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Crepúsculo la saga: Eclipse de fuego — capítulo 6

No tenía conocimiento suficiente como para poder enfrentarme a la situación tan peliaguda que tenía entre manos, de manera que confié en la seguridad que mi pequeña alcoba me podía proporcionar en estos momentos. Intenté llegar lo más rápido posible desde que salí de fase, porque estaba hiperventilando, con las lágrimas en los ojos. Al pasar por la sala, me encontré con el rostro contrariado de Leah, quien primero había adoptado una apariencia retadora.

No obstante, al pasar  a su lado, pude ver por el rabillo del ojo que se alarmaba.

— ¿Seth? ¿Qué tienes, hermano?

La ignoré y me dirigí rápidamente a mi habitación. Seguí hiperventilando aún después de que le cerré la puerta en las narices y le puse el pestillo para que no pasara. Siendo la mitad de la noche, no se atrevería a alzar la voz o a aporrear la puerta para entrar. Despertaría a mamá.

¿Cómo demonios había sido tan estúpido como para creer que podía conversar tranquilamente con Jake? Bueno, tranquilamente no, porque había entrado en fase con la intención de reclamarle. ¿Por qué había sido tan idiota como para haber cometido esa tontería? ¿Por celos? ¿Por los malditos celos que había sentido de mi estúpida hermana mayor? ¡Sí que debía de estar loco! ¡Y ahora Jake y yo pagaríamos por mí error, por mí tontería, por mí inseguridad! Seguro que Sam ya le está imponiendo la voz del Alfa para obligarlo a volver. ¿Y qué será de nosotros, entonces?

Los sollozos amenazaban con escapar de mi pecho, pero empeñé una gran cantidad de fuerza en retenerlos, aunque fuera a costa de estar hiperventilando y conteniendo las lágrimas en los ojos. Podía escuchar cómo Leah llamaba mi nombre del otro lado de la puerta, sin recibir respuesta.

Vete a la mierda, hermana, pensé con toda la furia que pude reunir.

Luego recordé que la culpa había sido mía por haberme encelado.

Al borde de mi cabecera, me hice un ovillo, abrazando mis piernas con mis brazos, y dejándome llevar por las convulsiones de los sollozos, que no parecían reducirse.  Quería encontrar la motivación perfecta para poder tranquilizarme, pero el peso aplastante de la reacción de Sam no me dejaba en paz.

¿Cuánto tiempo podría tardar en llegar de su casa, o de donde fuera que estuviese, a la puerta de la mía? ¿Quién saldría a recibirlo, mamá o Leah? ¿Qué sucedería conmigo?

En la manada, jamás se había hablado de la homosexualidad, no de manera seria. Comúnmente nos echábamos la bronca amistosa entre nosotros, misma en la que me tenía que ver involucrado para no levantar más sospechas. Pero eso no importaba ya, pues todo estaba arruinado. Íbamos a perder, y Jake no estaría aquí conmigo.

Cómo me encantaría que lo estuviera.

Necesitaba hablar con él y tenerlo a mi lado.

Tenía miedo. Mucho miedo.

Finalmente, las lágrimas encontraron su vía de escape mientras mis convulsiones deprimentes no paraban. Sollocé en la voz más baja que pude para no llamar la atención de mamá.

No obstante, Leah podía escucharme.

— Seth, por favor —susurró. Alguien normal no podría escucharla, pero yo la escuchaba con claridad, aún por encima de mis sollozos—. Necesito que abras la puerta y me digas qué pasó. ¿Sam te hizo daño?

— Vete al demonio. —murmuré antes de que un enorme sollozo se me escapara.

Y perdí el autocontrol.

Hundí mi rostro en mis piernas, dejando que mis lágrimas corrieran libres. Estaba solo, hiciera lo que hiciera. Jake estaba en una parte muy lejana, quizá Canadá, y no llegaría aquí hasta en un par de días. ¿Y qué pasaría mientras tanto, pues Sam venía directamente hacia acá? La idea de enfrentarme hacia lo desconocido y responder ante el Alfa sobre mi enamoramiento me carcomía, me ofuscaba y me apretaba el pecho, junto con todo lo demás. Será una fuerza tangible, que hacía que mi posición fetal se forzara aún más.

