"Los mellizos Potter" — capítulo 140
Capítulo 18:
"El Ejercito de Dumbledore"
N/A: Mil perdones por haber tardado siglos en subir, no tengo excusa, pero prometo ir subiendo más seguido.
PD: en respuesta a Milagros1994, la historia de Adhara está en proceso ;) todavía no tengo fecha, pero voy a estar subiendo al igual que otras novelas de HP que tengo abandonadas. Espero que puedas esperar un cachito más y mil perdones por la demora :*
-La profesora Umbridge ha leído tu correo, Harry. No hay otra explicación.-razonó Tabatha.
-¿Crees que fue ella quien atacó a Hedwig?-preguntó el azabache, indignado.
-Estoy prácticamente convencida de ello.-respondió Hermione con gravedad.- Cuidado con la rana, se te escapa.-él apuntó con la varita mágica a la rana toro que iba dando saltos hacia el otro extremo de la mesa.
-¡Accio!-exclamó, y la rana, resignada, volvió a saltarle a la mano.
La clase de Encantamientos siempre había sido una de las mejores para charlar en privado con los compañeros; generalmente había tanto movimiento y tanta actividad que no había peligro de que los oyeran. Aquel día el aula estaba llena de ranas toro que no paraban de croar y cuervos que graznaban sin cesar, y un intenso aguacero golpeaba y hacía vibrar los cristales de las ventanas, de modo que el cuarteto podía hablar en voz baja y comentar cómo la profesora Umbridge había estado a punto de atrapar a Sirius sin que nadie reparara en ello.
-Empecé a sospechar que la profesora Umbridge te controlaba el correo cuando Filch te acusó de encargar bombas fétidas, porque me pareció una mentira ridícula.-prosiguió Hermione.- En cuanto hubiera leído tu carta habría quedado claro que no las estabas encargando, ósea, que no habrías tenido ningún problema. Es como un chiste malo, ¿no te parece? Pero entonces pensé: ¿y si alguien sólo buscaba un pretexto para leer tu correo? Esa habría sido la excusa perfecta para la profesora Umbridge: le da el chivatazo a Filch, deja que él haga el trabajo sucio y que te confisque la carta; luego busca una forma de robársela o le exige que se la deje ver. No creo que Filch hubiera puesto objeciones, porque ¿alguna vez ha defendido los derechos de los estudiantes?-la pelirroja asintió con convicción.
-¡Harry, estás espachurrando a tu rana!-exclamó, zarandeando a su hermano por la túnica. El aludido miró hacia abajo. Era verdad: estaba apretando tan fuerte a su rana que al animal casi se le saltaban los ojos. Entonces la dejó apresuradamente sobre el pupitre.
-Anoche nos salvamos por los pelos.-prosiguió la castaña.- Me pregunto si la profesora Umbridge es consciente de lo poco que le faltó… ¡Silencius!-exclamó, y la rana con la que estaba practicando su encantamiento silenciador enmudeció a medio croar y la miró llena de reproche.- Si llega a atrapar a Hocicos...
-...seguramente habría vuelto a Azkaban esta misma mañana.-Harry terminó la frase por ella. Luego agitó la varita mágica sin concentrarse mucho, y su rana se infló como un globo verde y empezó a emitir un agudo silbido.
-¡Silencius!- repitió Tabatha con rapidez, apuntando con su varita el animal, que se desinfló silenciosamente ante ellos.- Bueno, ahora ya sabemos que no debe hacerlo más. Pero no sé cómo vamos a comunicárselo. No podemos enviarle una lechuza.
-No creo que vuelva a arriesgarse.-terció Ron.-No es estúpido, ya debe de saber que la profesora Umbridge estuvo a punto de atraparlo… ¡Silencius!- dijo, y el enorme y desagradable cuervo que tenía delante soltó un graznido desdeñoso.-¡Silencius! ¡SILENCIUS!-repitió, y el cuervo graznó aún más fuerte.
-Es que no mueves la varita correctamente.-comentó Hermione observando al pelirrojo con mirada crítica.-No hay que sacudirla, sino darle un golpe seco.
-Con los cuervos es más difícil que con las ranas.-se defendió él.
-Cambiemos.-propuso la castaña, que agarró el cuervo de Ron y puso su gruesa rana en su lugar.- ¡Silencius!-el cuervo siguió abriendo y cerrando el afilado pico, pero no emitió ningún sonido.
-¡Muy bien, señorita Granger!-felicitó el profesor Flitwick con su vocecilla chillona, que sobresaltó a los cuatro amigos.- Y ahora veamos cómo lo haces tú, Weasley.
-¿Cómo...? Oh, sí, sí.-repuso Ron muy aturullado.-Esto... ¡Silencius!-pero al apuntar a la rana con la varita dio un golpe tan brusco que le metió la punta en un ojo; la rana croó de forma ensordecedora y saltó del pupitre.
A nadie le sorprendió que a Harry y a Ron les pusieran como deberes que practicaran el encantamiento silenciador. A la hora del recreo les permitieron quedarse dentro porque llovía. Los cuatro buscaron asientos en una ruidosa y abarrotada aula del primer piso donde Peeves flotaba con aire soñador, cerca de la araña; de vez en cuando, sin embargo, inflaba una burbuja de tinta sobre la cabeza de algún alumno. Cuando acababan de sentarse, Angelina fue hacia ellos abriéndose paso entre los grupos de estudiantes chismosos.
