"Los mellizos Potter" — capítulo 66
Capítulo 11:
Boggart
Tabatha:
Harry había logrado montar en Buckbeak mientras que los demás debimos quedarnos en el claro del Bosque Prohibido. Con Hermione y Ron, decidimos sentarnos junto a las pequeñas paredes que formaban parte de la decoración. Yo estaba con la espalda apoyada en los ladrillo, jugando con la correa de mi mochila. Cada vez que levantaba la vista, me encontraba con dos pares de ojos. Uno de Malfoy mandándome miraditas picaras y el otro los asesinos de Parkinson, que para esta altura ira por décimo cuarta vez que me mató.
-¿Qué tiene ese idiota que te mira tanto?-cuestiono Ron, haciendo muecas de asco.
-¿Eh?-Hermi, me dio un codazo.- No… no sé, es Malfoy no debemos preocuparnos por lo que él haga o no haga, ¿verdad?-ellos dos asintieron y volvimos a quedar en silencio.
-Ahí viene.-anunció Mione, cuando Hagrid volvía a llamar a Buckbeak. El hipogrifo descendió impecablemente en el suelo. Todos volvieron a reincorporarse y comenzaron a aplaudir.
-Bien hecho, Harry.-lo felicitó Hagrid, yendo a buscarlo.
-¿Te gusta Potter?-preguntó una voz en mí oído. Voltee encontrándome con Dra… Malfoy.
-Hazte a un lado.-murmuré poniendo mi mano sobre su pecho y empujándolo hacia atrás.
-Eso fue estupendo.-comentó Mione, mientras seguía aplaudiendo.
-Hay por favor.-exclamó Malfoy.-Largo.-empujó a dos Gryffindor y comenzó a caminar hacia Buckbeak.
-Malfoy, detente. No hagas nada estúpido.-intente pararlo, tomándome de la túnica pero Crabbe y Goyle se me interpusieron.
-Sí, no eres tan peligrosa, ¿o sí, bestia asquerosa?-el hipogrifo comenzó a batir sus alas bastante molesto.
-Malfoy.-advirtió Hagrid. Buckbeak, se alzó sobre sus patas traseras y soltó un graznido que hizo gritar a todos. El idiota oxigenado intento protegerse el rostro, pero recibió las marcas de las garras del hipogrifo. Como es habitual en él, se tiró al suelo y dio comienzo a su obra de dramatización.- ¡Buckbeak!-exclamó Hagrid, interponiéndose entre ambos.- ¡Buckbeak!-volvió a gruñir, lazándole un hurón.- Toma, criatura tonta.-
-¡Me lastimó! ¡Moriré!-chillaba Malfoy con los ojos cerrados sosteniéndose el brazo.
-Cálmate, solo fue un rasguño.-
-¡Hagrid!-exclamé.- Hay que llevarlo enseguida al hospital.-
-Sí, sí. Soy el profesor y lo haré.- él lo tomó en brazos mientras Malfoy seguía lamentándose.
-Se arrepentirán.-
-La clase acabó.-dijo Hagrid.
-Tú y tu maldito pollo.-
..*
Luego de aquella interesante (y dramática) primera clase con Hagrid, pusimos rumbo al salón de Transformaciones. Cuando pensamos que se había disipado el murmullo de lo que ocurrió en la clase de Adivinaciones, como si fuera por arte de magia, todos volvieron a cuchichear sobre eso, dirigiéndonos miradas con diferentes mensajes en ellas
Con Harry elegimos el asiento que estaba al final del aula, sintiéndonos el centro de atención nos miraba como estuviéramos a punto de caernos muertos ahí mismo. Apenas escuchábamos lo que la profesora McGonagall les decía sobre los animagos, pero eso era un tema que yo me sabía de arriba abajo, pero aun así me asombre cunado ella se transformó ante los ojos de todos en una gata atigrada con marcas de gafas alrededor de los ojos.
