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Crepúsculo la saga: Eclipse de fuego — capítulo 8
— Jake, ¿de verdad crees que podrías matar a Bella si regresa como vampiro? —le pregunté mientras estábamos sentados ante el sillón de la sala, esperando a que mamá y Leah terminaran de preparar la comida.
— No. Nos lo pediría a nosotros y seguramente nos echará la bronca después. —comentó mi hermana mayor desde la cocina. Jake gruñó.
— Cállate. —le espetó, apretando la bolsa de Cheetos.
— ¡Hey! ¡Déjame algunos! —le reproché en broma, haciendo un ademán exagerado sobre las frituras. Jake me vio con una cara de mal humor y me extendió la mano con la que sostenía la bolsa.
— Toma. No tengo hambre. —dijo con brusquedad.
— En serio que me inquieta tu forma de pensar, Jacob —prosiguió Leah, ignorando completamente la sugerencia de mi novio—. ¿Acaso de te habías imprimado de ella?
— Si así hubiera sido no estaría en esta sala con tu hermano, mujer.
— ¿Y entonces de qué te preocupas, Jacob? —preguntó mi madre con un tono más amable que la abierta hostilidad que Leah no se molestaba en nivelar—. Bella ya es adulta y supo lo que hacía. Ya serénate, por favor. No es muy agradable verte así.
— Es mi amiga, Sue, y quizá no la vuelva a ver jamás.
— De todas maneras la ibas a ver como muerta —prosiguió Leah, y en eso me uní al gruñido de Jake hacia ella.
— No seas grosera. —le dije a mi hermana.
— Estoy siendo objetiva.
— Ya basta, niños —intervino mama, al instante me llegó el inmediato aroma de la salsa de tomate, pasta y carne. ¡Espagueti! Qué rico—. Ahora, a comer.
Me levanté de un brinco, entusiasmado por la comida. Hacía meses que ella no preparaba espagueti, lo cual lo volvía especial. Miré a Jake quien no había hecho mucho por levantarse. Seguía con la mirada perdida y el ceño fruncido. Mi sonrisa se borró ligeramente al verle así, pero eso no me impidió tomarle las manos, con lo que conseguí que alzara la mirada.
— Amor, el que te mates de inanición no ayudará al regreso de Bella. ¡Vamos, Jake! Ya es veinte de agosto. ¡Supéralo!
— No se me va de la cabeza el hecho de que ella podría haber muerto en esa asquerosa imitación de luna de miel.
— Ay, vamos, amargado. Todo irá bien. Confío en Edward y Bella. —me incliné lo suficiente para plantarle un beso rápido en la frente. En la cocina, escuché cómo Leah fingía tener arcadas.
— ¡Leah! —la reprendió mamá—. ¿No dijiste que apoyabas a tu hermano?
— Claro que lo apoyo, pero que quieran esparcir las monadas del amor en todos lados es diferente. Ah, lo olvidaba: feliz veinte de agosto, Enésimo Día de la Manifestación Abierta de los Sentimientos hacia Jacob Black.
— No tiene gracia, Leah. —le bramó Jake mientras ella trataba de sofocar sus risas. Vaya humor tan raro que tenía mi hermana.
— Hablando del veinte de agosto… se acercan las reinscripciones a las escuelas. ¿Piensas retomar tus cursos este semestre, Jake? —preguntó mi mamá.
— No veo por qué no los tomaría, como siempre hago.
— Últimamente estás enojado por la decisión de nuestra amiga —le recordé—. Mamá cree que quizá te tomarás otras semanas allá afuera.
— ¿De verdad? —preguntó mi novio mientras alzaba la vista hacia la cocina.
— En realidad ha sido una conversación entre ella y mi hermano —dijo Leah, quien se asomaba por el umbral de la otra habitación—. Ambos tienen miedo del dolor que le causarías al pequeño Setthie si te largas de nuevo.
— ¡Puaj, Leah! ¿De dónde sacas ese sobrenombre? —le reproché mientras Jake se desternillaba de la risa junto a mi hermana. No me gustaba que se riera a costa mía, pero por otro lado me agradaba verle risueño.
— Vamos a comer ya. —sugerí. Jake se levantó del sillón con entusiasmo y me siguió hasta la cocina.