-¡Tengo el permiso!-exclamó.- ¡Podemos volver a formar el equipo de Quidditch!
-¡Excelente!-respondieron los mellizos y Ron al unísono.
-Sí.-continuó Angelina con una sonrisa de oreja a oreja.-Fui a hablar con la profesora McGonagall y creo que ella recurrió a Dumbledore. En fin, el caso es que la profesora Umbridge tuvo que ceder. ¡Ja! De modo que esta tarde quiero verlos en el campo a las siete en punto porque tenemos que recuperar el tiempo perdido. ¿Se dan cuenta de que sólo faltan tres semanas para nuestro primer partido?
Se alejó de ellos, esquivando por los pelos una burbuja de tinta de Peeves que fue a parar sobre la cabeza de un estudiante de primer curso, y se perdió de vista. La amplia sonrisa de Ron disminuyó un tanto cuando éste miró por la ventana, a través de la cual ya no se veía nada, pues la lluvia había dejado los cristales opacos.
-Espero que deje de llover.-comentó, ladeando la cabeza.- ¿Y a ti qué te pasa, Hermione?
Ella también miraba por la ventana, pero no observaba nada en concreto. Tenía la mirada perdida y el entrecejo fruncido.
-Estaba pensando...-murmuró sin dejar de mirar la ventana y la lluvia que golpeaba los cristales.
-¿En Sir...Hocicos?-apuntó Harry.
-No, no exactamente...más bien... me preguntaba...supongo que estamos haciendo lo correcto, ¿no?
-Bueno, eso lo aclara todo.-apostilló Ron.- Habría sido un fastidio que no te hubieras explicado adecuadamente.
Hermione lo miró como si acabara de reparar en su presencia.
-Me preguntaba.-continuó con una voz más fuerte.-Si estamos haciendo lo correcto al organizar el grupo de Defensa Contra las Artes Oscuras.
-¿Qué?-dijeron Harry y Ron a la vez.
-¡Fuiste tú quien tuvo la idea, Hermione!-saltó Ron, indignado.
-Ya lo sé.-admitió ella entrelazando los dedos.- Pero después de hablar con Hocicos...
-Pero si él nos apoya...-afirmó Tabatha.
-Sí.-dijo su amiga, y volvió a mirar hacia la ventana.- Sí, precisamente por eso pensé que quizá no fuera tan buena idea después de todo.-Peeves flotó hacia ellos panza abajo, con una cerbatana preparada; automáticamente, los cuatro tomaron sus mochilas y se taparon con ellas la cabeza hasta que Peeves hubo pasado de largo.
-A ver si lo entiendo.-dijo Harry de mala gana mientras volvían a dejar las mochilas en el suelo.- ¿Sirius está de acuerdo con nosotros y por eso tú crees que no deberíamos seguir con el proyecto?
Hermione parecía tensa y abochornada.
-¿Tú confías sinceramente en su criterio?-replicó.
-¡Pues claro!-exclamó sin vacilar.- ¡Siempre nos ha dado buenos consejos!
-¿No crees que se ha vuelto... un poco... imprudente... desde que está encerrado en Grimmauld Place?-preguntó.- ¿No crees que... en cierto modo... vive a través de nosotros?
-¿Qué quieres decir con eso de que vive a través de nosotros?-replicó la pelirroja enarcando una ceja.
-Lo que quiero decir...bueno, creo que a él le encantaría formar una sociedad secreta de defensa ante las narices de alguien del Ministerio...creo que se siente muy frustrado por lo poco que puede hacer desde donde está...y creo que, en cierto modo, es por eso por lo que nos incita a crear el grupo.
Ron estaba atónito.
-Sirius tiene razón.-afirmó.- Hablas igual que mi madre.
Hermione se mordió la lengua y no dijo nada más. La campana sonó justo cuando Peeves descendía sobre Katie y le vaciaba un tintero en la cabeza.
El tiempo no mejoró a lo largo del día, y a las siete en punto, cuando los mellizos y Ron bajaron resbalando por la mojada hierba hasta el campo de Quidditch para el entrenamiento, quedaron empapados en cuestión de minutos. El cielo estaba gris oscuro y tormentoso, y sintieron un gran alivio cuando llegaron a los vestuarios, cálidos e iluminados, pese a saber que la tregua sólo era pasajera. Encontraron allí a Fred y George, que estaban discutiendo si debían utilizar una golosina de su Surtido**Saltaclases para no tener que volar.
-...pero seguro que nos descubriría.-comentaba Fred con voz queda.- Ojalá ayer no le hubiera dicho que nos comprara unas cuantas pastillas vomitivas.
-Podríamos probar con un tofe de la fiebre.-murmuró George.-Eso todavía no lo ha visto nadie...
-¿Funcionan?-preguntó Ron, esperanzado. El golpeteo de la lluvia en el tejado se había intensificado y el viento aullaba alrededor del edificio.
-Bueno, sí.-respondió Fred.- Te sube la temperatura, desde luego.
-Pero también te salen unos enormes granos llenos de pus.-añadió George. Tabatha puso una mueca de asco mientras se escurría la trenza roja.- Y todavía no hemos encontrado la forma de hacerlos desaparecer.
-Yo no veo que tengan ningún grano.-comentó Ron escudriñando las caras de los gemelos.
-No, bueno, es lógico.-explicó Fred, compungido.- No están en un sitio que solamos mostrar en público.
-Pero te aseguro que duelen un montón cuando te sientas en una escoba.