Ya no podía pensar en nada más que mi propia destrucción. Después de todo, yo había sido el idiota que se atravesó en la conversación. Jake debía de tener sus razones para no hablar conmigo, como por ejemplo, evitarse el dolor de dejarme aquí, o de irse sin mí.

Y yo había sido tan idiota como para creer que mi hermana me estaba rivalizando, que quería quitarme a Jake para quitarse la carga de su amor fallido con Sam.

¿Así o más patético el asunto?

Mi hermana volvió a llamarme, y nuevamente la ignoré. Dudaba ser capaz siquiera de frenar el sollozo y las convulsiones, al menos de momento.

¡Vamos, Seth!, me dije en el interior de mi cabeza. ¿Acaso no eres un hombre? ¡Demuéstralo! ¡La mirada en alto, siempre firme!

Era fácil repetirme esas cosas en el interior de la cabeza, ¿pero llevarlas a la vida real y hacer partícipe de ellas? Eso costaría más trabajo.

No podría costarte más que la aceptación de tu transformación a licántropo. Vamos, Seth, aún con la muerte de…

No. Si estaba irremediablemente deprimido, pensar directamente en la pérdida de mi padre no ayudaría mucho.

Oh. Lo pensé sin querer.

Una nueva ola de llanto me impactó.

— Es mi culpa —murmuré—. Toda es culpa mía. Mi culpa.

— ¿Qué es tu culpa, Seth? —preguntó Leah. La volví a ignorar.

— Yo lo hice. Fue mi iniciativa, y fue mi culpa que él creyera cosas. Y yo creí, yo destruí…

— Abre la puerta, hermano.

—…toda mía,  y de nadie más. Yo lo hice. Yo lo hice…

— Si no abres iré por mamá.

— Mejor ve por Sam. Ya debe de haber llegado, ¿no?

— ¿Sam? No sé de qué estás… —se detuvo en seco. Al instante escuché unas pisadas en los guijarros enfrente del portón. Leah debió percatarse también.

Sentí cómo sus pasos se alejaban con parsimonia, dirigidos hacia mi verdugo final.

¿Por qué le había declarado mi amor a Jacob? Ahora mismo, él podría estar sufriendo su pena por perder a Bella, y sólo esa pena. Ahora también debía sufrir por mí.

Las convulsiones iban transformándose…

Si tan sólo pudiera hablar con él un poco más. Sólo un poco. ¿Se habrá quedado en su forma lobuna? Necesitaba comprobarlo.

Lentamente, retiré la cabeza y los brazos de mis piernas. Necesitaba bajarme de la cama para no romperla. Aunque, por otro lado, mi urgencia era tal que no podía interesarme mucho por la cama.

Me puse en pie mientras el último espasmo de mi sollozo humano se manifestaba, y en unos instantes me sentí en cuatro patas. Escuché un ruido metálico de protesta a mi izquierda; la cama se había vencido de éste lado. No me importó.

¿Jacob? ¿Jacob Black?

Aquí estoy, Seth. ¿Cómo estás?

Sentí un alivio al escucharlo. Intenté visualizar lo que él veía en su momento. Llanuras de bosques pasaban veloces ante él.

Sí, estoy volviendo a La Push. ¿Crees poder resistir hasta que lo logre?

Tengo mucho miedo, amor, sollocé*.*Estaba seguro de que se me había salido un quejido lobuno.

Tranquilo, chico. Aquí estoy contigo.

Físicamente no lo estás, Jake. Y te necesito ahora.

Lo sé, mi niño, pude sentir cómo se le quebraba la voz en la última voz. Él también estaba sollozando del otro lado. No tienes idea lo mucho que me duele que estemos pasando por esto.

A mí me duele mucho el haber provocado esto. Perdóname por haber reaccionado así. ¡Perdóname, Jacob! ¡Por el amor de Dios, perdóname!

No hay nada qué perdonar, Seth, pero si hay algo que puedes hacer por mí.

Lo que sea, cielo.

