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Querida Granger — capítulo 2
La mañana siguiente Hermione se sentía rara. Ya no estaba enojada con sus amigos, aunque seguía sin hablarles. Por triste que pareciera, se estaba costumbrando a estar sola. Se levantó más temprano de lo habitual.. quiero decir, muy temprano, aun no amanecía pero eso no le impidió arreglarse para bajar a desayunar al Gran Comedor. No estaba de ánimos para hablar ni toparse con nadie, mucho menos con algún irritante miembro de la casa Slytherin, por eso mismo salió de su cuarto teniendo cuidado de no despertar a sus compañeras, bajó a la sala común y no alcanzó a ver a nadie. "Perfecto" Pensó, con una leve sonrisa en sus labios cómo la de alguien a quien le van saliendo las cosas bien. Decidió tomar el rumbo menos habitual para llegar al Gran comedor, seguía evitando a la gente. Hermione sintió que su suerte nunca había sido tan inexistente como en esos momentos. Ahí estaba, el arrogante y asqueroso Draco Malfoy, caminando por los oscuros y despoblados pasillos del castillo, "¿Por qué siempre me pasan este tipo de cosas a mi?", bufó. No se había percatado de que Draco se veía raro. Estaba vestido con su habitual traje completamente negro, su cabello estaba enredado cómo si hubiera pasado toda la noche en vela, tenía la mirada perdida en alguna parte, se veía más pálido de lo común y estaba sudando, lo cual le resultó muy extraño a la joven Gryffindor, teniendo en cuenta de que hacía un frío espeluznante. En realidad no parecía que fuera alguna parte, simplemente daba grandes zancadas de derecha a izquierda, un tanto pensativo, se veía furioso pero más que nada se veía desquiciado, al borde de las lagrimas, apunto de explotar, no era algo normal. Hermione estaba a tan solo unos cuantos metros de él, no lo suficientemente lejos como para que no se percatara de su presencia, pero en realidad parecía que su mente estaba en otra parte porque no la notaba. Estaba dudosa, sabía que era más fácil darse media vuelta y tomar otra dirección para llegar al Gran Comedor así se evitaría que Draco la agrediera al cruzar su camino con el de él. "Qué más da" Se dijo a si misma mientras decidía pasar por donde el rubio estaba. Ya estaba preparándose mentalmente para recibir alguna clase de insulto por parte de él, pero parecía que no estaba de humor para insultar a esa "Sangre sucia" lo cual le llegó a enfadar a Hermione, pero más que eso, le dio curiosidad ¿Qué le había picado a este? Se acercó a él, y se lo siguió con la mirada él sólo iba de izquiera a derecha.. de izquierda a derecha. —Maldita sea, ¿qué es lo que quieres, Granger?— Le escupió Malfoy. Por fin se detuvo, a tan solo unos pasos de ella. La vio a los ojos, otra vez esos ojos, tan marrones, tan chispeantes.. producían algo en Draco que negaba a toda costa, pero en el fondo lo sabía. Ella simplemente no sabía que contestar, empezó a titubear. Él parecía estar furioso, pero más que nada se veía infeliz. Ese chico que siempre molestaba a sus amigos, que se burlaba de la desgracia ajena, que aprovechaba cualquier momento para insultarla, ese mismo chico le daba lastima en esos momentos. —¿Qué diablos quieres?— Insistió él, desesperado al no conseguir respuesta a la primera por parte de ella. La voz se le empezaba a cortar, se sentía fatal, la garganta y los ojos le ardían, en cualquier momento empezaría a sollozar, o eso es lo que aparentaba. No aguantó más, y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba golpeando una pared, la furia con la que lo hacía provocó que Hermione retrocediera unos pasos. Después el se recargó en la pared y se dejó llevar hasta terminar tirado en el piso, con la mirada perdida en el vacío. —Bueno.. yo..— Comenzó Granger. "Mierda, Hermione ¿Qué haces? Largate ya" La reprimió un a voz en su cabeza. Hablaba arrastrando las palabras, en apenas un susurro pero sabía que él la estaba escuchando—La verdad.. Hmmm.. ¿Estás bien? Draco no pudo evitar soltar una carcajada frívola que erizó el bello de los brazos de la chica. Respiraba pesadamente, poco a poco empezó a recuperar la compostura y ese gesto de superioridad en su rostro típico de él. Por unos segundos había parecido tierno e indefenso para Hermione, pero esa imagen se fue tan rápido de su cabeza cómo llegó a ella. Ahora Draco se había levantado, se arregló y sacudió el traje, pasó una mano por su cabello y le dedicó una expresión de asco a la Gryffindor. —¿A ti qué te importa?