-Muy bien, escuchadme todos.-dijo de pronto Angelina con una voz atronadora. Acababa de salir del despacho del capitán.- Ya sé que no hace el tiempo ideal, pero cabe la posibilidad de que tengamos que jugar contra Slytherin en condiciones como éstas, así que no estará mal que nos acostumbremos a apañárnoslas con ellas.
-¿Y que podríamos hacer para ver bajo la lluvia?-preguntó Tabatha, levantando la mano.
-Harry.-Angelina se volvió hacia él.- ¿Es verdad que les hiciste algo a tus gafas para que la lluvia no las empañara cuando jugamos contra Hufflepuff en medio de aquella tormenta?
-Lo hizo Hermione.-contestó el azabache. Y sacó su varita, dio con ella unos golpecitos en sus gafas.- ¡Impervius!-
-Creo que todos deberíamos intentarlo.-propuso Angelina.- Si conseguimos apartar la lluvia de nuestra cara, tendremos mejor visibilidad. Vamos, todos juntos: ¡Impervius!
-¡Impervius!-repitieron todos, apuntando sus varitas contra sus gafas.
-¡Muy bien, en marcha!- se cargaron las escobas al hombro y salieron de los vestuarios detrás de Angelina.
Fueron chapoteando por el barro, cada vez más profundo, hasta el centro del terreno de juego; la visibilidad seguía siendo muy escasa a pesar del encantamiento impermeabilizante; estaba oscureciendo y la cortina de lluvia impedía que se distinguiera el suelo.
-¡Muy bien, cuando dé la señal!-gritó Angelina.
Cada uno de los jugadores dio una patada al suelo, elevándose en el aire y salpicándolo todo de barro. Allí arriba el viento hacía que el transcurso de las escobas fuese inestable. Para las cazadoras fue un enorme esfuerzo manejar las Quaffles, debido que las pelotas estaban húmedas y la lluvia hacía que los pases fuesen mucho más complicados. Ninguno de los jugadores tenía ni idea de lo que estaban haciendo los otros. El viento arreciaba. Angelina insistió durante casi una hora antes de admitir la derrota. Acompañó al empapado y contrariado equipo a los vestuarios e intentó convencer a sus compañeros de que el entrenamiento no había sido una pérdida de tiempo, aunque no lo decía muy segura. Fred y George eran los que parecían más fastidiados; ambos caminaban con las piernas arqueadas y hacían muecas de dolor a cada momento.
-Me parece que a mí se me han reventado unos cuantos.-comentó Fred con voz apagada.
-A mí no.-replicó George apretando los dientes.- Me duelen muchísimo. Creo que se han hecho aún más grandes.
Tabatha tuvo que cambiarse de ropa lo más rápido posible, ya que estaba tiritando y comenzaba a tener cierto ardor en la garganta. Mientras se secaba el cabello, no pudo evitar tener una serie de estornudos que la sacudió desde todos los ángulos.
-Ahh…-suspiró, mientras se sobaba la nariz.-Creo que me he enfermado.-comentó con voz gangosa, mientras volvía a sobarse la nariz.
-No te vendría mal una taza de…-las palabras de Ron se vieron interrumpidas.
-¡Ay!-exclamó Harry. El azabache erró los ojos y se tapó la cara con la toalla. Había vuelto a notar una punzada de dolor en la cicatriz, más fuerte que las de las últimas semanas.
-¿Qué pasa?-le preguntaron varias voces. Los dos pelirrojos se abalanzaron sobre él, rodeándolo. Harry se retiró la toalla de la cara. Veía el interior del vestuario borroso porque no llevaba las gafas, pero aun así se dio cuenta de que todo el mundo se había vuelto hacia él.
-¡Harry!-exclamó Tabatha.- ¿Qué te ha sucedido?-le resultaba extraño que ella no hubiese sentido ningún malestar ni mucho menos aquel escozor sobre su herida.
-Nada.-masculló él.- Me he metido un dedo en un ojo.-pero lanzó una mirada de complicidad a su hermana y a Ron, y los tres se quedaron rezagados cuando el resto del equipo salió del vestuario, envueltos en sus capas y con los sombreros calados hasta las orejas.
-¿Qué te ha pasado?-preguntó Ron en cuanto Alicia hubo salido por la puerta.- ¿Ha sido la cicatriz?-Harry asintió con la cabeza.- Pero...- asustado, fue hacia la ventana y miró al exterior.-No puede estar por aquí cerca, ¿verdad que no?
-No.-terció Tabatha sentándose en un banco y frotándole la frente a su hermano con una toalla húmeda.- Seguramente está a kilómetros de distancia. Y si le ha dolido es porque…debe estar furioso.-
-Pero eso no justifica por qué no te afecto a ti.-acotó el azabache. Ella se encogió de hombros, tocándose la zona de la cicatriz.
-¿Lo has visto?-preguntó Ron, horrorizado.- ¿Has tenido... una visión o algo así?
Harry se quedó muy quieto, mirándose los pies, y dejó que la mente y la memoria se le relajaran tras el momento de dolor. Una desordenada maraña de sombras, un torrente de voces...
-Quiere que alguien haga algo, pero no va tan deprisa como a él le gustaría.-dijo
-Pero... ¿cómo lo sabes?-insistió su amigo.
Harry hizo un gesto negativo con la cabeza y se tapó los ojos con las manos, apretándolos con las palmas. Vio surgir unas pequeñas estrellas en la oscuridad. Percibía la presencia de los dos pelirrojos a su lado, en el banco, y sabía que ellos lo miraban fijamente.
