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Historia 142462 — capítulo 2

James Howstown chasqueo la lengua con la mirada perdida en el horizonte.

Las cosas estaban por cambiar drásticamente; se podía dar cuenta, hacía unos cuantos meses que había llegado allí, pero jamás había visto tanto revuelo en la casa.

Recordaba con toda claridad el día en que el señor Fulton tocó el timbre en la casa de sus tres solteronas tías.

«Sarah, la más joven de las tres, fue a abrir la puerta y se quedó sorprendida al ver a un hombre alto con el cabello algo largo pero bien recortado y bastante oscuro, de entre cuarenta y cincuenta años que le sonreía como si quisiera decirle algo, mirándola a través de sus enormes gafas de marco grueso color negro, que de todos modos le quedaban bien.

         Quisiera tener una pequeña conversación con su sobrino -se explicó poniendo las manos detrás de la espalda, demostrando que no quería hacer daño-

Sarah, que no sabía qué otra cosa hacer, se hizo a un lado para dejar pasar a aquel extraño y apuesto hombre que se había presentado en su casa; su hermana Mary, la mayor, estaba sentada en un cómodo sofá de la sala ubicado al lado de la ventana leyendo un libro bastante grueso y viejo mientras que Anne jugaba una partida de ajedrez con su sobrino.

         Jimmy  -murmuró Sarah- alguien vino a verte

         ¿Quién es tía? -inquirió sin despegar la vista del tablero de ajedrez. Jamás recibía visitas, de nadie- no le abras la puerta -murmuró moviendo uno de sus peones, eliminando la torre de su contrincante-

Sarah tenía apenas unos cuarenta y tantos años, estaba totalmente al tanto de los peligros que acarreaba dejar entrar extraños en la casa, pero que su sobrino se preocupara por ella como si fuese una niña la ponía de muy mal humor, bufando como una niña rezongona volvió a sus tareas sin contestarle a su sobrino y dejando solo al hombre que no había dicho siquiera su nombre.

Charles Fulton no perdía la paciencia con facilidad, toleraba bastante las anomalías de las familias tan disfuncionales como aquella, pero el extraño grupo que tenía enfrente ni siquiera había notado su presencia; Mary continuaba leyendo su gordo y viejo libro y Anne ni siquiera había levantado la cabeza para mirar a su hermana cuando había hablado.

Luego de unos minutos, esperando que alguien notara su presencia, Sarah regresó a la sala más molesta que antes y se paró en medio de los dos jugadores de ajedrez, se cruzó de brazos y espero que alguno le contestara, pero los dos eran muy amantes del juego y no se molestaron en mirarla entonces ella más furiosa aún, tomó el tablero y lo empujo lejos, haciendo que las piezas volaran por el aire.

         ¿Qué te pasa Sarah? -Preguntó su hermana de mal humor-

         ¡Hay una persona que vino a ver a James y ni siquiera se detuvieron a mirarlo! -exclamó señalando de manera muy grosera al extraño visitante- ahora, nosotras vamos a irnos a la cocina mientras ellos dos charlan -anunció pidiendo disculpas con la mirada al hombre- ¡Mary, vamos!

La más pequeña de las hermanas, era la más mandona también y por el bien de la paz mundial era mejor tomarla en cuenta cuando daba una orden, aunque fuese tan minúscula y simple como abandonar una habitación al instante. Anne no se molestó en recoger las piezas de ajedrez y Mary con la velocidad impropia de una mujer que rozaba los sesenta años caminó hasta la cocina. James se frotó el brazo izquierdo de manera nerviosa y se dispuso a juntar las piezas del ajedrez desparramadas por el suelo.

