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Crepúsculo la saga: Eclipse de fuego — capítulo 5
Por definición general, la existencia de un hombre lobo que se ha resignado a una existencia puramente animal, podría considerarse dentro de los parámetros de una existencia puramente inferior a la estipulada por los antiguos filósofos para la calidad de vida del hombre o de todo ser con la capacidad de pensar y razonar por sí mismo. Y es que esa existencia puramente existencial era la que yo había elegido para mí mismo.
Resultaba inquietante la frecuencia con la que las palabras "existencia puramente" estaban apareciendo como nexos en mis pensamientos parcialmente humanos. Era como si se me estuviera agotando el repertorio de comunicación, lo cual no me debía sorprender para nada, si consideramos que no había hecho el menor esfuerzo por prestar atención a las palabras de la manada. Los más insistentes eran Quil y Embry, pero constantemente los mandaba al demonio.
Resultaba curioso que Seth no intentara contactarse conmigo cuando sentía que estaba en fase, pero finalmente podía comprender su silencio. Estaba más que enojado conmigo, lo sospechaba bien.
Aún así, no era como que me dedicara a pensar en todos mis asuntos humanos.
Me encontraba en no sé qué parte del norte, bajo la luz de la luna llena. El bosque alrededor de mí tenía varias sombras misteriosas, cortesía de la poca accesibilidad de la luz lunas al corazón del bosque. Enfrente de mí estaba un enorme venado, cuya cornamenta debía medir un metro, metro y medio, al menos. Estaba dormitando junto a un ejemplar más pequeño, pero no me interesaba ese individuo. Aunque igual podría zampármelo si el grande no me satisfacía.
Me agazapé para concentrarme en no hacer un solo ruido con mis patas, mirando detenidamente al venado. El mismo no parecía haberse dado cuenta de mi presencia. Mejor para mí. Tenía hambre.
Hundí las garras en la tierra húmeda, calándola. Estaba muy suave. Perfecto. Mejor para mí. Tomé una gran bocanada antes de lazarme hacia el venado, quien despertó en el último momento. Le mordí la yugular con cierta impaciencia. Y es que de verdad tenía hambre. En el camino, no había encontrado nada más grande que las cabras, lo cual era un poco decepcionante, sobre todo si querías que los granjeros no se enteraran de que había algo allá afuera que se estaba comiendo a su rebaño de animales. Un día, al pasar por cierta granja a la mitad de la noche, me pareció ver un rebaño de vacas, y esa noche me pregunté si podría comerme una yo solo.
Ahora, mientras disfrutaba al venado grande, no me quedaba de otra más que conformarme con ello. Y no lo decía con la intención de menospreciar este sabor, es que me había invadido la curiosidad de comerme esa vaca.
La noche de hoy estaba bastante silenciosa. No sabía en qué día me encontraba o en dónde estaba, pero ni siquiera me interesaba. Lo único que me había llamado la atención era el hecho de que hoy no escuchaba a ninguno de la manada. Absolutamente a nadie. ¿Por qué no había nadie? Siempre tenía ese tedioso momento en el que los escuchaba a ellos, a pesar de no haber parado de viajar en línea recta por dos días seguidos. Consideraba que, basándome en el tiempo que pasé corriendo, y en la velocidad con la que lo había hecho, ya había llegado bastante lejos. No me sorprendería tener que llegar a una zona con hielo semi permanente. Menos mal que me había dejado la melena desde humano. Menuda falta que me hará en estas zonas tan gélidas.
Resultó deprimente mi cena. En cuanto terminé con toda la carne, apenas quedaron los huesos y alguno que otro pescuezo para ser chupado, pero nunca había sido muy fanático de eso. Me limpié el hocico con una hiedra que estaba cerca y me eché a correr de nuevo. Necesitaba deambular más para terminar realmente agotado. Así, los sueños se disminuían en su máxima expresión. Además, eso indicaba que podía comer más al día siguiente. Empecé a determinar si mañana me tocaba un alce o algo más por el estilo…
Psst, escuché una voz en mi cabeza. Le gruñí a modo de respuesta. No tenía ganas de comunicarme con nadie. Generalmente solía ignorar las voces, pero esta noche me había hecho a la idea de que, por primera vez, podría acostarme sin más reprimendas por parte de la mana, en las cuales, curiosamente Sam no había hecho participación alguna.
¿Jacob?
Perfecto. Era Leah.
Mira, Jacob, sé perfectamente que no vas a contestar absolutamente nada, pero sé perfectamente que sí nos puedes escuchar. No es como que te hayas salido de la manada como para no sentir que estamos hablándote. Vengo como portavoz de la manada. Bueno, un portavoz no oficial.
