"Los mellizos Potter" — capítulo 68
Capítulo 13:
"La desaparición de la Dama Gorda"
Tabatha:
-Aquí tienen.-murmuró Ron.- Hemos traído todos los que pudimos.-una lluvia de caramelos de brillantes colores cayó sobre las piernas de mi mellizo y las mías. Ya había anochecido, y Ron y Hermione acababan de hacer su aparición en la sala común.
-Gracias.-dijimos Harry y yo, tomando un paquete de pequeños y negros diablillos de pimienta.
-¿Cómo es Hogsmeade? ¿Dónde habéis ido?-pregunté mientras sentía que se me hervía la lengua con la pimienta.
-¡La oficina de correos, Taba! ¡Unas doscientas lechuzas, todas descansando en anaqueles, todas con claves de colores que indican la velocidad de cada una! Honeydukes tiene un nuevo caramelo. Daban muestras gratis. Aquí tienes un poco, mira.-de su bolso sacó otra tanda de dulces y las colocó sobre la mesa.-Nos ha parecido ver un ogro. En Las Tres Escobas hay todo tipo de gente...-
-Ojalá les hubiéramos traído cerveza de mantequilla. Realmente te reconforta.-comentó Ron.
-¿Y ustedes que han hecho?-nos preguntó Hermi.- ¿Han trabajado?-
-No.-respondimos a coro.
-Estuve la mayor parte del día en la cabaña de Hagrid.-habló Harry, eligiendo otros dulces.
-¿Y tú?-insistió Hermione.
-Lupin me invitó a un té en su despacho. Y entró Snape. Le dejo una copa con una poción que soltaba mucho humo.-
-¿Y Lupin se la bebió?-exclamó Ron.- ¿Está loco?-me encogí de hombros y guardé el resto de los caramelos.
-Será mejor que vayamos bajando.-murmuró Hermione consultando con el reloj.-El banquete empezará dentro de cinco minutos.-los cuatro salimos de la Sala Común, aun hablando de la poción de Snape.
-¿Para qué se lo habrá dado?-pregunto Harry.
-Pero si él..., ya saben...-Hermione bajó la voz, mirando a su alrededor con cautela.-Si intentara envenenar a Lupin, no lo haría delante de Tabatha.-
-Sí, quizá tengas razón.-dije mientras cuando estábamos en el vestíbulo e ingresábamos en el Gran Comedor. Los profesores se habían esmerado como todos los años. Habían decorado con cientos de calabazas con velas dentro, una bandada de murciélagos vivos que revoloteaban y muchas serpentinas de color naranja brillante que caían del techo como culebras de río.
La comida fue deliciosa, incluso Hermione y Ron, que estaban que reventaban de dulces, repitieron. Durante toda la cena no paraba de mirar a la mesa de los profesores. El profesor Lupin parecía alegre y más sano que nunca. Hablaba animadamente con el profesor Flitwick. Recorrí la mesa con la mirada hasta el lugar en que se sentaba Snape. No sabía si estaba viendo bien o mal, pero no le quitaba la mirada de encima a Lupin y parpadeaba mucho más rápido de lo normal.
El banquete finalizó con una actuación de los fantasmas de Hogwarts. Saltaban de los muros y de las mesas para llevar a cabo un pequeño vuelo en formación. Nick Casi Decapitado cosechó un gran éxito con una representación de su propia desastrosa decapitación. Fue una noche tan estupenda.
-¡Los Dementores te envían recuerdos, Potter!-gritó Malfoy desde su mesa.
-¡No sabía que Parkinson se había vuelto sensible con nosotros!-respondí, sacando las risas las mesas de Ravenclaw, Hufflepuff y Gryffindor.
..*
Para cuando estuvimos completamente saciados, los cuatro, seguimos la larga cola de los estudiantes de nuestra casa. Al llegar al corredor al final del cual estaba el retrato de la señora gorda, lo encontramos atestado de alumnos.
-¿Por qué no entran?-preguntó Ron intrigado.
-¿Neville habrá olvidado la contraseña otra vez?-opine.
