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Historia 142462 — capítulo 14

Lejos, muy lejos de la isla, Donovan descargaba toda su ira contra sus jóvenes ayudantes, había pasado una semana y aun no podía entender como habían fallado.

-Señor nos superaban ampliamente en número -intentaba justificar Joseph-

Pero Donovan no escucha excusas y protestas, habían fallado. Los muebles estaban esparcidos por todo el lugar, como siempre que él necesitaba descargarse. Joe y Haley estaban parados frente a su jefe pero ella estaba desconcentrada, tenía la vista fija en un punto lejano en la pared y jugueteaba con sus mechas turquesa mientras pensaba en lo ocurrido durante la batalla; la presencia de su abuelo en aquel lugar la había desconcentrado. No esperaba encontrárselo allí, jamás se había esperado que él hubiese sido un especial y estaba furiosa por eso, nunca se lo había contado a ella, a su nieta preferida a su nena… Sacudió sus pensamientos, apartando el sentimentalismo de forma brusca, ella no era débil, no sentía; pero de algún modo su abuelo… la había convertido en una niña pequeña otra vez.

Una calurosa tarde de verano, Haley Morgan y su hermana Emily, mayor por tan solo un año, jugaban a las muñecas en el jardín trasero de la casa. Ambas hermanas eran muy distintas, Emily dulce y temerosa, Haley aventurera y un poco torpe; por eso siempre peleaban a la hora de jugar. Esa tarde, la discusión surgió porque Haley había decidido que su muñeca tenía que sufrir un accidente y quedar paralitica

-Pero esas cosas pasan en la vida real -se justificaba ella-

-Estamos jugando Hales -rebatió su hermana- no quiero

-Entonces no jugamos más -se ofendió ella y le quitó la muñeca-

-HALEY -gritó la niña- Devolveme la muñeca

-No quiero -le sacó la lengua-

-Basta, devolveme la muñeca

Las niñas comenzaron a tironear de la muñeca, la pobre inanimada iba de un lado a otro sacudiendo sus cabellos mientras las niñas se peleaban por quien se la iba a quedar.

Christine, la madre de las niñas, entró en ese momento con el pequeño Harry en brazos.

-¡Basta de pelear niñas! -exclamó enojada- Haley devolvele la muñeca a tu hermana

-Pero… siempre yo, todo yo -se quejó la niña lanzando la muñeca a los pies de su hermana-

Lo que pasó en ese momento, fue lo que la marcó por el resto de su vida. Junto con la muñeca, de sus manos salió un chorro de agua que se convirtió en un macizo trozo de hielo al hacer contacto con los pies de su hermana.

Christine aterrorizada llamó a gritos a su marido, quien acudió enseguida a su llamado. Ella dejó en el suelo al pequeño de seis años y empujó de su camino a Haley, quien estaba pasmada mirando los pies de su hermana. Danniel agarró a su hija de la oreja y la arrastró hasta su cuarto, la arrojó con violencia sobre la cama y gritándole que era un monstruo la encerró en su habitación.

-¡Traeme agua caliente Dannie! -gritó desde el jardín su mujer-

El hombre asustado y sin entender del todo la situación, corrió a la cocina y lleno un balde de agua caliente. Cuando se lo dio a su mujer, ella lo arrojó con cuidado en los colgelados pies de su hija mayor, que no dejaba de llorar.

-Sh, tranquila Emily, tranquila

-Ma-ma te-ngo frio -tiritaba la nena-

-Tranquila mi amor ¡Más agua!

Desde la ventana de su habitación, Haley observaba todo con pena y dolor, su padre la había llamado monstruo y ella había congelado los pies de su hermana. Se miró las manos con curiosidad ¿Cómo lo había hecho?

Los gritos de Donovan la trajeron de nuevo a la realidad. El hombre seguía discutiendo con su hermano y ahora le estaba recriminado que no había tomado parte en el ataque y por eso todo había salido mal; Joseph soportaba cada uno de los gritos y asentía débilmente otorgándole la razón, ella se burló de su hermano, tan poco resuelto a tomar decisiones, siempre dependiente de los demás… Pero ella no podía parar de pensar en su abuelo, después de todo, ella también había sido dependiente alguna vez.

-¡Hay que sacarla de esta casa! -gritó su madre-

-No seas así Christine es solo una nena -Esa era la voz de John-

-Me importa un rábano -la mujer estaba que hervía de ira- es un peligro para sus hermanos…

-Danniel ¿podemos hablar en privado por favor?

-Lo que tengas que decir lo decís adelante mío -anunció con voz amenazante la mujer-

-No me faltes el respeto a mi querida -respondió orgulloso John- voy a tener una charla en privado con mi hijo

Haley había escuchado eso desde su habitación, y no pudo escuchar lo que se habló después. Pero, media hora después, su abuelo entró en su habitación, la abrazó dándole el cariño que estaba necesitando y le dijo que iban a vivir juntos a partir de ese momento.