-¿Has sentido lo mismo que la última vez, cuando te dolió la cicatriz en el despacho de la profesora Umbridge?-preguntó Tabatha con voz queda.-Es decir, ¿que Quien-tú-sabes estaba enfadado?-Harry negó de nuevo con la cabeza.- Entonces, ¿qué es?
-La última vez me dolió porque él estaba contento.-explicó— -Muy contento. Creía... que iba a pasar algo bueno. Y la noche antes de que viniéramos a Hogwarts…estaba furioso...
-Podrías quitarle el lugar a la profesora Trelawney, Harry.-comentó Ron.
-No estoy haciendo profecías.-replicó el azabache.
-De acuerdo, pero ¿sabes lo que estás haciendo?-sentenció la pelirroja, sobándose nuevamente la nariz.- ¡Le estás leyendo la mente a Quien-tú-sabes, Harry!
-No.-corrigió éste moviendo negativamente la cabeza.-Más que su mente es su... estado de ánimo, supongo. Recibo impresiones del estado de ánimo que tiene. Dumbledore me habló de esto el año pasado. Dijo que yo percibía cuándo Voldemort estaba cerca de mí, o cuándo sentía odio. Pues bien, ahora también noto cuándo está contento...-hubo una pausa. El viento y la lluvia azotaban el edificio.
-Tienes que contárselo a alguien.-sugirió Ron.
-La última vez se lo conté a Sirius.
-¡Pues cuéntale lo que te ha pasado ahora!
-Eso va a ser imposible.-razonó la chica.- La profesora Umbridge vigila las lechuzas y las chimeneas, ¿no te acuerdas?
-Entonces que se lo cuente a Dumbledore.
-Él ya lo sabe, acabo de decírtelo.-dijo Harry de manera cortante. Se puso en pie, tomó su capa del colgador y se la echó sobre los hombros.- No tiene sentido volver a contárselo.
Ron se abrochó el cierre de la capa mientras observaba atentamente a su amigo.
-A Dumbledore le gustaría saberlo.-afirmó. Harry se encogió de hombros.
-Vamos, todavía tenemos que practicar los encantamientos silenciadores.
Recorrieron los oscuros jardines hasta el castillo, resbalando y tropezando por la hierba fangosa, pero no hablaron. Todos estaban absortos en sus propios pensamientos. Tabatha se había aferrado al brazo de los dos muchachos para evitar resbalar en el fango mientras pensaba para sus adentros. Luego de haberse sacado la túnica empapada había sentido un cosquilleo helado que le recorrió cada centímetro del cuerpo y luego Harry expresó su dolor, ¿podría ser que las mentes de los mellizos estuviesen conectadas? ¿Cabría la posibilidad de que Voldemort también fuese participe de aquella conexión? ¿Qué planes hacían que su humor cambiase y repercutiese en los mellizos?-
-¡Mimbulus mimbletonia!-pronunció Ron, una vez que llegaron al agujero del retrato.
Por lo visto, Hermione se había acostado temprano, pero había dejado a Crookshanks acurrucado en una butaca y un surtido de gorros de elfo de punto, llenos de nudos, sobre una mesa junto al fuego. Harry se alegró de que ella no estuviera allí, porque no le apetecía seguir hablando del dolor de su cicatriz ni que su amiga insistiera en que fuera a hablar con Dumbledore. Ron no paraba de lanzarle miradas de inquietud, pero él sacó sus libros de Encantamientos y se puso a terminar la redacción, aunque lo único que hacía era fingir que estaba concentrado. Cuando Ron anunció que él también se iba a la cama, Harry no había escrito casi nada.
Pasó la medianoche, y los mellizos continuaban leyendo y releyendo un párrafo sobre los usos de la coclearia, el ligústico y la tármica sin entender ni una sola palabra.
-Es fácil de entender.-habló Tabatha, marcando algunas palabras con su pluma.-Mira: Estas plantas resultan muy eficaces para la inflamación del cerebro, y de ahí que se empleen corrientemente en la fabricación de filtros para confundir y ofuscar, o allí donde el mago pretenda producir exaltación e imprudencia...
-Hermione decía que Sirius estaba volviéndose imprudente porque se hallaba encerrado en Grimmauld Place...-pensó en voz alta Harry. Tabatha frunció el ceño, pero continuó.
-... muy eficaces para la inflamación del cerebro, y de ahí que se empleen corrientemente...-
-El Profeta creería que tengo el cerebro inflamado si se enteran de lo de Voldemort…-
-... corrientemente en la fabricación de filtros para confundir y ofuscar…
-Confundir. Esa es la palabra, sin duda.-Tabatha ya se estaba impacientando con tantas interrupciones.
-¡Se acabó!-exclamó, soltando el libro y haciendo que su hermano se reincoporase en la butaca de golpe.- No puedo seguir ayudándote si no estás dispuesto a escucharme, Harry.-ella suspiró.-Sé que se te está poniendo complicada la situación, pero debes alivianarte la carga de la escuela o tendrás el doble de dolor de cabeza.
-¿Alguna vez soñaste con un pasillo sin ventanas?-preguntó el azabache, mirando por la ventana.- Yo sí.-
-De acuerdo…-ella se volvió a sentar.- ¿Dejamos Pociones para pasar a Adivinación?-inquirió.