         Le pido disculpas -se apresuró a decir- cuando jugamos ajedrez mi tía Anne y yo nos olvidamos del mundo

         Entiendo -contestó el hombre- no te preocupes -su sonrisa era tranquilizadora, pero James no podía dejar de notar que aquel hombre era muy extraño-

         Disculpe pero ¿Quién es usted? -preguntó mientras terminaba de juntar y guardar el juego-

         Oh, lo siento mucho -dijo y le extendió la mano- Charles Fulton

         James Howstown, un placer -contestó estrechando su mano-

         Lo sé James, necesito que hablemos

De pronto aquel hombre se puso rígido y serio, la sonrisa se borró de su rostro, indicando que algo serio estaba por pasar, James, lejos de asustarse, lo invitó a tomar asiento.

Charles Fulton le contó que formaba parte de una organización casi científica y totalmente secreta, James se mostró cautivado por aquellas ideas, pero no comprendía dónde encajaba él en todo aquello.

         Comprendo si estas medio perdido -aclaró el señor Fulton- pero por causas más allá de nosotros dos y cualquiera que esté involucrado en este asunto, tú fuiste señalado desde tu nacimiento. Eres un especial -confesó al final-

¿Especial? Justamente James Howstown no se sentía para nada especial, vivía con tres mujeres que estaban condenadas a ser solteras por el resto de sus vidas en un apartamento de la parte baja de Seattle, los pocos amigos que tenía jamás iban a visitarlo allí y se sentía raro, no especial.

Charles se quedó en silencio, esperando que el muchacho dijese algo, reaccionara de alguna manera, pero simplemente se quedó allí inmóvil mirándolo a los ojos, intentando transmitir toda la confusión que sentía en ese momento.

         Quiero que estés completamente tranquilo James -continuó el hombre al ver que no obtenía una respuesta- Yo sé sobre tus habilidades y junto con mis compañeros podemos ayudarte

         Okey  -murmuró cuando logró reaccionar- yo no sé quién es usted y no me voy a dejar engañar por sus cuentos -le explicó en un tono autoritario- No tengo idea quien le dijo que yo tengo habilidades y no me importa -se levantó de pronto- ¡ahora le pido que se retire de mi casa y no vuelva! -exclamo agitando el brazo hacia la puerta-

         Respeto tu decisión y vine aquí sabiendo que no iba a ser fácil -respondió tranquilamente- te dejaré mi numero, por si cambias de idea

Sacó una tarjeta que parecía un imán de heladera de su bolsillo y se lo extendió para que lo tomara, pero cuando James fue a hacerlo el imán comenzó a flotar en el aire y viajó hacia la primera superficie metálica que encontró; James miró la escena maravillado, nunca había visto a nadie hacer algo así, jamás salvo por… él.

Charles se marchó sin decir una sola palabra más, dejando a James absorto y desconcertado, buscando respuestas, se acercó lentamente a la tarjeta que reposaba sobre el marco de la ventana y lo leyó.

Corrió escaleras abajo, necesitaba alcanzarlo antes de que se fuese, nueve pisos a saltos de tantos escalones como pudiese bajar juntos, jadeante abrió de un empujón la puerta de calle y allí lo encontró, Charles Fulton estaba apoyado sobre el poste de la luz, sonriendo.

         No tenias que correr -se burló-

         "te espero abajo" -leyó James mientras intentaba recuperar aire- ¿Cómo sabías que iba a cambiar de opinión?

         Simplemente James, porque eres un muchacho que necesita respuestas»

James volvió a la realidad con una sacudida brusca, alguien había caído sobre él de repente. La risa de Brooke Robbinson se hizo presente en toda la habitación; la chica, alta, delgada y muy rubia, lo ayudó a levantarse.

¿Estás preparado Jimmy? -le preguntó sonriéndole-

James negó con la cabeza y la empujó fuera del cuarto para poder terminar de alistar sus cosas. Le habían dicho que se marchaban y ya no regresaría a aquel lugar y por eso, debía recoger todas sus cosas.  

A media mañana, Brooke, él y dos chicos más estaban en la sala de la casa esperando nuevas instrucciones. Fiona Keeper, la mujer que los acompañaba siempre a todos lados, apareció unos minutos después.

