"Los mellizos Potter" — capítulo 47
Capítulo 22:
"Herederos de Slytherin"
Ron, Hermione y Tabatha, se llevaron a Harry a la sala común bajo la atenta mirada de todos los presentes del club de duelo.
-¡Hablas Pársel!-exclamó Ron, cuando ingresaron a la sala común.- ¿Por qué no nos habían dicho?-
-¿Qué?-preguntaron ambos mellizos.
-Pueden hablar con las serpientes.-respondió Hermione.
-Ya lo sabemos, una vez le echamos una pitón a nuestro primo, Dudley, pero fue un accidente.-recordó la pelirroja.
-Lo hicimos solo una vez, ¿Y qué? Apuesto que mucha gente lo puede hacer.-se excusó Harry.
-No, no pueden. No es un don muy común, Harry.-explicó la castaña.-Esto es malo.-
-¿Qué es malo? Si no le digo a la serpiente que no ataqué a Justin…-la pelirroja, miró algo confundida a su mellizo.
-¡Ah! Eso le dijiste.-comentó Ron.
-Tú estabas presente. Tú me oíste.-
-Te oí hablando Pársel. La lengua de las serpientes.-aclaró el pelirrojo.
-¿Hablé en otro lenguaje?-preguntó el azabache, mirando a su hermana quien asintió junto a Ron.-Pero no lo entiendo, ¿Cómo puedo hablar otro lenguaje sin saber que puedo?-
-No lo sabemos, pero parecía que estabas animando a la serpiente.-expuso Hermione.-Harry, Tabatha, escúchame. El símbolo de la casa de Slytherin es la serpiente. Salazar Slytherin, hablaba Pársel, podía hablar con las serpientes.-
-Exacto. Ahora todo el colegio va a pensar que son sus tata-tataranietos.-alentó Ron.
-¡Pero no los somos!-se excusaron los mellizos.
-No podemos serlo.-murmuró Tabatha, mirando a su hermano.
-Vivió hace miles de años. Dado lo que sabemos, si pueden serlo.-eso dejó aún más preocupada a la pelirroja. Primero que el Sombrero Seleccionador, quería ponerla en Slytherin y ahora enterarse que podía llegar a ser pariente del fundador de la casa de las serpientes.
Para dejar de pensar en el asunto, los cuatro, decidieron ir a la biblioteca para adelantar sus deberes. Para desgracia de los mellizos, la biblioteca, estaba casi llena. Todos los presentes, murmuraban a espalda de ambos Potter. Harry, giró para ver y se encontró con dos chicas de Hufflepuff. Toda la escuela parecía admitir que ellos eran los herederos de Slytherin.
-No les hagas caso, Harry.-susurró la pelirroja, sin darse vuelta. Ron intentó sonreírle a sus amigos, pero le Salió una rara mueca y Hermione, solo les dio una rápida sonrisa. Harry, volvió a darse vuelta, viendo como otra mesa seguía mirándolo. Hasta Ginny se veía alejada de ellos.
-Nos vemos luego en la Sala Común.-dijeron al unísono los mellizos, recogiendo sus cosas. Todos los presentes, los seguían con la mirada hasta que salieron de la biblioteca.
Apenas salieron, la voz, volvió a retumbar en sus oídos.
-¡Quiero sangre! ¡Todos deben morir!-los mellizos se pegaron a la pared siguiendo la voz.-¡Matar! ¡Matar! ¡Matar! ¡Tiempo de matar!-Tabatha, se aferró a la túnica de su hermano.
-No pasa nada, Lily.-le susurró mientras doblaban la esquina. El piso estaba mojado para cuando ellos llegaron. Tabatha, se quedó helada al ver lo que tenía enfrente. Nick Casi Decapitado, se encontraba inmóvil frente a ellos, del gran corte que tenía en el cuello, salía una especie de humo.
-Ha…Harry.-tartamudeo la pelirroja, zarandeando a su mellizo. El azabache miró en la dirección que señalaba Tabatha y se quedó igual que ella. El cuerpo de JustinFinch-Fletchley se encontraba petrificado en el suelo.
-¿Qué… qué hacemos?-preguntó la pelirroja, entrando en un estado de nerviosismo.
-Deberíamos llamar a…-las palabras de Harry se vieron calladas por otra voz.
-Con las manos en la masa.-sorprendidos, se dieron cuenta de que Filch, estaba detrás de ellos.-Esta vez haré que los expulsen, Potter. Ya lo verán.-
-¡No, Sr. Filch, usted no entiende! - se apresuró a decir el azabache. La pelirroja, ya estaba echa un ovillo de nervios con la aparición del celador. Harry, se concentró en una fila de arañas que subían por la pared de la ventana.
