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El color de los sentimientos — capítulo 29
POV****Guille
"—Y, Guille… Suerte con tu chico."
Las palabras de mi hermano congelaron la sangre de mis venas. Me giré sobre mis talones muy lentamente, asustado.
—¿Lo… lo sabías? —balbucí. Él se limitó a sonreírme.
—Siempre lo he sabido, enano.
—¿Tanto se me nota? —musité, disgustado, pero él sacudió la cabeza de un lado a otro.
—En absoluto. No se te nota nada. Pero te conozco, hermanito.
—¿Y papá y mamá…?
—No creo que lo sepan. Al menos, yo no se lo he dicho —explicó pacientemente. Yo le miré a los ojos con miedo.
—¿Y no te molesta?
—¿Debería? —respondió él, encogiéndose de hombros. Sin poder evitarlo, corrí hasta él y me lancé a sus brazos, abrazándole con fuerza como antes.
—Gracias, Miguel. Eres el mejor —susurré.
—Lo sé —bravuconeó él—. Anda, vete a hablar con él.
Asentí y corrí a por mi teléfono móvil. Seleccioné el número de Rafa en la lista de contactos y aguardé ansioso, hasta que su voz sonó al otro lado de la línea.
—¿Guillermo?
—Hola, Rafa —saludé atropelladamente—. Oye, ¿crees que te dejarían salir ahora de casa?
—Eh… No-no creo, vamos a comer… —tartamudeó él, incómodo.
—¿Y después? —insistí con tono apremiante.
—Pues… no sé… a lo mejor…
—Estupendo —le interrumpí—. Nos vemos en una hora en tu portal. Hasta luego, Rafa.
Y sin más, colgué, sintiendo que los nervios me engullían.
Una hora después, me recostaba indolentemente contra las paredes del edificio en el que vivía Rafael. Entonces, las luces del portal se encendieron, y mi amigo bajó de un salto los últimos escalones, tras lo que salió a la calle.
—Hola —le dije.
—Hola —respondió él, apartando la mirada de forma esquiva.
Bufé.
—A ver, Rafa, esto no puede seguir así. No te he pedido que colabores conmigo en ningún asesinato. Simplemente te he dicho que estoy enamorado de ti. Eso no significa que exija que me correspondas, pero no estaría nada mal que me dijeses algo. Al menos, que no me evitases.
—Yo no te evito… —murmuró él.
—Sí, Rafa, sí que lo haces. Me pediste tiempo para pensarte lo nuestro, y acepté. Pero no estás usando ese tiempo para pensar nada. Lo único que haces es escapar de mí, como si fuese a atacarte de un momento a otro, y la verdad es que…
—Lo siento —me interrumpió, alzando por primera vez la mirada.
—¿Qué? —solté, algo sorprendido.
—Eso. Que lo siento, Guillermo. Es que… todo esto ha sido muy repentino, y… En fin, que sí que tengo una respuesta.
—¿En serio? —pregunté, emocionado.
—Sí. Y lo cierto es… que acepto. A salir contigo, quiero decir. Me… me parece bien.
No era exactamente la respuesta que esperaba, pero me valía. Vaya que si me valía. Solté una exclamación de euforia y le abracé, extasiado. Él se estremeció, y finalmente respondió tímidamente a mi abrazo.
En ese momento no fui del todo consciente de lo que me había dicho. Tardaría un tiempo en analizar detenidamente su respuesta y darme cuenta de que no parecía la resolución de alguien frente a la proposición de mantener una relación sentimental, sino lo que diría cualquiera ante la posibilidad de irse de excursión al monte. Pero en ese instante yo estaba demasiado conmovido como para pensar con claridad, y pasé esto por alto.
—¿Te vienes a mi casa? —le propuse, risueño. Él se encogió de hombros.
—Bueno… Espera un segundo.
Rafa se volvió hacia el portero automático de su edificio y, tras pulsar el botón correspondiente a su vivienda, aguardó hasta que se escuchó la voz de su madre.
—¿Sí?
—Mamá, soy yo —dijo Rafa—. Oye, que me voy un rato a casa de… un amigo.
No lo reconocería en voz alta, pero lo cierto era que ese "un amigo" expresado con tono vacilante y poco convencido me hundió un poquito, cosa que oculté ensanchando mi sonrisa.
—¿Qué amigo? —preguntó su madre.
—Eh… uno —respondió evasivamente Rafa—. Hasta luego.
Y dicho esto se giró, me cogió de la manga de la camisa y tiró de mí hacia adelante, medio obligándome a caminar.
—¿Por qué has hecho eso? —pregunté algo molesto una vez que nos hubimos alejado de su portal.
—¿Hacer qué? —respondió él, apartando la mirada otra vez.
—Decirle eso a tu madre —aclaré, pese a que ambos sabíamos que no era necesario—. Me conoce perfectamente, ¿no podías haberle dicho que te venías conmigo?
—Eh… Sí, bueno, tienes razón… no me di cuenta —dijo, acelerando el paso.
Yo suspiré y le imité para quedar a su altura.
—Eres un pésimo mentiroso, Rafael —dije. Él me fulminó con la mirada, pero inmediatamente agachó de nuevo la cabeza, asumiendo que no me lo había tragado—. No importa, anda… Venga, vamos. Me he comprado un nuevo juego para la Play. Seguro que te gusta…
Esto sí que logró sacarle una sonrisa emocionada a Rafa, que me siguió medio corriendo por la calle hasta mi casa.
Subimos al apartamento y seguidamente fuimos a mi habitación. Mientras encendía la Play, Rafa leía los títulos de las carátulas de mis videojuegos, como hacía siempre que venía. Entonces, la puerta de mi cuarto se abrió y Miguel apareció, apoyándose contra el marco de la puerta.
—Hola, Rafael —saludó. Rafa le respondió con un cabeceo, sin apenas mirarle. Miguel frunció el ceño—. ¿Tu madre sabe que estás aquí? —preguntó, bromeando, como si hablase con un niño pequeño.
—Eh… claro —respondió él, pero yo intervine.
—No, solo sabe que está con "un amigo" —puse los ojos en blanco en dirección a mi hermano, consciente de que no debería picarme tanto por esa tontería, pero no podía evitarlo.
—¿Eso le has dicho a tu madre? —preguntó Miguel a Rafa—. ¿Que ibas a casa de "un amigo"? ¿No piensas decirle lo vuestro?
Rafa me miró con alarma y yo me encogí de hombros. Sinceramente, no me sorprendía que mi hermano hubiese deducido quién era el chico del que le había hablado.
—No, no voy a decírselo —dijo Rafa.
—¿Por qué? —preguntó mi hermano.
—Pues porque no quiero que sepa que tengo un amigo gay.
Entonces, la voz de mi madre ahogando un grito nos sobresaltó a los tres.
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¡Hola! ¿Qué tal? Vale, pues aquí tenéis el último POV de los chicos… ¿Os ha gustado?
Y sí, ya sé que tengo muuuchos comentarios sin responder, pero es que hoy he estado un buen rato con el ordenador escribiendo y me lo han quitado... En cuanto lo recupere me pongo a responder.
¡Muchas gracias por leer y comentar, y felices fiestas a tod@s!
Un besazo enorme,
Meri