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El color de los sentimientos — capítulo 22

POV****Inés

Tras las palabras de Nico, el silencio cayó como una losa sobre nosotros. Él aguardaba inmóvil con la mirada perdida y expresión sombría. Y entonces, Sergio dio un par de pasos lentos hacia él y colocó una mano sobre su hombro.

—Lo siento —dijo, con un tono mucho más serio y maduro de lo que hubiese podido imaginar viniendo de él—. Sé cómo te sientes.

Nicolás alzó despacio la mirada hacia Sergio, quien era unos centímetros más alto, y susurró con voz neutra:

—No, no lo sabes.

—Sí, lo sé. Mis padres también están divorciados —ante el aplomo y la tranquilidad con la que Sergio pronunció estas palabras Nico se sobrecogió.

—¿De verdad? —preguntó en un murmullo de sorpresa, abriendo mucho los ojos. Sergio asintió.

—Se separaron hace dos años, unas semanas después de que mi hermano mayor se fugara de casa —ante la expresión asombrada de Nico, Sergio sonrió—. Mi familia es una perla, ¿eh?

—Yo… yo… lo siento, no pretendía… —balbució Nico, claramente incómodo al sentirse culpable por el rumbo que había tomado la conversación.

—No te disculpes, no pasa nada. Lo tengo muy asumido —dijo Sergio, encogiéndose de hombros—. En el momento duele, y no te voy a mentir, lo pasarás mal unos días, puede que incluso algunos meses. Pero después te acostumbrarás, simplemente porque no te queda otro remedio.

—No parece muy justo —murmuró Nico, a lo que Sergio respondió con una sonrisa enigmática:

—¿Y quién ha dicho que la vida sea justa?

Nico sonrió levemente, nervioso, y el otro chico le apretó el hombro que aún sujetaba con un gesto reconfortante.

—Venga, tranquilo. No te diré que no es para tanto porque ahora mismo y desde tu punto de vista sí es para tanto. Pero créeme que con el tiempo dejará de serlo.

Nicolás suspiró lentamente, inclinó la cabeza y asintió varias veces, con aire cansado.

—Perdón —intervino entonces Guille, dando un paso adelante—. Sé que probablemente no sea el momento, pero… ¿qué tenía que ver eso conmigo? ¿Simplemente tenías que desahogarte con alguien y me tocó a mí?

—No, no, no es eso… Bueno, sí. Es… es complicado —trató de explicarte Nico, enrojeciendo ligeramente—. Verás, mis padres… siempre estaban discutiendo. Ninguno de los dos pasaba nada de tiempo en casa, y por ello yo me quedaba siempre solo. Y mi padre… él es bastante… recto, por decirlo de alguna forma. No trata demasiado bien a mi madre y nunca fue muy cariñoso conmigo… A veces le oía diciéndole a mi madre que me tenía demasiado desatendido, y que yo acabaría siendo un don nadie o algo así. Y cuando él se enteró de que me encantaba escribir… —Nico se detuvo un segundo y se estremeció—. El sábado le echó en cara a mi madre que era por su culpa, por no procurar mezclarme con chicos de mi edad con los que jugar al fútbol y hablar de chicas, "hacer cosas de hombres", como él las llama. Básicamente, dijo que yo era una nenaza debido a la falta de cuidado de mi madre y que solo me dedicaba a estupideces de chicas, que lo único que me faltaba era ponerme a hacer punto. No creo que sea esa la causa de su divorcio, pero igualmente me afectó un poco porque me dolió que mi padre dijese eso de mí… y que se enfadase con mi madre, que ni siquiera sabía que me gustaba escribir…

Nico se calló de golpe, como si temiese haber hablado demasiado, y nos miró a todos con miedo.

—Entonces —susurró Guillermo—, si lo he entendido bien, tu padre piensa que el hecho de que te guste escribir es síntoma irrefutable de que eres gay y quieres ser como una chica, y le echa la culpa de eso a tu madre. ¿He comprendido en esencia lo que has dicho?

Nico asintió, y Guille se pasó una mano por la cara, casi con desesperación, como si no pudiese creerlo.

—Yo puedo resumirlo aún más —dijo Sergio, cuya expresión tranquila estaba adornada por una sonrisa de suficiencia y burla, como si todo aquello le pareciese demasiado ridículo—. Nicolás, tu padre es gilipollas.

—No puedo creerme que esté diciendo esto, pero estoy de acuerdo con Sergio —declaró Marta.

—Y yo —terminó Guille—. En primer lugar, no encuentro relación entre ser afeminado y que te guste escribir, que es un arte muy respetable y productivo. En segundo lugar, tampoco veo qué tiene que ver que te gusten los hombres con sentirte mujer, porque yo soy gay pero te puedo asegurar que soy un chico de los pies a la cabeza, y ni me va hacer punto ni me voy a poner a dar saltitos porque lleguen las rebajas de invierno. Tercero, no sé por qué tiene que gustarte el fútbol para ser muy "masculino", y aunque suene contradictorio con respecto a lo que acabo de decir tampoco sé por qué tienes que odiar la costura si eres un chico. Y cuarto y último punto: ¿qué culpa tiene tu madre de que te guste hacer lo que te guste hacer? No comprendo el proceso mental por el cual tu padre llega a la conclusión de que ella es la responsable.