-¿Qué les pasa hoy?-nos preguntó, recuperando la normalidad con un pequeño estallido y mirándome.- No es que tenga importancia, pero es la primera vez que mi transformación no consigue arrancar un aplauso de la clase.- todos voltearon mirándonos a nosotros.
-Por favor; profesora. Hace poco que salimos de nuestra primera clase de Adivinación y... hemos estado leyendo las hojas de té y...-habló Hermi, levantando la mano.
- ¡Ah, claro!-exclamó McGonagall, frunciendo el entrecejo de repente.-No tiene que decir nada más, señorita Granger. Díganme, ¿quién de vosotros morirá este año? -todos la miraron fijamente.
-Nosotros.-respondimos.
-Ya veo.-dijo la, clavando sus ojos en nuestra dirección.-Pues tendrían que saber, Potter, que Sybill Trelawney, desde que llegó a este colegio, predice la muerte de un alumno cada año. Ninguno ha muerto todavía. Ver augurios de muerte es su forma favorita de dar la bienvenida a una nueva promoción de alumnos. Si no fuera porque nunca hablo mal de mis colegas... -nos explicó.-La adivinación es una de las ramas más imprecisas de la magia. No les ocultaré que la adivinación me hace perder la paciencia. Los verdaderos videntes son muy escasos, y la profesora Trelawney...-se detuvo en medio de la frase.- Me parece que tiene una salud estupenda, Potter; así que me disculparán que no te perdone hoy los deberes de mañana. Les aseguro que si se mueren no necesitarás entregarlos.-Hermione se echó a reír. Bueno, eso nos hacía sentir un poco mejor, al menos un poquito.
Luego de la cena, en la cual Ron se había mostrado más preocupado por nosotros con el tema del augurio, la mesa de Gryffindor, se vio repleta con libros en vez de los brillantes platos de oro, de tinteros en vez de copas con jugo de calabaza y con miles de rollos de pergaminos en vez de papas asadas. Yo estaba en un costado de la mesa con los libros de Transformaciones haciendo un reporte con las cosas que ya me sabía sobre los animagos. Intentaba concentrarme pero los fantasmas estaban empecinados a jugar con los vidrios de las ventanas, persiguiéndose y gritando.
-¿Te duele mucho, Draco?-preguntó la voz melosa de Parkinson a mis espaldas.
-A veces, pero tuve suerte. La señora Pomfrey dice que pude haber perdido el brazo.
-Escuchen a ese idiota.-murmuró Ron, mientras apretaba un pergamino entre sus manos.
-Sí que exagera las cosas.-habló Harry.
-Agradezcan que Hagrid sigue aquí.-comenté mojando mi pluma en la tinta.
-Sí, pero el papá de Draco está furioso.-opinó Hermi.- No va a dejar, esto así.-
-¡Lo vieron! ¡Lo vieron!-comenzó a gritar Seamus trayendo un ejemplar del Profeta.
-¿A quién?-preguntó Ron.
-A Sirius Black.-los cuatro nos pusimos de pie y nos acercamos para ver más de cerca.
-Caftan, eso está muy cerca.-habló Hermione, mirando el diario.
-¿No vendrá a Hogwarts, o sí?-preguntó Neville un tanto temeroso.
-Hay Dementores en las entradas.-respondí.
-¿Dementores? Ya los pudo engañar antes, creo que podrá hacerlo ahora.-habló Seamus.
-Cierto, Black podría entrar. Detener a Black es como detener la lluvia con las manos.-murmuró un chico el cual no tenía ni la más remota idea de cómo se llamaba. Mire a Harry, y estaba más pálido que Nick Casi Decapitado. Él estaba mirando con atención la foto de Black, admito que un escalofrío me recorrió la espalda al ver como se reía tan frenéticamente.
..*
Por fin había llegado el momento que más había esperado en todo el año, conocer a un profesor que no intente matarnos, sé que sonaba difícil pero tenía la impresión de que este año no iba a pasar nada.
