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Historia 139126 — capítulo 78
Draco se despertó por la luz que entraba en la habitación, él no estaba acostumbrado a tanta luz dentro de una casa, quizás porque Malfoy Manor al ser tan grande, por mucha ventana que hubiese, hacía imposible que el sol llegara a cada rincón; pero esta casa era tan distinta a todo aquello.
Se frotó los ojos y se estiró un poco para despertar cada parte de su cuerpo, suspiró y observó a su acompañante.
El pelo castaño de Astoria resaltaba en las sábanas blancas y el sol le daba de lleno en la espalda desnuda. Era, y aunque sonara terriblemente cursi, la cosa más hermosa que había visto. Esa pequeña niña, que cada día que pasaba era más una mujer, era su debilidad.
Cortó la distancia que había entre ellos y refregó, de manera somnolienta y regalona, su nariz contra la nuca perfumada, besando el espacio entre ambos omoplatos.
-Draco...¿qué hora es?- murmuró, sin moverse, mientras la rodeaba con los brazos.
-No lo sé- sonrió levemente cuando Astoria entremezcló sus pequeños pies con los suyos.
-Debo ir a comprar cosas- no hizo ningún intento de salir de la cama.
-Ya tienes muchas cosas, ¿para qué quieres salir a comprar más?- Astoria soltó una risita.
-Cosas para que no muramos de hambre- cierto, Draco aún no se acostumbraba a todo eso de ir a comprar la comida y tener que prepararla, estaba demasiado acostumbrado a los elfos y al principio considero insultante que Astoria quisiera hacer el trabajo de los elfos, pero ella terminó por hacerle entender que las familias normales, muggles o no, hacían las cosas por si mismas.
Él, si el mismísimo Draco Malfoy, se encargaba de la limpieza porque por alguna razón indefinida e incomprensible se le daban bien los hechizos domésticos, no tenía ni idea como mover una de esas cosas para limpiar pisos, pero al menos sabía manejar la varita para que los pisos se limpiaran, ¿eso contaba como limpiar, no? Y Astoria era de lo más feliz cocinando, fue bastante complicado para él asumir que la mejor comida era la que hacía con sus manos y a lo muggle, Astoria pasaba su buen tiempo en la cocina aprendiendo como hacer las cosas sin magia, él se enojaba a veces por esto cuando ella terminaba con una quemadura o cortada, pero acababa por ceder a los ojos verdes y el puchero que la pequeña manipuladora hacía, ella lo tenía atrapado entre hoyuelo y hoyuelo, lo sabía y no eran pocas las veces que se salía con la suya.
Astoria se removió y se quedó mirando el techo.
-Iré a hacer café- le dio un beso y se escabulló fuera de la cama. Draco bostezó y se quedo unos minutos más en la cama, una de las cosas que más le gustaban de esta nueva vida era dormir tranquilo, no había ninguna preocupación. Cuando se levantó, Astoria servía el café. Tenían tazas con una D y una A, en su opinión demasiado cursi pero que ella había insistido en comprar.
-Mañana es la boda de Ginny- Draco suspiró, sabía que tendrían esa conversación y también sabía que ella no mencionaría a Potter.
-Eso me enteré, están en todos lados- tomó el café, haciendo cuenta regresiva en su cabeza. 3...2...
-¿Nosotros iremos?- Ahí estaba.
-No voy a ir a la boda de Potter, no nos hemos apuñalado de casualidad ¿y tu pretendes que lo salude por su boda?- Astoria puso los ojos en blanco.
-Ginny es mi amiga y Harry es agradable, él se portó muy bien contigo en San Mungo cuando pasó lo que pasó- nunca hablaban del incidente, aunque siempre que veía algo triste a Astoria le besaba el pálido vientre y le recordaba los bonitos hijos que tendrían en un par de años.
-Envíales un regalo si quieres, dos o tres, tendrán crías pronto mándales una cuna.
-Quiero ir a la boda, hace mucho que no vamos a una cena o fiesta- ella no lo decía con mala intención, pero lo hizo sentir culpable, le tendió la mano y se la acarició.
-Astoria, ¿sabes que puedes volver a Londres cuando quieras, verdad? Puedes volver a tener una vida social y a pasar tu tiempo con gente más... simpática que yo.
-No es eso Draco- exhalo el aire aliviado cuando ella se sentó en su regazo, a veces realmente temía que aceptara y se marchara, pero no podía no darle esa opción. -Solo quiero que vayamos a la boda de mi amiga.
-¿Quieres ir tú? No estamos unidos por la cadera Tory, ve, ponte hermosa y diviértete lejos de cualquier persona de género masculino.
Astoria rió.
-Creo que si iré y solo bailaré con personas comprometidas ¿de acuerdo? luego volveré a casa y estaré tan cansada que tendrás que prepararme un baño al cual te arrastraré a ti- le robó un beso y sonrió.
