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El color de los sentimientos — capítulo 16
POV****Inés
"Nico y yo nos miramos y, sin mediar palabra, nos aproximamos más a los dos chicos, teniendo mucho cuidado de no hacer ningún ruido. Y fue entonces cuando escuchamos una curiosa, emotiva y triste conversación…"
—Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Te estás riendo de mí —decía Rafa.
—Nada de eso, te lo prometo —Guille parecía sumamente nervioso, se retorcía los dedos de las manos y se mordía constantemente el labio inferior.
—No me lo creo. Seguro que lo dices solo para reírte de mí —repetía una y otra vez Rafa.
Nico y yo intercambiamos una mirada confusa. ¿De qué estarían hablando esos dos? Rafa se mostraba claramente incómodo con el asunto…
—¡Lo haces todo muy complicado! —gimió Guillermo, alzando la mirada al cielo. Después, volvió a contemplar el rostro de su amigo con una mezcla de impaciencia y miedo—. No me estoy riendo de ti, Rafa, y tampoco te estoy exigiendo una respuesta ni nada por el estilo. Solo quería que lo supieras. Nada más.
Su voz fue perdiendo intensidad a medida que hablaba hasta que, finalmente, se apagó por completo, dejándolo callado y observando sus zapatos como si fuesen sumamente fascinantes.
—Yo… Es que… Compréndeme, Guille, es complicado…
—No lo creo. Pienso que eres tú el que lo complica todo. Ya te he dicho que solo quería decírtelo.
Guillermo seguía sin despegar la mirada del suelo, bañado en un aura de abatimiento.
—¿Qué será lo que le ha dicho? —susurró Nico a mi lado. Me encogí de hombros, pese a que yo no estaba tan confusa como él. De hecho, casi habría podido jurar que sabía de qué iba esa conversación.
De pronto Guillermo pareció armarse de valor, alzó la cabeza y miró a Rafa directamente a los ojos.
—En realidad es muy sencillo, Rafael. Estoy enamorado de ti. No tiene más complicaciones. Y comprendo perfectamente que tú no sientas lo mismo, pero no me parecía justo que desconocieras ese… pequeño detalle. Aunque si se diese el caso de que… bueno… de que compartieses en cierta medida ese sentimiento… En fin, me gustaría que me lo hicieses saber.
Nicolás, a mi lado, soltó una exclamación ahogada.
—¿Guillermo es de la otra acera? —preguntó con voz entrecortada, en un tono más alto del debido.
Yo le chisté, tratando de acallarlo, pero fue demasiado tarde. Rafa y Guille giraron la cabeza en nuestra dirección y nos vieron, inclinándonos desde uno de los contrafuertes.
El pelirrojo parpadeó, sorprendido, mientras que Rafael apretó con fuerza los puños con una mueca de disgusto y vergüenza.
—¿Qué hacéis vosotros dos ahí? —nos ladró.
—Tranquilo, Rafa —murmuró Guillermo, cerrando los ojos lentamente.
—¡De tranquilo, nada! ¡Lo han escuchado todo, Guillermo! ¡Absolutamente todo! —estaba cada vez más furioso, con lo que su voz subió un par de octavas más de lo normal.
—Yo… lo sentimos mucho, no era nuestra intención… —traté de excusarme, retrocediendo hasta apretar la espalda contra la pared de la iglesia, deseando con todas mis fuerzas fundirme con ella. Me ardían las mejillas de la turbación.
Nicolás, sin embargo, se había quedado ahí, inmóvil, clavado en el suelo como si le hubiese alcanzado un rayo, mirando a Guille con la boca abierta.
—¿Eres gay? —cuestionó, y algo en su tono de voz hizo que la pregunta sonase casi a insulto. Guillermo se estremeció visiblemente y me miró con aire culpable y triste. Asintió lentamente, y de pronto pareció diez años más viejo —. Eres gay —repitió Nico, esta vez como una afirmación, mientras componía una mueca de desagrado.