—Yo tampoco lo comprendo —dije yo, hablando por primera vez desde la confesión de Nico—. Y, como somos mayoría absoluta, me uno a Sergio: perdón por la expresión, pero tu padre es gilipollas. Probablemente incluso te haga bien estar lejos de él durante un tiempo… De todas formas, Nico, Marta y yo también te comprendemos. Nuestra madre era profesora de dibujo, y cuando éramos pequeñas nos enseñó a pintar. Pero mi padre odiaba esas cosas porque las consideraba una pérdida de tiempo, y nos dio bastantes palizas tanto a nosotras como a nuestro hermano por encontrarnos dibujando… Pero nunca hemos dejado de hacerlo. ¿Y sabes por qué? Porque nos encanta, y nos recuerda a ella, a cuando todavía estaba con nosotros. Y no lo dejaremos solo porque no sea del agrado de nuestro padre.

Marta asintió con convicción, y Nico nos miró con algo parecido a la admiración. Guille bajó los ojos, y yo supuse que su hermano Miguel ya debía de haberle puesto al corriente de nuestra situación familiar. Sin embargo, Sergio nos dirigió a ambas miradas de estupefacción.

—¿Vuestra madre ha fallecido? —preguntó en un susurro. Después, miro a Marta y murmuró solo para ella—. No me lo habías dicho.

—No me lo preguntaste —respondió ella, cortante—. ¿Y por qué das por hecho que ha muerto en vez de haberse ido de casa? O a lo mejor nuestros padres podrían estar separados y nosotros elegimos vivir con él en vez de con ella.

El tono gélido de sus palabras y lo que estas implicaban podrían haber echado atrás a cualquiera.

Pero claro, Sergio no era cualquiera.

—Porque tu hermana ha dicho "cuando todavía estaba con nosotros". No "cuando nuestros padres estaban juntos", ni "cuando aún éramos una familia unida y feliz". Solo da a entender que se ha ido. Si vuestros padres estuviesen separados y vosotros hubieseis elegido quedaros con él, presupongo que sería una elección enteramente vuestra porque probablemente le querríais más a él, y con el tono de voz que ha empleado Inés da a entender todo lo contrario. Así que esa posibilidad queda descartada. Y respecto a lo de fugarse… No hay rencor en las palabras de tu hermana. Tampoco es una opción.

—Si se hubiese fugado, no necesariamente tendríamos que guardarle rencor —argumentó Marta, pero de nuevo Sergio sacudió la cabeza.

—Cuando una persona importante y cercana a ti se va, deja un rastro de rencor. Siempre.

—No si la queríamos lo suficiente.

—Al contrario, precisamente por quererla mucho el rencor sería mayor —susurró Sergio con tono apresurado, como si dispusiese de un tiempo limitado para hablar de ese tema—. Cuanto más quieres a esa persona, más te duele su marcha. Por eso sé que vuestra madre no se fue.

Guillermo, Nicolás y yo nos habíamos quedado en el más absoluto de los silencios. Había algo, un rayo de chispas, uniendo las miradas de Marta y Sergio en ese momento. Podía parecer simple desafío, pero yo conocía a mi hermana lo suficientemente bien como para saber que ella estaba al tanto de algo sobre Sergio que yo desconocía.

Y en esa única mirada ambos se transmitían más cosas de las que podrían expresar con palabras.

Finalmente, fue Marta la que cedió. Relajó la expresión retadora de su rostro para convertirla en una de cansada comprensión, y asintió.

Se giró hacia Nico y abrió la boca para decirle algo, pero entonces sonó de nuevo el timbre sobresaltándonos a los cinco, que nos miramos sorprendidos como si nos hubiésemos dado cuenta de pronto de que llevábamos todo el recreo juntos.

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¡Hola! ¿Qué tal? ¿Habéis pasado un buen Halloween? ¡Espero que sí!

¿Os ha gustado este capítulo? Como veis, Nico está aún algo confuso y bastante afectado por lo de sus padres, pero Sergio se ha puesto a animarle sin pensárselo dos veces. En este cap he tratado de mostrar que, bajo esa capa de tipo duro que muestra Sergio, se esconde un chico herido por las circunstancias.

Ah, y en este capítulo también empieza a verse otro punto importante de la trama que tiene que ver con los cinco chicos… Jajaja, nada, no me hagáis caso, es una tontería, pero me gusta pensar en este cap como en una especie de "inicio". A ver si sabéis por qué…

Bueno, y sin más dilación, me despido.

Gracias a todos y todas por leer, ¡y gracias también por comentar!

Un besazo enorme,

MA.A