Desprotegida y odiada por su familia, el único que la ayudó fue su abuelo. Eso era lo único que recordaba siempre. La culpa de su maldad la tenía su familia y por la única persona, además de su mellizo que era capaz de dar la vida, era por su abuelo. Pero, su abuelo estaba del bando contrario… ¿Cómo podría dar la vida si eso significaba traicionar a la persona que le había dado un sentido a su existencia?

-Haley -murmuró Joseph- Vamos…

Donovan había dado por terminada la reunión y ella no había emitido una sola palabra; ni siquiera se dio cuenta que su hermano la arrastró hasta su habitación y la ayudó a sentarse. 

-¿Qué pasa Hales?

-¡no me llames así! -exclamó ella volviendo en sí- me hace acordar al abuelo…

Joseph se quedó callado, sabía que la única persona capaz de sacar un lado sensible en su hermana era John Morgan, su abuelo. La abrazó inmediatamente, intentando tranquilizarla, pero ella lo apartó con brusquedad y con una gélida mirada le dio a entender que no necesitaba su ayuda.

Triste, Joe se marchó de la habitación de su hermana, preguntándose si hacía bien en seguirla a todos lados, la amaba por sobre todas las cosas, era su hermana y casi la única familia que él tenía pero, ella no parecía apreciar su ayuda, el sacrificio que estaba haciendo.

Siempre habían estado juntos, desde antes de nacer. Y si de Joe dependía, siempre iban a estar juntos.

Recordaba muy bien el único momento de su vida que no estuvieron juntos. Fueron apenas unos meses, devastadores para el pequeño Joe, pero ¿Lo habían sido para su hermana?

La soledad invadió la vida de Joseph en el mismo momento que su madre le comunicó que Haley se marcharía a vivir con su abuelo para siempre y que, por ningún motivo él podía ir a visitarla. El castaño no entendía porque lo separaban así de su hermana, su melliza, cuando se habían pasado toda una vida juntos.

Pero la soledad fue suplantada por rabia y celos cuando, una tarde su hermana lo llamo por teléfono para contarle de la maravillosa habilidad que había adquirido. Él se alegró por Haley y la felicitó, le rogó que alguna vez se la mostrata

-Te extraño Hales  -susurró-

-¿Qué haces hablando con esa? -los gritos de su madre impidieron que escuchara la respuesta de su hermana- Colgá ya mismo

Joe colgó, triste por no poder siquiera hablar con su melliza. Pero en su fuero interno Joe se sintió abandonado y traicionado, Haley su melliza tenía una habilidad extraña y él no; por primera vez en la vida, existía algo realmente diferente entre los dos.

La habilidad de su hermana y el hecho de estar separados físicamente, lo hacía sentirse más solo que nunca, pero estaba enojado, enojado de verdad con Haley.

Hasta que un día, su madre y su padre empacaron todas sus pertenecías y lo depositaron en la puerta de la casa de su abuelo. Joseph había desarrollado por fin su habilidad.

Joe no sabía si reír o llorar ante ese recuerdo, desde chico siempre había estado muy únido a su hermana, pero ahora se preguntaba realmente si ella estaba tan únido a él.

Estaba caminando por los pasillos de la casa mientras pensaba en esas cosas, cuando se cruzó a Donovan; se detuvo respetuosamente, como hacía siempre que se cruzaban, el hombre seguía molesto, pero ahora parecía más controlado.

-Joseph -murmuró- buscá a tu hermana, tengo algo que decirles

El castaño asintió y volvió sobre sus pasos hasta la habitación de Haley, tocó la puerta dos veces y al no recibir respuesta entró con cautela.

-Hales… él quiere vernos -dijo en un susurro-

-Vamos entonces

Cuando los dos se reunieron con su jefe nuevamente, el les sonrió, como si no les hubiese gritado las mil verdades tan solo un momento atrás.

-Mis queridísimos pupilos -dijo alegremente- tengo una misión para ustedes…

Si alguien, además de ellos tres, hubiese escuchado la risa desquiciada y tétrica de Hales, hubiese muerto de un susto muy grande. La misión que Donovan acababa de encomendarles le encantaba y no tenía ningún problema en llevarla a cabo; eso es lo que más le preocupaba a su hermano, pero claro, ella estaba muy ocupada en sus maléficos pensamientos como para darse cuenta.

Hola! Primero que nada, quiero aclarar que sé que este es un capítulo un poco más corto que el resto, pero necesitaba contar esto y cortar ahí, porque sino se iba a perder el sentido. 

Segundo, pido disculpas si algún comentario por ahí quedo sin responder, enseguida me pongo a revisar todo y responder hasta el ultimo. 

Tercero, disculpen por haber tardado un poco en actualizar, sé mejor que nadie que la idea es llegar hasta donde nos habíamos quedado lo más rápido posible. 

Espero que les guste este capítulo y bueno, se lo voy a dedicar a mis nuevos lectores, porque lo merecen. 

Rouxie_Lupin