—Nico, déjale en paz —intervine yo, molesta por la actitud de mi compañero. Guillermo estaba increíblemente pálido, y me miraba únicamente a mí.
—¿Y tú también eres gay? —interrogó Nico a Rafa a bocajarro, el ceño fruncido como si tuviese delante un desagradable plato de cucarachas.
—¿Qué? ¿Yo? —dijo Rafa. El enfado había desaparecido de pronto, dando lugar a la inseguridad y el temor. Miró a Guille con algo parecido al miedo antes de empezar a soltar palabras de forma incoherente y desordenada—. No, yo… Es decir… Bueno, no… Yo… yo… eh…
—No te preocupes, Rafa. No pasa nada —murmuró Guille, y la compasión que sentí por él en ese momento fue infinita.
Entonces fue Rafael quien se mordió el labio inferior. Nico, por su parte, le observaba con los brazos cruzados sobre el pecho, como esperando una respuesta convincente. Bajo su atenta mirada, Rafa tragó saliva con fuerza y dijo:
—No, sí que pasa, Guille. Lo siento, pero yo… Estoy confuso. Tengo que irme. Adiós.
Y sin decir una sola palabra más, dio media vuelta y se alejó corriendo en dirección a la fiesta.
—Cobarde —mascullé yo por lo bajo de forma inconsciente. Pensé en seguirle para decirle a la cara lo que pensaba de él, pero recordé que había un conflicto aún mayor a mis espaldas.
Al volverme, me encontré con un Guillermo decaído que era sometido al minucioso escrutinio de Nicolás, quien lo observaba como si se tratase de un espécimen nuevo y extraño.
—¿Y eso de ser gay tiene cura? —preguntó. Y pese a lo mucho que le quería, en ese momento quise darle un buen bofetón.
Guillermo alzó de pronto la cabeza, reaccionando por primera vez. Parecía sorprendido y molesto al mismo tiempo.
—¿Cómo que cura? No es una enfermedad, ¿sabes?
—Sí que lo es —replicó Nico con vehemencia—. Y deberías hacértelo mirar.
Guillermo parpadeó un par de veces como si no diese crédito a lo que oía.
—Tú sí que deberías hacerte mirar tu estupidez extrema, ¿sabes?
—¿Perdona?
—Métete en tus asuntos y déjame en paz, homófobo de mierda— le gruñó Guille, apretando los dientes con rabia.
—¡¿Cómo me has llamado?!
Guille dio un paso adelante hasta quedar a escasos centímetros de Nicolás.
—Homófobo de mierda. ¿Te lo escribo?
—No, muchas gracias. Por cierto, deberías ir a por una fregona, lo estás poniendo todo perdido de aceite.
Yo estaba atónita. Jamás había visto a Nicolás y a Guillermo tan enfadados, aunque estaba totalmente de parte del pelirrojo.
—¡Nicolás! Déjale en paz ahora mismo, ¿me oyes? —le grité, sujetándole por el hombro y tirando de él para separarlo de Guillermo.
—¡Puedo defenderme yo solo, Inés! —estalló el pelirrojo, haciendo que me detuviese en seco, sorprendida por la rabia de su voz.
—¡No le hables así! —chilló Nico, zafándose de mi agarre y abalanzándose sobre Guille, con lo que ambos acabaron rodando por el suelo, intentando golpearse—. ¡O mejor dicho, no vuelvas a hablarle, a ver si vas a contagiarle algo!
—¡Eres el mayor gilipollas del planeta! ¡Y eso sí que puede resultar contagioso! ¡Enciérrate en tu cuarto y no vuelvas a salir de él, le harás un favor al mundo!
—¡Tú eres el que debería estar encerrado! ¡Tú y todos los que son como tú!