— Claro que sí, mi tierno Setthie. —se mofó. Era mi Jake de nuevo, pero había vuelto con las motivaciones equivocadas.
No obstante, no parcia haber una mejoría propiamente dicha. En veces volvía a ser el espectacular novio que podía ser, aquél amigo confiable y vivaracho, y aquél chico que emprendía la iniciativa en todo. Pero había veces en las que podías ver cuando su rostro se volteaba completamente para dejar paso al hombre consumido por la desesperación y la incertidumbre.
Entre todos intentábamos sacarlo de sus momentos de angustia, pero por más que Quil y Embry hacían bromas, por más que Paul y Jared lo retaran a las luchas, por más que Sam y Leah le ordenaran que dejara esa actitud, y por más que le sedujera yo, no bastaba. Era tal gravedad del asunto que, en una noche en que nos habíamos quedado a acampar en First Beach con la manada completa, aún cuando él y yo teníamos la casa de acampar para nosotros dos, no había mucha reacción por su parte.
Dejé escapar un largo suspiro. Los otros estaban allá afuera, asando malvaviscos y seguramente bebiendo algo de alcohol.
— Debes saber que no me dejas mucho para animarte, Jake. —le comenté mientras él me abrazaba distraídamente con su brazo derecho. Yo intentaba acurrucarme en su pecho desnudo, pero él se mostraba tan poco cooperativo que, más que acurrucarme en su pecho caliente, parecía que sólo dejaba caer la cabeza en una acera calentada por el sol.
Tan así de distante estaba mi novio.
— Jake… —susurré, intentando acariciarle el pecho. Él me miró con pesar. Sus ojos estaban vidriosos y húmedos.
— No puedo dejar de pensar en que pude haberla detenido. —comentó. Afuera me pareció escuchar que los chicos bajaban un poco el sonido de su escándalo para poner atención.
— Jacob… vamos… no es nada. Todo irá bien.
— ¿Cómo me lo aseguras, Seth? —Jake, para mi asombro, sollozó limpiamente mientras una lágrima solitaria escapó de su ojo derecho. Verlo así me partió el alma.
Rápidamente me incliné para besarlo; era mejor que contemplarlo como idiota mientras no hacía nada por ayudarlo a sentirse bien.
Jake reaccionó rápidamente. Me tomó ambos brazos con las manos y empezó a acariciarme con cierta parsimonia, pero debía admitir que eso era mejor que se quedara viendo el techo de la tienda de acampar sin hacer nada. Le mordí el labio inferior para marcar algo de variación; sus besos estaban empezando a ser monótonos y obligados.
Decidí ponerme en acción también. Como yo todavía tenía la camiseta roja con la que había salido en la mañana, me separé tantito de Jake para quitármela, pero él me interrumpió a medio camino.
— No, amor. No esta noche, definitivamente no con los otros allá afuera.
— ¡Aguafiestas! —gritó Jared, burlándose.
— ¿Un poco de celibato, hermano? —prosiguió Quil—. ¿Aún no estás listo para ello?
— Cierren el pico, metiches —murmuré por encima de mi hombro, a sabiendas de que me escuchaban perfectamente. Al escuchar más risas por parte de aquellos tarados, me volví hacia Jake—. ¿Por qué todavía no puedes dejarla ir, amor?
Tardo un buen momento en responder.
— No es que no la pueda dejar ir, Seth, ese sentimiento hacia ella ya se ha terminado.
— ¿Seguro?
— ¿Seguro de qué?
—De que esos sentimientos se han acabado. —comenté receloso.
— No insinuarás que todavía tienes miedo de perderme. —murmuró.
— Considerando que llevas meses enamorado de Bella, y de mí sólo unas semanas…
— Seth, ahora tú eres el que me mueve en este mundo tan desolado. Lo que me pasa es que… tengo miedo del futuro.
— ¿Del futuro?
— De si tendré que ser yo el que mate a Bella, si es que regresa viva. O como una imitación de viva.
Ah, vaya.
— Yo sabía que no podrías —murmuró Leah, sin que el crepitar del fuego o el rugido de las olas la opacaran—. Bueno, nos la vamos a repartir.
