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Inmortalmente enamorada. — capítulo 5
[4] Human love.
Estúpida.
Que estúpida fui al dejarme atacar por un enorme lobo, ¿Acaso no era yo más fuerte que eso? En tal caso, ¿Por qué no me hizo nada ese animal?
Mi casería se había frustrado y ahora tenía sed, ahora lo mejor sería salir a las afueras de Washington, tal vez pueda cazar más tranquilamente y así poder saciar mi sed en su totalidad. Cuando llegue a casa, me había quedado en mi balcón pensando lo que había pasado, un enorme lobo que había salido sin previo aviso y me había derribado, a pesar de ser mil veces más fuerte que él.
Tendría que decirle a mi madre que saldría a verificar sobre algunos trabajos y que estaría fuera por algunas horas, no podía estar mucho en presencia de mi familia sin el peligro existente que era yo.
Me metí y serré las puertas, entre a mi cuarto y Salí bajando a la sala, donde escribí una nota dejándola en la mesa, Salí de casa y corrí lo más rápido que pude, eran las cuatro de la mañana así que aún tenía tiempo para antes de que amaneciera, así evitaría a toda la gente mirona.
Aun en mi mente tenía esa mirada del lobo, una mirada tan humana y cálida, era extraño, totalmente extraño.
Me dedique a mi casería para poder llegar pronto, estaba segura de que cuando llegara, mi madre me daría un par de tareas hogareñas.
(*****)
Cuando llegue a casa los gemelos estaban gritando, correteando por toda la sala, en un abrir y cerrar de ojos mi parte vampírica la escondí dejando salir a una débil humana.
-Chicos, si no dejan de correr sufrirán un accidente-
No me hicieron caso pero ambos rieron, corrieron escaleras arriba y se escuchó como reían y saltaban, me encantaba el espíritu tan noble de ellos.
-Mamá, ya he llegado- salude entrando a la cocina, de donde salía un olor a waffles.
-Qué bueno cariño, ¿Cómo te fue? ¿Encontraste algún trabajo que te agrade?- le sonreí mientras le tendía el trapo de mesa que buscaba.
-No, de echo me ofrecieron uno pero… era una miseria la paga, ya sabes, como decía el abuelo…-
-…Para ascender hay que tener poder, lo se hija, tu abuelo siempre quiso lo mejor, por eso jamás se conformó con trabajos simples, pero a mí me encantan-
-Mamá, por ahora no tenemos necesidad de trabajar, pero si es lo que quieres puedes hacerlo, siempre y cuando seas feliz, por cierto, eso me recuerda, ¿Qué hay con el señor Black?- la sonrisa que mi madre me dio me dejo ver todo.
-Es un hombre adorable, ¿Sabías que tiene un hijo de tu edad? Por cierto, esta noche nos invitó a ir a cenar a su casa, Sue Clearwater y sus hijos irán también, así tú podrías, no sé, relacionarte con hijos- tosí un poco con el waffle que se me estaba atorando.
-¡Mamá!- la mire horrorizada.
-¿Qué? Es justo avergonzar un poco a mi hija después de que ella hizo lo mismo- ella rio y yo me ruborice, algo que a veces odiaba de mi parte humana.
-Oye mamá, cambiando de tema, ¿Puedo preguntarte algo?-
-Claro, lo que quieras-
Mi madre dejo el sartén en la estufa y se limpió las manos con el trapo de mesa, me prestó atención, me acomode un poco en la mesada, antes de entrar me había quitado los guantes y la gorra además de haberme quitado la sudadera y arreglarme decentemente.
-Si te dijera que… yo no soy una chica normal, que no soy lo que aparento, ¿Qué me dirías, o que pensarías?- agache la mirada y después la mire, esperando una respuesta.
Ella pensó bien las palabras y después me sonrió.
-Te diría que, eres mi hija, y no importa si en vez de tener dos ojos tienes cuatro o si, eres como superman, no importa que tan rara o extraña te digas, siempre serás tú, mi hija Nina, la misma que cuando era pequeña, lloraba cuando llovía y había una tormenta-
La abrase ante sus palabras, eso era lo que quería saber, que me quisiera a pesar de todo, después de la cena tendríamos hoy, tendría que contarle todo a mi madre, no podía seguir mintiéndole, no a ella.
Después de haber comido y ayudado a mi madre, ella se fue a la tienda mientras pasaban las horas, los chicos se quedaron en casa arreglando su habitación, ya una vez que mi madre se fue yo me convertí de nuevo en vampira, mis hermanos jugaron conmigo un rato y después empezamos a arreglarnos, ellos se ayudaban entre sí, yo me fui a mi habitación para cambiarme.
Me puse un pantalón de mezclilla, unas botas de lana cafés, una blusa de color caqui, y una chaqueta de color café con gorra de lana, mi cabello lo traía suelto y en rulos, me puse una gorra tejida de color azul rey, mi cabello pelirrojo era hermoso, y la verdad es que había cambiado un poco desde que me convertí.
-Chicos, ¿Están listos?- entre en la habitación.
