Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← "Los mellizos Potter" · de

"Los mellizos Potter" — capítulo 65

Capítulo 10:

El Grimm y la primera clase de Hagrid.

Tabatha:

Vaya no tenía sueños raros desde el año pasado, tenía el presentimiento que esa voz era la de una mujer, pero no sabía de qué mujer. La cuestión es que esa voz, me mantuvo toda la noche despierta.

Para cuando era hora de levantarse, fue el momento en que más sueño me dio. Obligué a mi cuerpo a levantarse e ir al baño para poder ponerme la túnica, tomar mis cosas y bajar a desayunar.

-Qué cara.-comentó Lavander, mientras se terminaba de arreglar sus estúpidos moñitos rosa en la cabeza.- ¿Tuviste pesadillas de nuevo, verdad?-le sonreí falsamente y me encerré en el baño. Al mirarme al espejo comprobé que tenía cara de haber dormido demasiado poco y de haber tenido fatales sueños. ¿Habrá sido el Dementor? Me auto pregunté, mientras me cepillaba los dientes. Me encogí de hombros y escupí, ya tendría tiempo de averiguar sobre estas maravillosas criaturitas.

-¡Tabatha! ¡Apúrate, o llegaremos tarde al Gran Comedor!-me gritó Hermione mientras golpeaba la puerta. Ni siquiera me moleste en contestar, solo seguí con mi trabajo de desenredarme el cabello para luego ponerme el uniforme.

Salí nuevamente a la habitación y tomé mi mochila junto a los libros de las primeras clases que hoy tendría. Como siempre, Mione me miro con el ceño fruncido y me regaño por haber salido dos minutos tarde del baño. Yo le dije que ella tenía toda la razón y fue suficiente como para que cerrase la boca y bajásemos juntas a la Sala Común. Ahí nos esperaban Ron y Harry. Una vez que estuvimos los cuatro juntos, pusimos marcha a llenarnos el estómago con el primer desayuno del año.

Al entrar fuimos recibidos por el típico murmullo de las cuatro mesas de las cuatro casas. Todos los estudiantes desayunaban y se contaban las cosas que hicieron en las vacaciones, de seguro son más interesantes de las que hicimos Harry y yo en Privet Driver.  Al pasar por la mesa de Slytherin, vimos a  Malfoy, entreteniendo a todos los idiotas de su casa con una historia muy divertida. Al pasar por su lado, Malfoy hizo una parodia de nuestro desmayo, coreado por una carcajada general.

-No le hagas caso.-le susurré a Harry, al ver que ya había cerrado los puños.-Tú, ni el menor caso. No merece la pena...-

-¡Eh, Potter!- me gritó Pansy, cara de hongo, Parkinson.- ¡Potter! ¡Que vienen los Dementores, Potter!-me detuve frente a ella y puse cara de asustada.

-¡Un Dementor!-grité.- Ah, no eres tú, Parkinson.-Ron casi se cae al suelo mientras se llevaba las manos al estómago conteniendo la risa. Ella por otro lado me miró de una manera no muy amigable. Hermione volvió a fruncir el ceño y nos obligó a caminar a nuestra mesa, junto a los gemelos

-Los nuevos horarios de tercero.-anunció George, pasándolos.- ¿Qué te ocurre, Harry?-

-Malfoy.-contestamos Ron y yo, sentándose al otro lado de George y echando una mirada desafiante a la mesa de Slytherin. George alzó la vista y vio que en aquel momento Malfoy volvía a repetir su pantomima.

-Ese imbécil.-dijo sin alterarse.- No estaba tan gallito ayer por la noche, cuando los Dementores se acercaron a la parte del tren en que estábamos. Vino corriendo a nuestro compartimento, ¿verdad, Fred?-

-Casi se moja encima.-agregó Fred, mirando con desprecio a Malfoy.

-Yo tampoco estaba muy contento.-reconoció George.-Son horribles esos Dementores...

-Se le hiela a uno la sangre, ¿verdad?-dijo Fred.

-Pero no se desmayaron, ¿a qué no?-murmuró Harry en voz baja.

-No le den más vueltas, chicos.-dijo George.-Mi padre tuvo que ir una vez a Azkaban, ¿verdad, Ron?, y dijo que era el lugar más horrible en que había estado. Regresó débil y tembloroso... Los Dementores absorben la alegría del lugar en que están. La mayoría de los presos se vuelven locos allí.-

-De cualquier modo, veremos lo contento que se pone Malfoy después del primer partido de Quidditch.-habló Fred, cambiando de tema.-Gryffindor contra Slytherin, primer partido de la temporada, ¿se acuerdan?- vi que el rostro de mi hermano, cambió drásticamente. En Quidditch, Harry era muchísimo mejor que Malfoy, (claro está que él ES mejor que Draco)

Mientras los gemelos llenaban mi plato, tomé mi horario y comencé a ojearlo para ver lo nuevo. Vi que Hermi, ponía cara de contenta al ver el suyo.