Resiste, ¿sí? Resiste a que yo llegue. Y entonces estaré contigo siempre.

¿Y qué pasará por tu amor por Bella?

Bah, suspiró. Y luego me dejó ver sus últimos pensamientos.Eso es lo que pasará.

¡Cielos! ¿Tan pronto la dejarás ir?

Es que falta una semana para su boda, ¿sabes? Y si voy a llegar en dos o tres días a Washington, no es como que vaya a tener tiempo de arreglarme. Ya sabes, conseguir una vestimenta, cortarme el cabello, quizá rasurarme.

Sólo déjate la sombra, sugerí. Te ves varonil con algo de vello facial.

¡Oye!, fingió estar dolido por mi comentario. Los dos reímos un poco.

Sam ya está aquí, le informé.

¿Dónde estás?

En mi habitación.

¿Te transformaste dentro de tu casa? ¡Cómo lo pensaste siquiera!

Necesitaba platicar contigo, amor.

Al otro lado de la puerta, escuchaba dos pares de pasos que veían energéticamente, pero aún con la cautela para no despertar a mamá. Pude sentir cómo ambas personas de detenían ante la puerta, y una de ellas empezaba a tocar con el puño.

¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda!

No vayas a perder la cabeza, Seth. Por favor, resiste y haz lo que te digo.

¿Y qué es eso?

Mi novio tardó un buen momento en responder.

No te delates, no aún. Si ellos no tocan el tema directamente, tú cierra el pico, chico.

¿Cómo le hace uno para salir de closet? Es tan común en las demás personas.

No en nosotros, Seth. Tenemos costumbres antiguas. Nunca ha habido algún homosexual en la tribu.

Que tú supieras, le dije.

Que yo supiera, exacto. Quizá nadie se atrevió a decirlo.

Podríamos ser nosotros, Jake. Podríamos marcar la diferencia.

Por ahora limítate a conversar con ellos. Vuelve a ser humano. Te acompañaré en espíritu, mi pequeño tontito.

Te amo, Jacob, susurré.

Tanto como yo a ti, Seth.

Y ya estaba hecho. Ahora no podíamos hacernos para atrás en ningún aspecto.

Había conseguido que Jake finalmente dejara atrás a Bella. De algo me sirvió el haberme encelado injustamente con Leah: él reconoció lo que le convenía. Pero aún no estaba seguro de que eso fuera cierto, con lo cambiante y explosivo que es Jake…

Sólo por esa suposición, tendré que confirmártelo en cuanto todo se pueda aclarar a nuestro favor.

Me pregunto cómo será.

Lo del día de la parrillada será cosa de niños en comparación.

Pero somos niños, intenté bromear, pero me salió terriblemente mal.

Vete, reúnete con ellos. Buena suerte, pequeño tontito.

Gracias.

Y salí de fase en el momento en el que él pensaba en nuestro primer beso. En el instante me puse a buscar otros shorts, porque los que tenía puestos se destruyeron al entrar en fase. Fui hacia el mueble que estaba al lado de la puerta y saqué otros pantalones recortados exactamente iguales a los que había perdido. Me los puse con lentitud y me encaminé hacia la puerta. Le quité el pestillo y la abrí lentamente.

A pesar de la urgencia por  querer hablar conmigo, ninguno de los dos empujó la puerta ni se dejó pasar cuando la abrí por completo. En lugar de eso, los rostros de los antiguos enamorados demostraban incredulidad. No los culpaba. ¿Cuándo habían conocido a un homosexual? Nunca, que yo supiera.

— Seth… —empezó Sam, pero se quedó ahí, con la boca abierta. Las facciones de su rostro se contraían y se acomodaban de tal manera que me dejaba ver que se debatía en el interior por encontrar las palabras adecuadas para mí. Miré de reojo a mi hermana, quien no dejaba de mirarme con los ojos abiertos de la sorpresa, al igual que su boca.

Y yo sin poder encontrar palabra alguna o poder controlar mis lágrimas. Al menos los espasmos no estaban existiendo.

— Seth… —volvió a repetir el Alfa.