Muy bien chicos -dijo con un tono dulce y maternal- ¿Saben lo que vamos a hacer hoy?

Adivino, me van a llevar devuelta a mi casa -Aventuró la rubia esperanzada-

Hacía solo unas tres semanas que había llegado a aquel lugar y no había parado de decir que quería marcharse. Estaba convencida de que ese no era su lugar en el mundo; pero entre Fiona y el señor Fulton habían logrado mantenerla adentro.

No Brooke - Contestó Fiona con resignación-

Unas horas más tarde, los cuatro chicos y la señorita Keeper estaban subidos al Jet privado.

Todo indicaba que, de un momento a otro, el grupo se iba a agrandar. ¿Quién sería esta vez? Eso se preguntaba Brooke mientras miraba a sus compañeros de grupo. James, él había sido el primero en llegar, durante unos cuantos meses había estado solo hasta el día en que la reclutaron a ella.

Sin que nadie lo esperara, los motores del avión comenzaron a temblar de manera extraña, produciendo turbulencias muy bruscas.

         Brooke deja ya de hacer eso -dijo el señor Fulton mirándola con severidad- ¡Brooke Robbinson! -exclamó al ver la indiferencia reflejada en el rostro de la muchacha-

         Rocket, deja ya de jugar por favor -murmuró la señorita Keeper con dulzura-

En un instante los motores del avión recobraron su estabilidad y todo volvió a funcionar de maravilla, la muchacha rubia llamada Brooke mantuvo la sonrisa en el rostro en todo momento, mirando desafiante al señor Fulton, quien cansado de repetir siempre las mismas cosas, resopló con bastante mal humor y se dio media vuelta para continuar durmiendo.

Brooke, o como ella exigía que la llamasen, Rocket era y siempre había sido una muchacha con las ideas claras y bastante fijas, siempre obtenía el resultado que buscaba, pero todos sabían que ella tenía un simple defecto que la volvía vulnerable delante de todo el mundo.

Si alguien buscaba la forma de enfurecer a Brooke, solo tenía que ordenarle hacer algo que ella no estaba dispuesta a cumplir, ordenarlo y obligarla a hacerlo.

Y por esa misma razón, dedicaba todo el tiempo posible a molestar al Señor Fulton, no porque lo odiase ni nada por el estilo, pero él y su abuela eran los culpables de que estuviese allí y sencillamente no podía estar enojada con su abuela.

Jamás iba a olvidar la primera vez que vio a James, sobre todo porque en ese momento ella pensó que él era un vulgar ladrón.

« Las visitas a la casa de su abuela no siempre eran tan divertidas como ella recordaba cuando era pequeña. Por aquella época ella tenía muchos amigos en el pueblo que siempre la invitaban a jugar a sus casas o a recorrer los bosques jugando a las escondidas; pero desde que todos esos chicos crecieron y se fueron a la universidad, Brooke había quedado sola en aquel pueblo perdido.

Ella amaba a su abuela, pero odiaba cuando al pobre mujer decidía que era la hora de dormir la siesta, eran en esos momentos cuando se aburría más que nunca.

Pero ni siquiera podía salir a dar una vuelta mientras todos los pueblerinos dormían porque aquella tarde, el cielo había decidido vestir de gris y lanzar toda su furia contra la tierra.

Perfecto, pensó Brooke mientras caminaba de un lado a otro, ahora ni siquiera podría intentar encontrar el lago, llovía tanto que no se podía ni salir.

El reloj corría lentamente, como si los minutos durasen en realidad horas, Rocket suspiraba mientras pensaba la manera de pasar el tiempo.