Tomé mi mochila y junto a los chicos, pusimos rumbo al salón. Para cuando llegamos el profesor Lupin no estaba en el aula. Todos se sentaron, sacaron los libros, las plumas y los pergaminos, y mientras conversaban por fin llegó el profesor. Lupin sonrió vagamente y puso su desvencijado maletín en la mesa. Estaba tan desaliñado como siempre, pero parecía más sano que en el tren, como si hubiera tomado unas cuantas comidas abundantes.
-Buenas tardes.-dijo.- ¿Podrían, por favor; meter los libros en la mochila? La lección de hoy será práctica. Sólo necesitaréis las varitas mágicas.-todos intercambiamos miradas de curiosidad mientras recogíamos los libros. Nunca habíamos tenido una clase práctica de Defensa Contra las Artes Oscuras, a menos que se contara la memorable clase del año anterior, en que nuestro antiguo profesor había llevado una jaula con duendecillos y los había soltado en clase.-Bien.-prosiguió cuando todo el mundo estuvo listo.- Si tienen la amabilidad de seguirme...-
Desconcertados pero con interés, nos pusimos de pie y salimos del aula. Él nos condujo a lo largo del desierto corredor. Doblamos una esquina. Al primero que vimos fue a Peeves el Poltergeist, que flotaba boca abajo en medio del aire y tapaba con chicle el ojo de una cerradura. Peeves no levantó la mirada hasta que el profesor Lupin estuvo a medio metro. Entonces sacudió los pies de dedos retorcidos y se puso a cantar una monótona canción.
-Locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin...-aunque casi siempre era desobediente y maleducado, Peeves solía tener algún respeto por los profesores. Todos miramos de inmediato al profesor Lupin para ver cómo se lo tomaría. Ante su sorpresa, él seguía sonriendo.- ¡Hola, Tabatha la lunática!-le sonreí mientras acomodaba mis libros.
-Yo en tu lugar quitaría ese chicle de la cerradura, Peeves.-habló Lupin amablemente, mientras me miraba de reojo.- El señor Filch no podrá entrar a por sus escobas.-pero Peeves no le prestó atención, salvo para soltarle una sonora pedorreta. El profesor Lupin suspiró y sacó la varita mágica.-Es un hechizo útil y sencillo.-nos explicó volviendo la cabeza.- Por favor; estén atentos.-
Alzó la varita a la altura del hombro, dijo ¡Waddiwasi! y apuntó a Peeves. Con la fuerza de una bala, el chicle salió disparado del agujero de la cerradura y fue a taponar la fosa nasal izquierda de Peeves; él ascendió dando vueltas como en un remolino y se alejó como un bólido, zumbando y echando maldiciones.
-¡Genial, profesor!-exclamó Dean, asombrado.
-Gracias.-respondió el profesor Lupin, guardando la varita.- ¿Continuamos?-nos pusimos otra vez en marcha. Nos condujo por otro corredor y se detuvo en la puerta de la sala de profesores. -Entren, por favor.-
En la sala de profesores, una estancia larga, con paneles de madera en las paredes y llena de sillas viejas y dispares, no había nadie salvo un profesor. Snape estaba sentado en un sillón bajo y observó a la clase mientras entrabamos. Los ojos le brillaban y en la boca tenía una sonrisa desagradable.
-Déjela abierta, Lupin. Prefiero no ser testigo de esto.-se puso de pie. Su capa negra ondeaba a su espalda. Ya en la puerta, giró sobre sus talones y dijo.-Posiblemente no le haya avisado nadie, Lupin, pero Neville Longbottom está aquí. Yo le aconsejaría no confiarle nada difícil. A menos que la señorita Granger y la señorita Potter le estén susurrando las instrucciones al oído.-
Para cuando la sala de profesores quedó vacía, el profesor Lupin nos dejó frente a un gran armario que no paraba de dar saltos
-Fascinante, ¿verdad?-comentó desde el fondo.- ¿Alguien quisiera adivinar que hay ahí adentro?-
-Es un Boggart, señor.-respondió Dean.
