante, con seguridad lo más importante que haremos este curso, más incluso que los TIMOS.-miró a su alrededor con gesto imponente.-Personalmente no me explico cómo el Ministerio nos ha endilgado una profesora tan inepta en este periodo tan crítico. Es evidente que no quieren aceptar que Quien-ustedes-saben ha regresado, pero ponernos una profesora que intenta deliberadamente impedir que utilicemos hechizos defensivos...
-Creemos que la razón por la que Umbridge no quiere entrenarnos en Defensa Contra las Artes Oscuras es que se le ha metido en la cabeza la idea de que Dumbledore podría utilizar a los estudiantes del colegio como una especie de ejército privado.- explicó Hermione.- Cree que podría movilizarlos para enfrentarse al Ministerio.
Aquella noticia sorprendió a casi todos.
-Bueno, es lógico. Al fin y al cabo, Cornelius Fudge tiene su propio ejército privado.-soltó Luna.
- ¿Qué?-saltó Harry, absolutamente desconcertado por aquella inesperada información.
-Sí, tiene un ejército de heliópatas.-afirmó la muchacha con solemnidad.
-Eso no es cierto.- espetó Hermione.
-Claro que sí.-contradijo Luna.
-¿Qué son heliópatas?-preguntó Neville, perplejo.
-Son espíritus de fuego.-contestó Luna, y sus saltones ojos se abrieron aún más, haciéndola parecer más chiflada que nunca.-Unas enormes criaturas llameantes que galopan por la tierra quemando cuanto encuentran a su paso...
-No existen, Neville.-aseguró Hermione de manera cortante.
-¡Claro que existen!-insistió Luna, furiosa.
-Lo siento, pero ¿qué pruebas hay de que existan?-cuestionó la castaña.
-Hay muchísimos testimonios oculares. Que tú tengas una mentalidad tan cerrada que necesites que te lo pongan todo delante de las narices para que...
-Ejem, ejem.-carraspeó Ginny imitando a la perfección a la profesora Umbridge; varios estudiantes giraron la cabeza, asustados, y luego rieron.- ¿No estábamos intentando decidir cuántas veces nos íbamos a reunir para dar clase de defensa?
-Sí.-se apresuró a confirmar Hermione.-Exacto. Tienes razón, Ginny.
-Bueno, a mí una vez por semana no me parece mal.-opinó Lee Jordan.
-Siempre que...-empezó a decir Angelina.
-Sí, sí, ya sabemos lo del quidditch.-concedió Hermione con voz tensa.- Bueno, la otra cosa que queda por decidir es dónde vamos a reunimos...
Aquello era mucho más difícil, y el grupo se quedó callado.
-¿En la biblioteca?-propuso Katie Bell tras un largo silencio.
-No creo que la señora Pince se ponga muy contenta si nos ve haciendo hechizos en la biblioteca.-comentó Harry.
-¿Y en algún aula que no se utilice?-sugirió Dean.
-Sí.-afirmó Ron.- Quizá la profesora McGonagall nos deje la suya. Nos la prestó cuando Harry tenía que practicar para el Torneo de los tres magos.
-Bueno, ya buscaremos un sitio.-dijo Hermione.- Cuando tengamos el sitio y la hora de la primera reunión les enviaremos un mensaje a todos.-rebuscó en su mochila, sacó un rollo de pergamino y una pluma y vaciló un momento, como si estuviera armándose de valor para decir algo.- Creo que ahora cada uno debería escribir su nombre, para que sepamos que ha estado aquí. Pero también creo…-añadió inspirando hondo.-…que todos deberíamos comprometernos a no ir por ahí contando lo que estamos haciendo. De modo que si firman, se comprometen a no hablar de esto ni con la profesora Umbridge ni con nadie.
Fred tomó primero el pergamino y, decidido, firmó en él, pero Harry se fijó enseguida en que varias personas no parecían muy dispuestas a poner su nombre en la lista.
-Esto...-empezó Zacharias con lentitud, y no tomó el pergamino que George intentaba pasarle.- Bueno..., estoy seguro de que Ernie me dirá cuándo es la reunión.
Pero Ernie tampoco parecía muy decidido a firmar. Hermione lo miró arqueando las cejas.
-Es que... ¡somos prefectos!-exclamó Ernie.- Y si alguien encontrara esta lista... Bueno, quiero decir que... ya lo has dicho tú misma, si se entera la profesora Umbridge...
-Acabas de decir que haber formado este grupo es la cosa más importante de este curso.-recordó Harry.-Aparte, mi hermana y Ron también sobre prefectos y se están arriesgando.-
-Sí, ya...-repuso Ernie.- Sí, y lo creo, pero...
-Ernie, ¿de verdad piensas que voy a dejar esta lista por ahí?-preguntó Hermione con irritación.
