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Annabella Potter, la tía de Harry — capítulo 14

Capítulo 14:

Punto de vista de Remus:

Ya tan solo quedaban dos días para que la boda se realizara. Bella, había salido con Molly para terminar con el vestido.

Arthur me había explicada cada detalle para hacer que un buen matrimonio funcione, pero sinceramente, no necesitaba nada de eso. Sabía que con hacer reí a mi Bella, era suficiente, para mí.

Estaba anocheciendo y aún estaba solo. Fui a la cocina y tome una barra de chocolate de la despensa.  Luego subí a nuestra habitación, había sido un día largo en la Orden y deseaba descansar un poco. Cuando estaba a punto de ingresar, el aleteo, de una lechuza me sorprendió.

"Querido Remus:

Los mortifagos van detrás de los Longbottom, necesito que tú y Bella, estén lo más pronto posible en la Orden.

Atte. Dumbledore."

Bajé las escaleras y me encontré con Bella, acababa de dejar una gran caja rectangular sobre la mesa.

-Hola.-me saludó con una sonrisa, que desapareció inmediatamente.- ¿Qué ocurre?-

-Dumbledore nos necesita.-tomé su mano y juntos desaparecimos. Aparecimos en el cuartel, todos los integrantes nos esperaban.

-Hijos míos, gracias por poder asistir. Ahora que estamos todos es importante que mantengamos al matrimonio Longbottom  a salvó de los mortifagos. Bella, Mondungus, ustedes estarán con ellos hasta nuevo aviso.-los dos asintieron.

Mientras todos se preparaban, tome la mano de Bella, y la lleve a un lugar apartado.

-Prométeme que estarás bien y que si necesitas algo no dudaras en avisarme.-ella asintió abrazándome.

-Lo sé, Remi, nada malo ocurrirá.-besé su cabeza mientras la abrazaba.

-Ten cuidado con Mundungus.-le susurré antes de dejarla ir.

-Ya déjate  de preocupar, Lupin. Nada ocurrirá.- besó mi mejilla rápidamente y fue a reunirse con Fletcher. No estaba muy seguro de que vaya sola, pero confiaba en ella.

Punto de vista de Bella:

Con Mundungus, ya estábamos listos para desaparecer.

-Van a quedarse hasta que los aurores lleguen y decidan trasladarlos o no.-ordeno Dumbledore.

-Ante cualquier problema, manden un Patronus y allí estaremos.-replicó Remus. Los asentimos y desaparecimos.

Frank y Alice, se había refugiado en las afueras de Londres. Nadie sabía la ubicación exacta de donde se encontraban, solos los miembros de la Orden.

La casa en la que vivían era pequeña casa, no era muy llamativa pero hacía que fuese segura.

Ambos aparecimos en la sala de la casa. Estaba vacía, la chimenea estaba apagada, sobre una mesa había dos platos vacíos.

-¿Crees que los mortifagos lleguen pronto?-preguntó Mundungus, un tanto asustado.

-Confiemos en que no lo hagan, antes de que los aurores.- los dos teníamos las varitas preparadas por si acaso. El quebrantamiento de un vidrió nos alertó.

-Mundungus mantén los ojos abiertos.-susurré subiendo las escaleras. En el piso de arriba las ventanas estaban todas abiertas, las cortinas volaban junto con el viento.

-¡Expelliarmus!-gritó una voz haciendo que mi varita cayese al suelo.

-¿Frank? ¿Alice?-pregunté. Detrás de una puerta, salieron ambos, él con la varita en alto y ella con el pequeño Neville en brazos.

-Bajen sus varitas, soy Anna.-Frank me miró durante unos segundos y lentamente fue bajándola.

-¿Anna Potter?-preguntó a medida que se acercaba.

-Si Frank, soy la hermana de James. Dumbledore me envió junto a Mundungus, hasta que los aurores lleguen.-los dos salieron de la habitación en la que estaban y me recibieron.

-Nos ocultamos aquí para que no nos encuentren.-los tres bajamos a la sala donde estaba Mundungus, mirando por la ventana.

-Ahí están, estaba empezando a preocuparme.-

-Asegura el lugar, los aurores, no tardarán en llegar.-ordené.

Luego de haber hablado un rato con Alice, sentimos un ruido proveniente de la entrada.

-Fletcher, mantente alerta.-murmure tomando mi varita. Alice, escondió en su pecho a su pequeño hijo.

-¿Crees que sean ellos?-preguntó Frank, mirando de reojo la puerta.

-Esperemos que sí.-un fuerte estruendo de la parte de atrás de la casa, hizo que volteemos a ver.

-Será mejor que vean esto.-murmuro Mundungus, con la nariz pegada a la ventana. Los dos nos acercamos y vimos como nubes negras volaban alrededor de la casa.

