← Crepúsculo la saga: Eclipse de fuego · de
Crepúsculo la saga: Eclipse de fuego — capítulo 4
Nunca habría podido imaginar que las cosas podrían haber terminado así.
En estos momentos, lo único que sentía era una profunda satisfacción. Mi pecho estaba lleno de algo cálido, que lo inflaba y me hacía sentir algo curiosito. No podía dejar de esbozar una sonrisa mientras él me acariciaba el cabello.
— Espero que haya quedado más que satisfecho con mi amor explícito, señor Clearwater. —me dijo Jake, con su irresistible voz. Él también sonaba complacido.
— Claro que sí, señor Black. Lo consideraré en mis próximos movimientos, se lo aseguro. —respondí mientras me estiraba y él me acurrucaba más hacia él con su brazo izquierdo. Yo estaba usando su pecho como mi almohada, aferrándome a él con ambas manos. Su mano derecha estaba en mi cabeza, jugueteando con mi cabello.
En estos momentos, no podía encontrar algo más parecido a la victoria. De alguna forma, habíamos empezado bien, luego me había entrado un pánico de impotencia, y terminamos juntos y bien. Apenas tuve tiempo de acordarme de las hamburguesas que habíamos dejado. A mí todavía me esperaban diez, pero a Jake le esperaba casi toda la bandeja. No había probado más que una, y le había quedado una pequeña parte de la misma.
Pero eso no venía ni al caso en estos instantes.
— Te dije que no era tan difícil amarme, Jake. —le musité mientras me aferraba más a su musculoso pecho.
Él soltó algo parecido a una leve risotada.
— Tenía que verlo para creerlo, Seth. Aunque debo decir que esto no debe ser puramente sexual. Tengo intenciones más serias contigo, mi niño.
— Lo sé, pero aún no puedes sacarte a… ella de la cabeza.
— Intentaré no pensar mucho en ello ahora que estás aquí. Perdóname por haberte hecho llorar.
— No te preocupes. Eso fue culpa mía. Yo pensé cosas y…
— Me pregunto cómo reaccionaría Leah al saber que su hermano menor ya ha tenido intimidad, incluso antes que ella. —murmuró distraídamente, lo que me hizo reír.
— Seguramente intentaría arrancarme la cabeza.
— ¿Eso sería cuando le dijeras que fue conmigo?
— No. Si le dijera que fue contigo primero te arrancaría la cabeza a ti.
— No sería la única que lo hiciera —murmuró, un poco más serio—. A veces me pregunto cómo tomarían esto en la manada.
— No estarás considerando en anunciar… lo que sea que tengamos, ¿verdad?
— Vamos, Seth, no tienes por qué evadir la palabra. Si no la quieres usar, adelante. Aunque creí que tú serías el más entusiasmado…
— No me malinterpretes. No estoy evadiendo la realidad. Me preocupaba más por ti. No tengo ningún problema en reconocer que somos novios. Porque lo somos, ¿no es así, Jake? —alcé la vista para poder verlo directamente a los ojos mientras me respondía. Al hacerlo, él me dedicó una sonrisa pícara.
— No, supongo que no hay problema en eso. Digo, menos que eso no podríamos ser, considerando lo que sentimos por el otro y lo que hemos hecho hasta ahora.
Ésta vez fue mi turno de reír.
— Entonces esto queda como una relación oficial, ¿verdad?
— Técnicamente no lo es, porque nadie más lo sabe.
— Podría serlo aunque el resto de la gente no se enterara jamás.
— Tarde o temprano cometeremos un error, Seth, por más pequeño que sea, y nos pondremos en evidencia. Eventualmente cometeremos un error, y quien sabe cómo nos irá con el resto de la manada.
— Ya veo. Pero, si les explicamos…
— ¿No tienes miedo de lo que podrían pensar de nosotros, Seth?
Su pregunta me dejó pensando por varios minutos, en los que ninguno apartó los ojos del otro. Seguramente él estaba intentando prever mi reacción, y yo no le quitaba los ojos de encima porque quería verificar que su pregunta fuera cierta.