— Tampoco quisiera eso… —comentó mi novio con una fuerte tensión en la voz, como si se debatiera entre lo que quisiera y lo que debía cumplir.
— No sucederá, Jacob —comentó Sam desde un poco más lejos; seguro en el tronco más próximo al mar—. Los Cullen ya no representan ningún peligro para la tribu o para los humanos.
— Pero la matará o convertirá, Sam, y el tratado indica expresamente que…
— Pero yo lo digo ahora, Jacob. Por favor, sé razonable. Se discutirá después.
— Pero...
— Amor —lo reprendí—. Por favor, espera.
Él gruñó por lo bajo y plasmó sus labios en mi pecho, a la altura del corazón.
— No sufras por mis inestabilidades repentinas. Esto es cosa mía. —me pidió, pero yo bufé.
— Como pareja, ahora también es cosa mía.
— Hay dolores en los que no quisiera involucrarte jamás, chico.
— ¿Y en qué calidad quedaría yo si no te apoyara tanto en las buenas como en las malas? ¿Un simple compañero romántico-sexual al que no le importas en absoluto?
— Sólo hemos tenido sexo una vez. —murmuró algo molesto. La manada, en cambio, aulló emocionada.
— ¡Atiza! ¡Qué callado se lo tenían! —comentó Embry entre risas.
— ¿Estuvo interesante? ¿Disfrutaron de sus luchitas? —secundó Paul.
— Cierra la boca. —le dije mientras me ruborizaba. No quería ni imaginar el rostro que debía tener mi hermana ante esa terrible revelación. Sentía que mi corazón latía con más violencia de la necesaria. Jacob, a mi lado, estaba poco interesado en las reacciones de ellos, pero sí que me abrazaba con ademan protector. Me acomodó la camiseta, pues había quedado un poco arriba por mi intento fallido de quitármela.
— Espero que al menos haga el amor mejor de lo que se alimenta, porque parece un cerdo cuando traga. —comentó Leah con un tono gélido, lo que causó la risa general de todos.
Pero a pesar de las cosas, nada podía ir como uno quisiera.
Hacia finales de agosto, una de las hermanas gemelas mayores de Jake, Rachel, hizo acto de presencia en La Push. El motivo por el cual estaba en casa era porque había destacado en la universidad, graduándose antes de lo esperado y recibiendo una compensación por su ingeniería informática. La noticia nos agradó a Billy, Jake y a mí, que éramos los que estábamos en la casa para cuando ella llegó. Su regreso prematuro había sido muy bien visto, hasta dos días después, cuando se nos ocurre ir a pasear en la playa.
No podíamos haberle dicho a Rachel nada acerca de la manada, pero empezó a sospechar cuando me vio tanto tiempo con Jake. Incluso me intentó abordar a solas, pero mi novio entró oportunamente en la habitación. Aunque las preguntas de Rachel ya habían sido demasiado directas antes de que él entrara, ella empezó a lanzar un bombardeo auténtico de ellas. Le sonreí nerviosamente a Jake mientras le confesábamos todo.
En fin, el día de la playa nos topamos con media manada, de entre ellos Paul. Resultó casi cómica la forma en que él inmediatamente se presentó de manera coqueta y a la vez respetuosa con Rachel, hasta que vimos la verdad que estaba asomando tras sus ojos.
El tipo se había imprimado.
Ah, pero él no era el único implicado. Jared se había imprimado de una chica llamada Kim, muy agradable. Pero… Quil… si de por sí Jacob ya era objetivo de las burlas del famoso estado "asaltacunas" por estar conmigo, el caso de Quil había sido mal manejado al menos en las primeras horas. Su objeto de impronta había sido una niña de tres años llamada Claire, prima de Emily. Lo curioso de ella es que lo consideraba como un hermano mayor, pero a él no le molestaba nada de eso. Era divertido verlo jugar de manera tan infantil como ella.
Todo parecía ir de maravilla hasta que un día de principios de septiembre me tocó estar en la cocina de mi novio. Billy estaba en el baño, y Paul estaba en la sala. Jake y Leah estaban allá afuera; mi novio en la playa, según Paul, y mi hermana patrullando, seguro. Me había apetecido un poco de nieve de pistache, así que había ido a la cocina para servirme un poco. Mientras lo hacía, escuché el teléfono en la sala.