Dum. Dum. Dum. Dum. Mis patas contra la tierra. Y nada más.
Descuida, Sam no me ha enviado a hablar contigo. Fue una iniciativa propia. La cuestión aquí es que alguien tiene que hacerte entrar en razón, hombre.
Razón. Ya le daré yo algo de su dichosa razón.
Adelante, las amenazas no son algo nuevo para mí, Jacob, pero tienes que escucharme. Como si te quedara alguna otra opción.
Claro que la tenía. Podría gruñir y pisar con más fuerza para sofocar su comunicación, y a ver si la idiota seguía balbuceando.
Y pensar que todos decían qué yo era la ruda de la manada. Ya, hey, en serio, no sabes el daño que has causado acá. Sobre todo en mi hermano.
Gruñí.
Ya sabes lo mucho que Seth te quiere. Eres un gran amigo para él, e incuso te ve como una especie de hermano. Si estoy aquí es porque él me preocupa. No ha sido el mismo desde que te fuiste.
Genial. El Síndrome Bella podría haber afectado a Seth.
Pues básicamente es eso, explicó la loba, pero no te preocupes, porque no hay forma de que mi hermanito se haya fijado en ti. Es sólo que es muy puro e inocente, y sus amistades también lo son. Lo dejaste muy molido cuando te fuiste, como a todos, pero a él le afectó mucho más. ¿Sabes que lo encontramos en su forma humana, llorando, aún con el short amarrado al tobillo? Sam me explicó qué había pasado, porque yo no estaba en fase durante tu despedida. Con eso de que me mandaste al demonio cuando intenté pedirte que dejaras todas estas… Bueno, ya sabes, tus momentos de obsesión y depresión.
La loba lo estaba haciendo a propósito, lo sabía. Esa mujer era capaz de todo con tal de que uno se sintiera mal.
Y seguiría así sólo por creer que soy tan maldita con mediomundo, Jacob, pero no es así. Estoy preocupada porque tu movimiento pueda repercutir en todos nosotros.
Como si realmente te interesara alguno de nosotros, que no fueran Sam o Seth, le espeté al final.
¡Vaya! ¡El hijo prodigo ha encontrado su voz humana!
No por mucho, Leah. Realmente no quiero tener nada que ver con los humanos por un tiempo.
Es una pena, porque Seth quiere saber si irás a la boda de Bella.
¿Y para qué querría ir?
Todos hemos sido invitados, y a Bella siempre se le escapa que quiere verte. Bueno, más que escapársele, parece que tiene cierto comportamiento obseso-compulsivo a la hora de recordárnoslo.
Pues no puedo ir. Aún no me han dicho nada en la tienda de los esmóquines.
Basta de esas cosas, chico.
No, tú basta de estas cosas. No es justo.
¿Y tú crees que lo hago a propósito? Sólo te paso los malditos recados de mi hermano.
¿Cómo sigue?, pregunté intentando aliviar el humor de perros de la loba.
Emitió un bufido mental.
Buen detalle el del mal chiste. Pues está haciéndose el fuerte, ya sabes. No es como que sea una tarea sencilla para él, pero por lo menos lo intenta. He visto en su mente, no de manera literal, pero sí he visto más o menos lo que piensa, en base al brillo de sus ojos. Y sinceramente no lo puedo creer.
¿Qué cosa?
La forma en que se ha deprimido por tu partida. Es como si le hubieran sacado una parte de su alma y la hubiera extraviado para siempre.
¿Y qué esperabas, Leah? Seguro que se hubiera puesto así con la partida de cualquier otro. Ese chico nos quiere demasiado a todos nosotros.
Sí, ese es el problema de ser Seth. Es tan cariñoso con todas las personas a las que conoces, incluyendo a los chupasangre y… la aspirante.
¿A qué te refieres?
Digamos que últimamente ella ha llamado mucho. Hoy en la mañana lo sorprendí conversando con ella en el teléfono de la cocina. Hablaban sobre algo relacionado con su boda, porque a mi hermano se le había hecho extraño que los invitara. Entonces me quedé al lado de él y estuve al pendiente de las palabras de la… chica, y resultó ser algo auténtico. Se casan el trece de agosto.
¿Y cuándo demonios es eso?
En una semana. Exactamente una semana.
Entonces le quedaba una semana de vida a Bella. Y yo aquí, en los límites de la tierra, cazando venados y corriendo en lugar de irme a despedir de ella.