— ¿Acaso tienes miedo de tus amigos, Jacob Black? —le pregunté, sintiendo que los músculos de mi rostro se contraían para esbozar una sonrisa despectiva. Jake, en cambio, no sonrió, sino que su semblante se tornó más serio.
— Piensa en todo lo que estaríamos arriesgando si ellos se llegasen a enterar, chico. No es algo muy fácil de digerir, en especial porque no conocemos a nadie que sea como nosotros.
— No lo sé. Jared no me convence para nada… —intenté bromear con ello, lo cual conseguí con éxito. Mi… mi novio, vaya, se rió.
— Sí. Hay que sonsacar a ese tipo para que suelte la sopa un día de estos. Seguro que anda tras de Paul.
— Es una suposición muy interesante. —le dije.
— Me gusta estar aquí, contigo. Es relajante.
— Sobre todo porque estás aprendiendo a no lastimarte con cosas que jamás van a pasar.
— No profundicemos en el tema, chico. No creo que quieras ser tú el que arruine el momento tan delicado que tenemos, ¿cierto?
— Mmm… —fingí pensarla un momento—. No. No quiero arruinarlo. —comenté, acurrucándome más sobre su pecho.
— Eso es lo que quería escuchar. —canturreó mientras jugueteaba más con mi cabello. En algún momento debió de besarme la cabeza.
Jake tenía razón. Yo no iba a echar a perder este momento tan hermoso, tan íntimo, tan especial.
Pero alguien más sí lo haría. Estábamos relajándonos cuando escuché que había un abrupto girón de llantas, mismas que entraron en la tierra.
La tierra enfrente de la casa.
Billy estaba de vuelta.
— ¡Joder! ¡Vístete, Seth! —gritó Jacob, levantándose de pronto y tirándome al suelo sin haberse percatado. Nos movimos tan rápido como podemos y volvemos a la sala para sentarnos ante la televisión. Entonces recordé…
— ¡Las hamburguesas! ¡Voy por ellas, Jake! —le dije mientras él prendía el televisor. Derrapé un poco al girar en la cocina, me tomé el tiempo necesario para verificar que, quien quiera que hubiera traído a Billy, todavía siguiera en el automóvil, y entonces me dio un vuelco en el estómago al ver que mi madre había sido la responsable de traer a Billy.
Por un momento me paralicé, pero Jake se aclaró la garganta en la otra habitación, motivo por el cual regresé corriendo y le dejé su bandeja con las once hamburguesas.
— Come. —me ordenó, tomando el cachito de la que había dejado. Tomé una hamburguesa más y le di un mordisco enorme, con el que desaparecí más de la mitad de ella. Jake hizo lo mismo con una nueva hamburguesa.
— ¡Hemos llegado, chicos! —anunció la voz atronadora de Billy.
— Hola, papá. —lo saludó Jake en cuanto se tragó su mordisco. Se agachó para tomarle a su botella de soda.
— Sue ha venido a comer con nosotros, espero que no te importe. ¿Quedaron hamburguesas, hijo?
— Técnicamente las acabamos de sacar.
— Ah, menos mal —dijo Billy, quien se asomó por el umbral hacia la sala. Mi madre venía justo detrás de él. Nos saludó amablemente y a mí me dirigió una sonrisa inusualmente amplia.
— Tu hermana está en el perímetro —me dijo mamá—. Pidió que te avisara por si querías ir a dar una vuelta con ella.
— Lo tendré en consideración, mamá. Gracias.
— Ah, Jake, los líderes quieren saber qué sucederá contigo.
— ¿Acerca de qué? —preguntó el interpelado.
— Acerca de tu condición con respecto a Isabella Swan. Tenemos entendido que ha elegido ser convertida a vampiro por voluntad propia. Sam ha presentado el caso, y ha dicho que no se estaría violando el tratado si eso pasa.