-Bien dicho, señor Thomas.-lo felicitó.- ¿Alguien puede decirme como luce un Boggart?-
-Nadie lo sabe.-contesté.-Los Boggarts, cambian de forma y se transforman en lo que uno más teme. Por eso son…-
-Tan atemorizante.-finalizó por mí.-Sí, sí. Por suerte existe un hechizo muy sencillo para enfrentar a un Boggart.-el armario no dejaba de moverse dando pequeños saltos.-Vamos a practicarlo. Sin varas, por ahora. Repitan,"Riddikulus"-prosiguió.
-¡Riddikulus!-repetimos.
-Muy bien, más fuerte y muy claro. AsíRiddikulus.-
-"Riddikulus".-
-Muy bien, esa parte era la más fácil ya que el hechizo solo no basta. Lo que acaba con un Boggart es la risa. Lo forzaran a tomar una forma que ustedes encuentren divertida. Voy a explicarles, Neville, pasa por favor. Ven no temas.-él nos miró a todos y luego dio un paso adelante.-Hola, Neville, ¿Qué es lo que más te atemoriza?-
-El profesor Snape.-balbuceo.
-¿Cómo has dicho?-
-El profesor Snape.-todos reímos.
-No eres el único. A todos nos atemoriza. Sé que vives con tú abuela.-
-Sí, pero por favor, que no sea igual a ella.-rogó.
-No lo será. Quiero que visualices su atuendo, solo su atuendo muy claro en tú mente.-pidió.
-Ella usa un bolso rojo…-
-No, no hace falta que lo digas. Si lo ves, lo veremos.-él asintió.-Cuando abra el armario, harás esto. Disculpen.-el profesor se acercó y le susurró algo al oído.- Necesitó que imagines al profesor Snape, con la ropa de tú abuela.-él al principio no entendió, pero termino asintiendo.- ¿Podrás hacerlo?-el volvió a asentir.-Vara lista.-anunció.-Uno, dos, tres.-el pestillo del armario se abrió. Del interior salió la figura de Snape.-Ahora piénsalo.-
-¡Riddikulus!-pronunció. Snape, cambió su túnica negra por un espantoso vestido verde, un sombrero en forma de buitre disecado, un zorro alrededor de su cuello formando una ridícula bufanda y un llamativo bolso rojo. La clase entera estallo en risas.
-Fabuloso, Neville. Increíble, bien. Todos a formarse.-todos comenzamos a correr por el salón para formar una fila.-Fórmense. Apúrense. Necesito que visualicen lo que más temen y lo conviertan en algo gracioso.-el profesor, se acercó a un toca disco y puso música.-Ron. Concéntrate, se valiente.-su Boggart se transformó en una gigantesca araña negra.-Sé valiente. Se valiente, concéntrate.-
-¡Riddikulus!-exclamó y la araña se desparramo por el suelo con ocho patines en sus patas. Luego de que pasara Parvati que transformó a su Boggart en un payaso, llegó mi turno. El payaso se movía hacia adelante y hacia atrás. ¿Qué es a lo que más temía? ¿A qué se me cayese Dudley encima? ¿Perder a Harry? ¿Morir? Para cuando me quise dar cuenta ante mí tenía a una mujer pelirroja gritando y a dos bebes llorando. Sí, era mi mamá y nosotros. Grité cubriendo mis ojos y solté mi varita sin poder articular palabra alguna, el sonido que hizo al caer alertó al profesor que corrió a interponerse. Su Boggart se transformó en una luna llena.
-¡Riddikulus!-pronunció y la luna se transformó en un globo que termino por desinflarse. Movió su varita y encerró al Boggart de nuevo en el armario.-Bueno… yo lo lamentó pero es todo por hoy. Tomen sus libros. Lo lamentó.-Harry me tomó de los hombros y me sacó del salón.