"Los mellizos Potter" — capítulo 49
Capítulo 16
"El diario de Tom"
Entre los tres, llevaron a Hermione a la enfermería. Madame Pomfrey, los regaño un poco pero atendió a la castaña.
-¿Has hablado con Hermione?-preguntó Ron, cuando los tres subían hacía la Sala Común.
-Saldrá del hospital en unos días.-respondió la pelirroja.-Cuando deje de escupir bolas de pelo.-
Casi llegando al final, vieron un gran charco de agua.
-¿Qué es esto?-cuestiono el azabache, observando el agua. Los tres atravesaron la parte húmeda y salieron al lugar donde habían petrificado a la Sra. Norris.
-Qué asco.-exclamó Ron.
-Parece que Myrtle, inundó el baño.-comentó Harry.
Llegaron al baño del segundo piso e ingresaron. Los grifos de las piletas, estaban abiertos y desbordaban. En lo alto de la redonda ventana, Myrtle, sollozaba.
-¿Vinieron a arrojarme otra cosa?-preguntó mirándolos.
-¿Por qué habría de arrojarte algo?-preguntó la pelirroja, enarcando una ceja.
-No me preguntes a mí. Yo estaba aquí haciendo lo mío y a alguien le pareció divertido arrojarme un libro.-respondió el fantasma, yendo hacia ellos.
-Pero nadie te puede lastimar arrojándote algo. Digo te atraviesa y ya.-expuso Ron, mirándola.
-¡Sí, claro! ¡Hay que tirarle libros a Myrtle porque no los siente! ¡10 puntos si le atraviesas el estómago! ¡50 si le atraviesan la cabeza!-gritó enfurecida.
-¿Quién te lo tiro?- preguntó Harry.
-No lo sé. No lo vi. Estaba sentada, pensando en la muerte y me cayó en la cabeza.-Myrtle, se alejó sollozando más fuerte. La pelirroja, hayo cerca de uno de los cubículos, un pequeño libro negro.
-Esto fue lo que le tiraron.-comentó, escurriéndole un poco el agua.
Tabatha, se quedó con el libro y accedió a averiguar qué es lo que contenía. En la noche, provechó que sus compañeras no estaban, y decidió echarle una mirada al tan misterioso libro.
Pasaba una y otra vez las hojas, pero estas estaban vacías. Ni una letra, ni un rastro de tinta en ella. Cansada cerró el libro y buscó suerte en la tapa.
-Tom Marvolo Riddle.-leyó unas letras en dorado.
Tomó su pluma y abrió en la primera hoja del libro. Una pequeña gota de tinta, cayó sobre el papel, desapareciendo al instante. Pasó las punta de sus dedos buscando mancharlos, pero nada. Pasó varias hojas y no había rastro de haber caído una gota. Volvió a mojar la pluma y se dispuso a escribir.
-Mi nombre es Tabatha Potter.-las letras desaparecieron rápidamente, dejando lugar a otras.
-*Hola Tabatha Potter, yo me llamo Tom Riddle.-*respondió el libro. Sorprendida, volvió a mojar la pluma.
-¿Sabes algo acerca de la Cámara de los Secretos?- las palabras volvieron a desvanecerse.
-*Si.-*respondió Tom. Intrigada, siguió escribiendo.
-¿Me lo puedes decir?-
-No.-resignada dejó la pluma de lado.-Pero te lo puedo mostrar. Déjame llevarte al pasado, hace 50 años.-las páginas comenzaron a pasarse solas muy rápido hasta detenerse en una que mostraba la fecha13 de Junio. En la mitad del libro, una gran luz brillante, se iba haciendo cada vez más grande, al punto que ella ingresé en esa luz.
La pelirroja apareció el mismísimo corredor de Hogwarts. Llegó a las escaleras y se encontró con un chico más grande que ella, parado al final de estas. Unas sombras se veían un poco más arriba de ellos dos.
-Disculpa, ¿Podrías decirme qué está pasando aquí?-le preguntó al chico, pero él no contestaba.- ¿Tú eres Tom Riddle? Hola, ¿Puedes oírme?- a medida que preguntaba, se iba acercando al joven.
