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Historia 143311 — capítulo 5
5.¿La llegada?
No le veía sentido. Claramente se trataba de la peor artimaña de la cual Malfoy se podía valer. Su cabeza se quedó estática como si el tiempo se hubiera detenido y como sus arterias nerviosas se hubieran congelado. ¿Acaso había escuchado bien? ¿Él, por casualidad, había dicho lo que creía haber dicho?
-¡Nunca! -respondió Hermione, con convicción-. ¿Se te pudrió el cerebro, Malfoy? ¿Cómo me puedes pedir algo así?
-Ya sabía yo que no eras cap…
-¡Eres un demente! -la interrumpió la castaña, totalmente indignada-. Tendrías que estar internado en un hospital, idiota. Y mejor para ti que llegamos o sino… ¡Ah! ¡Eres desagradable! ¡Estás realmente mal de la cabeza!
El rubio se rió de la exageración que proclamaba su compañera de viaje y, aliviado que la carroza se hubiera detenido, se erguió del asiento para luego salir por la portezuela, sin siquiera mirarla.
Hermione dejó un soplido al aire y lo imitó.
-¡Malfoy! -exclamó ella, de pronto.
-¿Qué quieres ahora, sangre sucia? -espetó Draco, con un dejo de molestia en la voz, aunque continuaba sintiéndose divertido por lo anterior.
-Te olvidas de tus cosas -contestó, bajando su equipaje de la carroza con la poca fuerza que tenía-. ¿O es qué pretendes vestir con esos harapos todo el año?
-¿Harapos? -Draco soltó una carcajada llena de sarcasmo y miró detenidamente a Hermione-. Son de la mejor calidad, sangre sucia. Y si lo que querías era hacerme enojar… ¡Buen intento! Espero que lo hagas mejor la próxima…
-Créeme, Malfoy. Que no habrá próxima. He decidido terminantemente no hablarte más en la vida a partir de ahora, ¡hurón!
Draco volvió a reír.
-Mmmm… ya veo. Eh…, ¿Granger?
-¿Qué?
-¡Ah! Me hablaste, sangre sucia -Draco adquirió un brillo de victoria en los ojos bastante infantil-. ¿Ves que no eres capaz de hacer nada bien?
-¡Cállate! -dijo Hermione, ruborizándose, mientras echaba humo. Simplemente odiaba a Malfoy y todo lo que a él se refería.
Para obviar su humillación, la castaña se concentró en el lugar donde la carroza los había dejado, mientras él bajaba su baúl de la misma. Estaban en el pie de una colina verde y húmeda, radiante ante el fulminante albor del sol, sobre una carretera empedrada que Hermione nunca había visto en todos sus años en Hogwarts.
-¿Dónde…? ¿Dónde estamos? -inquirió más para sí misma que para el rubio. Éste, mirando su alrededor, arrastró el baúl hasta la castaña, le hizo una seña al hombre que conducía la carroza para que siguiera camino, y dijo con voz burlona:
-Creo que en Hogwarts.
-Eso ya lo sé, idiota -murmuró Hermione, frunciendo el ceño-. Hemos tomado un carro a terrenos de Hogwarts, es obvio que nos ha traído a la escuela…
-¿Entonces, qué preguntas?
-¡Estaba hablando de qué parte de Hogwarts estamos! ¡Imbécil!
Bien quizás exageraba, pero cuando expulsó toda su rabia contra Malfoy e inhaló pausadamente aire mientras se frotaba las sienes con las manos, se sintió mucho mejor que antes.
El rubio no contestó ni hizo mueca alguna. Se limitó a tomar la manija de su baúl y escalar colina arriba, dejando que la brisa de esa mañana que terminaba acariciara su cuello descubierto y su cabello platinado. Hermione lo vio por un momento y, reaccionando, tomó su equipaje y lo siguió.
Cuando ambos lograron llegar a la cima, Draco miró a la castaña con sorna y susurró:
-Estamos en Hogwarts, pero yo no veo el castillo en ningún lado.
Hermione se quedó boquiabierta.
-Pero… no puede ser. ¡Tiene que ser un juego! La carroza nos dejó aquí -ella parecía confundida y muy alterada-. ¿Qué…? ¿Qué sucede?
-Quizás debamos caminar un poco más y subir aquella otra colina que está allá, ¿la ves? -Draco le señaló un monte elevado que se alzaba a unos pocos metros. Hermione asintió en silencio-. Es más alta que esta, veremos mejor todo el paisaje y comprobaremos si el castillo está o no está aquí.
-Tiene que estarlo -dijo la castaña, angustiada-. Y si no lo está… ¡estamos en medio de la nada! ¿Cómo saldremos de aquí? ¿Cómo nos comunicaremos? ¿A dónde iremos? ¿Qué vamos a comer si no encontramos nada…?