Pues ahí está, me dijo Leah, usa la boda como la oportunidad perfecta para despedirla.
Y de paso le entrego mi corazón al asqueroso chupasangre para que lo triture y lo beba ahí mismo. Me encanta la idea. Estoy súper emocionado.
No tienes que ser tan cínico, hombre. Si en realidad quieres despedirte, ése sería el momento ideal. Bueno, yo digo.
Estás plenamente consciente de que o ella o yo saldremos lastimados de esa plática.
Será un alto precio a pagar, pero sabrás que es lo correcto.
¿Y por qué piensas eso?
La loba fingió sopesar la respuesta a ello por unos instantes.
Tal vez, no sé, sería la oportunidad para que finalmente te hagas a la idea de que ella no será tuya jamás. Así podrías volver a donde perteneces, chico.
Chico… ¿desde cuándo Leah me llamaba chico?
No entiendo a qué vienen todas estas cosas de consejos de la Doctora Corazón.
A que no quiero ver que mi hermano menor esté sufriendo por tu ausencia. Le importas mucho.
Sí. Tengo una idea exacta de cuanto le importo a Seth.
Entonces, si de verdad te importa mi hermano, le harás el favor de aparecerte en la boda. Hazlo por él, ya que no puedo yo. Y di que ya lo intenté todo, pero de verdad no hay efecto alguno en él. Tuve que encargarme yo de su reinscripción a la preparatoria de la reservación.
Me alegra que al menos podrá seguir con eso.
Jake, no seas tan arrogante y ridículo. Por favor, detén esta locura y regresa.
Es increíble que tú me lo estés pidiendo.
No es exactamente la sencillez en todo el sentido de la palabra, pero tenía que intentarlo.
No tengo intenciones, Leah, así que olvídalo.
No sabes lo que estás diciendo…, comentó mientras su voz se fue desvaneciendo. Al instante comprendí que estaba solo. Era el único en fase.
Me había acostumbrado a llevar una existencia plenamente sencilla, pero todo se había echado a perder en un momento de debilidad. ¿Para qué demonios le había contestado? Ahora sentía que todos mis problemas regresaban. Los intentaba evitar para no exponerme ante la manada, pero ahora no veía una alternativa.
No sabía si alguien podría entrar en fase en ese momento, de manera que decidí alocarme y arrojarme a la forma que estaba evitando justamente para evadir el dolor. Pero ahora no servía de mucho estar evitándola. A decir verdad, en mi forma humana podía sufrir todo lo que quisiera sin arriesgarme a que los demás escucharan lo que pasaba por mi cabeza. Eso sí que era un buen plan.
Reduje el paso de mi avanzada y me preparé para reunir ese calor que me devolvería a mi forma humana, cuando de pronto sentí que una nueva mente entra en el juego.
Ah, con mi hermana sí que puedes hablar.
El escuchar esa voz, con esetono, me provocó un vuelco en el estómago. En primera, porque hacía mucho que no lo había intentando. En segunda, por la forma adulta que había adoptado. En tercera, porque estaba furioso conmigo.
Tu hermana lo empezó todo, intenté justificarme.
Pero no puedes contestarle al resto de la manada, ¿verdad?
No, Seth. No es lo que…
Pero sí que puedes dirigirle la palabra a mi hermana. Lo sé bien. La vi afuera, contrayendo el rostro y erizando su pelaje, cuando sabía que los demás estaban dormidos. ¿Con quién más se hubiera comunicado de esa forma, pues, sino contigo?
¿Acaso estás insinuando que estás celoso… de tu hermana?
A estas alturas no sé qué pensar, Jacob. Te fuiste porque Bella se casa, le diriges la palabra sólo a Leah, y ahora me hablas a regañadientes. ¿Qué te está sucediendo?
El chico me estaba criticando. Eso no se valía.
Seth, créeme que no es por ti. Tengo que solucionar esto…
¿Y cómo explicas que te hayas comunicado mejor con mi hermana?
No lo puedo explicar. Es que… ella comprende…
¿Qué era lo que ella comprendía? ¿Lo que se sentía ser despojado por un enamoramiento? No era excusa suficiente, porque yo le estaba haciendo exactamente lo mismo a mi querido niño.
Y ahora te carcomes por la culpa. En serio, Jake, nada de esto pasaría si simplemente la olvidaras. Sabes las alternativas que tienes.
Gracias, Seth. Sabes que las aprecio mucho. Pero…, me detuve en seco.
¿Pero?
Suspiré.
