Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Annabella Potter, la tía de Harry · de

Annabella Potter, la tía de Harry — capítulo 19

Capítulo 19:

Bella:

Los días fueron pasando y las clases, iban viento en popa. Durante las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras, me dedicaba a contemplarlo mientras realizaba sus tareas. Tan igual a sus padres, tan propiamente un Potter. Tenía los mismos gestos de James, el mismo carisma e inteligencia de Lily.

Los sábados, se habían habilitado las excursiones a  Hogsmeade para aquellos que tenían la autorización firmada. Para desgracia de mi sobrino, no la tenía.

En uno de esos sábados, me encontré a Harry caminando por los pasillos. Lo veía deprimido por no poder disfrutar de los placeres que ofrecía el pueblo.

-¿Harry?-lo llamé suavemente.

-Profesora Lupin.-sonrió levemente.

-¿Estás bien?-pregunté, llegando a su lado.

-Sí, perfectamente.-noté como forzó una sonrisa.

-¿No tienes la autorización para ir a Hogsmeade?- negó varias veces. Nos quedamos un rato en silencio.- ¿Quieres que me vaya?-volvió a negar. Sonreí y comenzamos a caminar.

-¿Profesora, puedo preguntarle algo?-habló cuando llegamos al puente.

-¿Quieres saber por qué no te dejamos enfrentarte al Boggart?-adiviné-.-Sí. Debí pensar que lo preguntarías. Creí que se transformaría en Lord Voldemort.-

-Pensé en Voldemort, al principio. Pero después recordé el tren y a los Dementores.-

-Sorprendente. Indica que a lo que le temes es al miedo. Es muy sensato.-lo anime, sonriéndole.

-Antes de desmayarme, escuché muy claro que una mujer gritaba.-borré mi sonrisa y baje la mirada por unos segundos.

-Los Dementores, hacen que revivamos nuestras penas. El dolor se vuelve su fuerza.-

-Creo que era mi madre, cuando la mataron.-respiré hondo y me acomode en el barandal del puente.

-Cuando te vi en el Comedor, Harry, te reconocí de inmediato. No por la cicatriz, por tus ojos. Son como los de Lily. Sí, sí, sí. La conocí, tu madre nos apoyó a Remus a y a mi cuando nadie más lo hizo. No solo era una hechicera excepcional, sino que una mujer extraordinariamente gentil. Lograba ver la belleza en los demás y pienso que aún más cuando esa persona no podía ver que la poseía.-me alejé un poco, asomándome al otro extremo, conteniendo las lágrimas.-Y tú padre, James, por otro lado tenía cierto talento para meterse en problemas. Un talento que dicen que tienes tú.-sonreí y me volví a acercar.-Eres muy parecido a ellos, con el paso de los años te darás cuenta.-

-Gracias, profesora.-me sonrió, tal como me hacía James.-Creo que debo irme, nos vemos en la próxima clase o en cualquier otro momento.-asentí y lo vi alejarse.

Tuve la oportunidad de habérselo dicho, pero preferí guardármelo hasta encontrar el momento más adecuado. Respiré hondo y volví al castillo.

Aún faltaba para que todos volviesen de Hogsmeade, por lo que me daría un tiempo para poder revivir los viejos tiempos en los que me la pasaba estudiando en mi segundo hogar. Miraba con nostalgia los cuadros, que decoraban las paredes, los fantasmas que jugaban entre ellos, persiguiéndose. Sin darme cuenta llegue al cuarto de los trofeos. No pude evitar ver las fotos de cuando era parte del equipo de Gryffindor. Acaricie levemente el vidrió que la protegía y sentí una lágrima deslizarse por mi mejilla. Bajé mi vista y me encontré con una caja de cristal que contenía unas placas.

"James Potter, capitán de Gryffindor"**"Annabella Potter, cazadora"

Las mire durante unos segundos y me retiré de la sala. Para cuando volví hacía las escaleras, me encontré con un gran tumulto de estudiantes parados frente a la Sala Común de Gryffindor.

