Más allá de la magia — capítulo 10
De nuevo me encontraba en la misma situación que hace dos días. Espiando a Granger. Parecía ya costumbre.Todavía recuerdo ese punzante dolor en el corazón al oír a Granger.**"-Está bien, acepto"Ese día me di cuenta, más bien, me admití por fin a mí mismo, que Granger había comenzado a importarme. Que ya no la odiaba, aunque en realidad, creo que nunca llegué a odiarla de verdad. Esa idea me asustaba. La posibilidad de que alguien fuera capaz de importarme, y que ese alguien fuera Hermione Granger, me aterraba. Me había criado en un ambiente cargado de miedo y tensión. Mi padre jamás me había dado cariño, ni se había preocupado por mí. Era, mi madre, la única persona que me enseñó el concepto de "amor", y había sido muy tenuamente, ya que sólo podía estar con ella pocas veces. En conclusión, no tenía ni idea de qué era el amor. En ese momento, lo único que sabía de él, era que dolía.Estaba totalmente atemorizado. Decidí que lo mejor era ignorarla, mantener las distancias con ella. Pero sabía que no iba a ser nada fácil, ya que, estaba seguro, de que mañana Granger querría explicaciones de mi comportamiento. Lo había decidido. Volvería a ser el Malfoy de hace un año, aún más insoportable y cruel. Así, conseguiría alejarla y yo no tendría que sufrir. Bueno, no tendría que sufrir en el futuro, porque el simple hecho de tener que ser cruel con ella, me hundía aún más. Pero lo tenía decidido. Y así fue, cuando ella se acercó a mí en clase de pociones."- Me das asco, Hermione Granger. Jamás me acercaría a ti"**Me sentí despreciable por haberle dicho eso, me daba asco a mí mismo. Me partí en dos cuando vi sus ojos al oír esas palabras. El brillo característico de ellos se había evaporado. Eso hizo que me derrumbara por completo, obligándome a irme de allí. Definitivamente era despreciable. Cuando llegué al Lago Negro, me senté en el mismo lugar de la última vez. Había un árbol enorme, cuyas raíces, también gigantes, asomaban al exterior. Una de ellas tenía un surco, que era donde yo me sentaba. Era un sitio tranquilo, situado a lado del Lago Negro. Además, si alguien pasaba por allí, no me vería, ya que las ramas me ocultaban. Decidí establecerlo como mi "lugar de pensar".Recordé, entonces, que hoy era viernes. Hoy era la cita de Granger con George. Sentí un pinchazo en el corazón, y como mis ojos resquemaban. No, no podía ir. Ya no era de mi incumbencia. Tenía que pasar de Granger. Pero el pinchazo se agudizó aún más. Y ahí me encontraba. Espiándola de nuevo. No había tardado ni diez minutos en llegar a Hogsmeade. Maldita sea. ¿Por qué soy tan débil? No tendría que haber venido. Los encontré dando una vuelta. Observaba la escena desde muy lejos, así que no podía escuchar su conversación. George le había agarrado la mano. Sentí como me empezaba a enfurecer. **- No tendría que haber venido -**me dije. Decidí marcharme. Pero entonces, nuestras miradas se cruzaron. El tiempo se detuvo, sólo para nosotros. Me estremecí al ver que el brillo de sus ojos no había vuelto. Apreté el puño con fuerza. Era todo por mi culpa. - Granger.. - susurré. Granger desvió la mirada hacia George, que le había hecho una suave sacudida para sacarla de la nube. Estaban más cerca que antes, por lo que pude oír su conversación. **- Her, ¿qué ocurre? -**dijo George preocupado - Lo siento si te ha molestado lo que te he dicho. Pero necesitaba decírtelo.. Observé como el pelirrojo la soltaba de la mano. Entonces Granger reaccionó. - No, George. No es eso.. - hizo una pausa, desviando la mirada hacia mí - Hoy no he tenido un buen día. Me encanta que me hayas dicho lo que sientes. Sinceramente, tú a mí también me gustas. No podía aguantarlo. Me estaba hundiendo cada vez más y más. Para rematar, sentí una patada en el estómago cuando Weasley volvió a agarrar sus manos, con una sonrisa tierna. Me daban ganas de romperle la cara a ese payaso. Pero entonces, Granger habló. - Pero.. No quiero que seamos novios, si es lo que quieres. Por lo menos de momento. Necesito tiempo para pensar. Vi como George se entristecía, pero rápidamente volvió a sonreír con ternura a la chica. La estrechó contra ella. - No pasa nada, Hermione. Esperaré a que te lo pienses. Fruncí el ceño al oír las palabras del estúpido de Weasley. Pero estaba contento. Muy contento. Tanto, que esbocé una sonrisa. Vi que Granger me estaba observando, por lo que volví a ponerme serio. Pero ella lo había visto, y me respondió con otra sonrisa. - Estúpida Granger.. - musité. Volví a Hogwarts, no tenía nada de que preocuparme. Salvo de una cosa. ¿Qué debía hacer ahora? Sabía de sobra que, si Granger le había dicho eso a George, era por mí. Sin embargo, me había prometido a mí mismo que iba a ignorarla. Pero también estaba arrepentido por lo que le había dicho. No sabía qué hacer.Como era tarde, decidí meterme en la cama, y seguir pensando. Al poco, me quedé profundamente dormido. ...