A mi lado, pude sentir cómo Jake empezaba a tensarse. Oh, no. Con lo bien que estábamos hacia un par de minutos.
Y justo cuando él me había pedido que yo no lo estropeara. Tarde o temprano, Bella se convertiría en una especie de tabú. Con tal de proteger a Jacob de sus momentos de enfado o de depresión, tendría que ser una medida necesaria.
Pero no era justo que, además de recordarle que Bella estaba irremediablemente fuera de su alcance, también tenía que decidir si consideraba legal algo que él querría impedir a toda costa. Era evidente que lo negaría y que diría que es una completa violación al tratado, ¿pero qué tanto daño le causaría?
Parecía increíble cómo las cosas se ponían justo del lado contrario de la balanza en un abrir y cerrar de ojos.
Estaba haciendo una ronda rutinaria, de esas que ya ni hacen falta gracias a la falta de trabajo, pero de vez en cuando hacía falta una salida en nuestra forma lobuna, para romper la rutina, ya sabes. En ese momento, siento algo en la mente de Sam.
Sal de fase, me ordenó al instante.
¿Por qué?, inquirí. No entendía nada de ello.
Y no ocupas entenderlo. Sal de fase, por favor.
Sam, ¿qué pasó?
¡Sal de fase ahora mismo, Seth!
Oh, cielos. La voz autoritaria del Alfa. Eso era un problema mayor.
Reconociendo la derrota, salí de fase en un abrir y cerrar de ojos. Me vestí con parsimonia y me crucé los brazos sobre el pecho, esperando algún indicio de los demás. No estaba preparado para irme a la casa, y seguramente no querría hacerlo todavía, no con Leah haciendo preguntas demasiado molestas. Al parecer tenía la impresión de que yo sacaría una varita mágica para tranquilizar a Jake.
Se había sentido demasiado presionado con respecto a la conversación que había mantenido con su padre hacía cinco días. Desde entonces, las patrullas no han sido lo mismo. Cuando finalmente se pudo incorporar a ellas, no pensaba en otra cosa que no fuera Bella. ¡Y darle con Bella! Era doloroso saber que, sin importar cuánto me esmerara en ayudarlo a que no le doliera más, el testarudo no entendía que no debía preocuparse más de la cuenta por ella. Que la dejara ser feliz con Edward. Yo lo haría, y habría dado mi consentimiento de que se le permitiera ser convertida. Pero claro, siendo el más chico de la manada, importa un soberano cacahuate lo que yo tenga que decidir.
Alcé la vista e intenté perderla entre las copas de los árboles, pero n dejaba de pensar en la urgencia de Sam por haberme obligado a cambiar de fase. Los minutos pasaban en silencio, sólo interrumpido por el ruido de la naturaleza.
Entonces, al pasar una cantidad considerable de tiempo, un lobo aulló en las lejanías. Reconocí al autor en seguida. Era Sam, nuevamente. Me quité el short, lo até al cordón de cuero y entré en fase en seguida.
Antes de que me regañes, Sam, lo hice porque pensé que estabas en peligro.
No te culpo por preocuparte, Seth, pero no era necesario, de veras.
¿Y dónde están los demás? No los oigo. Bueno, esta Jacob… ¿pero a dónde cree que va?
Sam no me contestó. Había silencio entre nosotros tres. Los demás debían de haber salido de fase.
¿Sam?
Mira, Seth. Antes que nada, quiero que tomes esto con la mejor reacción posible. Cálmate y no cometas nada tonto, ¿bien? Te ordeno que permanezcas con la mente fría en todo momento.
Puedo con ello, Sam. No hace falta que desconfíes de mí.
No, chico. Esto va más allá de lo que me puedas prometer. Mira, por lo mismo hice que los demás salieran de fase. Ahora escúchame atentamente. Jacob no volverá.
Intenté procesar esa información como pude. Concluí en que era una broma pesada.
No, no lo es. Jake tiene que pensar… algo que le ha surgido de pronto.
¿Y qué es, Sam?