-Mortifagos.-susurre.-Frank, llévate a tu familia y ponla a salvo. Nosotros no encargamos de ellos.-ordené mientras preparaba mi varita.

La puerta estallo dejando entra ráfagas de nubes negras, que luego se materializaron en personas.

De inmediato se inició una pequeña batalla en la cual volaban hechizos, derribando partes de la casa.

-¡Desmauis!-gritó Bellatrix, contra mí.

-¡Protego!-contraataque, evitando el impacto.

-La pequeña de los Potter, la nena del idiota de mi primo.-se burló, mientras seguía atacando.

 -¿Cómo está tu hermano, Anita?-preguntó con gracia.

-¡Flipendo!  Orgulloso de mí.-no llegó a esquivarlo, causando que le diera de lleno en el pecho. Sabía que no era un hechizo potente, pero servía para dejarla atrás por un tiempo.

-¡Desmauis!-sentí el impacto del hechizo. Caí al suelo y antes de cerrar los ojos alcancé a ver cómo, Mundungus, desaparecía.


 Desperté y sentí como la cabeza se me partía en mil pedazos. Tenía los brazos amarrados a una silla. Todo a mí alrededor daba vueltas, no podía ver nada en concreto.

-Al fin te despiertas, Potter.-una mano me tomo con fuerza del mentón.

-Pensé que te perderías toda la diversión.-frente a mí, tenía a Bellatrix Lestrange, Rodolphus  Lestrange, Rabastan Lestrange, Barty Crouch Jr.  Y más mortifagos que no conocía.

-Pero el asunto no es contigo, querida. Después no encargaremos de ti, no pienses que te dejaremos de lado.-comentó Bellatrix, jugando con su varita entre sus dedos.

Rabastan, no me sacaba los ojos de encima al igual que el hijo de Crouch.

-Sé que ustedes saben dónde está nuestro señor, solo les pedimos que nos digan la ubicación y nos iremos.-

-Ni tú te crees eso, Lestrange.-murmuré

-¡No estoy hablando contigo, Potter!-me gritó golpeando mi mejilla con fuerza.

-¡¿Dónde está?!-comenzó a gritar la prima de Sirius, apuntando a los Longbottom  con su varita.

-No lo sabemos, lo juramos.-respondió rápidamente Frank. Ella comenzó a reír con fuertes carcajadas.

-*¡Crucio!-*grito lanzando el hechizo hacía Frank. Alice y yo gritábamos para que se detuviese.

-¡Ya détente, Lestrange!-grité con furia y rabia.

-Será mejor que te calles, cariño.-Rabastan, se colocó a mi lado, acariciando mi mejilla.

Luego de horas de maltratos, Alice y Frank, ya estaban acostumbrados a recibir las maldiciones.

-Ya basta, se los suplico.-decía en llanto Alice.

-No eres nadie para decirme lo que debo hacer, ¡NADIE!-gritó Bellatrix alzando su varita.- ¡Crucio!-

Los mortifagos hicieron una pausa. Escuchaba como Alice sollozaba a mi lado.

-¿Dónde está Neville?-susurré.

-Está a salvo en su habitación.-respondió.

-Veo que con ella si hablas, Longbottom.-Bellatrix, me fulmino con la mirada.-Mi pregunta es, ¿Qué haces aquí, Potter? ¿A caso el viejo loco te envió para que los protejas?-

-No te importa, Lestrange.-otra carcajada, provino de ella.

-¡Crucio!-sentí como miles de afilados cuchillos me cortaban sin fin. Solté un grito provocando que la carcajada de Bellatrix, aumentara más viendo mi sufrimiento.

 Las horas pasaban y ellos no se iban, me preguntaba dónde estaría Fletcher. El traidor al ver problemas, fue el primero en irse.

Mantenía la cabeza baja, no quería ver a mis compañeros. Había pasado casi siete horas desde que los empezaron a torturar.

-Es una lastimas que vayamos a deshacernos de alguien como tú.-murmuro Rabastan, poniéndose frente a mí.

-Tan bella, tan joven.-me tomo del mentón y me obligo a mirarlo.-Si te unes a nosotros tal vez tengas un mejor futuro que tu hermano y estos pobres.-

-Preferiría la muerte antes de estar el resto de mi vida con ustedes.-respondí con asco.

-Eso se puede arreglar.-intervino Bellatrix con su varita en alto.

-¡Ava…!-por la ventana se vio un resplandor blanco.

Uno de los mortifagos salió a revisar pero un hechizo le dio en el pecho.

-¡Expelliarmus!-gritaron varias voces. Lo último que alcance a ver antes de que Bellatrix, soltara un hechizo contra mí, fue la figura de Remus, entrando por la puerta.