— ¡Yo contesto! —anunció Paul, quien tomó el auricular. Del otro lado se escuchó la voz angustiada de Charlie.
¡Charlie!
Escuché con atención la llamada. Charlie estaba frenético. Dijo algo acerca de que la pareja ya había regresado, pero que ella estaba mal. Que había hablado con ella y que se le oía enferma, porque no le reconocía la voz. A su vez, Carlisle le ha prohibido las visitas gracias a una supuesta enfermedad sudamericana. ¿Y sí…?
Y pues entré en pánico. Si esto llegaba a oídos de Jake, quien sabe cómo reaccionaría.
Necesitaba que Sam convocara una reunión para que mi novio no se alterara con la información.
Ignoré que el vaso de nieve se me había resbalado de las manos mientras salía a toda prisa de la cocina, que se rompió cuando Paul me llamaba. En cuanto salí, entré en fase.
¿Sam? Sam, ¿estás ahí? Dime que lo estás.
Lo estoy. Collin y Brady también.
Ah, los chicos nuevos. Me había olvidado de ellos.
¿Qué pasa?, preguntó el Alfa. No dudé absolutamente nada en relatarle lo que había escuchado. Al instante Sam lanzó un aullido.
La respuesta fue inmediata. Uno a uno, todos fueron apareciendo, sin exceptuar a Jacob. Nuevamente, Sam me pidió que informara de la situación. Conforme lo hacía, sentía un ambiente cargado de hostilidad, y mi amor no se quedaba atrás.
A decir verdad, él fue el de la iniciativa. Sam intentó hacerle razonar, e incluso yo.
No son nuestros enemigos, Jake, le dije, esperando que entrara en razón.
Pero no resultó como esperaba.
¡Cierra la boca, amor! Que sientas una adoración enfermiza por esa sanguijuela, como si fuera un héroe, no cambia la ley. Son nuestros adversarios…
Intenté persuadirlo un poco más, pero él seguía de terco en que debíamos hacer validar la ley. Incluso, por un momento, dejó en claro que él no guardaría rencor a cualquiera que la matara. ¡Qué cosas! Él no puede pero uno sí, cuando nadie más que él quería matarla.
No fue sino hasta que le dije que no estaba preparado para esta batalla cuando perdió los cabales y se intentó arrojar hacia mi yugular. Al hacerlo, retrocedí sólo unos pasos, asustado. Jake me mostró sus dientes lobunos, preparado para herirme. De no ser por la intervención de Sam, seguro que lo hubiera logrado. Intenté reclamarle a mi novio, pero Sam me mandó callar.
Qué bonito.
La discusión siguió avanzando hasta que Jake tocó el único tema que no podía: había dicho algo sobre despedirse de su padre, de Billy.
Ay, Jake… ¡No lo hagas otra vez!, supliqué, reconociendo otro periodo de dolor que nos esperaba a ambos. ¿Por qué se estaba comportando así?
Todos me mandaron callar. Jake retó a Sam a que le impusiera su voluntad, pero el lobo negro se rehusó. Jake salió despedido hacia la carretera, dejándonos abandonados.
Vaya, eso estuvo agitado, dijo Paul con sorna.
No me digas, Capitán Obvio, le reproché.
Es curioso que te gusten los bipolares, Seth, comentó Embry, intentando bromear, aunque su tono era un poco seco. Tendrías de dónde elegir en el manicomio.
Cierra la maldita boca, le espeté con un tono serio. Todavía no me recobraba de las dos impresiones. Necesitaba volver a mi forma humana y conseguirme un momento a solas.
*Tal vez sea lo mejor para ti, chico,*dijo Sam.Leah, llévatelo a casa. Está ofuscado.
De acuerdo, contestó mi hermana. Ella también se salió de círculo, y me instó a acompañarla. La intención era que llegáramos a la casa, pero no pude llegar más lejos. Me escondí detrás de un árbol y salí de fase. Me vestí mientras escuchaba que ella también lo hacía…
Y me eché a llorar ahí mismo.