-La Señora Gorda, se fue.-exclamo mi ahijada. Los demás cuadros estaban pendientes de la desaparición. Alcancé a ver algunos rasguños sobre la tela.

-¡A un lado! ¡A un lado! ¡Abran paso!-gritaba Filch, para que Dumbledore, pudiese pasar.- ¡Quítense! ¡A un lado!-Albus, examinó las marcas y sin darse vuelta, habló.

-Señor Filch, reúna a los fantasmas, dígales que busquen en cada pintura del castillo a la Señora Gorda.-ordenó.

-No hay que buscarla, profesor. La Señora Gorda, está ahí.-el deforme dedo de Argus, señaló unos cuadros más arriba. Todos los estudiantes, subieron rápidamente las escaleras ignorando las órdenes del Prefecto.

-Querida Señora, ¿quién le ha hecho esto?-detrás de un hipopótamo dibujado, salió.

-Él tiene un alma muy sucia y en sus grandes ojos, hay maldad. Yo lo vi, es él, del de que todos hablan. Está aquí. Se metió al castillo. ¡Sirius Black!-la Dama Gorda, soltó un grito de horror y se volvió a esconder detrás del hipopótamo.

-Aseguré el castillo, señor Filch. ¡Ustedes al Gran Comedor!-baje corriendo las escaleras, debía contárselo a Remus.

Al llegar a su despacho, lo encontré revisando algunos papeles.

-¿Estás bien?-apartó sus cosas y se puso de pie.

-Lo… lo vieron.-tartamudee, mientras él me tomaba de los brazos para tranquilizarme.

-¿A quién vieron?-su rostro se puso pálido, más de lo normal, cuando vio en mis ojos a que es lo que me refería.

-Intentó ingresar a la Sala Común de Gryffindor. Está buscando a Harry.-

-Bella, Bella. Tranquila, debes mantenerte tranquila. Recuerda que estamos en Hogwarts, Harry, está bajo la protección del castillo pero por sobre todo de Albus. Él prometió cuidarlo.-asentí rápidamente, mientras me abrazaba.-Aparte no creo que podamos hacer mucho, los Dementores, ya deben estar al tanto de la situación y estarán en constante alerta en caso de cualquier movimiento.-me aferré más a su camisa.-Hoy hay luna llena.-me susurró. Me alejé de él y lo miré a los ojos.

-Iré a pedirle a Snape la Poción Matalobos.-él asintió, dándome un leve beso.-No tardo.-

Salí del despacho y comencé a correr por los pasillos buscando a Severus. Para mi suerte, lo encontré, cerca de las mazmorras.

-¡Severus!-grité acercándome.

-Potter.-habló, escupiendo mi nombre.- ¿En qué te puedo ayudar?-

-Necesito una copa con la poción para Remus.-me miro durante unos segundos y me indició que lo siguiera. Bajamos hasta las sala de pociones. Al ingresar, nada era como yo recordaba de las clases del profesor Slughorn. Todo estaba más frío, adaptado al carácter de Severus.

-Es bueno que uno de los dos al menos se acuerde.-comentó tomando un cucharon y vertiéndolo en un humeante caldero.-No es bueno tener a un hombre lobo, suelto por ahí. ¿Verdad, Potter?-no dije nada y esperé a que me entregara la poción para poder marcharme.

-Idiota.-susurré cuando cerré la puerta. Debía volver cuanto antes con Remus, para poder dárselas. Mientras volvía, escuchaba como las puertas se cerraban y como se bloqueaban para impedir el paso. Estaba demasiado nerviosa, ya que las manos me temblaban. Miré por el vidrió de una de las ventanas, el sol, comenzaba a caer y no faltaba mucho para que la luna, hiciera su aparición. Me apresuré a volver al despacho.-Aquí tienes.-le entregué la copa y me coloqué a su lado. De un solo trago, la vació.

-Será mejor que no estés para cuando llegué el momento. Ve y protege a Harry.-me arrodille a su lado y le acaricie la mejilla.