-Sí, ¿Te dijo mamá la hora?- me pregunto Mat, quien ayudaba a peinar a Max.
-Si, de hecho, si no nos apuramos llegamos tarde, lla noes espera en la tienda y de ahí nos vamos-
-Okey, ¿Nos llevamos suéter?- pregunto Max.
-Claro, a no ser que sean inmunes al frio- reí para dejarlos solos.
Baje las escaleras fijándome en el celular móvil, tenía un mensaje de Noah, un amigo que había conseguido después de mi conversión, él era como un hibrido, era mitad vampiro y mitad humano, según él, tenía ya los doscientos años, pero seguía aparentando los diecisiete años.
Era muy lindo, él me había ayudado, claro, siempre en la obscuridad para que nadie se diera cuenta de su existencia, decía que yo era un fenómeno de vampiro, siempre reía con eso, el jamás había visto a un vampiro convertirse en humano, solo híbridos y el conocía muy poco de eso, su historia es corta, me la resumió, mato a su madre cuando nació y su padre vampiro fue matado igual cuando él tenía diez años cronológicos, así que él está vagando por el mundo solo.
El mensaje era sencillo, solo quería saber cómo estaba y diciéndome que pronto vendría a visitarme.
Le conteste un simple, "Estoy muy bien gracias y claro, aquí te espero" los chicos bajaron corriendo las escaleras, se parecían mucho, solo que lo que los diferenciaba esta noche eran sus chaquetas, Max tenía una chaqueta de lana color azul a cuadros, y Mat tenia de color rojo con negro a cuadros también.
-Listos, pues vámonos- les sonreí.
Salimos de la casa y los hice subir a la camioneta, era una minivan, era la de mi madre, estaba algo vieja ya y no le podía decir que tenía dinero como para comprarle un carro mucho mejor que esto, conduje hasta donde estaba la tienda, mis hermanos me estaban haciendo preguntas, a pesar de ser muy pequeños eran muy inteligentes.
Cuando llegamos a donde estaba mi madre ella se subió y me dejo conducir, ella estaba más nerviosa que nada, sus manos estaban echas nudo entre sí, su pie derecho lo movía provocando un ruidito muy estresante.
-Mamá, te juro que todo saldrá bien, no tienes de que preocuparte-
-Cariño, es la primera vez que me doy la oportunidad de conocer a alguien que no sea tu padre, no desde…-
-Lo sé, pero sé que mi padre estaría muy feliz de verte feliz, solo date la oportunidad de ser feliz, ¿Quieres? Todo saldrá bien- ella asintió.
Me indico en donde podía encontrar la casa del señor Black, mi madre se puso a pedirles a mis hermanos que se comportaran, y eso era una tarea difícil ya que ellos no sabían lo que significaba quieto.
Cuando llegamos le asegure a mi madre que no tenía nada raro en la cabeza ni en su cara, que estaba preciosa, bajamos y por primera vez mis hermanos fueron tranquilos, yo baje después, asegurándome de estar lo más normal posible, mis ojos seguían igual, de echo solo cambiaban cuando tenía sed, mis ojos eran verdes miel, pero cuando tenía sed se hacían de un café más obscuro hasta llegar a negro.
Cuando llegue hasta donde estaba mi madre y mis hermanos vi cómo se quedaban mirando ella y Billy, sonreí al mirarlos, el amor humano, ¿Yo lo sentiría algún día? ¿Había perdido esa oportunidad cuando me convirtieron en esta cosa monstruosa? Solo pedía que no, cuando me convirtieron me habían quitado mi vida, yo solo podía ser humana unas cuantas horas, ya que si duraba más de lo debido la sed se apoderaba de mí y me empezaba a sentir más débil.
-Pero pasen, por dios mis modales- Billy nos sonrió.
-Buenas noches Billy-
-Nina, que bueno es verlos de nuevo-
-Claro que sí, digo lo mismo, además tengo que cuidar a mi madre, y debemos de tener una charla, ¿No crees?- me puse seria, él se puso nervioso y rio un poco torpe.
-Yo… claro, cuando quieras, es…- me compadecí del pobre viejo nervioso.
-Tranquilo Billy, es broma, solo cuídala mucho ¿Quieres?- le pedí, sonriendo amablemente.
-Pero claro, no se diga más-
Me adentre a la casa de Billy, era muy bonita y acogedora, a pesar de ser muy sencilla y de un solo piso, me gustaba esta casa, era preciosa.
-Mi hijo no tarda en llegar y la señora Clearwater también llegara en unos minutos con sus hijos- explico Billy.
-Creo que somos los primeros- le dije yo sonriéndole.
-Claro, pero siéntense, ¿Quieren algo?- se movió con su silla de ruedas por el saloncito.
-Ah no, tranquilo-
-Yo sí, quiero agua- dijo Max.
-Bueno, sale agua para el caballero-
Mis hermanos se sentían a gusto con Billy y mi madre también, Billy se notaba buen hombre.
Se notaba que le tenía un cariño a mi madre, el amor humano, que bonito.