Bueno, la palabra correcta era sollozar, porque no era un ataque como los anteriores. Estaba hiperventilando y con las lágrimas a flote, pero aún mantenía la calma.
— Seth… canturreó Leah, quien apareció y me dio un abrazo. Empecé a temblar e ese momento, y lo único que pude hacer fue devolverle el abrazo. Aún intentaba contenerme, pues ya había llorado demasiado en las últimas semanas, aún a pesar de todo.
— Perdón… —intenté excusarme por mi comportamiento, pero mi hermana replicó.
— No te tienes que disculpar por el imbécil de Jacob.
—Te recuerdo que es mi novio. —le comenté.
— Eso no le quita lo imbécil.
— Leah… oh, Leah…
— Ya, ya, hermanito. Estoy aquí.
— ¿Por qué no puedo ser suficiente para que Jacob esté feliz?
Mi pregunta la dejó desprevenida, pues pude sentir cómo se tensaba.
No volvimos a la casa. Nos quedamos ahí, ante la seguridad y confidencialidad que nos conferían los árboles. En ella, mi hermana y yo pasamos la última hora conversando sobre cosas más banales para intentar mitigar mi dolor: mi nerviosismo por entrar a la escuela tras un verano agitado lleno de vampiros y tensiones grupales, en si Jake terminaría su último año y, para colmo, sobre mi primera experiencia sexual.
— Eso no te lo voy a decir ni en un millón de años, Leah. —me ruboricé con la pregunta, y aún más con mi respuesta.
Ya estábamos tranquilizando el ambiente cuando un nuevo aullido resonó detrás de nosotros. Era Sam, evidentemente. Mi hermana y yo entramos en fase, y lo primero que vimos fue una serie de imágenes confusas: Edward sumido en la desesperación total, los Cullen más angustiados que nunca, Bella demacrada y consumida… y algo redondo en su vientre.
Al principio no pude procesar bien las imágenes, pero no fue hasta que el recuerdo se llenó con voces de los vampiros cuando comprendí.
Y todos nosotros.
Inmediatamente, todos quisimos saber en dónde estaba Jake en estos momentos. La reunión nos urgía bastante.
Cuando nos reunimos de manera más formal, Sam estuvo discutiendo hasta que dictaminó que lo que fuera que Bella llevara en el vientre era considerado como un riesgo avanzado, y que atacaríamos para destruir a la criatura.
Pero, en la forma en que lo dijo, dejaba en claro que Bella iba implícita en el paquete, aunque reconociéndolo con verdadero dolor. En eso, Jake rehusó en su participación de esta sentencia de muerte. Sam ejerció su fuerza de voluntad sobre mi novio, de manera que se aplacó. El resto de la manada empezaba a planificar el asalto a los Cullen, a pesar de todo intento de mi parte por frenarlos; no me hacían caso. Varios de ellos hablaban con mi novio, que no ponía atención, y yo pude sentir que éste empezaba a cobrar fuerzas…
Y de pronto desapareció de mi campo mental.
¿Por qué desapareció, si estaba justo aquí, enfrente de mí, todavía en fase?
¿Qué hiciste, Jacob?, espetó Sam, demasiado enojado. El lobo de pelaje marrón oscuro lo volteó a ver, desafiante, mientras le decía algo. Pero yo no lo podía escuchar para nada.
Yo tampoco le escucho, comentó Embry.
¿Antepondrías tus enemigos ante tu familia?, exigió Sam hacia el lobo mudo. ¿Qué había hecho Jake?
El alfa siguió discutiendo con mi novio un buen rato, hasta que él se escabulló en dirección contraria a Sam. Entonces él soltó un improperio y aulló con pesar, movimiento al que nos unimos sin pensarlo mucho. Yo no necesitaba preguntar para nada, pero cuando Paul lo hizo, Sam contestó para confirmar mis peores miedos.
Jacob nos ha abandonado. Ha reclamado sus derechos de nacimiento como alfa y los usó para darnos la espalda.
Y entonces mi mente y corazón se partieron en mil pedazos; me pregunté si algún día podría recuperarme de ello.
Bah, claro que lo haría, pero el resto de la tarde sería fatal para mí, y para todo el que pudiera escucharme.