-Todo irá bien.-él sonrió inclinándose hacía adelanto, uniendo nuestros labios.

-Te amo.-

..*

Por órdenes de Rems, me fui del despacho para poder darle su privacidad. Volvería con él al día siguiente.

-Querida, que bueno que estás aquí.-giré sobre mis talones, encontrándome con Minerva.-Albus quiere que todos los profesores, revisen el castillo para ver si hay indicios de que Black, aún, esté aquí.-asentí y tome con firmeza mi varita.

Me tocaba revisar el tercer piso, de la punta de mi varita, salía una luz que me ayudaba a guiarme por los recovecos. Debía admitir que estaba nerviosa y asustada, por lo que pudiera llegar a encontrar al doblar la esquina. Más de una vez me encontraba con Peeves y lograba asustarme más de lo que quisiera.

Para cuando termine, me reuní, con los demás en el interior del Gran Comedor. Todos los alumnos, se encontraban en sacos de dormir distribuidos por todo el comedor.

-Revisé la Torre Astronómica, pero no hay nada.-informó Filch.

-En el tercer piso no hay nada.-me sumé guardando mi varita. Albus me sonrió y me quedé parada en la entrada, esperaría a que estuviese solo para poder acércame y hablar con él. No podía escuchar casi nada de lo que decía Severus, solo había alcanzado a escuchar el nombre de Remus y el mío. De seguro lo estaba convenciendo de que nosotros podríamos ayudar a Sirius a ingresar.

-¿Preocupada, hija mía?-la voz de Albus, me sacó de mis pensamientos.

 -Demasiado.-respondí, jugando con mis manos.

-No debes por qué estarlo, no hay nada que indiqué que el señor Black, sigue aquí.-

-No sé si eso debería dejarme más tranquila o no, pero de todas formas gracias.-le sonreí mientras ingresaba y recorría uno por uno los sacos de dormir. Me detuve frente al de Harry y pensé que no podría soportar que algo le llegara a pasar.

La noche había pasado y no había rastro de que Sirius, aún, estuviese en el castillo. Intenté ir al despacho de Rems, pero le puso un hechizo para que nadie pudiese ingresar. Respiré hondo y me apoyé en la pared. Debía convencerme de que todo iba a estar bien.

Subí las escaleras y me encerré en mi habitación, ni siquiera me preocupe por cambiarme, solo quería dormir. Por más que intentaba cerrar los ojos, no podía. Hoy había tenido mi primer acercamiento hacía Harry, hacía mi Harry, y no me dieron las agallas para poder contarle la verdad y como broche de oro, la aparición de Sirius frente a la Sala Común de Gryffindor. Sin duda, había sido un día, extremadamente agotador.

...

La mañana llego demasiado rápido para mi gusto. Sin muchas ganas ingresé al baño y me asusté al verme al espejo. Tenía ojeras y los ojos rojos. Aparté mi vista e ingresé a bañarme. Para cuando termine, me acorde de Remus. Me cambié rápidamente y baje hacía su despacho.

-¿Rems?-llamé, golpeando la puerta. Nada se escuchó.-*¡Alohomora!-*el pestillo, se abrió y pude ingresar. Lo encontré debajo de su escritorio, hecho un ovillo.-Remi.-susurré con tristeza. Lo ayude a levantarse y lo llevé hasta su habitación. Debía avisarle a Dumbledore, que él no podría dar la clase el día de hoy, pero que yo me haría cargo.-No te preocupes, amor, yo estoy contigo.-besé su pálida mejilla y me acerqué a una mesa para poder tomar un pergamino y escribirle a Albus. A los pocos minutos de haber enviado el mensaje, Madame Pomfrey, llegó.

-No se preocupe, señorita Potter, usted encárguese de su trabajo que yo me encargo de él.-sin decir nada, me echo de la habitación. Miré el reloj y no faltaba mucho para que el desayuno terminase y los alumnos comenzaran a llegar.