-Bien, hoy comenzamos asignaturas nuevas.-comentó alegremente.

-Hermione.-bufó Ron frunciendo el entrecejo y mirando detrás de ella.- Se han confundido con tu horario. Mira, te han apuntado para unas diez asignaturas al día. No hay tiempo suficiente.- miré por su hombro y tenía el doble que yo.

-Ya me apañaré. Lo he concertado con la profesora McGonagall.-repuso.

-Pero mira.-siguió Ron riendo.- ¿Ves la mañana de hoy? A las nueve Adivinación y Estudios Muggles y...-Ron se acercó más al horario, sin podérselo creer.-Mira, Aritmancia, todo a las nueve. Sé que eres muy buena estudiante, Hermione, pero no hay nadie capaz de tanto. ¿Cómo vas a estar en tres clases a la vez?-

-No seas tonto.-interrumpí bruscamente.-Por supuesto que ella no va a estar en todas las clases.-

-Bueno, entonces...-

-Pásame la mermelada.-lo interrumpió Mione.

-Pero...-intentó decir él.

-¿Y a ti qué te importa si mi horario está un poco apretado, Ron?-interrogó mi amiga.- Ya te he dicho que lo he arreglado todo con la profesora McGonagall.-

En ese momento entró Hagrid en el Gran Comedor. Llevaba puesto su abrigo largo de ratina y de una de sus enormes manos colgaba un hurón muerto, que se balanceaba.

-¿Va todo bien?-nos preguntó con entusiasmo, deteniéndose camino de la mesa de los profesores.- ¡Están en mi primera clase! Me he levantado a las cinco para prepararlo todo. Espero que esté bien... Yo, profesor..., francamente...-nos dirigió una amplia sonrisa y se fue hacia la mesa de los profesores, balanceando el hurón.

-Me pregunto qué habrá preparado.-murmuró Ron con curiosidad, mientras se rascaba la barbilla.

El Gran Comedor se vaciaba a medida que la gente se marchaba a la primera clase. Mientras atendía a Phoebe que venía con el correo, me hice un tiempo para comprobar mi horario.

-Lo mejor será que vayamos ya. Miren, el aula de Adivinación está en el último piso de la torre norte. Tardaremos unos diez minutos en llegar...-terminamos el desayuno, nos despedimos de Fred y de George, y volvimos a atravesar el Gran Comedor. Al pasar al lado de la mesa de Slytherin, Malfoy volvió a repetir la pantomima. Pero al pasar por la mesa de Hufflepuff, fui caminando lento para poder saludar a Cedric con una simple sonrisa.

Para ser sincera, en mis dos años en Hogwarts, jamás había estado en la torre norte, nuestras clases siempre eran en salones que nosotros conocíamos. Llegó un momento en que no sabíamos dónde estábamos y tuve que detenerme a pedir indicaciones al cuadro de Sir Cadogan. En el camino Hermione, se separó de nosotros para ir a no sé qué clase.

Exhaustos y jadeantes, los tres logramos encontrar la escalera que llevaba a nuestra clase. Comprobamos que era ese, al escuchar los murmullos que había en el interior.

Fuimos a dar al aula de aspecto más extraño que habíamos visto en nuestras vidas. No se parecía en nada a un aula; era algo a medio camino entre un ático y un viejo salón de té. Al menos veinte mesas circulares, redondas y pequeñas, se apretujaban dentro del aula, todas rodeadas de sillones tapizados con tela decolores y de cojines pequeños y redondos. Todo estaba iluminado con una luz tenue y roja. Había cortinas en todas las ventanas y las numerosas lámparas estaban tapadas con pañoletas rojas. Hacía un calor agobiante, y el fuego que ardía en la chimenea, bajo una repisa abarrotada de cosas, calentaba una tetera grande de cobre y emanaba una especie de perfume denso. Las estanterías de las paredes circulares estaban llenas de plumas polvorientas, cabos de vela, muchas barajas viejas, infinitas bolas de cristal y una gran cantidad de tazas de té. No tuvimos que esperar mucho para poder ver a nuestra profesora.