Las gotas de lluvia repiqueteaban en el techo de la casa con fuerza, pero aun así la rubia alcanzó a distinguir otro sonido, ajeno a la lluvia, algo que se acercaba a la casa. Miró por la ventana por si era un coche, pero no logró ver nada; se quedó pensativa en la ventana cuando de pronto ¡PUM! Un gran estruendo en el techo, algo había caído encima haciendo que la muchacha se sobresaltara, entonces otra vez ¡PUM! Y luego ¡PUM! Brooke comenzaba a asustarse, lo primero que pensó fue en un árbol derribado por la lluvia, pero tres golpes y, aguzó el oído, ahora algo se movía en el techo, parecían pisadas.

Asustada se incorporó de la ventana con la intención de despertar a su abuela, caminó con movimientos rápidos hasta la puerta de su habitación y al abrirla ahogó un grito.

Un muchacho alto y moreno estaba parado frente a ella, no tenía capucha, ni pasamontañas, ni siquiera estaba armado, o eso parecía.

         ¡Aquí esta! -exclamó levantando el tono de voz-

         Perfecto James - se escuchó que alguien contestaba, la voz venía desde la habitación de su abuela-

Pensó en su abuela, durmiendo la siesta y se aterró. Quiso esquivar al muchacho llamado James que le bloqueaba el camino, forcejearon bastante Brooke necesitaba salvar a su abuela, pero James oponía mucha resistencia.

         ¡Déjame idiota! -chilló ella y el piso donde estaban parados se resquebrajó haciendo que el muchacho perdiera el equilibrio-

La rubia aprovechó esa situación para zafarse de sus brazos y correr hacia la habitación de su abuela, pero la sorpresa que se llevó nada más entrar la dejó sin habla. Su abuela estaba charlando animadamente con un hombre alto de unos cuarenta años que usaba gafas cuadradas.

Jamás hubiese pensado que Charlotte Hansen pudiese charlar animadamente con el hombre que tan tranquilamente se había metido en su casa, como si alguien lo hubiese invitado y para colmo con un muchacho que jugaba el papel de matón.

         Por fin han venido -escuchó decir a Charlotte- ya no sabía qué más hacer para mantenerla en la casa…

         No creo que hubiese sido tan difícil -respondió el hombre amablemente-

         Oh charles, tu no conoces a mi nieta -Charlotte miró entonces a Brooke y le sonrió- querida, él es Charles Fulton y vino a buscarte

         ¿A buscarme? - recuperando el habla preguntó confundida- ¿para qué?

         Brooke no seas mal educada -pidió la mujer-

         Rocket -refunfuñó ella-

El hombre le sonrió de manera comprensiva mientras llamaba al muchacho que estaba detrás de Brooke.

         Pasemos a la cocina, así te explico mejor las cosas Brooke

         Rocket, y no sé quién es usted -contestó ella levantando el mentón de forma orgullosa

A duras penas y con muchas interrupciones, Charles Fulton logró explicarle para que había ido hasta allí y cuál era el propósito de todo aquello, la mirada de Brooke no reflejaba absolutamente nada, estaba enfadada con su abuela y con aquel hombre que venía a decirle que tenía que hacer.

No estaba dispuesta a aceptar aquella locura ¿ser súper heroína? ¿ir a una escuela de Héroes? Se volvería loca, odiaba que le dijesen que tenía que hacer, una escuela que iba a "entrenarla" no era para ella en absoluto. Clavó la mirada en el hombre que había ido a buscarla, luego posó sus ojos en el muchacho que estaba cómodamente apoyado en la pared, con los brazos cruzados, volvió la vista al hombre de anteojos y se levantó de la silla en la que estaba sentada.

         No -anunció y rápidamente agregó- y es mi última palabra -miró a su abuela con reproche y salió de la habitación pisando fuerte- »

Buenas! Vengo acá con el primer capítulo de esta historia. Espero que les guste. Les recuerdo que esta historia deben ponerla en favoritos todos aquellos que la tenían antes y quieren volver a leerla pues tiene otro URL. Los comentarios siempre son bienvenidos, sean halagos o criticas siempre y cuando sean hechos con respeto. Contesto a todos y cada uno.

Rouxie_Lupin