-¡Por Merlín, Granger! -gritó Draco, hartándose nuevamente de Hermione y sus escándalos-. ¿No eres la amiga de Potter, acaso? ¿Cómo haces cuando estás en medio de esas aventuritas que pasas con el Cara Rajada y Weasley? ¿Te desesperas así? ¡Se supone que eres la más inteligente! ¿O es sólo un cuento?
Escuchar aquello fue como una bofeteada para Hermione, que no se esperaba que Draco le dijera algo así. Por tanto, cabizbaja, musitó débilmente:
-Vamos, vayamos a esa colina.
Y descendieron en la que estaban con sus baúles repletos de sus pertenencias que pesaban horrores. Para Draco no fue nada difícil, por puro mérito de sus prácticas como buscador de Slytherin, pero para Hermione, quien no tenía fuerza alguna ni músculos para aparentarla, fue como una odisea. Más de una vez vio cómo su equipaje caía rodando y si no hubiese sido porque alguna piedra o arbusto le cortaba el pase, el baúl hubiese llegado al otro lado y se hubiera resquebrajado.
Draco miraba esto, divertido. Obviamente que no tenía la intención de ayudarla ni muchos menos de ofrecerse para llevar la maleta.
*¡Que lo haga sola!*Y sonrió al pensar esto.
Pero tras la quinta o sexta vez que el baúl se escapó de las manos de Hermione para rodar por el pasto color esmeralda de la colina, Draco dejó de encontrarlo tan divertido y, algo cansado de la situación, dejó su equipaje en manos de la castaña y corrió tras el baúl, deteniéndolo a tiempo. Bufando e insultando interiormente, se lo devolvió a Hermione y tomó bruscamente el suyo, sin dirigirle la palabra.
No puedo creer que esté haciendo esto por la sangre sucia. Y se asqueó luego que este pensamiento llegara a su conciencia.
-Malfoy -dijo ella.
Él no respondió, pero sintió cómo Hermione, que se había quedado algo atrás, lo perforaba con la mirada.
-Gracias -susurró, incómoda.
-Granger… cállate -le dijo él mirándola, mientras sonreía.
Y Hermione, quizás por instinto o por amabilidad, también sonrió.
Las capas de ambos comenzaron a flamear con intensidad, el sol entonces se escondió detrás de un par de nubes y el césped verde brillante de la colina pareció oscurecerse de pronto.
-¡Rayos! -exclamó Draco.
-¿Qué sucede? -preguntó Hermione, mirando el cielo.
-Parece que se aproxima una tormenta.
-¿Y cuál es el problema? Estamos por llegar a Hogwarts, dentro no nos va a pasar nada.
-¿No lo entiendes? -Draco suspiró-. Realmente eres bastante estúpida. ¿Qué sucedería si al subir por aquella otra colina no vemos a Hogwarts por ninguna parte? ¿Dónde nos cubriremos?
-Malfoy, me dijiste que no me desesperara -Hermione tomó al rubio por los hombros y le golpeó la mejilla con su mano abierta para que reaccionara-. ¡No vas a desesperarte tú tampoco!
-¿Estás loca, Granger? ¿Cómo es que me has golpeado…?
-Apresurémonos a subir por la colina y verificar si estamos o no estamos en los terrenos de Hogwarts, Malfoy. Después discutimos todo lo que quieras.
Draco se quedó con la furia y la palabra en la boca, pero asintió. Después de todo tenía razón, el tema preocupante era el lugar en el que se encontraban más que cualquier otra cosa.
-Sólo -Draco tomó la muñeca de Hermione con brusquedad y el movimiento hizo que su rostro estuviera a centímetros de la de ella-… no vuelvas a ponerme una mano encima -la castaña no pudo emitir ningún sonido, se había quedado mirando sorprendida los ojos del slytherin.
Se podían contar las pestañas mutuamente de la cercanía y asimismo respirar el mismo aire. Hermione se sonrojó un poco. Su muñeca le dolía pero no apartaba su mirada de él y de sus ojos grisáceos. Draco, lejos de sentirse enojado o molesto, se sorprendió a sí mismo sintiendo una extraña mezcla de agrado y desconcierto al tener a Hermione Granger, la mejor amiga de Harry Potter y la sabelotodo de Hogwarts, a apenas un pulgar de distancia.
Luego de unos segundos, cuando su conciencia despertó y le hizo reaccionar, Draco soltó con urgencia la muñeca de Hermione y se apartó confundido de ella. Cerró los ojos por un momento y no volvió a mirar a la castaña. Ella, sintiéndose más humillada que antes, tomó su baúl con ambas manos y continuó caminando.
Eso ha sido extraño. Muy extraño. Y no puedo evitar sentirme culpable y… ¿sucio? Como si hubiese cometido un crimen… ¿Por qué tenía que ser la sangre sucia la que tenía que perder el tren? ¿Por qué no...? No lo sé. ¿Myrtle La Llorona? Hubiese sido más agradable.
Pero cuando Draco desvió sus ojos a Hermione, no se sintió para nada disgustado.