Tabatha, ya estaba llorando de los nervios, cuando Filch apareció con la profesora McGonagall.
-Profesora… juramos que no lo hicimos.-argumentó Harry, tomando la mano de su hermana.
-Está fuera de mi control, Potter.-la profesora, les hizo una seña y juntos la siguieron.
-Tranquila, Tabi, no pasará nada.-el azabache, apretaba con fuerza la mano de su hermana, tratando de tranquilizarla y que deje de llorar. Los tres juntos llegaron a hasta donde se encontraba una gárgola.
-El profesor Dumbledore, los está esperando.-comentó McGonagall, parándose junto a la entrada, indicándoles que ingresen.
-¡Sorbetes de limón!-exclamo y la gárgola comenzó a subir formando escalones. Ambos mellizos esperaron hasta que llegasen arriba de todo, para poder bajar.
Abrieron una redonda puerta e ingresaron al despacho del director. El lugar era redondo, como la Sala Común de Gryffindor, tenía colgado un montón de cuadros de antiguos directores, que dormitaban en las paredes, había ciento de instrumentos que se movían mágicamente.
-¿Profesor Dumbledore?-llamó Harry, cerrando la puerta.
Subieron unas escaleras que daban a una especie de biblioteca, donde descansaba un ave de color rojizo. En uno de los estantes se encontraba el Sombrero Seleccionador, que al verlos, se puso derecho.
-¿No se lo pueden sacar de la cabeza, Potter?-cuestiono el artefacto.
-Es que nos preguntábamos si nos has mandado a la Casa correcta.-habló Harry, después de varios intentos de formular una oración.
-Sí. Fueron particularmente difíciles de asignar. Pero no me retractó de lo que les dije el año pasado. Les hubiera ido bien en Slytherin.-respondió el Sombrero.
-Te equivocas.-murmuró la pelirroja, mirándolo. El viejo y desgastado sombrero, los miró enarcando lo que parecía ser una ceja.
Se alejaron de él y se dispusieron a revisar el lugar. Tabatha, contemplaba con admiración los libros que tenía su director, mientras que Harry, observaba de cerca al ave. Aquel magnificó animal, comenzó a arder en llama hasta reducirse en nada más que unas cuantas cenizas.
-¿Qué paso?-preguntó asustada la pelirroja.
-¿Harry, Tabatha?-preguntó la voz del director, asustándolos.
-¡Profesor!-exclamaron los dos al mismo tiempo.
-Su pájaro… yo no pude hacer nada.-se excusó Harry.-Se incendió de repente.-
-Y ya era hora, además. Hace días que se veía mal. Lástima que lo han visto en un día de quema.-explicó Dumbledore, como si fuera lo más normal.-Fawkes, es un ave fénix, chicos. Se incendian cuando le llega el momento de morir y después de ese momento, reviven de sus cenizas.-del pequeño montón de cenizas, un pequeño pichón, aproximaba su cabecita.
-Los fénix son unas criaturas fascinantes. Pueden llevar cargas inmensamente pesadas y sus lágrimas tienen poder curativo.-explicaba el director, mientras contemplaba al pequeño recién nacido.
-¡Profesor Dumbledore, señor! ¡Espere, escuche!-la puerta se abrió bruscamente, dejando ver a un agitado Hagrid.-No fueron ellos.-
-Hagrid…-intentó hablar el director.
-Lo juraría ante el Ministerio de Magia.-insistía el guardabosque.
-¡Hagrid! Calma. Yo no creo que estos jóvenes hayan atacado a alguien…-Dumbledore, puso sus dos manos sobre los hombros de ambos Potter.
-Claro que no.-comentó Hagrid.- ¡Oh! Cierto. Bueno yo…. Esperare afuera, entonces.-el guardabosque se retiró de la sala.
-¿Usted no cree que fuimos nosotros, profesor?-preguntó tímidamente, la pelirroja.
-No, Tabatha. No creo que hayan sido ustedes. Pero debo preguntarles, ¿Hay algo más que quieran decirme?-ambos mellizos, dudaban si decirle o no, acerca de la extraña voz que escuchaban.
-No, señor.-respondieron ambos, negando con la cabeza.-Nada.
-Muy bien entonces. Pueden irse.-los dos se despidieron y se fueron del despacho del director.
Iban en silencio mientras caminaban por los pasillos.
-¿Crees que hicimos bien?-preguntó la pelirroja, cuando estaban cerca de la Sala Común.
-Eso creo.-cuando entraron, se apresuraron para ingresar a sus dormitorios y olvidar lo que había pasado.