-Tabatha.-voltee encontrándome con el propio Neville.-Estoy aquí atrás.-
-Perdón.- Harry miró por encima de las cabezas.
-Algo pasó más adelante.-murmuró.
-Déjenme pasar, por favor.-decía la voz de Percy, que se esforzaba por abrirse paso a través de la multitud, dándose importancia.- ¿Qué es lo que ocurre?-cuestiono.- No es posible que nadie se acuerde de la contraseña. Déjenme pasar, soy el Premio Anual.-la multitud guardó silencio entonces. -Que alguien vaya a buscar al profesor Dumbledore, rápido.-habló con voz extremadamente aguda. Las cabezas se volvieron. Los de atrás se ponían de puntillas.
-¿Qué sucede?-nos preguntó Ginny, que acababa de llegar. Al cabo de un instante hizo su aparición el profesor Dumbledore, dirigiéndose velozmente hacia el retrato. Los de Gryffindor se apretujaban contra la baranda para dejarlo pasar. Nosotros nos acercamos un poco más para ver qué es lo que pasaba.
-¡Madre mía!-exclamó Hermione, tomando al brazo de Harry. Apoyé mis manos sobre los hombros de Ron y me puse en puntillas de pie. Abrí la boca y solté un grito ahogado. La señora gorda había desaparecido y su retrato había sido rajado tan ferozmente que algunas tiras del lienzo habían caído al suelo. Faltaban varios trozos grandes. Dumbledore dirigió una rápida mirada al retrato estropeado y se volvió. Con ojos entristecidos vio a los profesores McGonagall, Lupin y Snape, que se acercaban a toda prisa.
-Hay que encontrarla.-murmuró para que solo ellos lo escuchasen.-Por favor, profesora McGonagall, dígale enseguida al señor Filch que busque a la señora gorda por todos los cuadros del castillo...-
-¡Apañados van!-habló una voz socarrona. Todos levantamos la cabeza para ver a Peeves, que revoloteaba por encima de la multitud y estaba encantado, como cada vez que veía a los demás preocupados por algún problema.
-¿Qué quieres decir, Peeves?-le preguntó Dumbledore tranquilamente. La sonrisa de Peeves desapareció. No se atrevía a burlarse de él. Adoptó una voz empalagosa que no era mejor que su risa.
-Le da vergüenza, señor director. No quiere que la vean. Es un desastre de mujer. La vi correr por el paisaje, hacia el cuarto piso, señor; esquivando los árboles y gritando algo terrible.-explicó con alegría.-Pobrecita.-añadió sin convicción.
-¿Dijo quién lo ha hecho?-preguntó Dumbledore en voz baja.
-Sí, señor director.-respondió Peeves, con voz melosa.- Se enfadó con ella porque no le permitió entrar, ¿sabe?-él dio una vuelta de campana y dirigió a Dumbledore una sonrisa por entre sus propias piernas.- Ese Sirius Black tiene un genio insoportable.
..*
El profesor Dumbledore mandó que los estudiantes de Gryffindor volvieran al Gran Comedor, donde se nos unieron, diez minutos después, los de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin.
-Los demás profesores y yo tenemos que llevar a cabo un rastreo por todo el castillo.-nos explicó, mientras McGonagall y Flitwick cerraban todas las puertas.-Me temo que, por su propia seguridad, tendrán que pasar aquí la noche. Quiero que los prefectos monten guardia en las puertas del Gran Comedor y dejo de encargados a los dos Premios Anuales. Comuníquenme cualquier novedad.-añadió, dirigiéndose a Percy, que se sentía inmensamente orgulloso.-Avísenme por medio de algún fantasma.- Dumbledore se detuvo antes de salir del Gran Comedor y volteo para vernos a todos.- Bueno, necesitaran... -con un movimiento de la varita, envió volando las largas mesas hacia las paredes. Con otro movimiento, el suelo quedó cubierto con cientos de mullidos sacos de dormir rojos. -Felices sueños.-nos deseó, cerrando la puerta.
Todo el salón empezó a bullir de excitación. Los de nuestra casa, le contaban al resto del colegio lo que acababa de suceder.