-Bienvenidos, mis niños.-nos saludó cuando apenas nos sentamos.-En está habitación exploraran el divino arte de la adivinación. En está habitación, ustedes descubrirán si poseen el don.-se puso de pie y al hacerlo, se llevó puesta una mesa.- Hola, soy la profesora Trelawney. Juntos viajaremos ¡hacia el futuro!-levantó los brazos contenta con su exclamación.- En este curso estudiaremos la Teciomancia, la lectura de las hojas de té, así que por favor tomen la taza de su compañero de al lado.-a mi lado tenía a una chica que ni siquiera conocía, pero de todas maneras tomé su taza.-  ¿Qué ven? La verdad está oculta como una frase en un libro esperando que la lean, pero primero deben abrir sus mentes, deben mirar más allá.-

-Esto es pura basura.-comentó Hermione, apareciendo de la nada.

-¿Cuándo apareciste?-preguntó Ron, desde la mesa de al lado.

-¿Yo? Aquí he estado todo el tiempo.-se defendió ella.

-Miren más allá.-continuo la profesora.- ¿Tú abuela está bien?-le preguntó a Neville.

-Creo que sí.-

-Bueno, yo no estaría tan segura. Dame la taza.-le pidió a Dean. La profesora hizo una mueca y la volvió a dejar en la mesa.-Lastima.-siguió avanzando hasta llegar a la nuestra.- Abran sus mentes.-hizo un rara expresión al ver mi taza para luego proseguir.- A ver, linda, mira la taza. Dime qué ves.-

-Veo…-la chica volteo varias veces la taza, para luego echarle una mirada al libro de Adivinación.-Bueno, Tabatha tiene un sol, eso significa gran felicidad, pero también hay… está el dibujo de una especie de halcón , que significa un enemigo mortal. Es decir que va a haber una gran felicidad en su vida, pero a su vez un enemigo mortal en el camino.-

-Excelente, excelente.-la felicitó la profesora, para luego pasar a la mesa de Harry.- Tu aura indica muerte, viene del más allá. Creo que sí.-

-Bueno, Harry tiene una especie de cruz torcida - es pruebas y sufrimientos, pero esto aquí podría ser el sol. Eso es la felicidad... Así que vas a sufrir, pero vas a ser feliz por eso.-explicó Ron, consultando con el libro.

-Dame la taza.-pidió la profesora. Al verla comenzó a gritar y la volvió a colocar en la mesa. Se volvió a nosotras y repitió lo mismo que acababa de hacer.- Niños… aparece el Grimm.-miré a Harry y tomé la taza. Sí, ahí aparecía la figura de un perro. El Grimm, el augurio de la muerte.

..*

El resto de la clase fue un tanto incomoda, la profesora se había sentado en su escritorio mientras tomaba té y explicaba los demás temas. No dejaba de mirarnos de reojo y yo no le sacaba la vista de encima a la taza.

Para cuando por fin sonó el timbre, salimos de la torre norte y pusimos marcha a la cabaña de Hagrid para su primera clase.

Mientras bajamos, iba en silencio apretando los libros contra mi pecho. Esa primera clase de Adivinación me había asustado un poco.

-¿No crearan que el Grimm tiene algo que ver con Sirius Black, o sí?-preguntó Ron, luego de unos minutos.

-La verdad Ron, yo creo que la Adivinación es muy imprecisa. Pero las Ruinas Antiguas, esas si son fascinantes en verdad.-

-¿Ruinas?-preguntó Ronnie.- ¿Cuántas clases has tomado exactamente?-de nuevo vamos con lo mismo.

-Más que tú.-aseguró Mione.

-Espera, no es posible.-habló él deteniéndose en mitad de las escalinatas de roca.- Ruinas Antiguas es a la misma hora que Adivinación. No puedes estar en las dos al mismo tiempo.

-No seas tonto, Ron, ¿cómo voy a estar en dos clases al mismo tiempo?-repuso Hermi, con burla.- Abran sus mentes, usen su ojo interior para ver el futuro.-

Faltaba un pequeño tramo para que llegásemos, pero un frío escalofríos me recorrió la espalda. Harry noto eso, y me tomo de la mano.

-Tab, ¿estás bien?-me preguntó mientras seguíamos caminando.- Desde que salimos del salón que estás callada y te pusiste pálida.-

-Estoy bien, estoy bien.-respondí esbozando una sonrisa muy poco convincente.- Estoy bien.-

-¿Segura?-insistió.- Hace un momento estaba temblando como una hoja. ¿Te asusta lo del Grimm?-negué. ¡Mentira! Sí tenía miedo, solo que no lo iba a dejar ver tan fácil.

-Estoy bien, Harry, enserio.-le sonreí un poco más y con eso lo deje conforme. Al llegar nos encontramos con Hagrid en la puerta de su cabaña.

