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Historia 143311 — capítulo 8
8.Bésame, Malfoy.
Sí, lo sé L pasó mucho tiempo de que subí el cap anterior. Me siento terrible, pero no podía escribir nada. De hecho, no he escrito nada de nada… de nada. He tenido como una especie de bloqueo que no me pude sacar hasta ahora. ¡Espero que sepan disculpar! J Perdón! De verdad…
-No puedo creerlo -soltó Ron en medio del almuerzo-. ¿Tú y Harry?
-Ya, Ron. Deja de preguntarme lo mismo cada dos segundos -Hermione, sonrojada, miró a su amigo de mala manera y continuó jugando con su comida sin probar bocado, como hacía desde hacía tres días.
-Es que siempre creí que Harry… -pero Ron prefirió callarse y no continuar hablando.
-¿Que Harry qué?
-…que estaría con Ginny.
-Sí, yo también -susurró la castaña para sí.
-¿Ah?
-Nada, Ron, nada.
Hermione apartó el plato y recostó su cabeza entre sus brazos. ¿Se sentía enferma? Quizás lo estaba, pero su mayor enfermedad comenzó cuando Harry le preguntó ser su novia. Desde ese día, sus sueños se limitaron a atormentarla y había algo dentro suyo que le gritaba que su noviazgo con Harry no era algo bueno.
Por lo general, evitaba mirarlo demasiado y nunca se exponía ante alguna posibilidad en la que Harry pudiera besarla. No se había permitido estar sola con él ni de dirigirle más de dos palabras consecutivas. El pensamiento de tener a Harry todo meloso encima suyo sólo le hacía tener ganas de vomitar. Y no era para menos; era como intimar con un hermano, un hermano de toda la vida.
Pero la pregunta que rondaba con mayor frecuencia por su cabeza era, ¿por qué había aceptado? Podría haberse negado a aquella petición y, por ende, evitado tanto malestar.
Lo que más le preocupaba de su relación con Harry, era el enojo de Ginny. La pelirroja no le hablaba y Hermione no podía sentirse más culpable por ello.
Sus pensamientos aún vagaban de esta forma cuando un rubio, con el cual compartió la enfermería tres días atrás, ingresó al Gran Comedor a la vez que Hermione ojeaba la puerta de entrada. Su rostro turbio y altivo y sus pasos acompasados la distrajeron por un instante cuando Ron se encargaba de elogiar con cierta exageración al almuerzo del día. Para su mala suerte, Harry entró a la sala y dirigió su vista hacia la mesa de Gryffindor con astucia, buscando a sus amigos en ella. Hermione bufó, algo molesta, y nuevamente escondió su cabeza entre sus brazos. Su día no podía ser peor.
Harry llegó y saludó con su usual energía, mientras que Hermione se erguía del asiento y tentaba a retirarse.
¿Ya te vas, Hermy?
Hermy. ¡La había llamadoHermy! Ya era el colmo. La castaña se acercó a Harry peligrosamente, con una mirada casi asesina.
-Mira, Potter. Una vez más que me llames Hermy y querrás nunca haberte cruzado en mi vida. Si quieres que esté de buen humor, mejor que ni me hables -y con ello se marchó del Gran Comedor.
-Pero… -Harry no supo qué decir.
-Mujeres -susurró Ron, restándole importancia-. No te preocupes, ya se le pasará. Pero, ¿qué haces ahí parado? Siéntate. ¡Vamos! Tienes que probar el estofado de hoy, Harry. Es buenísimo. ¡Oh, y no te olvides del puré de manzana! Verás, tiene un poco de…
Pero hace rato que Harry había dejado de escucharlo. Era muy evidente dónde estaban sus pensamientos, sin embargo, Ron pareció no darse cuenta de nada. Continuó alabando al almuerzo con una gran sonrisa, a pesar que su amigo ni siquiera lo miraba ni fingía prestarle atención. Su vista se había clavado en la puerta de entrada y no se movió de ella hasta que el pelirrojo terminó su comida y le insinuó qué buena idea era ir a la Sala Común.
-… y me dijo que eligiéramos dos días inmóviles para establecer el entrenamiento. ¡Ah! Casi me olvidaba, el primer partido es en dos semanas, debemos apresurarnos si queremos ganarles a los de Hufflepuff. Draco… Draco, ¿me estás escuchando? -Marcus Flint pasó su mano por los ojos del rubio platinado, quien la manoteó con enojo.
-Sí, ya te oí. Déjame almorzar en paz, ¿quieres?
-¿Qué sucede, Draco? Pareces estar un poco distraído. ¿No te estarás enfermando? -acotó Pansy Parkinson, haciendo un vano intento por tomarle la fiebre.
-¡Ya! -exclamó él, cansinamente-. ¡Déjenme tranquilo!
Se paró del asiento y, sorprendiendo a los presentes, se fue apresurado. No había amanecido con buen humor esa mañana y las clases de Transformaciones con los de Gryffindor no había hecho sino fastidiarlo más. No era poco común en él estar enojado, sin embargo aquella vez Draco reconocía, o por lo menos tenía una idea, que tenía una razón para estarlo.
Creía desde hacía tiempo que ese año había comenzado de la peor manera. Es decir, ¡se había extraviado con la sangre sucia de Hermione Granger! No era para menos. Y que haber estado con la castaña todo ese tiempo fue la causa principal de su disgusto; y haberse separado de ella tras llegar a Hogwarts la principal de su alegría. Quería pensar que ver cada día a Granger era el por qué de su enojo. Sin embargo, ¿estaba seguro que estaba molesto por ello?