Pero creo que no estoy listo para los cambios. Ya sabes, perder cosas por las que he luchado para conseguir.
No eres el único que está luchando. Sé cómo estás, y Leah también. Es comprensible que la hayas solicitado para conversar.
No la solicité.
Pero accediste. Creo que necesitabas una especie de conversación imparcial.
Claro que sí. Nada como hablar con tu cuñada de closet para mejorar tu maldito complejo de impulsivo mártir.
No sé qué tienes, Jake. En serio. Eres muy inestable.
Pues ya deberías saberlo. Eso es lo que te gusta de mí, ¿no?
No te atrevas a levantarme el tono, Jacob Black. No tienes derecho en nada.
Bueno, considerando que ya hicimos el amor, supongo que tengo derecho a hacer lo que se me dé la gana.
Error fatal. Pude sentir cómo el chico empezaba a gruñir allá en La Push.
No sé quién cuernos te crees, pero no me vas a tratar de esa manera. ¡Soy tu amigo!
¡Un amigo que me sedujo y me causa más conflicto del que ya tengo! ¡En serio, Seth! ¡Esto es jodidamente caótico! ¡El que sea un hombre no quiere decir que todos mis amores me pueden estar pisoteando para ver si lo resisto! ¡Ser hombre no me vuelve alguien poderoso ante el amor! ¡De verdad, Seth!
Amor, ¿entonces?, preguntó una tercera voz. La voz de Sam.
¡¡¡!!!
El chico y yo dimos un respingo. Sabíamos que todo se había echado a perder.
Leah me comunicó que estabas en fase, Seth, y quise venir a ver qué pasaba. A pesar de que ella quería venir, le dije que se fuera a dormir. Y ahora veo todo.
Mierda. ¡Mierda, mierda, mierda!
Seth, sal de fase. Iré a tu casa para hablar personalmente contigo. Jacob, luego hablaré contigo. Cara a cara.
Jake…, suplicó Seth.
Suficiente, Seth. Sal de fase ahora, le ordenó Sam con esa atronadora voz del Alfa. Me lamenté para mis adentros mientras el chico desaparecía.
¿Qué le harás a Seth?, inquirí.
En estos momentos no sé qué pensar, Jacob. Será mejor que mantengas la distancia por un momento.
¡Sam! ¡Si te atreves a tocarlo…!
Dudo mucho que puedas salvarlo desde donde fuera que estés ahora. Suponiendo que hubiera algún motivo para hacerlo.
¡Sam Uley! ¡No vas a lastimar a Seth!
¡SILENCIO, JACOB BLACK! No eres NADIE para decirme qué hacer y qué no.
Y salió de fase, dejándome con la palabra en la boca. Al instante en el que sentí su desaparición, me invadió un pánico enorme. Seth, mi Seth iba a sufrir el castigo. ¡Yo sabía que era peligroso platicar de estas cosas en nuestra forma lobuna! ¡Tenía que regresar! Y lo haría, por mi vida que lo haría.
Me sentí presionado con esta nueva preocupación. Seth iba a ser castigado, lo sabía. ¡La reacción de Sam no me relajaba para nada! ¿Qué le haría a Seth? ¿Lo evidenciaría ante la manada, ante los líderes, ante su madre? ¿Por qué la estúpida de Leah tenía que haberse entrometido? ¿Por qué?
¿POR QUÉ, DEMONIOS?
Me dejé llevar por la sencillez de mis instintos. No lobunos esta vez, sino humanos. Me di la media vuelta y me dirigí hacia el sur, empleando toda mi velocidad posible. No tenía forma de salvar mi amor por Bella Swan, pero sí que podía evitar que me marchitaran el otro amor que aún me esperaba cuando terminara de liquidar al anterior.
Para eso, no haría falta mucho tiempo. Tenía que regresar a salvar a Seth.
Aunque algo dentro mí reconocía que llegaría tarde, muy tarde. El daño ya estaría hecho.
Y más que hecho. Como esto era algo nuevo entre nuestra tribu, saldría a la luz en menos de quince minutos, me horroricé. Intenté no pensar en los rostros furiosos de Sue, Leah, Paul, Jared, Embry, mi padre…
Aullé a la luna mientras el suelo desaparecía debajo de mis patas. Todavía tenía una oportunidad, y estaba decidido.
Por mí, Bella Swan se puede ir al carajo. Lo hará en siete días, así que ¿qué importa? Ahora mi prioridad era Seth, estaba convencido de ello, a pesar de nuestra discusión previa.
Sólo esperaba que el chico pudiera resistir sin mí.