"Los mellizos Potter" — capítulo 67
Capítulo 12:
"La poción de Lupin"
Hermione me acompaño al baño de chicas del segundo piso. Cerró la puerta con un hechizo, mientras que escuchábamos a Myrtel reía y revoloteaba por encima de nosotras.
-¿Qué fue eso?-pregunté luego de unos segundos.
-Eso fue tu Boggart.-me explicó, acariciando mi brazo.- Pero, ¿eso es a lo que le temes?-asentí lentamente.
-¿Creen los Dementores tuvieron algo que ver?-quise saber con la voz ahogada.
-Según lo que he estado investigando, ellos se encargan de sacar los peores recuerdos de uno. Eso explica por qué dijiste que escuchaste a una mujer gritando cuando de te atacaron en el tren.-ella hizo una leve pausa.-Tal vez al pensar en eso nuevamente te hizo revivir ese momento.-no supe que decir, solo pasé mis manos por mi rostro intentando no llorar más.-Será mejor que hagas caso al consejo del profesor Lupin, deberías comer un poco de chocolate.
Las dos salimos del baño dejando a Myrtel revoloteando nuevamente. Mione puso rumbo a la sala común de Gryffindor mientras yo tomaba el camino que iba a las cocinas, Fred y George, me explicaron cómo llegar y como entrar en segundo año. Al llegar al cuadro de las frutas le hice cosquillas a la pera con la punta de mis dedos. Qué cosa más tierna. Los gemelos me habían explicado que ahí trabajaban los elfos y en cuanto puse un pie ahí, me vi rodeada de diez cabecita que me miraban con ojos saltones.
-¿Qué se le ofrece?-preguntó uno con voz chillona.
-¿Chocolate?-
-¡Chocolate!-comenzaron a gritar dando vueltas por todos lados.
-Solo necesito una taza.-alcancé a decir.
-Que sean dos.-voltee encontrándome con el profesor Lupin detrás de mí.- ¿Qué tal, Tabatha?-preguntó ubicándose junto a diminuto taburete.
-Creo que bien.-respondí encogiéndome de hombros. Me rasqué la cabeza un tanto nerviosa. El profesor me sonrió y me invitó a que me sentase junto a él.-Tengo una duda…-comencé.
-¿Quieres saber el significado de tu Boggart?-asentí lentamente.- Era de saber.-murmuró.- Bueno, como explique, los Boggarts sacan lo que más uno teme; en este caso tu miedo es la muerte, pero más en especifica la de tu madre. Si mal no recuerdo, solo tenías un año cuando ella murió.-
-Mis profesores de la escuela Muggle decían que tengo muy buena memoria y que soy buena reteniendo información.-
-Eso es más que claro, aparte otros profesores dicen lo mismo de ti.-acomodé uno de mis mechones detrás de mí oreja, ocultando un notable sonrojo.
-¿Existe la posibilidad de que mi miedo tenga algo que ver con los Dementores?-el profesor asintió.
-Eso debió haberlo removido haciendo que saliese a la luz.-él le sonrió a un elfo que dejó las tazas y me paso una.- ¿Adicta al chocolate?-reí un poco tomando entre mis manos la humeante taza.-Somos dos.-los dos bebimos el contenido en silencio, algunas veces se nos acercaban algún que otro elfo a ofrecernos galletas o a preguntarnos si necesitábamos algo.- Lleven dos tazas más a mi despacho.-le dijo a uno con su típico tono suave.-Si me disculpas, Tabatha, el deber llama.-él se puso de pie y se alejó para luego desaparecer por el retrato.
..*
Al fin había llegado el primer sábado en que iríamos a Hogsmeade. Todos los de tercero estábamos reunidos en el patio frente a McGonagall y a Filch.
-Y recuerden, las visitas a Hogsmeade son un privilegio.-decía la profesora.- Si su comportamiento es malo en la escuela, ese privilegio no se les volverá a dar.-detrás de péndulo gigante, Harry corría mientras agitaba una hoja.- Si el permiso no está autorizado, no podrás acompañarnos. Son las reglas, Potter.-
-Los que tengan permisos, síganme. Los que no, apártense.-habló Filch con su voz ronca. Con Hermione y Ron nos quedamos ahí viendo como mi mellizo intentaba convencer a McGonagall.
-¿Tu iras?-me preguntó cuándo quedamos nosotros cuatro. Negué.
-Intente convencer a la tía Petunia, pero fue en vano, no logre nada.-me encogí de hombros y me puse al lado de mi hermano.
-Olvídenlo, hasta luego.-le dijo a Ron y Hermione.