— Le dijo, y sin más se dio media vuelta, caminando a quiensabedonde, dejándola sola.. de nuevo. ¿Cómo podía haber llegado a ser tan estúpida? Estaba molesta con ella misma y con él. Con él, por ser tan imbécil, y con ella, por ser tan ingenua. "Los malfoys son malos, no debes de tener compasión por ellos" se regañó a si misma. Tuvo que quedarse ahí parada unos momentos, estaba demasiado furiosa como para hacer algo, cerró los ojos, tomó una gran bocada de aire y trato de calmarse. Algo en su interior la hizo volver a la realidad, su estomago pedía a gritos que le dieran algo de comer fue entonces cuando recordó que antes de ese percance iba a ir a desayunar, ahora ya era más tarde. Estaba lista para irse cuando algo en el piso llamó su atención, justo donde se había tirado Draco unos momentos atrás.. era brillante, pequeño y de plata. Lo recogió y jugó con él en sus manos, rápidamente lo reconoció, era el anillo de Malfoy. —Podrías llegar a ser bonito, si no tuvieras esa maldita serpiente grabada— Le dijo al anillo, cómo si este fuera una persona que la escuchara. No sabía que hacer, pensó que lo más decente sería devolverlo a su lugar, y en el mejor de los casos alguien más lo encontraría y sería un infierno para Malfoy volver a encontrarlo. La sola imagen del joven Slytherin desesperado por todo Hogwarts buscando su preciado anillo le causó gracia, así que tiró el anillo decidida a olvidar el asunto y retomó su rumbo, ahora si que tenía hambre. Al llegar al gran comedor se sentó en su lugar habitual, junto a los chicos. Sí, estos ya se habían despertado también ahora toda la sala estaba llena de alumnos, hablando de diversos temas y comiendo como si su vida dependiera de ello, excepto sus amigos, ellos parecían estarla esperando. Se sentía la tensión en el aire, no había hablado con ellos desde hace ya días, pero en realidad eso no le preocupaba mucho en esos momentos, ella seguía pensando en el anillo. Había decido olvidarle al tirarlo, pero le resultó imposible hacerlo, de camino para acá se la había pasado pensando que hubiera sido mejor idea recoger el dichoso anillo, guardarlo y dárselo a Draco la próxima vez que se topara con él, con la suerte que ella tenía no pasaría mucho tiempo antes de eso. —Hermione ¿me estás escuchando?— La voz de su amigo la sacó de sus pensamientos. Ella estaba jugando con la comida de su plato, de repente captó quien le hablaba y se sorprendió un poco cuando alzó la mirada y cayó en cuenta de que varias personas la miraban como si esperaran una respuesta— Te decía que Ron y yo estuvimos pensando, y sinceramente es un infierno estar aquí sin ti.. Estaba sin habla, no sabía que decirle a sus amigos ella sólo veía hablar a Harry pero no lo escuchaba, ni lo comprendía, su atención estaba puesta en otra cosa sentía que alguien la observaba de lejos, pero ¿quién? De repente se le ocurrió mirar hacia la mesa de los Slytherin, para su sorpresa era el mismo Draco Malfoy el que no dejaba de mirarla, el color le subió a las mejillas enseguida y estuvo agradecida al ver que él no se había dado cuenta de esto ya que había desviado su mirada a otro lado. —Herm.. hermione.. ¡ PRÉSTAME ATENCIÓN!— Le soltó Harry, empezando a enfadarse. Ella solo pudo musitar un "Lo siento" mientras bajaba la cabeza de nuevo a su plato. De repente no pudo más, y como si la jalaran lejos de ese lugar se paró de un salto de su asiento, atrayendo con esto la atención de varias personas, se disculpó de nuevo y salió corriendo de ahí, deseando con todas sus fuerzas que el anillo siguiera donde lo dejó.
Draco llevaba tiempo observando la desde su lugar en la mesa de los Slytherin, todos parecían reírse de algo en particular, todos excepto él y Pansy. Ella trataba desesperadamente de conseguir la atención del rubio pero el simplemente no quería que la molestara. No entendía porque no podía dejar de mirar a esa sangre sucia. Las imágenes de su encuentro momentos atrás seguían presentes en su cabeza, no podía volver a dejar que alguien viera su debilidad, mucho menos alguien como ella. Lo que no entendía este chico es por qué Hermione había sido amable con él después de todos los insultos que había recibido por su parte. No se la podía sacar de su cabeza. Cuando algo rondaba por sus pensamientos y no lo dejaba en paz le gustaba jugar con su anillo, haciéndolo girar en su dedo. Se lo había quitado desde la noche anterior, no se sentía digno de él, se sentía como un cobarde, no quería defraudar a su padre, ni a su mamá, estaba muy presionado con el asunto de ser un "Mortífago" sabiendo que todos esperaban mucho de él, y no tenía opciones, tenía que hacer lo que su padre de ordenaba, su palabra no importaba aquí. Recordaba haberlo guardado en su traje, y decidió que ya era tiempo de volver a ponérselo pero se sorprendió al ver que su anillo ya no estaba. "Pero.. ¿qué demonios le pasó a mi anillo?" Trató de memorizar todos los lugares donde lo pudo haber dejado o se le pudo haber caído desde que se lo quito a la fecha, pero no lograba recordar nada hasta que ¡Bam! recordó cuando se tiró en el piso, estando con Hermione. Al igual que ella, se paró de un salto llamando la atención de sus compañeros. —¿Qué miran?— Les dijo, haciendo que todos regresaran a sus asuntos. Escuchó a Pansy empezar a llamarlo, pero prefirió ignorarla mientras se alejaba del Gran Comedor, lo menos que quería ahora era estar con ella sólo quería su anillo..