Mira,empezó él. Ya estarás al corriente del futuro compromiso entre Edward Cullen y Bella Swan. Bueno, al vampiro se le ocurrió entregarle una invitación formal.
*Eso…*intenté alegrarme por el compromiso, pero cuando recordé a quién estaban lastimando, me resistí.
Lo sé. Sé bien que te llegaste a encariñar con los Cullen, pero no es momento para la flexibilidad. Es momento de ponerse solidario con tus hermanos, los Quileute. Lamentamos la partida de Jacob, pero quiero pensar que volverá algún día.
Oh, vamos. Tenemos casi quinientos kilómetros de alcance para la telepatía. Seguro que vuelve porque nos escuchará, sopesé. Quería pensar en esa probabilidad.
Todos queremos pensar que va a volver, pero por el momento no puedo decirte…
Saldré de fase, Sam.
No me amenaces, chico.
No es una amenaza. Necesito aire.
Y salí de fase antes de que pudiera replicarme.
Jake se iba, y no sabía a dónde. Me tomó un poco de tiempo el asimilar eso, y entonces vino el primer ataque de depresión.
Sin siquiera haberme molestado en quitar el short del cordón de cuero para poder vestirme, empecé a deambular sin rumbo alguno en el bosque. No podía pensar en otra cosa que no fuera la incertidumbre acerca de él. ¿A dónde se iba? ¿Por cuánto tiempo? ¿Podría reunir fuerzas para despedirme de todos e irme a acompañarlo, fuera a donde fuera? La realidad me aplastó con un absoluto "no".
Ojalá los líderes de la tribu jamás hubieran considerado la votación de Jake en esto. Ojalá ellos se hubieran hecho cargo de todo, así él no hubiera tomado de esa manera el hecho de que la pareja humana-vampiro le hubiera invitado a la boda. Ahora no sabía ni qué debía hacer, ya que mi querido Jake se largaba de manera indefinida, a un lugar indefinido. ¡Cómo me gustaría ir con él!
Pero no se podía. Por más que lo deseara, mis sueños no se volvían realidad con sólo desearlo. Ya que había trabajado mucho tiempo al intentar convencerlo de que yo le beneficiaría mucho más que Bella, y jamás le haría daño. Pero él no entendía nada, y seguía haciéndolo. Daño a él, a Bella, a su familia, a la manda y a mí.
Entonces agradecí por haber pensado primero en salir de fase, así nadie estaría hurgando en mis pensamientos y juzgándome por lo que estaba sintiendo ahora.
La impotencia, señores, es el mejor arma para asesinar al hombre enamorado.
Pero no pensaba rendirme así como así con mi querido Jake. Tendría que aprender a ser paciente y esperarlo junto a los demás. No me quedaban más opciones que tomar, así que me empecé a recordar mentalmente que todavía había mucho en qué pensar. Mamá y Leah, por ejemplo. Yo era el hombre de la casa, y tenía que estar ahí para ellas en los momentos en los que se extrañaba a papá. Eran momentos de la familia que n podía pasar de largo.
Pero me preocupaba Jacob. Yo sentía una terrible obligación moral por reunirme con él, y aquí estaba, deambulando desnudo a la mitad del bosque. Fácilmente podría entrar en fase e intentar burlar la orden directa de Sam…
¿A quién engaño? Nadie puede hacer eso. Absolutamente nadie.
No había dado ni tres pasos más cuando mis rodillas chocaron limpiamente contra el suelo terroso. Mi respiración se había empezado a acelerar a la vez que mis ojos empezaban a ponerse nublosos.
Un horrendo sollozo proveniente de mi pecho rompió la tranquilidad del bosque. Lo último que recordé es que me llevé ambas manos al pecho y pedí infinitamente por la seguridad de mi novio, que ahora enfrentaba sus problemas a distancia. Sin nadie más. Sin mi apoyo.
Y eso me hacía sentir como una mierda.
¿Cuándo dejaríamos de sufrir para poder estar juntos?