-¿Qué vamos a hacer?-pregunté cuando solo quedamos nosotros dos en el interior de los pasillos.
-No lo sé, tal vez podríamos ir a ver a Hagrid.-
-No tengo muchas ganas de ir, prefiero no sé… ir a la biblioteca o a al lechucero para ver a Phoebe.-él asintió y nos quedamos un rato en silencio.
-No podremos ir a Hogsmeade, pero al menos tendremos el banquete de Halloween.-comentó Harry, mientras caminábamos.
-Eso es algo por lo menos.-
..*
Nos separamos antes de llegar a la torre de Gryffindor, iría a juntar mis cosas para poder adelantar un poco la tarea de Transformaciones, acerca de los Animagos y de paso para practicar un poco para la clase particular que tendría esta noche con McGonagall.
-¿Contraseña?-pidió la señora gorda despertándose sobresaltada.
-Fortuna Maior.-contesté con desgana. El retrato me dejó pasar e ingrese a la Sala Común. Estaba repleta de chicos de primero y de segundo, todos hablando, y de unos cuantos alumnos mayores que obviamente habían visitado Hogsmeade tantas veces que ya no les interesaba.
-¡Tabatha! ¡Tabatha!- voltee sobre mis talones para ver a Colin Creevey- ¡Hola, Tabatha! ¿No vas a Hogsmeade? ¿Por qué no? ¡Eh!-él miró a sus amigos con interés.- ¡Si quieres puedes venir a sentarte con nosotros!
-No, gracias, Colin.-respondí con una sonrisa, mientras subía a mi habitación. No estaba de humor para nada y mucho menos para que me acribillasen con preguntas de mi pasado. Tomé mis libros, mi tintero, mi pluma y mi mochila, para bajar a la Sala Común, saludar a Colin e irme
-¿Con qué motivo me has despertado?-refunfuñó la señora gorda cuando salí de nuevo.
Camine sin entusiasmo hacia la biblioteca, pero a mitad de camino, cambié de idea. No tenía n ganas de abrir el libro y realizar un trabajo que era para la próxima semana. Di media vuelta y me tope de cara con Filch, que acababa de despedir al último de los visitantes de Hogsmeade.
-¿Qué haces?-me gruñó.
-Nada.-hablé con franqueza.
-¿Nada?-repitió, con las mandíbulas temblando.- ¡No me digas! Husmeando por ahí tú sola. ¿Por qué no estás en Hogsmeade, comprando bombas fétidas, polvos para eructar y gusanos silbantes, como el resto de tus desagradables amiguitos?- me encogí de hombros y me lleve las manos a los bolsillos.- Bueno, regresa a la sala común de tu colegio.-
No le hice caso y con un pase mágico, logre que mi mochila y todas mis cosas se redujeran a un tamaño que cabía perfectamente en la palma de mi mano, para luego guardarla en el interior del bolsillo de mi ropa. No sabía a donde ir, así que subí una escalera, pensando en que tal vez podía ir a al lechucero, pero tal vez ir a los jardines. En realidad no sabía a donde ir.
-¿Tabatha? -retrocedí para ver quién me llamaba y me encontró al profesor Lupin, que me miraba desde la puerta de su despacho.- ¿Qué haces?-me preguntó Lupin en un tono muy diferente al de Filch- ¿Dónde están Ron, Hermione y Harry?-
-Ellos en Hogsmeade y Harry en lo de Hagrid.- respondí fingiendo indiferencia.
-Ah.-dijo Lupin. Me observó durante unos segundos y volvió a hablar.- ¿Por qué no pasas? Acabo de recibir un Grindylow para nuestra próxima clase.-
-¿Un qué?- entré en el despacho siguiendo a Lupin. En un rincón había un enorme depósito de agua. Una criatura de un color verde asqueroso, con pequeños cuernos afilados, pegaba la cara contra el cristal, haciendo muecas y doblando sus dedos largos y delgados.
-Es un demonio de agua.-me explicó, observando el Grindylow ensimismado.- No debería darnos muchas dificultades, sobre todo después de los kappas. El truco es deshacerse de su tenaza. ¿Te das cuenta de la extraordinaria longitud de sus dedos? Fuertes, pero muy quebradizos.- el Grindylow enseñó sus dientes verdes y se metió en una espesura de algas que había en un rincón.- ¿Una taza de té?-me ofreció, buscando la tetera.- Iba a prepararlo.
-Bueno.-me mordí el labio. Esto era un tanto incómodo. Lupin dio a la tetera un golpecito con la varita y por la boquilla salió un chorro de vapor.
