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Historia 139277 — capítulo 4
Se sintió muy victorioso hacer eso. Ella podía imaginar la cara de confusión de Draco. Se había sentido deseada e inalcanzable, y él había estado débil. El encuentro había calmado a Draco por un tiempo, el ya no era un pervertido que la espiaba. Ni siquiera le dirigía la palabra y jamás se encontraban en la sala de su torre. No coincidían en ninguna clase, salvo pociones, pero Hermione lo ignoraba lo más que podía.
Una tarde de pociones, el profesor Horace Slughorn les mandó a hacer Amortentia. Hermione notó que Draco la miraba de reojo, y cuando el se vio pillado, señaló su caldero y gesticuló con los labios <>, luego soltó una fuerte carcajada que sus amigos de Slytherin continuaron. Ella puso los ojos y volvió la atención a su poción, que no le estaba saliendo del todo bien.
Por lo general, era la mejor en pociones y en todo, pero esta poción no se le estaba dando bien. El vapor salía vertical y ordenadamente, en lugar de salir en espirales como se suponía que debía ser. El profesor se acercó a ella y sonrió comprensivamente.
- Vaya, señorita Granger, pensé que sería la primera en acabar correctamente la poción, pero veo que ha tenido problemas - el profesor Slughorn soltó una acogedora carcajada. Hermione no sabía como la hacía, pero con su tono de voz de abuelo y su sonrisita, lograba que los problemas no sonaran tan terribles. - Tal vez quiera quedarse después de clase a repasar un poco.
Ella se sonrojó, no sabía si tomarlo como una clase de castigo o solo una sugerencia. Asintió levemente y siguió intentando recuperar su poción, pero al parecer era imposible. Resignada, guardó un poco de poción en un tubo de ensayo que llevaba su nombre y limpió el resto de su caldero. Dejó el tubo sobre el escritorio del profesor y volvió a la mesa donde estaba mientras leía los pasos para la poción una y otra vez.
Los estudiantes poco a poco fueron dejando el salón, incluso el profesor Slughorn salió rápidamente diciendo que se le antojaba un café. Había movimiento en la parte de atrás del aula, ella sintió como le cosquilleaba la nuca y se le erizaba el vello. Se dio la vuelta y se encontró unos grises ojos fijos en ella.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó salvajemente.
- No lo se, te ves bien cuando estudias, Granger - respondió Draco burlonamente.
- Pues deberías irte, no me gusta que me mires estudiar.
- ¿Y qué me obliga a irme? - preguntó él riendo. Hermione apretó los puños con fuerza y sintió como sus uñas se enterraban en la palma de su mano.
- Mejor me voy yo entonces.
Ella cerró su libro y lo guardó en su mochila, pero antes de que pudiera salir, Draco la detuvo tomándola por el brazo, pero luego la soltó suavemente y le dijo algo.
- Ya que Potter no estudia aquí, debería decirte la verdad. Eres muy guapa, estás buena y lo único que nos mantenía en enemistad era Potter, nada más. Y no tengo ningún problema contigo… - dijo con una seductora sonrisa, como esperando que ella cayera a sus pies a decirle que lo amaba, pero en lugar de eso ella apretó los dientes con furia.
- -¿NO TIENES NINGÚN PROBLEMA? ¿Y que tal este? - gritó Hermione explotando de la ira. Le mostró su pálido antebrazo que llevaba cubierto con la manga de su túnica. Ahí estaba la cicatriz que no había podido desaparecer, estaba borrándose, pero aun podía leerse SANGRE SUCIA grabado en su piel. Bellatrix lo había hecho, frente a los ojos del mismísimo Draco, que no había movido un dedo para impedirlo.
Él la miró un poco desconcertado y su sonrisa de esfumó, solo se quedó callado intentando buscar palabras, pero Hermione no esperó ni un minuto más y salió del aula cerrando la puerta estrepitosamente.