En medio de la noche me desvelé. Eran las 4:00 de la mañana. Pero no tenía nada de sueño. Me desperté pensando en Granger, con un profundo vacío en mi corazón. Supe que eran remordimientos, por lo que le había dicho en clase de pociones. Las palabras flotaban en mi conciencia, no se iban. No podía más. La cabeza estaba a punto de explotarme. Comencé a caminar, sin saber muy bien qué estaba haciendo. Salí fuera. Monté en mi escoba y me acerqué a una ventana. La ventana de la habitación de Granger. - Maldita sea, no sé qué demonios estoy haciendo. Murmuré un conjuro y la ventana se abrió. Entré sigilosamente.No podía creer lo que estaba haciendo. Pero no podía aguantarlo más. Tenía que pedirle perdón a Granger.Como era de esperar, Granger estaba durmiendo. Tenía el pelo despeinado, y se podía ver su pijama. Era rosa pálido, que estaba ceñido a la perfección a su cuerpo. Me quedé hipnotizado por sus curvas unos segundos. - Basta, has venido a disculparte, céntrate - me autoreñí mentalmente. Me aproximé a la cama de Granger, y me senté en el borde. No sabía cómo iba a reaccionar al verme. Seguramente gritaría y se enfadaría. Lógico. No tenía sentido que estuviera ahí.De repente Granger empezó a moverse. Sus ojos se abrieron suavemente. Entonces me vio. Puso los ojos como platos. Antes de que pudiera reaccionar, le tapé la boca. - Granger, Granger, no grites, por favor. Soy yo, Malfoy. Al principio la vi alterada, pero al oírme decir eso se tranquilizó. Destapé su boca. - Malfoy.. - balbuceó. Aún estaba algo dormida - ¿Qué demonios haces aquí? - He venido.. -comencé. No estaba acostumbrado a pedir perdón a nadie. Y menos a Granger- He venido a pedirte perdón por lo de esta mañana. Pude apreciar, en la oscuridad, que sus ojos me miraban fijamente. Estaba confundida. Tardó en reaccionar. - Malfoy pero.. - No -le solté de repente. Sabía qué quería - No me pidas explicaciones porque no sé como explicártelo. Pensé que se había enfadado, pero entonces habló de nuevo. - Está bien - me dijo comprensivamente- No te pediré explicaciones. Por ahora. Sonreí, aunque sabía que ella no me estaba viendo a causa de la oscuridad. - Granger.. - Pero me callé. Sentí sus dedos finos sobre mi mano. Un escalofrió recorrió mi espalda. Nuestras manos se agarraron. Ella me miraba con ternura. Quería acercarme más a ella, lo deseaba. Comencé a aproximarme a ella lentamente. Pero alguien se movió en la otra cama. Rápidamente cogí mi escoba, pero antes de salir por la ventana, le dediqué una sonrisa pícara. Había estado cerca de volver a besarla. Justo cuando salí por la ventana. Oí una voz femenina. - ¿Hermione? ¿Qué haces despierta? - hizo una pausa - ¿Y qué hace la ventana abierta? ¿Te has vuelto loca?