-Siéntate.-murmuró, destapando una caja polvorienta.- Lo lamento, pero sólo tengo té en bolsitas. Aunque me imagino que estarás harto del té suelto.-levanté la vista, enarcando una ceja. Al profesor, le brillaban los ojos.
-¿Cómo lo sabe?-
-Me lo ha dicho la profesora McGonagall.-explicó, pasándome una taza descascarillada.- No te preocupa, ¿verdad? -
-No, no en absoluto.- ¿Mentí?, si, lo hice.
-¿Estás preocupada por algo, Tabatha?
-No.-volví a mentir bebiendo un poco de té, mientras el Grindylow me amenazaba con el puño.- Sí.-solté de golpe, dejando de lado la taza.- ¿Recuerda el día que nos enfrentamos al Boggart?-
-Sí.-
-¿Por qué no me dejó enfrentarme a él?- pregunté. Lupin alzó las cejas.
-Creí que estaba claro.-dijo sorprendido.
-¿Por qué?-volví a preguntar.
-Bueno.-respondió frunciendo un poco el entrecejo. -Pensé que si el Boggart se enfrentaba contigo o con Harry, adoptaría la forma de lord Voldemort.- me quedé mirándolo, impresionada. No sólo era aquélla la respuesta que menos esperaba, sino que además él había pronunciado el nombre de Voldemort. -Es evidente que estaba en un error.-añadió Lupin, frunciendo el entrecejo.-Pero no creí que fuera buena idea que Voldemort se materializase en la sala de profesores. Pensé que se aterrorizarían.-
-El primero en quien pensé fue Voldemort. Pero luego recordé a los Dementores y a esa mujer gritando mi nombre.-respondí, dejando que mis ojos vagasen por todo el despacho.
-Ya veo.-murmuró pensativamente.-Bien, bien..., estoy impresionado.-sonrió ligeramente ante la cara de sorpresa que puse. Eso sugiere que lo que más miedo te da es... la muerte. Muy sensato, Tabatha.-no supe qué contestar; de forma que di otro sorbo al té. -¿Así que pensabas que no te creía capaz de enfrentarte a un Boggart?-preguntó astutamente.
-Bueno..., sí.-murmuré un poco más animada.- Profesor Lupin, usted conoce a los Dementores...-rodé los ojos, al ver que alguien me interrumpía tocando la puerta.
-Adelante.-dijo Lupin. La puerta se abrió y entró Snape. Llevaba una copa de la que salía un poco de humo y se detuvo al verme.- ¡Ah, Severus!-saludó Lupin sonriendo.- Muchas gracias. ¿Podrías dejarlo aquí, en el escritorio?-Snape posó la copa humeante. Sus ojos pasaban de Lupin a mí.- Estaba enseñando a Tabatha mi Grindylow.-comentó con cordialidad, señalando el depósito.
-Fascinante.-murmuró Snape, sin mirar a la criatura.-Deberías tomártelo ya, Lupin.-
-Sí, sí, enseguida.-dijo Lupin.
-He hecho un caldero entero. Si necesitas más...-comenzó.
-Seguramente mañana tomaré otro poco. Muchas gracias, Severus.-pero lo interrumpió.
-De nada.-respondió. Salió del despacho retrocediendo, sin sonreír y receloso. Miré la copa con curiosidad. Lupin sonrió.
-El profesor Snape, muy amablemente, me ha preparado esta poción.-explicó.- Nunca se me ha dado muy bien lo de preparar pociones y ésta es especialmente difícil.-tomó la copa y la olió.- Es una pena que no admita azúcar.-añadió, tomando un sorbito y torciendo la boca.
-¿Por qué...?-comencé, pero me detuve. Él me miró y respondió a la pregunta que no había acabado de formular.
-No me he encontrado muy bien. Esta poción es lo único que me sana. Es una suerte tener de compañero al profesor Snape; no hay muchos magos capaces de prepararla.- bebió otro sorbo.
-El profesor Snape está muy interesado por las Artes Oscuras.-comenté, jugando con la taza de té.
-¿De verdad?-preguntó, sin mucho interés, bebiendo otro trago de la poción.
-Hay quien piensa…-me volví a callar, dudando de seguir con lo que estaba diciendo.-Hay quien piensa que sería capaz de cualquier cosa para conseguir el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.-él vació la copa e hizo un gesto de desagrado.
-Asqueroso.-comentó.- Bien, Tabatha. Tengo que seguir trabajando. Nos veremos en el banquete.
-De acuerdo.-dejé de lado la taza y me puse de pie.-Gracias, por su tiempo, profesor.-