-Tú escúchame y dime a que te suena esto.-pidió Harry, arrimándose un poco más adelante.-Estoy caminando por un pasillo sin ventanas, en el lugar sólo se escuchan mis pasos. Al fondo hay una puerta que…que no se abre. He intentado abrirla cada vez que tengo ese sueño, pero jamás llego… ¿qué crees que sea?-
-Bueno…-Tabatha se rascó la cabeza y boqueó.-Tal vez…tal vez sea alguna premonición o algún viejo recuerdo que a ésta altura está saliendo a flote, ya sabes. No creo que sea nada grave que…-
-¡Harry Potter!-los dos se sobresaltaron en sus asientos.
-¿Quién está ahí?-preguntó el aludido, incorporándose en la butaca.
-¡Dobby tiene su lechuza, señor!-dijo una vocecilla chillona.
-¿Dobby?-se extrañaron. Dobby, el elfo doméstico, estaba de pie junto a la mesa donde Hermione había dejado media docena de gorros de punto. Sus grandes y puntiagudas orejas sobresalían por debajo de todos los gorros de lana; los llevaba uno encima de otro, y su cabeza parecía dos o tres palmos más larga. En lo alto de la borla del último gorro estaba posada Hedwig, que ululaba tranquilamente y, según todos los indicios, curada.
-Dobby se ofreció voluntario para devolverle la lechuza a Harry Potter.- explicó el elfo con voz aguda mientras miraba con manifiesta adoración a los mellizos.- La profesora Grubbly-Plank opina que ya está bien, señor.-añadió, e hizo una exagerada reverencia hasta que su puntiaguda nariz rozó la raída alfombra de la chimenea. Hedwig soltó un ululato de indignación y voló hasta el brazo de la butaca de Harry.
-¡Gracias, Dobby!-exclamó el chico al mismo tiempo que acariciaba la cabeza de su lechuza.
-Oye, ¿has tomado todas las prendas que Hermione ha dejado por ahí?-preguntó Tabatha.
-¡Oh, no, señorita!-repuso el elfo alegremente.-Dobby también ha tomado unas cuantas para Winky, señor.
-¡Ah, sí! ¿Cómo está Winky?-
Dobby agachó ligeramente las orejas.
-Winky todavía bebe mucho, señor.-afirmó con pesar, mirando al suelo con sus enormes, redondos y verdes ojos, del tamaño de pelotas de tenis.-Siguen sin interesarle las prendas de ropa, Harry Potter. Y a los otros elfos domésticos tampoco. Ya nadie quiere limpiar la torre de Gryffindor porque hay gorros y calcetines escondidos por todas partes; los encuentran insultantes, señor. Dobby lo hace todo él solo, señor, pero a Dobby no le importa, señor, porque él siempre confía en encontrarse a los hermanos Potter, y esta noche, señor, ¡se ha cumplido su deseo!-el elfo volvió a hacer una reverencia.-Pero los Potter no parecen contentos. A Dobby le encantaría poder ayudar a los Potter, porque los Potter le dieron la libertad a Dobby, y Dobby es mucho, mucho más feliz ahora.
Los mellizos sonrieron.
—No puedes ayudarme, Dobby, pero gracias de todos modos.-Harry recogió su libro de Pociones.
-Aguarda.-habló Tabatha.-Quizá sí puedas hacernos un favor, Dobby.-dijo muy despacio.
El elfo la miró sonriente.
-¡Tabatha Potter sólo tiene que pedírmelo, señorita!
-Necesitamos encontrar un sitio donde veintinueve personas puedan practicar Defensa Contra las Artes Oscuras sin que las descubra ningún profesor, sobre todo la profesora Umbridge.-se había imaginado que la sonrisa del elfo desaparecería con rapidez y que Dobby agacharía las orejas o diría que eso era imposible, o como mucho que intentaría buscar algún sitio, pero se equivocó. Lo que no esperaba era que Dobby pegara un saltito, agitando alegremente las orejas, y diera una palmada.
-¡Dobby conoce el sitio perfecto!-exclamó.- Dobby oyó hablar de él a los otros elfos domésticos cuando llegó a Hogwarts, señor. ¡Lo llamamos la Sala que Viene y Va, o la Sala de los Menesteres!
-¿Por qué la llaman así?-preguntó Harry, intrigado.
-Porque es una sala en la que uno sólo puede entrar cuando tiene verdadera necesidad.-explicó el elfo poniéndose muy serio.- A veces está allí y a veces no, pero cuando aparece siempre está equipada para satisfacer las necesidades de la persona que la busca. Dobby la ha utilizado en algunas ocasiones.-añadió bajando la voz, como si tuviera remordimientos.-Cuando Winky estaba muy borracha; Dobby la ha escondido en la Sala de los Menesteres y ha encontrado allí antídotos contra la cerveza de mantequilla, y una bonita cama de tamaño adecuado para los elfos donde ponerla a dormir, señor...y Dobby sabe que el señor Filch ha encontrado allí productos de limpieza extra cuando se le han terminado, señor, y...
-Y si necesitas urgentemente un lavabo.-terció Harry, que de pronto había recordado algo que había dicho Dumbledore en el baile de Navidad el curso anterior.- ¿Se llena de orinales?
-Dobby se imagina que sí, señor.-afirmó el elfo asintiendo enérgicamente con la cabeza.-Es una sala muy especial, señor.
-¿Cuánta gente conoce su existencia?-preguntó Tabatha enderezándose un poco más en la butaca.