— ¿Cómo…? —inquirió Leah, quedándose a la mitad, justo como su ex novio. Miré a los dos en busca de cualquier indicio de rechazo. Sólo encontré confusión.

Sólo eso.

— Bueno… digan algo —grazné. Mis cuerdas vocales estaban dañadas por tanto lloriqueo. Miré directamente a los ojos de mi hermana, esperando una iniciativa por su parte.

— Mira, Seth —fue Sam el que habló, arrastrando las palabras—, no sé ni cómo empezar…

— Trata de que no sean golpes tan duros, ¿de acuerdo? —le dije, agachando un poco la cabeza en representación de mi sumisión y total aceptación de mi castigo.

Sin embargo, sentí dos manos en mis hombros, y esas manos me invitaron amablemente a alzar la vista. Sam me miraba con cierto aire diferente. Era como una aura paternal.

— Seth, no sé a qué crees que estás jugando…

— Ustedes no aprueban la homosexualidad, ¿verdad?

Silencio aplastante.

— Sé que no lo hacen —proseguí—. He sido testigo de mil y una formas de comentarios que quizá podrían ser graciosos para ustedes, pero no para mí. He estado aguantándome las ganas de callarlos para no sufrir las consecuencias de mis acciones, pero estoy harto —hice una ligera pausa. Como para subrayar mis palabras, unas nuevas lágrimas se resbalaron por mis mejillas—. No puedo soportar más, y sé que Jacob tampoco podría hacerlo. Quiero que les quede muy en claro que estoy enamorado de Jacob Black, y sé que él está enamorado de mí también.

— Pero Bella… —empezó Leah.

— Y un cuerno con la participación de Bella en el asunto. Ella se casará en una semana, ya tenemos la invitación, ¿recuerdas? Paso mucho tiempo en Forks, hablando con Edward, ¿recuerdas? Me cae bien, muy bien. Pero ellos no tienen nada que ver aquí, en especial Bella.

— Pero Jacob la ama —replicó mi hermana—. La ama, hermano. Hemos sido testigos de eso. Nunca ha habido alguna evidencia de que ustedes hubieran confabulado. Y de existirla. No querría…

— ¿No querrías qué? ¿Ver cómo el maricón de tu hermano se revuelca con otro hombre?

— No es eso, Seth. Yo sólo…

— No entiendo qué es lo que quieren hacer al intentar conversar, pero esto no avanzará mucho. Si me van a castigar, que sea ahora.

Más silencio aplastante, pero ésta vez, Sam no tardó mucho en romperlo.

— Cuando los encontré conversando de esa manera, no podía creer lo que estaba escuchando. Estaban tan ocupados en sus asuntos que ni siquiera me sintieron integrarme. No lo  hubiera hecho de no ser por tu hermana, que me llamó por teléfono. Estabas afuera, transformado, pero ella sabía que no podía haber nadie más allí afuera, así que supuse que conversarías con Jacob.

— Y tenía razón. —comentó ella.

— No obstante —prosiguió él—, me he llevado una impresión enorme. Cuando decía que tú eras muy apegado con Jacob, jamás me imaginé que ese nivel de fraternidad fuera tan… tan literal.

— ¿Y a qué estás esperando para aplicarme mi castigo?

— ¿Castigo?

— Pues te enojaste mucho cuando nos cachaste hablando.

— Esto no es algo que pueda manejar yo solo, y no puedo contar con la palabra exclusiva de Leah. Como dije, tenía que venir a asegurarme de lo que estaban hablando fuera cierto.

— Pues lo es —levanté la voz, mientras sentía que mi preocupación se esfumaba y dejaba paso a algo que se estaba inflando en mi pecho. Era orgullo—. Soy un chico gay, y yo, Seth Clearwater, estoy enamorado de mi amigo Jacob Black. Él ha sido mi razón de felicidad desde hace años, desde antes de la manada. ¿Qué más puedo decir? Cuando pienso en él, de buena forma y sin preocupaciones, me siento realizado. Siempre lo vi como un objetivo imposible, pero el destino me lo puso en mi camino. Sé que me ama, y yo estoy segurísimo de lo que siento por él. lo digo por si se les había ocurrido que quizá podía estar confundido.