-No. No, claro que no.-contestó un poco aliviado.- Yo..., sí, claro que firmo.
Después de él nadie puso reparos, aunque Harry vio que la amiga de Cho la miraba con reproche antes de escribir su nombre. Cuando hubo firmado el último, Zacharias, Hermione tomó el pergamino y lo guardó con cuidado en su mochila. En ese momento, el grupo experimentaba una sensación extraña. Era como si acabaran de firmar una especie de contrato.
-Bueno, el tiempo pasa.-dijo Fred con decisión, y se puso en pie.- George, Lee y yo tenemos que comprar unos artículos delicados. Ya nos veremos más tarde.
Los demás estudiantes se marcharon también en grupos de dos y de tres. Cho se entretuvo mucho cerrando el broche de su mochila antes de marcharse, mientras la larga y oscura melena le oscilaba y le tapaba la cara; pero su amiga la esperaba con los brazos cruzados, chasqueando la lengua, así que Cho no tuvo más remedio que irse con ella. Cuando ambas llegaron a la puerta, Cho se volvió y se despidió de Harry con la mano. La pelirroja las fulminó con la mirada hasta que el dúo desapareció.
-Bueno, creo que ha ido muy bien.-opinó Hermione alegremente unos momentos más tarde, mientras salían de Cabeza de Puerco a la intensa luz de la mañana.
-Ese Zacharias es un cretino.-dijo Ron mirando con rabia a Smith, que iba delante de ellos, apenas distinguible en la distancia.
-A mí tampoco me cae muy bien.-admitió Hermione.-Pero me oyó hablar con Ernie y Hannah en la mesa de Hufflepuff y parecía muy interesado en venir. ¿Qué querías que hiciera? Y en realidad, cuantos más seamos, mejor. Mira, Michael Corner y sus amigos no habrían venido si él no estuviera saliendo con Ginny...
Ron, que estaba bebiéndose las últimas gotas de cerveza de mantequilla de su botella, se atragantó y derramó toda la que tenía en la boca.
-¿Saliendo CON QUIÉN?-gritó. Tenía las orejas ardiendo.- ¿Que está saliendo con... que mi hermana está saliendo con...? ¿Ginny sale con Michael Corner?
-Bueno, creo que por eso han venido él y sus amigos. Les interesa aprender defensa, desde luego, pero si Ginny no le hubiera contado a Michael lo que estaba...
- ¿Desde cuándo salen juntos?
-Se conocieron el año pasado en el baile de Navidad y a final de curso empezaron a salir.-explicó Hermione con serenidad. Habían llegado a la calle principal, y ella se detuvo frente a La Casa de las Plumas, en cuyo escaparate había una hermosa exposición de plumas de faisán.- Humm...me encantaría comprarme una pluma nueva.
Y entonces Hermione entró en la tienda y los demás la siguieron.
-¿Quién de ellos era Michael Corner?-preguntó el pelirrojo, furioso.
-El moreno.-contestó Tabatha, observando las plumas.
-No me ha caído bien.-manifestó Ron de inmediato.
-No me sorprende.-respondió Hermione por lo bajo.
-Pero ¡si yo creía que a Ginny le gustaba Harry!-comentó Ron mientras seguía a Hermione por delante de una hilera de plumas expuestas en tarros de cobre.
—A Ginny le gustaba Harry, pero se le pasó hace meses. No es que no le caigas bien, Harry... -aclaró, mirando a su amigo mientras examinaba una larga pluma negra y dorada.
-¿Por eso ahora me habla?-preguntó el susodicho.- Antes nunca abría la boca delante de mí.
-Exacto.-confirmó Hermione.- Sí, creo que me quedaré ésta...-fue al mostrador y pagó quince sickles y dos knuts mientras el pelirrojo seguía respirando con agitación.
-Ron.-dijo Hermione con severidad, y se dio la vuelta y le dio un pisotón.-Por eso precisamente Ginny no te ha dicho que sale con Michael, porque sabía que te lo tomarías mal. Así que haz el favor de no insistir en el tema.
-¿Qué quieres decir? ¿Quién se lo toma mal? Yo no voy a insistir en nada...-continuó mascullando Ron cuando salieron a la calle.
Hermione miró a los mellizos y puso los ojos en blanco.
-Y hablando de Michael y Ginny... ¿Qué tal Cho y tú?-preguntó Tabatha, aferrándose al brazo de su hermano.
-¿Qué quieres decir?-saltó Harry.
-Bueno.-dijo ella sonriendo.-No te ha quitado los ojos de encima, ¿no? No es que me importe, pero si va a ser mi cuñada, debería ir tratándola de otra forma, ¿no?-él sonrió de lado y pasó un brazo por encima de los hombros de su hermana, apoyando medio mentón sobre las sienes de ella. Hasta entonces, Harry nunca se había fijado en lo bonito que era el pueblo de Hogsmeade.