-¡Todos a los sacos!-gritó Percy con voz fuerte y clara.- ¡Ahora mismo, se acabó la charla! ¡Apagaré las luces dentro de diez minutos!-
-Vamos.-nos ordenó Ron. Tomamos cuatro sacos de dormir y los llevamos a un rincón.
-¿Creen que Black sigue en el castillo?- susurró Hermione con preocupación.
-Evidentemente, Dumbledore piensa que es posible.-dijo Ron.
-Es una suerte que haya elegido esta noche, ¿no se dan cuenta?-insistió Hermione, mientras nos metíamos vestidos en los sacos de dormir y se apoyaban en el codo para hablar.-La única noche que no estábamos en la torre...-
-Supongo que con la huida no sabrá en qué día vive.-murmuré restándole importancia.-No se ha dado cuenta de que es Halloween. De lo contrario, habría entrado aquí a saco.- Hermione se estremeció.
-¿Cómo ha podido entrar?-preguntó una chica de Gryffindor que estaba cerca de nosotros.
-A lo mejor sabe cómo aparecerse.-respondió un alumno de Ravenclaw.- Cómo salir de la nada.-
-A lo mejor se ha disfrazado.-dijo uno de Hufflepuff, de quinto curso.
-Podría haber entrado volando.-sugirió Dean.
-Hay que ver; ¿es que solo Tabatha y yo somos las únicas personas que han leído Historia de Hogwarts?-preguntó Hermione, perdiendo la paciencia.
-Casi seguro.-respondió Ron.- ¿Por qué lo dices?
-Porque el castillo no está protegido sólo por muros.-indique.- Sino también por todo tipo de encantamientos para evitar que nadie entre furtivamente. No es tan fácil aparecerse aquí. Y quisiera ver el disfraz capaz de engañar a los Dementores. Vigilan cada una de las entradas a los terrenos del colegio. Si hubiera entrado volando, también lo habrían visto. Filch conoce todos los pasadizos secretos y estarán vigilados.-
-¡Voy a apagar las luces ya!-gritó Percy.-Quiero que todo el mundo esté metido en el saco y callado.-
Todas las velas se apagaron a la vez. La única luz venía de los fantasmas de color de plata, que se movían por todas partes, hablando con gravedad con los prefectos, y del techo encantado, tan cuajado de estrellas como el mismo cielo exterior. La verdad es que era demasiado incómodo, el piso era muy duro y me dolía el brazo por usarlo como almohada.
-Tabatha.-susurró Hermione, pinchándome con el dedo. Me di vuelta quedando frente a ella.- ¿Hoy no es el cumpleaños de Cedric?-abrí los ojos y asentí.
-No me había acordado.-hice una mueca y me puse boca arriba mirando para todos los costados. Todos los prefectos estaban apiñados a un costado y de espalda a nosotros. Harry y Ron estaban dormidos ya, Hermi me cubriría haciendo que mi saco de dormir adquiriera la forma e alguien durmiendo, cuando en realidad estaba vació. Me puse de pie y me deslicé sin hacer ruido hasta un pequeño grupito de Hufflepuff que estaba cerca de una esquina. Él al ser prefecto se mantenía despierto sentado en su saco.- ¿Ced?-llamé suavemente
-Hola.-susurró haciéndose a un costado para dejarme sentar a su lado.- ¿Estás bien?-preguntó acomodando un mechón detrás de mí oreja. Asentí varias veces sonriéndole.
-Creo que no es una linda manera de pasar un cumpleaños, ¿verdad?-el rió.
-Te acordaste.-bajé la vista, en realidad me acorde gracias a Hermione, pero no se lo iba a decir, sería la peor novia.- Es una lástima que no puedas ir a Hogsmeade.- ambos hicimos una mueca.-Tal vez el año que viene podamos pasar san Valentín, navidad, nuestros cumpleaños en el salón de té de Madame Tudipié.-
-Eso haremos.-lo miré a los ojos y le besé la nariz.- Creo de que debería volver con mi hermano. Tal vez Percy me conozca, pero es un prefecto muy rígido.-él asintió, asegurándose de que nadie me viese volver a mi lugar.