Por las escaleras bajaban cuatro magos, transportando una camilla que parecía tener algo debajo, pero estaba tapado con una sábana. El joven, se quedó mirando como los cuatro magos, bajaban las escaleras. La pelirroja llego a ver un brazo que colgaba.
-¡Riddle! Ven.- llamó una voz desde más arriba.
-Profesor Dumbledore.-habló Tom.
-Dumbledore.-susurró la pelirroja, subiendo detrás del joven.
-No es prudente andar merodeando tan tarde, Tom.-habló el director, con la voz un poco más tranquila.
-Sí, profesor. Supongo que…. Tenía que ver si los rumores eran ciertos.-
-Me temó que sí lo son, Tom.-respondió Dumbledore.
-¿El de la escuela también? Yo no tengo a donde ir. No son capaces de cerrar Hogwarts, ¿Verdad?-Tabatha, miraba a ambos, sin perderse ningún detalle.
-Entiendo, Tom, pero me temo que el director quizá no tenga más remedio.-la pelirroja, miró durante unos instantes, a su director.
-Señor, si los crímenes pararan, si capturasen al culpable.-
-¿Hay algo que querías decirme?-por la mente de la pelirroja, pasó la misma situación que vivió junto a su hermano.
-No, señor. Nada.-respondió Tom, siendo observado por una misteriosa mirada por parte de Dumbledore.
-Muy bien entonces. Puedes irte.-
-Buenas noches, señor.-Tom, pasó por al lado de su profesor siendo seguido por la pelirroja. Él parecía bastante nervioso, por su forma de caminar por los pasillos. Se detenía y se aseguraba de que estuviese completamente solo y que nadie lo estuviese siguiendo. Bajó por una escalera e ingresó en un pequeño cuarto. Preparo su varita y abrió la puerta.
-Vámonos de aquí.-murmuró una voz en el interior.
-Buenas noches, Hagrid.-el estudiante, cerró la tapa de un cofre y se interpuso entre él y Tom.- Voy a tener que acusarte, Hagrid. No creo que esa cosa haya matado a propósito.-
-¡No puedes! ¡No entiendes!-protestó el otro chico.
-Vendrán los padres de la chica a Hogwarts, necesitan asegurarse de que muera la cosa que mató a su hija.-explicó Tom, apuntándolo.
-Aragog nunca ha matado a alguien ¡Nunca!-insistió Hagrid.
-Los monstruos no son buenas mascotas. Hazte a un lado.-
-¡No!-gritó Hagrid, negándose a abandonar a su mascota
Hazte a un lado, Hagrid.-repitió, Tom.
-¡No!- Tom logró moverlo y pronunció un hechizo.
-*¡Cistem Aperio!-*un estallido produjo que la tapa del baúl se abriese. Algo con muchas patas bajo por la mesa y se deslizó por el suelo, pasando junto a la pelirroja.
-¡Arania Exumai!-volvió a pronunciar Tom fallando al atinarle.
-¡Aragog!-grito Hagrid.- ¡Aragog!-
-No puedo dejar que te vayas.-Tom, volvió su varita hacía el otro joven.-Te van a quitar tú varita por esto. Te van a expulsar.-
-¡Hagrid!-gritó Tabatha, pero al querer acercarse, una fuerte fuerza, la obligaba a retroceder y llevándola de nuevo al mundo real.
Se quedó sentada en la silla durante unos momentos, no sabía cómo reaccionar en una situación como esa. Hagrid, había demostrado ser la persona más buena que podía existir en todo el mundo mágico, no sería capaz de asesinar a alguien. Ella y Harry, confiaban plenamente que él era inocente de cualquier cargo que lo culpase. Iba salir a contárselo a Ron y a su mellizo, cuando sus compañeras comenzaron a ingresar.
-¿Has visto a Hermione?-preguntó Lavander, tomando su pijama.
-No… no la he visto en todo el día.-respondió guardando el libro en su baúl. No quería que nadie se lo hurtase.
-¿Estás bien?-volvió a insistir la niña rubia, mirándola con sospecha.
-Sí… sí.-la pelirroja, sonrió y se metió en el baño. Tal vez una ducha, haría que su mente se despejase. Habían pasado demasiadas cosas en un día.