Claro que no. El rubio bufó, ahí venía otra vez un discurso de su queridísima conciencia. ¡Yo sé lo que te molesta, muchacho! Y no es precisamente lo que te quieres hacer creer.
¡Agh, ya, cállate! -susurró para sí, a la vez que caminaba por uno de los pasillos, dirigiéndose hacia el patio.
¿Qué? ¿Le tienes miedo a la verdad, Draco?
¡Claro que no! Y no sé de qué verdad hablas.
Saber perfectamente de qué estoy hablando. ¿Acaso lo has olvidado? ¿Acaso has olvidado lo mal que se siente que tu enemigo pueda…?
¡Ya, basta! -soltó Draco, no queriendo escuchar. Agitó su cabeza, como si así se deshiciera de su conciencia y, agradecido de que no hubiera nadie en el pasillo que lo escuchara, continuó caminando. No quería pensar en ello, ni por un instante. Sólo imaginarlo le provocaba una extraña sensación de aborrecimiento hacia él… hacia Potter.
¡Malfoy! -escuchó de pronto.
¿Weasley?
¡Al fin te encuentro! -una pequeña pelirroja se situó enfrente suyo y lo miró con algo de indiferencia. Lo detuvo colocando una mano suya en su pecho y aunque le costaba respirar continuó hablando-. Necesito de tu ayuda.
¿Qué te hace suponer que quiero ayudarte? Y no me toques, me das náuseas.
Ginny gruñó y se separó de él.
-Sé que vas a querer ayudarme. Necesito sólo un pequeño favor.
¿Y qué favor es ése? -Draco no podía creer que estaba dispuesto incluso a escuchar a la hermana del idiota de Weasley.
-Me tienes que besar.
Bien, ¡no te alteres! Seguramente tus pervertidos oídos han escuchado mal. ¡Tranquilo! Vuélvele a preguntar.
¿Qué dices, Weasley?
-Necesito que me beses. ¿Eres sordo o qué? -Ginny parecía muy impaciente y molesta, miraba incesantemente hacia atrás-. Bésame, Malfoy.
¿Y por qué rayos quieres que haga eso? -en ese momento, Harry y Ron aparecieron por el pasillo, a la vez que el pelirrojo aún le hablaba animadamente sobre la comida. Ginny los avistó. Draco miró hacia donde ella tenía los ojos y sonrió, comprendiéndolo todo-. ¡Oh, no me digas! Quieres poner celoso a Potter. Mira, niña, ¿por qué no simplemente mueves tus pies hacia él y lo besas? Si es que tantas ganas tienes de besar a alguien. Sinceramente, besarme a mí no va a cambiar nada.
-Necesito que él sepa que no estoy a sus pies ni nada parecido.
-Ese no es mi problema, Weasley.
-Además -continuó, con cierta desesperación en la voz-, no puedo besarlo. Ya tiene novia y es Granger.
Draco la miró severamente. Y luego asintió, sabiendo que más tarde se arrepentiría.
¡Hermione! ¡Hermione, por Dios! -Parvati jaló el brazo de la castaña y comenzó a correr junto a ella en dirección al patio.
¿Parvati? ¿Qué sucede? ¿A dónde vamos?
-Es Ron, Hermione.
-¿Qué pasa con él? -Parvati la codujo hacia unas escaleras, las cuales bajaron con toda la velocidad que pudieron.
-Está moliéndose a golpes con Malfoy. Harry está tratando de calmarlo, pero no puede solo. Me pidió que te buscara. Tú sabes arreglar todos los problemas.
Hermione no podía creerlo. ¿Ron luchando contra Malfoy? Hacía tanto tiempo que no sucedía algo así. Creía que ambos habían crecido para continuar peleándose de ese modo. ¡Y a los golpes! Sin embargo, nada más dijo.
Una vez Parvati y Hermione llegaron al pasillo donde se desataba una ardua pelea, la castaña no esperó para apartar a los espectadores (quienes en vez de intentar detener la sangrienta lucha, ovacionaban lo que sucedía y hasta algunos apostaban por un futuro ganador), y arrodillarse junto a Ron y Draco.
¡Deténganse! -claramente ninguno de los dos la escuchaba, estaban más ocupados en dar puñetazos, patadas y mordidas al estilo muggle-. ¡Por Dios, van a matarse! ¡Paren!
¡Hermione, apártate! -le gritó Harry, apareciendo por la gente, y tomándola por los hombros. Pero la castaña se soltó de él-. ¡Te pueden pegar!
¡¿Y qué sugieres?! ¡¿Que vea cómo se matan?!
En ese instante, Draco le propulsaba un codazo y Ron aprovechó para rodear su cuello con ambas manos. El rubio tanteó para liberarse, sin embargo no logró nada. Comenzó a quedarse sin aliento, ya inclusive no podía inhalar nada de oxígeno. La piel de su rostro se descompuso de un color azulado y empezó a sudar.
¡Ron, déjalo! -Hermione intentó con todas sus fuerzas apartar a su amigo de Draco, pero la fuerza del pelirrojo era algo inverosímil.
¡NO! -gritó él, en respuesta, ahorcándolo aún más-. ¡No lo dejaré hasta que se arrepienta de haber tocado a mi hermana!
¡Pero, Ron! ¿De qué hablas?
¡Este imbécil se aprovechó de Ginny y la besó! -exclamó Ron, rojo de enojo.
Hermione quedó sin habla. Y no supo cómo reaccionar. Simplemente… dejó, inconscientemente, que Ron continuara ahorcando a Draco a la vez que fruncía el ceño y sentía como todo dejaba de existir.