-Acérquense, acérquense, vengan y no quiero que hablen.-nos dijo cuando estuvimos Slytherin y Gryffindor juntos.-Les tengo una gran sorpresa hoy. Una gran lección. Síganme.-miré a Hermione y ambas temíamos a lo que él nos tenía preparado. Sin chistar nos adentramos en Bosque Prohibido siguiendo a nuestro profesor. La verdad que me molestaba el Monstruoso libro de los monstruos, no paraba de moverse y de intentar morderme. Nos detuvimos en un claro.- Bien, chicos, no quiero charla. Formen una fila por ahí. Abran sus libros en la página 49.-

-¿Y cómo abrimos esto?-preguntó Malfoy, me estaba empezando a preocupar de que las ratas le hubiesen comido la lengua.

-Pues tienes que acariciarle el lomo.-respondió Hagrid como si fuese lo más obvio.-Que ignorancia.- pase mis dedos por el lomo de piel y esos feos dientes dejaron de intentar morderme. Me junte con mis amigos para dejar nuestras cosas.

-Creo que son divertidos.-comentó Mione, dejando de lado su morral.

-Oh sí, muy divertidos, hilarantes.-interrumpió cierta chico molesto de Slytherin.-Dios, este lugar es una cochinada. Le diré a mi padre que Dumbledore tiene a ese tonto dando clases.-

-Haznos el favor de cerrar tu maldita boca, Malfoy.-le espeté mientras dejaba mis cosas en el suelo. Los idiotas de Slytherin comenzaron a hacer ruidos como si fuese la primera vez que decía tal cosa. Harry intentó tirarme hacía atrás, al ver que Draco comenzaba a cercarse a mí de una manera desafiante. Él comenzó a hacer caras raras.

-¡Dementor! ¡Dementor!-comenzó a gritar mientras elevaba el brazo señalando a alguna parte. Todos volteamos para ver… la nada. Él y los inútiles de sus amigos se pusieron las capuchas de las túnicas y comenzaron a mover las manos y a hacer ruidos de fantasmas. Hermione me tomó de la manga de mi ropa y me tiró hacía atrás. Reí levemente al ver a Neville todo destartalado y con pedacitos de papel en el pelo.

Hagrid se aclaró la garganta llegando a nosotros con muchos hurones colgando. Abrí los ojos al ver a un animal detrás de él. Era una mezcla de caballo con cabeza, plumas y alas de águila.

-¿No es magnífico?-preguntó. Sí, sí lo era.- Saluden a Buckbeak.-él le lanzó uno de los hurones, mientras sonreía ampliamente.

-¿Hagrid, que animal es?-preguntó Ron.

-Eso, Ron, es un Hipogrifo. Lo que deben saber sobre ellos, es que son criaturas orgullosas, se molestan con facilidad. No deben ofender a un Hipogrifo, porque sería lo último que harían.-nos explicó.- Bien, ¿quién quiere saludarlo?-preguntó.- Eso es, los mellizos lo harán.-miré para todos lados y me di cuenta que mis compañeros habían retrocedido. Miré a Harry y lo empujé hacía adelante mientras me encogía de hombros.-Muy bien.-él me fulminó con la mirada.

-Lo siento.-articulé sin hablar.

-Ven aquí, Harry.-volvió a llamar Hagrid.- Deja que él haga el primer movimiento. Sé amable.-Buckbeak, sacudió sus plumas y avanzo unos pasos.- Ahora, acércate, inclínate y espera a ver si él te responde. Sí lo haces puedes tocarlo. Sí no… ya veremos luego.-soltó una leve risa nerviosa.- Ahora, inclínate.-Harry volvió a mirar hacia atrás. Lo alenté subiendo los pulgares y sonriéndole. Él asintió y comenzó a inclinarse.- Muy despacio.-el Hipogrifo, batió sus alas en forma amenazante.- Atrás, Harry, atrás.-le ordenó nuestro profesor. Al hacerlo, una rama se quebró. Asustada, no sé por qué motivo, tomé el brazo del primero que tenía a mi lado.-No te muevas.-le aconsejó Hagrid. El Hipogrifo, graznó un poco antes de por fin, devolver el gesto.-Bien hecho, Harry, bien hecho.-como recompensa le lanzó a un hurón a Buckbeak.-Muy bien, ahora ya puedes tocarlo. Anda, sin miedo.-Harry caminó despacio hasta llegar al animal.-Despacio, despacio, no tan rápido.-el Hipogrifo, adelantó la cabeza abriendo y cerrando el pico. Por un momento temí que mordiese a mi hermano, por lo que tomé la mano de la misma persona que tenía a mí lado.

-¿Asustada, Potter?-miré hacia arriba encontrándome con una mirada y sonrisa burlona. Estaba tomando la mano de Malfoy. Rápidamente aparté la mía y la limpié en mi túnica.