Fui al comedor y comí casi en un segundo para luego salir rumbo al salón de clases. Miré por la ventana como las hojas caían de los árboles dando a entender que el otoño, estaba llegando.

Al llegar a la puerta, respiré hondo, e ingresé. Me sorprendí al ver todas las ventanas cerradas y que la oscuridad se apoderaba del salón. Todos los presentes, voltearon a verme.

-Profesor Snape, ¿qué está ocurriendo?-pregunté, yendo hacía él.

-Tengo entendido que el profesor Lupin, está mal de salud. ¿Verdad?-

-Sí, pero…-

-Es por eso que yo me haré cargo de la clase, señorita Lupin.-se dio media vuelta, pero alcancé a tomarlo de la túnica.

-Usted se especializa en Pociones, no en Defensa Contra las Artes Oscuras, por lo que tengo entendido. Esta es mi clase.-me miró con odio para luego formar una sonrisa de malicia.

-En el banquete de bienvenida a usted, se la presentó como ayudante, no como profesora. Por lo tanto, no tiene derecho a contradecirme en nada.-me quedé en silencio y lo solté.-Vaya y cumpla con su trabajo de ayudante.-al pasar a su lado, lo miré con rabia y me senté en mi escritorio.-Vayan todos a la página 394.-tomé el libro que compartía con los alumnos.

-Hombres lobos.-susurré para mí misma.

-Disculpe señor, ¿y el profesor Lupin?-escuche que Harry preguntó.

-Eso no le importa, ¿o sí, Potter? Cabe decir que su profesor está incapacitado para enseñarles en este momento, ¿verdad, señorita Lupin?-asentí volviendo a mi lectura.-Vamos a la página 394.-con un movimiento de varita, hizo que las hojas del libro de Ron, llegaran a la página correcta.

-Hombres lobos.-exclamó.

-Pero señor, apenas íbamos a ver los Hinkypunks. Las bestias nocturnas, vienen después.-argumento Hermione.

-Silencio.-me aclaré la garganta y me puse de pie.

-Lamentó volver a interrumpirlo, señor. Pero Granger, tiene razón. No puede saltearse lo que está escrito en el programa de tercero.-

-Silencio, Lupin.-solté un bufido y me volví a sentar.-Bien, ¿Quién sabe la diferencia entre un animago y un hombre lobo?-la única que levantó la mano fue, Hermione.- ¿Nadie? Que decepcionante.-

-Yo profesor. Un animago, es un mago que elige ser un animal. El hombre lobo, no lo decide. Se transforma con la luna llena y hasta olvida quien es él, podría matar a su mejor amigo. Además responde al llamado de los suyos.-al igual que su padre, Malfoy, interrumpió la perfecta respuesta de Hermione.

-Gracias, señor Malfoy. Es la segunda vez que habla sin permiso, ¿no puede contenerse?  ¿O se siente orgullosa de ser la molesta sabelotodo? Cinco puntos menos, Gryffindor.-cerré los ojos y negué, hoy sí que sería un día extremadamente largo.-Y para aliviar su ignorancia, quiero para el lunes dos pergaminos sobre los hombres lobos haciendo énfasis en como reconocerlos.-

-Jugaremos Quidditch, mañana.-intervino, Harry.

-Le sugiero que tenga mucho cuidado, señor Potter. Si se lastima un hueso, no será una excusa. Página 394.-Snape, comenzó a dictar sobre la definición de los licántropos. Yo no lo perdía de vista e intentaba contenerme para no tener que gritarle.- ¿Alguien sabe cómo es el comportamiento de un hombre lobo?-

-Son bestias.-respondió una niña de Slytherin.-Son terribles bestias, que no les importa nada.-

-Error.-me puse de pie y me acerqué al centro del salón.-Como bien dijo la señorita Granger, las personas que sufren licantropía, no pueden controlas sus instintos y realizan cosas contra su voluntad humana. No son capaces de reconocer sus acciones hasta que la luna desaparezca.-Severus iba a decir algo pero el timbre de final de clases, sonó.