-Muy poca, señor. La mayoría tropiezan con ella cuando la necesitan, señor, pero no suelen volver a encontrarla porque no saben que siempre está allí esperando a que se solicite su servicio, señor.
-¡Parece estupendo!-exclamó Harry muy animado.- ¡Parece perfecto, Dobby! ¿Cuándo podrás enseñarnos dónde está?
-Cuando los Potter quieran, señor.-repuso Dobby, que se mostraba encantado con el entusiasmo del chico.- ¡Podríamos ir ahora mismo si así lo quieren los Potter!
-Esta noche no, Dobby.-dijo Harry a regañadientes, y volvió a sentarse en la butaca. Había jurado escuchar la voz de Hermione hablándole al oído, y aparte cabía destacar que estaba demasiado agotado.- Esto es muy importante...no quisiera estropearlo, necesito planearlo todo muy bien.-
-Al menos, ¿puedes decirme dónde está con exactitud esa Sala de los Menesteres, y cómo entrar en ella?-
..*
Las túnicas ondeaban al viento y se les enroscaban alrededor del cuerpo mientras atravesaban chapoteando los inundados huertos para asistir a una clase de dos horas de Herbología. El martilleo de las gotas de lluvia, duras como piedras de granizo, apenas les dejaba oír lo que les decía la profesora Sprout. Aquella tarde la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas tuvo que trasladarse de los jardines, azotados por la tormenta, a un aula libre de la planta baja, y para gran alivio de los miembros del equipo de Quidditch, Angelina se había dirigido a ellos a la hora de la comida para informarles de que se había suspendido el entrenamiento.
-Genial.-comentó Harry en voz baja cuando la capitana se lo comunicó.-Porque hemos encontrado un sitio para celebrar nuestra primera reunión de defensa.-
-Hoy a las ocho en punto en el séptimo piso, frente al tapiz en que los trols están dándole garrotazos a Barnabás el Chiflado.-informó la pelirroja, hablando con confidencialidad.- ¿Podrías avisarle a Katie y a Alicia?
Angelina se mostró un poco acobardada, pero prometió decírselo a las demás. Harry, que estaba muerto de hambre, siguió comiendo salchichas y puré de patata. Cuando levantó la cabeza para beber un sorbo de zumo de calabaza, vio que Hermione lo observaba atentamente.
-¿Qué pasa?-preguntó con la boca llena.
-Bueno...es que no sé si debemos fiarnos de Dobby.-expresó.- ¿No te acuerdas de que te dejó sin huesos en un brazo?
-Esa sala no es una idea descabellada de Dobby. Dumbledore también la conoce, me habló de ella en el baile de Navidad.
La expresión de Hermione se relajó un tanto.
-¿Dumbledore te habló de ella?
-Sólo de pasada.-comentó Harry encogiéndose de hombros.
-Ah, bueno, entonces de acuerdo.-dijo Hermione con decisión, y ya no puso más reparos.
El cuarteto había dedicado gran parte del día a buscar a los compañeros que habían firmado en la lista para decirles dónde iban a reunirse aquella noche. Por desgracia para Harry, fue Ginny la que encontró primero a Cho y a su amiga; finalizada la cena estaba convencido de que la noticia ya había llegado a las veinticinco personas que habían acudido a la cita del pub. A las siete y media, los cuatro amigos salieron de la sala común de Gryffindor. Harry llevaba un trozo de pergamino viejo en una mano. Los alumnos de quinto curso podían estar en los pasillos hasta las nueve en punto, pero aun así volvían continuamente la cabeza, nerviosos, mientras se dirigían hacia el séptimo piso.
-Un momento.-dijo Harry al llegar al final del último tramo de escaleras, y desenrolló el trozo de pergamino. Le dio un golpe con la varita y recitó en voz baja.- ¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!-el mapa de Hogwarts apareció en la superficie en blanco del pergamino. Unos diminutos puntos negros móviles, etiquetados con nombres, mostraban dónde se encontraban en aquel momento algunas personas.-Filch está en el segundo piso y la Señora Norris está en el cuarto.
-¿Y la profesora Umbridge?-preguntó Hermione, inquieta.
-En su despacho.-contestó él.-De acuerdo, sigamos.-echaron a andar a buen ritmo por el pasillo hasta el lugar que Dobby les había descrito: un tramo vacío de pared frente a un enorme tapiz que representaba el absurdo intento de Barnabás el Chiflado de enseñar ballet a los trols.-Muy bien. Dobby dijo que teníamos que pasar tres veces por delante de este trozo de pared, concentrándonos en lo que necesitamos.
Y así lo hicieron: dieron media vuelta bruscamente al llegar a la ventana que había más allá del tramo vacío de pared, y luego regresaron al alcanzar el jarrón del tamaño de una persona que había en el otro extremo. Ron tenía los ojos cerrados con fuerza, Hermione susurraba algo, a Tabatha se le enrojecieron las mejillas mientras pensaba y Harry tenía los puños apretados y miraba al frente.
-¡Harry!-exclamó Hermione cuando se dieron la vuelta después de hacer el recorrido por tercera vez.
Una puerta de brillante madera había aparecido en la pared. Ron la miraba fijamente y parecía un poco receloso. Harry extendió un brazo, agarró el picaporte de latón, abrió y entró el primero en una amplia estancia en la que ardían parpadeantes antorchas como las que iluminaban las mazmorras, ocho pisos más abajo. Las paredes estaban cubiertas de estanterías de madera, y en lugar de sillas había unos enormes cojines de seda en el suelo. En unos estantes, en la pared del fondo de la sala, se veían una serie de instrumentos, como chivatoscopios, sensores de ocultamiento y un gran reflector de enemigos rajado.