— Es que sólo tienes catorce años, Seth…

— Voy para los quince, y si no sabías, él tiene dieciséis. No nos diferenciamos mucho en la edad.

— Lo sé, pero ¿Jacob? ¿En serio, hermano? ¿Jacob?

— ¿Qué estás queriendo decir con eso?

— Yo… no negaré que me siento decepcionada por tu elección de pareja. Eso no está bien, hermano. Es un error grave. —dijo con un semblante demasiado sombrío.

— No tienes por qué soportarlo, hermana. Puedo irme esta noche y nunca volver. Viviré con Jake, allá en la naturaleza. Eres una condenada homófoba…

— No seas idiota, hermano. Me refería al hecho de que hayas elegido a ese zoquete como pareja. Es un desastre, en serio.

Me pasmé. Tanto Sam como yo nos volteamos a verla, como si se le hubiera zafado un tornillo.

— Me estás de broma. —murmuró Sam.

— Pues no, no lo estoy, Sam. Si mi hermano lo ha elegido, ¿por qué no me alegraría eso? Aunque insisto chico, Jacob no podría ser una buena opción…

— ¿Pero lo estás aceptando?

— ¿Acaso estás demasiado enamorado como para no captar lo que sucede alrededor tuyo, hermano? Te he dicho que lo apruebo.

— ¡Oh, Leah! —sin siquiera pensarlo me abalancé hacia ella y la abracé por la cintura. Apoyé mi rostro en uno de sus hombros, y las lágrimas volvieron a salirse. ¿Qué importaba lo que viniera después, cuando mi hermana estaba de mi lado?

A mi lado, sentí que Sam se tensaba ligeramente. Al parecer Leah también lo sintió, porque se giró hacia él y le espetó:

— Haz algo que lastime a mi hermano y te las verás conmigo.

— Leah, tienes que comprender que esta situación va más allá de lo que nosotros contemplamos…

— ¡Y una mierda con lo que tenga contemplado! Esto no afecta en nada a la manada. Ellos dos están enamorados, ¿y qué? ¿Lo vas a impedir con alguna absurda impronta?

Ouch. Golpe bajo. No me separé de mi hermana, pero sí me tensé.

— No puedes olvidarlo, ¿verdad?

— Ahora que lo dices, no. Por eso apoyo a mi hermano. Además, él es libre de amar a quien quiera. Pero eso sí —el tono de mi hermana se volvió más tenso— tengo una intolerancia para los desamores, así que creo que sabes lo que sucederá si mi hermano es lastimado. Y tú no  me lo vas a impedir.

Tragué saliva. Hacía unos momentos, temía por lo que Sam nos pudiera hacer, pero ahora temía por si la amenaza de mi hermana hacia mi novio se convertía en algo más que una frase.

Los días pasaban en tranquilidad.

Cuando menos pensaba en lo que había ocurrido esa noche, y en lo asustado que estaba, más feliz me sentía en mi vida. Además estaba el hecho de que Jake tenía que llegar tarde o temprano, lo cual me ponía de un humor más considerable.

La noticia de mi presunta relación con Jake se extendió por la manada al cabo del amanecer. Cuando salí a hacer la ronda, sentí que todos estaban presentes en su forma lobuna. Recordé cómo todos estaban acribillándome con preguntas, desde el paradero actual de mi novio y cómo se la estaba pasando, hasta preguntas realmente indecorosas e íntimas para tratarse de una pareja que ellos jamás habían visto. Paul fue el más descarado al preguntarme quién de los dos asumía el rol de "la chica". Leah le calló con una frase algo alzada de tono, sugiriéndole que se guardara esas dudas por el…

 Pero el momento realmente crítico de estos días fue el momento en el que tuvimos que explicarle la verdad a mamá. Yo no podía abarcar la conversación, así que le pedí de favor a Leah que lo hiciera por mí. Cuando vimos que la noticia le cayó más o menos bien, fui yo el que le dije que estaba queriendo empezar algo con Jacob. Nunca había visto a mi madre así. ¿Qué tenían ella y mi hermana contra mi amado? Seguramente no era nada serio, pero cuando le expliqué cómo estaban las cosas, se tranquilizó.