-¿Sabes que eres la mejor haciendo planes, verdad?
-Creo que nunca hemos tenido una cita humanamente normal, algo que no incluya terminar borrachos debajo de un puente- comentó Nina, pasándose las manos por el pelo corto, la realidad es que parecía mucho mas políticamente correcta cuando no bebía ni estaba de mal humor. Nina siempre era atractiva y sexy, pero solo muy pocas veces era bonita, en el significado mas femenino de la palabra.
Ahora, cuando solo comían un helado, Charlie se daba cuenta lo bonita que podía llegar a ser. Le encantaba verla con sus botas negras y sus ojos delineados, pero no iba a negar que esta Nina de piel clara y con el labio manchado de helado era muy hermosa.
-No puedo creer que tú hayas usado la palabra cita- se encogió de hombros.
-Le hemos dado muchas vueltas, tal vez deberíamos dejar que las cosas sucedan, aunque incluya tomar helado como dos pubertos con las hormonas a tope.
-Eso suena más a ti, ¿sigues pensando en acompañarme a Londres?- Nina lo miró confundido.
-¿Por qué habría cambiado de opinión? Te dije que iría a la boda de tu hermana, ya tengo vestido.
-No lo sé, eres demasiado cambiante como para dar algo por sentado.
-Lo sé, me estoy esforzando en esto. Me agradas demasiado como para cagarla.
-¿Dices lo que sientes? ¿Quién eres y qué demonios hiciste con mi Nina?
-¿Quedo ridícula? Mac me dijo que no tenía que comportarme como una perra rebuscada si es que tu me gustas, así que estoy intentando no ser una perra rebuscada.
-¿Mackenzie dijo las palabras 'perra rebuscada'?
-Claro que no, me dio una charla sobre sentimientos y ser malditamente complicada y confusa contigo, no sé como la niña sabe tanto de estas cosas si ni le han dado el primer beso.
-¿Eso quiere decir que aceptarías ser mi novia o debo esperar un poco más?- Nina abrió los ojos sorprendida.
-¿Novia de manitos sudadas y besos mariposa?
-¿Que es un beso mariposa?
-Ni puta idea, pero sí seré tu novia, eso creo.
-Bien.
-Somos tan románticos que me asombra.
-Lo sé.
Y siguieron comiendo helado.
-¿Por qué tienes que comer con él?- Alexander estaba furioso, todavía no entendía del todo por qué, pero estaba furioso.
-No lo sé ¿por qué se me antoja quizás?- la ironía y el enojo era demasiado obvio en la voz de Sam, ella no sentía gran afecto por Matt, pero él la invitaba a cenar y no tenía demasiadas excusas como para decirle que no.
-¿Qué tiene él? ¡Ni siquiera es atractivo!- Sam rodó los ojos.
-Hay muchas cosas más importantes que ser atractivo en la vida, ¿pero que puedo explicarte a ti? Lo único que tienes es un intento de cara bonita- Alexander, con el ego golpeado, la tomó por la cintura.
-¿Solo eso, barbie? Creo recordar que había un par de cosas que yo hacía que te gustaban mucho, ¿Matt también te da eso? Parece más bien aburrido.
-Matt al menos no tiene perfume de otra mujer mientras intenta acostarse conmigo- lo empujo de manera poco femenina y le dio la espalda- No molestes Alexander, Matt quiere algo serio conmigo, ya jugamos y nos divertimos pero no me interesa estancarme con un niño mimado, búscate otra muñeca para eso.
-¿Quién dice que soy un niño mimado?- Sam lo miró con una expresión mas que elocuente- De acuerdo, lo soy. ¿Pero quién dice que no puedo ser serio?
-No te digo que no puedas ser serio, te digo que no puedes ofrecerme algo serio y no me interesas Alex, ya no me interesas.
Alexander apretó la mandíbula, se quedó observando como esa rubia poco femenina pero muy hermosa se marchaba sin mirar atrás, le dolía el estomago y el pecho.
-Es el orgullo- se dijo a sí mismo... ¿qué otra cosa podría ser? Él no sufría por mujeres. Él era el gran Alexander Crawford y ninguna mujer le decía que no.
Ella ya te dijo que no, imbécil.
Acalló la molesta, y sincera, voz de su cabeza. Mañana sería la boda del Elegido y la rojita, sería una gran noche de bailes lentos que aprovecharía para que Sam se retractara de cada una de sus palabras.
Atentos, no estoy actualizando (y todos los que me siguen en facebook ya lo saben) porque estuve mal de salud y sigo medio delicada, por lo cual me he tomado mi tiempo para actualizar, se que como lectores a veces les cuesta entender eso, pero es lógico pensar que la salud va primero.
Gracias por la paciencia, por seguir ahí y a todos los lectores maravillosos que me mandaron su apoyo en comentarios y mensajes.