-Esto nos vendrá muy bien cuando practiquemos hechizos aturdidores.-comentó Ron con entusiasmo dándole unos golpecitos con el pie a uno de los cojines.
-¡Y miren los libros!-gritó Hermione, emocionada, mientras pasaba un dedo por los lomos de los grandes volúmenes encuadernados en piel.-Compendio de maldiciones básicas y cómo combatirlas... Cómo burlar las artes oscuras...Hechizos de autodefensa... ¡Uf!-radiante, se volvió y miró a Harry, quien comprendió que la presencia de aquellos cientos de libros había convencido definitivamente a Hermione de que lo que estaban haciendo era correcto.- Esto es fabuloso. ¡Aquí está todo lo que necesitamos!
Y sin más preámbulos, tomó Embrujos para embrujados del estante, se sentó en el primer cojín que encontró y se puso a leer. Entonces oyeron unos golpecitos en la puerta. Habían llegado Ginny, Neville, Lavender, Parvati y Dean.
-¡Vaya!-exclamó Dean observando lo que lo rodeaba impresionado.- ¿Qué es esto?
Harry empezó a explicárselo, pero antes de que hubiera terminado llegó más gente y tuvo que empezar de nuevo. A las ocho en punto todos los cojines ya estaban ocupados. Harry fue hacia la puerta y giró la llave que había en la cerradura con un ruido lo bastante fuerte para convencer a los asistentes; éstos, por su parte, guardaron silencio y se quedaron mirándolo. Hermione marcó con cuidado la página que estaba leyendo y dejó el libro a un lado.
-Bueno.-dijo Harry un poco nervioso.- Éste es el sitio que hemos encontrado para nuestras sesiones de prácticas, y por lo que veo... todos lo aprueban.
-¡Es fantástico!-exclamó Cho, y varias personas expresaron también su aprobación.
-Qué raro.-comentó Fred echando un vistazo a su alrededor con la frente arrugada.- Una vez nos escondimos de Filch aquí, ¿te acuerdas, George? Pero entonces esto no era más que un armario de escobas.
-Oye, Harry, ¿qué es eso?-preguntó Dean desde el fondo de la sala, señalando los chivatoscopios y el reflector de enemigos.
-Detectores de tenebrismo.-contestó el azabache, y fue hacia ellos sorteando los cojines.- Indican cuándo hay enemigos o magos tenebrosos cerca, pero no hay que confiar demasiado en ellos porque se les puede engañar...bueno, he estado pensando por dónde podríamos empezar y...-vio una mano levantada.- ¿Qué pasa, Hermione?
-Creo que deberíamos elegir un líder.-sugirió ella.
-¡Harry es el líder!-saltó Cho mirando a la castaña como si estuviera loca.
A Harry volvió a darle un vuelco el corazón.
-Sí, pero creo que deberíamos realizar una votación en toda regla.- afirmó Hermione sin inmutarse.- Queda más serio y le confiere autoridad a Harry.-
-Me parece buena idea.-asintió Tabatha.- A ver, que levanten la mano los que opinan que Harry debería ser nuestro líder.-todos levantaron la mano, incluso Zacharias Smith, aunque lo hizo sin entusiasmo.
-Bueno, gracias.-dijo Harry, que tenía las mejillas ardiendo.- Y... ¿qué pasa, Hermione?
-También creo que deberíamos tener un nombre.-propuso alegremente sin bajar la mano.-Eso fomentaría el espíritu de equipo y la unidad, ¿no les parece?
-Podríamos llamarnos Liga**AntiUmbridge.-terció Angelina.
-Eso es algo muy obvio y que delataría nuestras intenciones.-murmuró la pelirroja, mordisqueándose el labio.
-O Grupo Contra los Tarados del Ministerio de la Magia.-sugirió Fred.
-¿Entidad de Defensa?-se aventuró Cho.- Podríamos abreviarlo ED y nadie sabría de qué estamos hablando.
-Sí, ED me parece bien.-intervino Ginny.- Pero sería mejor que fueran las siglas de Ejército de Dumbledore, porque eso es lo que más teme el Ministerio, ¿no?
El comentario de Ginny fue recibido con risas y murmullos de conformidad.
-Bien, ¿están todos a favor de ED?-preguntó Tabatha en tono autoritario. Todos levantaron la mano.- Sí, hay mayoría. ¡Moción aprobada!- Hermione le alcanzó el trozo de pergamino donde habían firmado todos en la pared, y en lo alto escribió con letras grandes: EJÉRCITO DE DUMBLEDORE, para luego clavarlo en la pared.
-Muy bien.-dijo Harry.- ¿Empezamos a practicar?-todos asintieron.- He pensado que lo primero que deberíamos hacer es practicar el Expelliarmus, es decir, el encantamiento de desarme. Ya sé que es muy elemental, pero lo encontré muy útil...
-¡Vaya, hombre!-exclamó Zacharias Smith mirando al techo y cruzándose de brazos.- No creo que el Expelliarmus nos ayude mucho si tenemos que enfrentarnos a Quien-tú-sabes.