Incluso Leah, quien generalmente estaba muy malhumorada, se veía un poco más serena. "Bueno, se acabó el Síndrome de Sufro Mucho Por Bella", me había dicho anoche durante la cena.

El día de hoy yo me había quedado solo en la casa. Mamá había ido a casa de Billy y Leah había salido a hacer un recorrido general con la intención de despejarse de sus cosas. Ahora que las coas iban mejor, la perspectiva de la cada vez más cercana boda alteraba las cosas. Mamá y yo conversábamos animadamente sobre el asunto, pero Leah seguía comportándose de una manera muy digna de la manada. Y no lo entendía. Primero estaba defendiéndome de ellos y ahora se la pasaba pensando como ellos. A decir verdad, era la que menos se alegraba por el asunto. Tanto así era la situación que siempre fruncía la boca cuando me la pasaba al teléfono con alguno de los prometidos, en especial con Edward. Me sorprendía lo rápido que había formado una amistad con él, pero la apreciaba tanto como las demás. Era mentira eso de que licántropos y vampiros no pudieran coexistir en armonía. A mí n e causaba ningún conflicto ninguno de ellos.

Como mi madre estaría fuera todo el día, nos dejó a cargo de la limpieza. La descara de mi hermana paneas había barrido y se había ido, dejándome con el resto. Así, pues, estaba justo a la mitad del lavado de los trastes cuando el teléfono sonó. Me sorprendí por ello, pero me sequé las manos rápidamente, fui a la sala y contesté.

— ¿Hola?

— Hola, Seth, soy Bella.

¡Bella! Era un milagro que marcara. ¿Por qué lo había hecho?

Entonces recordé lo que le comunicamos a Billy, y lo que yo estaba esperando con ansias. Y es que él se lo había contado a Charlie, quien había tenido la iniciativa de repartir enormes cantidades de carteles de "¿Han visto a este chico?". Seguramente también se le había salido el comentario de que él ya estaría de regreso pronto. Si no, ¿para qué marcaba? Ya nos había dicho todo para mañana.

Aún así, mantuve mis buenos modales con mi buena amiga, y a la vez, mi antigua rival, aunque ella no lo supiera.

— ¡Ah, hola, Bella! ¿Cómo estás?

— Bien. —repuso, con una nota no muy convincente. Le seguí el juego.

— ¿Llamas para saber las últimas noticias? —inquirí, soltando la directa sobre mis sospechas.

— Pareces psíquico…

Intenté no reírme con ello. En realidad no había mucho que esperar de la futura novia. De acuerdo, decir que yo tenía esas habilidades tenía cierta parte de gracia, considerando que su propia cuñada tenía más de eso que yo…

— Para nada, yo no soy Alice —no pude más y esbocé una amplia sonrisa—. Es que tú eres bastante predecible.

— Sé que lo soy —prosiguió ella con un tono juguetón. Hubo una ligera pausa en la que ella vaciló—. ¿Cómo está él?

Suspiré. No sabía si le tenía que contar exactamente estas cosas a ella, considerando todas las eventualidades pasadas. No obstante, no la podía dejar sin saber algo de él. ¿Pero qué le podía decir? No estaba seguro de si ya le habían dado el recado de que estaba regresando, y que llegaría en unas horas cuando mucho.

Entonces pensé en cómo estábamos hace unos días.

—Igual que siempre. Se niega a hablar, aunque sabemos que nos oye —le dije, sintiendo una opresión en el pecho. ¿Por qué le mentía? Ella era una buena chica, y mi amiga. Y aún así, le estaba mintiendo—. Procura no pensar de forma humana, ya sabes, y se limita a seguir sus instintos.

Eso no era mentira del todo. Sus instintos románticos eran los que gobernaban su cabeza cada vez que entraba en fase y lo vigilaba. Llegó un punto en el que teníamos enfadada a la manada.

— ¿Saben su paradero actual? —siguió preguntando. Si no me equivocaba, ya debía estar cerca de la frontera de Canadá con Estados Unidos.

