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Aveces... no hay próxima vez — capítulo 8
Habían pasado ya 2 meses. Era un día miércoles 14 de agosto, el día en que los Malfoy sabrían cuál sería su destino. Narcisa se encontraba, frente al espejo, dándole los últimos retoques a su cabello. Llevaba puesto un vestido de seda negro, con rubíes incrustados en el cuello. A pesar de la situación, no dejaba de lado aquella elegancia que la caracterizaba. A causa de todos esos años, al servicio del señor de las tinieblas, su rostro había envejecido unos cuantos años; se encontraba demacrado, sus ojos ojerosos, unos cortes irregulares se posaban en esas mejillas pálidas. Su mano acaricio con delicadeza, aquellas marcas pronunciadas. Cerró los ojos y al cabo de unos segundos, una lágrima se escapó de su ojo y resbalo por su mejilla izquierda. Tenía miedo, no quiso admitirlo frente a su hijo, pero se sentía más débil que nunca. Quería que todo acabara pronto, deseaba con ansias este día, para saber por fin: que les deparaba el destino. Sintió los pasos de su hijo, resonando dentro de la habitación, acercándose cada vez más. Él entro al cuarto, con mucha elegancia como siempre, y contemplo a su madre de pies a cabeza. — ¡Estas bella!- dijo sonriéndole- ¡Es hora de irnos! Dio media vuelta, colocando su brazo en una posición curvada, para que la mujer lo tomara; y juntos, bajaron a la sala a esperar el carro que los buscaría. Esperaron no más de unos minutos. Un carro negro, custodiado por aurors, había llegado y esperaba con las puertas abiertas de par en par. La mujer tomó su capa de viaje del perchero y se la coloco encima, caminando con paso firme como si se dirigiera a la hoguera. Uno de los custodios tomo su mano y la ayudo a subir al carro. Su hijo iba detrás dando pasos ligeros. Un auror, que se encontraba detrás del muchacho, le hizo un ademan con la cabeza a su compañero; para que éste apurara al joven. Draco notó aquel movimiento y miró furtivamente al hombre, luego subió al carro. Éste comenzó a andar, dirigiéndose así, al Ministerio de Magia.
* * *
Harry se encontraba nervioso en esos momentos. En su cabeza todavía resonaba la idea, de que era una locura lo que estaba por hacer. Su mente estaba en contra, pero su corazón decía que era lo correcto y que no lo iba a lamentar. Se acomodó su chaqueta y luego salió del baño, para pedirle ayuda a su amiga. — ¿Y, como me veo? — preguntó mirándola con un poco de vergüenza. Hermione rio y luego se acercó a él, para acomodarle la corbata— ¡Te ves genial!— dijo, corriéndole un mechón de cabello del rostro— ¡aún no puedo creer, que hayas cambiado de parecer! — ¡Yo tampoco lo creo! — Igual… me alegro que hayas recapacitado, ¡ya verás que no te arrepentirás! — Espero que no… Harry tomo su varita, que se encontraba sobre una mesita de madera antigua, y volvió al baño para darle los últimos retoques a su cabello. Cuando salió de éste, se encamino a la sala, donde lo esperaban sus amigos y los padres de Hermione. — ¿Ya estás listo, muchacho?— preguntó el señor Granger. Él se iba a encargar de llevarlo hasta una de las entradas del Ministerio. — ¡sí, señor estoy listo!— musitó nervioso. — ¡Mi padre te esperara en la cabina!— anunció ron, depositando una mano en el hombro de su amigo, y dándole unas palmaditas de ánimos— ¡todo saldrá bien! — ¡lo sé! — ¡Muy bien, vamos ya!— dijo el hombre, dando pasos acompasados hasta su auto. — ¡Mucha suerte Harry!— le dijo Hermione y lo abrazo— ¡haz lo correcto! Luego Ron se acercó y lo abrazo también seguido de Ginny, que lo miro fijamente a los ojos, poniendo a Harry más nervioso que nunca. Éste le devolvió la mirada y luego, dando pasos ligeros, se acercó al auto y entro en éste. El hombre encendió el auto, y marcharon hasta el lugar. El muchacho no paraba de pensar en lo que iba a decir en el estrado. No quería arruinar las cosas, y sabía perfectamente que una equivocación en sus oraciones podría costarle la vida a los Malfoy. Después de unos largos minutos de viajes, el auto comenzó a descender la velocidad, quedando frente a una cabina de teléfono. Harry miro al señor Granger con incredulidad, esperando a que este le dijera que ya podía bajar. Al ver que el hombre no articulaba palabra alguna, decidido, abrió la puerta y bajo del auto despidiéndose: — ¡Muchas gracias por traerme hasta aquí señor Granger!— exclamó Harry y luego cerrando la puerta tras de sí, se encamino hasta la cabina. Cuando ya estuvo allí, busco desesperado al señor Weasley, que se suponía que lo esperaría en ese lugar. Comenzó a preocuparse, pero de pronto a lo lejos noto a un hombre que venía dando grandes zancadas. — ¡Harry, lamento haberte hecho esperar! — ¡No se preocupe!, he llegado hace unos minutos. — ¡Tenemos que apurarnos!, vamos tómame del brazo. Entraron en la angosta cabina, Harry saco unas monedas muggles y las deposito en el aparato, luego marco el código (6-2-4-4-2). La voz de siempre pidió el nombre del visitante y el motivo de la visita, y una vez dicho esto les dio la bienvenida. La cabina comenzó a descender dejándolos así en el interior del ministerio. — ¡No ha cambiado nada!— comentó Harry para sí mismo, sorprendido. — ¡No, sigue siendo la misma mujer de siempre!— terció el hombre, sonriéndole al muchacho. Caminaron por el largo vestíbulo, hasta los ascensores. Se adentraron en uno de los tantos que había y le indicaron al empleado a qué lugar tenían que ir. Al cabo de unos segundo el ascensor paro, y una voz anunció: — Quinta planta: Departamento de Cooperación Mágica Internacional, que incluye el Organismo Internacional de Normas de Instrucción Mágica, la Oficina Internacional de Ley Mágica y la Confederación Internacional de Magos, Sede Británica. Los dos salieron del ascensor y caminaron por un largo pasillo, hasta llegar a una gran puerta. Entraron por ella silenciosos y se encaminaron hacia el estrado. La señora Malfoy y Draco, ya se encontraban allí esperando a que llegara el ministro, para dar comienzo a la audiencia.
Es poco pero bueno... algo es algo :) espero que les guste... ¡disfrútenlo! besos a todos y suerte :)