—¡Parad los dos de una vez! —chillé yo, tratando en vano de separarlos, lo que me resultó imposible debido a la fuerza que tenían los dos chicos. Sentí las lágrimas correr por mis mejillas al ver el labio partido de Nico y la sangre manchando el pómulo de Guille. Perdí el equilibrio al sujetarlos y yo también caí al suelo —. ¡Qué paréis! ¡Por favor, dejad de pegaros!
De pronto, una mano surgió de la nada, agarrando a Nicolás del cuello de la camisa y arrancándolo del agarre de Guillermo sin miramientos. Me incorporé y me limpié los ojos con el dorso de la mano para encontrarme de pronto con Sergio, que mantenía una distancia prudencial entre los otros dos chicos, que estaban manchados de barro y tenían los brazos y la cara cubiertos de golpes y arañazos. Ambos jadeaban, mirándose con odio.
—Esto se está convirtiendo en una costumbre —gruñó Sergio, que parecía muy molesto—. ¿Cuál es vuestro problema? Parecéis dos críos de Primaria.
—Es él, ¡es gay! —dijo Nicolás.
—¿Qué? —preguntó una voz que reconocí al instante, y solo entonces fui consciente de que Marta estaba justo detrás de Sergio, agarrándose a su hombro de una forma casi cariñosa, lo cual logró terminar de confundirme del todo—. ¿Es eso cierto, Guille? ¿Eres gay?
—Sí, lo soy. ¿Algún problema? —espetó él, alzando la cabeza como si la desafiara a responder.
—No, por mi parte ninguno, solo me ha sorprendido —respondió Marta, con una sinceridad tan arrolladora que la línea de tensión desapareció de los hombros de Guillermo. El pelirrojo miró a Sergio con suspicacia, y él alzó una ceja.
—Creo que el otro día, en el callejón, dejé bien claro que yo tampoco tengo nada en contra de la homosexualidad —dijo, y Guillermo suspiró cerrando los ojos.
—Lo sé. Lo siento. No he tenido un buen día… No tengo ganas de hablar con nadie. Creo que me voy a casa. Hasta el lunes —se despidió, abrumado, y al pasar junto a Nico le dirigió una mirada de profundo odio, seguida de otra de disculpa hacia Sergio. Cuando su cabellera casi ígnea desapareció entre los contrafuertes de la iglesia, Sergio soltó a Nico y le miró con desprecio.
—Yo también me voy. Adiós —masculló Nico, y moviéndose deprisa para que Sergio no volviera a interceptarle se fue corriendo.
Yo suspiré, nerviosa y disgustada, y entonces sentí las miradas de mi hermana y Sergio posadas en mí.
—¿Qué? —pregunté, incómoda.
—Que nos expliques qué demonios ha pasado aquí, por ejemplo —gruñó él, pero yo me quedé mirando la forma en la que Sergio sujetaba suavemente a Marta por la cintura y me crucé de brazos.
—Mejor aún, ¿y por qué no me explicáis qué ha ocurrido entre vosotros?
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Hola!! ¿Qué tal estáis? Espero que bien, jaja. Pido disculpas a las trillizas, sé que dije que intentaría actualizar el sábado pero al final no pudo ser, llegué tarde a casa y como me entretuve con el último fic de la actividad Momentos Perdidos aún no tenía escrito el cap…
Bien, este ha sido un capítulo un poco conflictivo… ¿Qué os ha parecido? Creo que muchas os habréis llevado una desilusión con Nicolás, ¿eh? Y, al menos yo, también con Rafa…
Por cierto, no os preocupéis porque en el próximo capítulo, el POV Marta, no empezará después de esta pregunta por parte de Inés, sino desde el beso, jajaja. No voy a dejaros sin saber qué ocurrió después de eso…
Espero que os haya gustado, ¡nos leemos el próximo domingo!
Recordad que cada palabra mía que es leída me impulsa un poco más alto, ¡gracias!
Un besazo enorme,
Meri