Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Matrimonio Borrascoso · de

Matrimonio Borrascoso — capítulo 8

CAPÍTULO 7

SI Draco parecía estar en estado de shock después de haber recibido la noticia, Herms no podía ni siquiera encontrar las palabras para describir cómo se sentía. La noticia la había dejado con una sensación rara de ligereza y un deseo de proteger a aquel bebé que albergaba en su vientre. Al mismo tiempo se sentía aterrorizada y llena de miedo ante la idea de que aquélla fuese la noticia que Draco y Pansy hubiesen esperado tan ansiosamente. ¡Bingo! Por fin Herms había concebido aquel heredero que les permitiría deshacerse de la esposa para cumplir con su sueño de amor.

¿Cómo había podido no darse cuenta de que estaba embarazada? ¿Cómo había podido no tener ninguna sospecha? Había atribuido la falta de la regla a aquella situación de estrés que estaba viviendo y las náuseas matinales habían sido demasiado ocasionales como para preocuparla. Si lo hubiese sabido, nunca habría aceptado volver con él. Herms habría luchado con todas sus fuerzas antes de permitirle que le quitara el bebé que llevaba en su vientre.

Escondió la cara en la almohada y, sólo cuando percibió su mano en el hombro, se dio cuenta de que Draco había vuelto. El corazón le dio un vuelco en el pecho mientras se sentaba en la cama y se preparaba para decirle todo lo que pensaba acerca de sus detestables planes para quitarle el bebé. De ninguna manera iba a permitirle que los llevase a cabo. A pesar de ser una chica de familia humilde, destinada a fregar el suelo como decía su tía Bellatrix, eso no significaba que no pudiera rebelarse y luchar contra él. Pero antes de poder decir una sola palabra, él le tomó las manos entre las suyas y le habló con un cariño inusual. En aquel momento, Herms se olvidó de todo.

—Juntos hemos creado una vida preciosa. No hablaremos más del divorcio. No quiero escuchar cuáles han sido las razones por las que te fuiste. Ahora, que te has quedado embarazada, tenemos que olvidarnos de nuestros desacuerdos —terminó con un tono de voz arrogante.

«Así de sencillo», pensó Herms mientras intentaba descifrar su hermética expresión. Estaba segura de que la palabra «divorcio» aparecería en las conversaciones que seguirían al nacimiento de aquel primer bebé. Herms se soltó las manos y Draco le sonrió intensamente mientras le retiraba un mechón de pelo de la frente. Su sonrisa tenía el poder de hacerla estremecer y le generaba una sensación de calor en todo el cuerpo.

—A partir de mañana, vamos a empezar nuestra relación otra vez, amor mío. Por el bien de nuestro hijo. Será estupendo, cariño. Te lo prometo. Tendrás todo lo que quieras —dijo con énfasis—. Voy a preparar algo más de comida. Ahora tienes que comer para dos... Ya no podemos comer lo que había preparado, lo he dejado fuera en la terraza mientras iba a buscarte. ¡Estoy muerto de hambre!

La besó en la mejilla y se dirigió hacia la puerta mientras ella lo miraba con enfado.

—Vente abajo conmigo —propuso él con una sonrisa que la ablandó.

Cuando Draco salió de la habitación, se hizo un silencio absoluto. Herms decidió que nunca más permitiría que la tratase como una idiota. Él ya tenía lo que quería: su embarazo. Estaba claro que aquellas palabras cariñosas y tiernas no representaban más que una estrategia para que se quedara con él hasta el nacimiento del niño... sabía ser muy persuasivo. Probablemente querría que estuviese cerca para controlarla y evitar que se emborrachase todas las noches o decidiese ponerse a practicar algún deporte de riesgo. No podía permitir que la vida de su heredero estuviera en peligro.

Herms se levantó de la cama, se alisó la falda del vestido con las manos y se fue al baño para lavarse la cara con un poco de agua fría. Mientras se cepillaba el pelo, intentó calmar la respiración. Seguro que Draco estaba convencido de tenerla por fin en su poder. Pero ella no lo iba a permitir. Tenía que aprender a jugar sus cartas de otra forma y ser tan mala como él había sido con ella. Tenía que cambiar su forma de ser. No iba a resultarle tan difícil porque había tenido un buen maestro.

En primer lugar, no podía decirle a la cara todo lo que había descubierto, sería completamente inútil. No podía contarle lo que le había dicho Pansy, ni los comentarios malvados de su tía ni lo que había oído y visto con sus propios ojos. El hecho de que Pansy estuviese en su casa de Atenas todo el día y que él le dedicara su atención incondicional le parecían pruebas evidentes de lo que Draco sentía por la otra mujer. Todas las cosas que había sospechado habían encajado perfectamente en su cabeza cuando, aquella mañana horrible, él la había abandonado para escaparse a ver su amante. Le parecía que también la boda, en aquella pequeña iglesia de la campiña inglesa, había sido el resultado de su temor a compartir con sus amigos un matrimonio de conveniencia. Una especie de preámbulo a otra unión con su amadísima Pansy. Los de la alta sociedad organizaban fiestas sin fin cada vez que se celebraba una boda y, en una situación normal, Draco habría querido tener a su lado a su tía Bellatrix y a sus amigos para celebrarlo. Herms se dio cuenta de que no tenía ningún sentido enfrentarse a él en aquel momento porque, con el heredero en camino, la única cosa que Draco podía hacer era negarlo todo. Tenía que hacer lo que él le había pedido y simular que era posible retomar de nuevo la relación. ¡No le quedaba más remedio!

No tenía que haber seguido el consejo de su amiga Amanda la noche de la fiesta y tendría que haberle contado a Herms lo que Pansy le había dicho. De haberlo hecho, en aquel momento, no se encontraría en una situación tan desagradable.