— Anda en algún lugar al norte de Canadá —resultaba alarmante cómo las mentiras se me salían con excesiva facilidad—, no sabría decirte la provincia. No presta mucha atención a las fronteras entre los estados.

Y así seguimos conversando sobre el: si había oportunidades de volver, la manera en que él reaccionaba a la forma en que Bella se preocupaba por él, y la mentira más grande que jamás pude haberle dicho a alguien: que él no volvía. Eso era puro egoísmo por mi parte, y lo sabía, pero no podía culparme por ello. Ya sabía que yo tenía una vena completa para los celos. Se había desatado en un ridículo momento gracias a mi hermana. ¡A mi propia hermana! Cuando ella no tenía nada que ver.

Si eso provocaba Leah, el que Bella viera a Jacob antes de casarse con Edward me provocaba algo muy cercano a la irritación.

Nuestra conversación siguió hasta que escuché unos pasos afuera de la casa, acompañados por un improperio soltado por ella.

— Esteee… Leah acaba de llegar.

— ¡Uy, adiós! —se alcanzó a despedir mientras yo colgaba el auricular y fingía que iba a recibirla en la puerta.

— ¡Hola, Leah! —saludé con entusiasmo. Quizá demasiado entusiasmo.

— Hola, Seth.

— ¿Qué tal en la peinada del sitio?

— Aburrida, como siempre. No sé por qué Sam insiste en que estemos paseando por ahí, cuando ya no vendrán esos chupasangres.

— Es por seguridad, supongo.

— Sí, claro. Ah, oye, te tengo algo que decir.

— ¿Qué es, hermana?

— Mira, sé que estás ocupado ahora mismo, pero pensé que podrías merecer un descanso.

— ¿Estás bien, hermana?

— Sí. ¿Por qué no habría de estarlo?

— No sé… me estás ofreciendo un descanso.

— Sí, pero por razones claramente justificadas.

Miré de soslayo a mi hermana, quien intentaba esbozar una sonrisa.

— Explícate. —le pedí con amabilidad.

— Bueno, el caso está en que estaba finalizando mi recorrido cuando encontré una visita muy curiosa y ansiosa.

— ¿Alguno de los Cullen? Seguramente sería Alice. Ella es la que organiza la boda.

— No —mi hermana torció la boca, demostrando lo poco que le agradaban los Cullen—, no es ninguno de ellos. Es alguien… mejor sal y velo por ti mismo.

— Bueno. —le dirigí una mirada de sospecha mientras avanzaba por la sala, directo hacia la puerta principal, que estaba entreabierta. La abrí completamente y, al tener una vista más completa del exterior, mi corazón dio un vuelco y se estremeció.

Era evidente que le esperaba, pero hasta dentro de unas horas, no ahora. El short, más roto y algo descuidado, apenas le cubría tres cuartas partes de los muslos, pero no le importó. Estaba cruzado de brazos y me dirigía una carismática sonrisa, de esas de las que me encantaban. Yo también sonreí al verle ahí parado.

Sin pensarla, corrí hacia él con los brazos extendidos. Él también extendió los suyos y me atrapó en el aire. Los dos nos abrazamos mutuamente mientras girábamos en nuestro sitio. Ahora todo estaba muy perfecto para mí.

— Bienvenido, mi vida. —le susurré a oído y  le besé la mejilla.

— Se siente raro volver y estar en mi forma humana.

— Eso qué importa. Estás aquí.

— Así es. —separó su cabeza para poder apreciarme bien. Sus ojos marrones brillaban con el simple hecho de conectarse con los míos, y eso era absolutamente maravilloso.

— Oh, Jake… —susurré antes de que unas gruesas lágrimas de agradecimiento resbalaran por mis ojos. Jake se acerco para besarme justo en las partes en donde estas gotitas estaban.

— Definitivamente son tan dulces como tú. —me murmuró, sonriente. Y yo le sonreí.

Hasta este momento, no había notado que el día de hoy estaba demasiado despejado y hermoso como para tratarse de un día común en la península de Olyimpic.