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Historia 139277 — capítulo 3

Malfoy estaba al otro lado de la puerta, riendo como si le hubieran contado un muy buen chiste. En sus ojos bailaba la perversión, tal como la había imaginado, ella estaba muy buena y la había hecho encabronar. *Bien hecho,*pensó.

-          Idiota, estúpido - gritó ella desde adentro del cuarto - eres un maldito pervertido ¡degenerado!

-          Sigue molesta, preciosa, así me haces calentar más.

Hermione se retorció de la rabia. Era un maldito sucio… ¿cómo podía decirle esa clase de cosas? La ira subió hasta sus mejillas.

-          Vete de aquí si no quieres que te hechice - gritó enojada sacando su varita de la túnica que reposaba sobre la cama.

-          Es tarde… ya me hechizó tu bonito cuerpo.

Cuando Hermione abrió la puerta, totalmente dispuesta a hacer que sus dientes crecieran en un tamaño anormal, él ya se había encerrado en la habitación próxima.

*Perfecto ¡PERFECTO!,*se dijo, ahora prácticamente viviría con Malfoy, y el primer día ya habían tenido un accidente. Deseó de mil maneras no tener que ser el premio anual, pero en un principio ¿por qué Malfoy lo era? Sinceramente nunca pensó que él tuviera muy buenas calificaciones, y no era como si hubiera hecho algo totalmente bueno como para merecer tal honor. Imaginó a Lucius Malfoy amenazando a la profesora McGonagall diciendo que era muy cercano al Ministerio y podría hacerla marcharse de Hogwarts si no hacía lo que pedía. Tendría que haberla amenazado con algo bien feo para que ella se dejara convencer y cediera.

Pero el caso no era pensar en eso. Quería ir a patear a Malfoy por ser tan asqueroso y haberla estado espiando mientras se cambiaba. Aunque por un lado se sentía satisfecha de haberle demostrado que no era la niña sabelotodo, fea y molesta que había sido antes. Era la nueva Hermione Granger, a quien le había sentado bien la pubertad y había cambiado.

-          Bueno, dos pueden jugar este juego - susurró con malicia.

Las clases seguían su curso a la perfección. Los días siguientes Hermione trató de llevar con calma el asunto de Malfoy viviendo al lado de ella, probablemente espiándola en el baño, pero solo le hacía caso omiso.

Una noche de martes de la tercera semana de clase, la torre parecía callada y deshabitada, pero ella tenía la certeza de que había alguien ahí. Y no era cualquier persona. Escuchó en el baño que estaba a su izquierda el grifo de las duchas chirriando y a continuación, agua fluyendo. Después de unos minutos, el agua empezó a cesar y se escuchó un chapoteo.

Hermione deslizó su túnica a través de sus brazos y la dejo caer sobre la cama. Se deshizo de su falda y luego del resto del uniforme y buscó una toalla roja y se medio envolvió en ella, dejando ver parte de su cuerpo en ropa interior.

Se paseó lentamente frente al espejo y salió de su habitación. Caminó de un lado al otro frente a la entrada del baño y ahí estaba la rubia cabellera, sumergida en la gran tina. Entró dando cortos pasitos sin hacer ruido hasta que estuvo solo a unos metros de Draco, que estaba de espaldas.

Estuvo de pie por unos minutos, hasta que él se percató de su presencia.

Se dio la vuelta y su mandíbula cayó y sus ojos se abrieron mucho, incluso Hermione notó un destello de luz en ellos. Se quedó mirándola por unos instantes y ella solo sonreía con malicia. Él movió la boca para decir algo, pero solo se escapó un sonido. Debilidad. *Fantástico,*pensó Hermione.

-          Ay, lo siento, no sabía que estaba ocupado. - Él no dijo nada hasta que Hermione iba por la puerta.

-          ¡Granger! - gritó - ¡espera! Hay espacio para dos, podemos compartir.

Hermione volteó los ojos y lo miró con sorna.

-          No, gracias.

Y salió del baño. Escuchó como el agua se movía y supuso que él estaba saliendo porque se escuchaba agua chorrear y luego unos pasos mojados. Ella esperó bajo el marco de su puerta y Draco salió del baño y se paró en seco cuando la vio, luego sonrió de medio lado.

-          De verdad, no tengo problema en compartir - dijo con malicia - te ves tensa, tal vez necesites un baño caliente y… un masaje tal vez - sonrió, innegablemente, de una forma bastante provocativa.

-          No gracias, dije.

Y dicho eso cerró la puerta en la cara de Malfoy, que seguía con una sonrisa estúpida en el rostro.