-Yo lo utilicé contra él.-repuso Harry con serenidad.-En junio, ese encantamiento me salvó la vida.-Smith se quedó con la boca abierta, con cara de estúpido. Los demás estudiantes estaban muy callados.-Pero si crees que está por debajo de tus conocimientos, puedes marcharte.-añadió. Smith no se movió. Los demás tampoco.- Bien.-continuó.-Podríamos dividirnos en parejas y practicar.
Todos se pusieron en pie a la vez y se colocaron de dos en dos. Como era de esperar, Neville se quedó sin pareja, pero Harry se apresuró a auxiliarlo. De pronto, la sala se llenó de gritos de ¡Expelliarmus! Las varitas volaban en todas direcciones; los hechizos mal ejecutados iban a parar contra los libros de las estanterías y los hacían saltar por los aires. Harry era demasiado rápido para Neville, cuya varita saltó de su mano, giró sobre sí misma, golpeó el techo produciendo una lluvia de chispas y aterrizó con estrépito en lo alto de una estantería, de donde Harry la recuperó con un encantamiento convocador.
Entonces miró a su alrededor y comprobó que había hecho bien al proponer que practicaran los hechizos elementales en primer lugar, pues sus compañeros estaban haciendo unas chapuzas tremendas. Muchos no conseguían desarmar a sus oponentes y sólo lograban que saltaran hacia atrás unos pocos pasos o que hicieran muecas de dolor cuando su débil hechizo pasaba rozándoles la coronilla.
-¡Expelliarmus!-exclamó Neville. Había pillado a Harry desprevenido, y la varita saltó de la mano de éste.- ¡LO HE CONSEGUIDO!-exclamó, emocionado.- No lo había hecho nunca. ¡LO HE CONSEGUIDO!
Tabatha sonrió mientras se paseaba por entre las parejas, corrigiéndoles posturas y el movimiento que debían hacer con las varitas.
-¡Expelliarmus!-exclamó Smith, pero su varita salió despedida de su propia mano aunque su compañero no había ni siquiera había abierto la boca.- ¡No sé qué le pasa!-aulló el muchacho. La pelirroja recogió la varita y se la entregó.
-Muéstrame lo que tienes.-pidió, llevándose las manos a la espalda. El muchacho volvió a colocarse en posición, pero nuevamente, tras decir el encantamiento, la varita salió despedida, cayendo a los pies de Tabatha.-No lo haces mal, pero…-ella miró a su alrededor y no le costó mucho resolver aquel misterio: Fred y George estaban cerca de Smith y se turnaban para apuntarle a la espalda con sus varitas.-Sería mejor que te muevas para ese otro lado. Tal vez con un ángulo diferente te salga mejor.-Smith asintió varias veces y se trasladó hacia el centro de la sala junto con su compañero.
Tabatha colocó sus brazos a modo de jarra y miró a los gemelos con una ceja en alto.
-Lo siento.-se apresuró a decir George sonriendo nerviosamente.- No he podido evitarlo.-ella negó varias veces y rodó los ojos.
-¡Alto!-gritó Harry de pronto.- ¡Alto! ¡ALTO!-tal vez había pensado en un silbato, porque a los pocos segundos se escuchaba un agudo pitar que provenía de su boca haciendo que todas las varitas dejasen de lanzar hechizos.- No está mal.-comentó.- Pero todavía pueden mejorar mucho. Volvamos a intentarlo.-
Mientras Tabatha ayudaba a los hermanos Creevey, no muy lejos de ellos, Cho intentaba con sus mejores esfuerzos hacer el hechizo, pero parecía al borde del colapso.
-¡Expelliarmonos! ¡Ay, no! ¡Expelliemillus! ¡Oh, Marietta, lo siento!-la manga de la túnica de su amiga se había prendido fuego; Marietta apagó las llamas con su propia varita y miró con odio a Harry, como si él tuviera la culpa de todo.- ¡Me has puesto nerviosa, hasta ahora lo estaba haciendo bien!-se excusó. Tabatha rodó los ojos y se concentró en seguir ayudando a aquellos que tenían dificultades.
-Oye, Harry.-gritó Hermione desde el otro extremo de la sala.- ¿Has mirado la hora?
Él consultó su reloj y se llevó una sorpresa al ver que ya eran las nueve y diez, lo cual significaba que tenían que volver a sus salas comunes inmediatamente si no querían que Filch los pescara y los castigara por estar en los pasillos fuera de los límites permitidos. Entonces hizo sonar el silbato, los estudiantes dejaron de gritar ¡Expelliarmus! y las dos últimas varitas cayeron al suelo.
-Bueno, ha estado muy bien.-comentó.-Pero la sesión se ha prolongado más de lo previsto. Tenemos que dejarlo aquí. ¿Quedamos la semana que viene a la misma hora en el mismo sitio?
-¡Antes!-exclamó Dean con entusiasmo, y muchos compañeros asintieron con la cabeza.
-¡La temporada de Quidditch está a punto de empezar y el equipo también tiene que practicar!-acotó Angelina.
-Entonces el próximo miércoles por la noche.-determinó Tabatha.- Ya decidiremos si hacemos alguna reunión adicional. ¡Ahora será mejor que nos vayamos!
Harry volvió a sacar el mapa del merodeador y lo revisó meticulosamente para ver si había algún profesor en el séptimo piso. Dejó salir a sus compañeros en grupos de tres y de cuatro, y luego siguió con inquietud los diminutos puntos que los representaban en el mapa para asegurarse de que regresaban sanos y salvos a sus dormitorios.