Tenía que encontrar la manera de ponerse en contacto con sus padres para que supieran que no les quedaba mucho más tiempo en la nueva finca que Draco les había ofrecido. Tenían que replantearse sus vidas desde cero, sin la ayuda de su marido. Ella también tenía que buscar una solución para que no le pudiesen quitar a su hijo.

No era el momento de precipitarse. Tenía que esperar y descubrir tranquilamente cuál era la mejor opción para ella y el bebé. Podía empezar ingresando parte del dinero de su asignación económica en la cuenta que todavía tenía en Inglaterra. No le gustaba la idea de quedarse con el dinero de los Malfoy`s pero necesitaba garantizarle una cierta seguridad económica a su bebé. Podía sobrevivir con el dinero que tenía hasta el nacimiento y luego volvería a trabajar. Una vez en Inglaterra, no viviría al lado de sus padres, se iría a un lugar escondido donde él no pudiera encontrarlos. Mientras tanto tenía que convencerle de que estaba dispuesta a reconciliarse con él y a intentarlo otra vez. Era la única manera para que él no sospechase de nada. Y parecía una buena forma de vengarse de que Draco le hubiese roto el corazón.

Se fue a buscarle. Se sentía otra persona. Había recuperado la confianza en sí misma de forma completamente inesperada, pero no tardó mucho en volver a desaparecer. Oyó la voz de él en la cocina pero nada más entrar Draco se dio la vuelta y bruscamente interrumpió la conversación íntima que estaba manteniendo y se guardó el móvil en el bolsillo.

— Herms...

—Draco...

Herms no sabía cómo había conseguido mantener su natural tono de voz al verle así... ni siquiera podía describir la expresión de su cara. Parecía sentirse culpable.

—Tienes mejor aspecto. El embarazo te favorece.

—¿Ah, sí? Qué bien.

Él había preparado una comida muy rica: ensalada, unas empanadas, pollo y un poco de jamón. Herms se sentía muy incómoda por haber interrumpido aquella conversación telefónica. Draco estaba hablando en susurros y, aunque ella no lo entendiese, había reconocido cierta sensualidad en su voz.

—¿Con quién estabas hablando? —preguntó Herms con un tono de sospecha en la voz—. ¿Era Pansy? No has podido esperar para compartir con ella esta fantástica noticia, ¿verdad?

El rostro de Draco se puso rígido y la miró fríamente.

—No entiendo qué problema tienes con ella. Cada vez que se acerca para hablar contigo, la evitas o contestas con monosílabos. Esa actitud la afecta. Le gustaría ser amiga tuya. Y créeme, necesita amigos.

Era muy protector con la mujer a la que amaba. Herms sintió que la cara se le ponía roja y juró que nunca más le preguntaría nada sobre aquella mujer. Podría haberle dicho cuál era el problema con Pansy, empezando por la conversación que habían mantenido en la terraza el día de la fiesta. Pero ya había pasado el momento de contarle la verdad. Ya no podía permitir que él se enterara de sus planes.

—Lo siento, pero no tenemos nada en común. De todas formas, intentaré ser más amable a partir de ahora. No tenemos por qué discutir por, eso.

Draco se relajó un poco y se preguntó si ella era consciente de lo bonita que estaba. Mientras la miraba intensamente, sintió que el corazón se le hinchaba en el pecho. Su esposa estaba embarazada y él no permitiría que le pasase nada al bebé. Por el bienestar de su futuro hijo, la felicidad y la armonía familiar borraría de su mente la forma en la que ella lo había rechazado. Nunca más volvería a hablar del tema.

—Siéntate y come algo —le dijo intentando tomar su mano.

Después de unos instantes de duda, Herms se acercó a él y los dos se dirigieron hacia la mesa. Ella parecía haber aceptado dejar atrás la idea del divorcio y parecía dispuesta a intentarlo otra vez.

¿Por qué? Draco sólo conocía sus propias razones. ¿Acaso había sido aquel embarazo inesperado lo que le había hecho cambiar de idea a ella? ¿O sólo había sido la idea de poder conseguir todo lo que quisiera de él? Antes de que ella se hubiera marchado, Draco nunca hubiese sospechado que Herms pudiera ser una cazafortunas. Pero ¿cómo podía saber qué ideas le cruzaban la cabeza? Ya no podía insistir en que le desvelara las verdaderas razones por las que se había ido y le había pedido el divorcio. Hubiese sido contraproducente. No tenían que mirar atrás.

Cuando Herms se sentó a la mesa, Draco le ofreció un plato con un poco de comida y luego se sentó frente a ella. Pero ya no tenía nada de hambre. ¿Cómo podía reconocerse a sí mismo que en realidad había deseado que Herms volviese para estar con ella y darle otra oportunidad a su matrimonio? ¿Cómo podía aceptar que Herms era tan importante para él? Draco no quería pensar en ellos. Fuesen cuales fuesen las razones que se escondían detrás de la nueva actitud de Herms hacia él, acababan de dar un paso hacia un futuro de estabilidad por aquel niño que iba a nacer.

Él no había tenido con sus padres una bueno relación cuando había sido pequeño, así que estaba decidido a proporcionar el amor incondicional de ellos dos a su futuro hijo. Su hijo no sufriría la disolución de un hogar ni todo lo que aquello podría acarrear: las recriminaciones y la frustración de tener que elegir entre el amor de su madre o el de su padre. Mientras la observaba, Draco se preguntó hasta qué punto estaría Herms dispuesta a secundar sus planes. ¿Querría volver a la cama con él? ¿Él quería eso?

«Claro que sí», pensó con cierta irritación. A pesar de todo lo que había pasado, la seguía deseando.