← No me llames Nymphadora · de
No me llames Nymphadora — capítulo 3
El gran comedor era… ¿Qué quieres que te diga? Era un comedor y era muy grande, fin de la descripción. La selección para las casas (algo como: ponte un sombrero viejo para saber quién eres) fue ahí, siempre había sido así, no iban a cambiarlo sin buenos motivos.
Antes de siquiera recibir mi carta de Hogwarts yo ya había estado imaginando cómo sería la vida en cada una de las casas basándome en lo que me habían contado; Slytherin no era mi opción, la mayoría de ellos odiaban a los muggles, lo que hacía que yo los odiara a ellos (a excepción de algunos, por ejemplo mi madre), aunque eso no me impidió pensar en cómo sería ser considerada miembro de aquella casa y de alguna forma me encontré imaginándome que tendrían un criadero de serpientes, lo que me asustó y terminó de alejarme de esa opción: detesto las serpientes, no sería una ni en mil años… aunque tal vez el hecho de que mi madre hubiera estado ahí pudiera influir en la decisión del sombrero.
Me imaginé que si fuera Ravenclaw tal vez sería un caso perdido, no es que yo sea tonta, no lo soy, pero en ese entonces no pude evitar relacionar a los chicos de esa casa con esas personas que quieren que hagas todo bien y mantengas la compostura en todo momento, y ese sería el problema: ¿Cómo iba a mantener la compostura cuando quisiera divertirme? Las águilas fueron descartadas.
Gryffindor podría haber sido una opción, de no ser porque me parecía que no debía tenerle miedo a nada, y en verdad le tenía miedo al hecho de que muchos de los Gryffindors de los que había sabido hasta entonces habían muerto jóvenes, eso sí me daba miedo, y siempre había creído que la palabra miedo no debía estar en vocabulario de un león proclamado, esa casa no entraba en discusión.
Y me quedaba Hufflepuff, la casa famosa por la palabra inútil, pero ni siquiera sentí que pudiera con eso, en especial porque sabía que no eran inútiles, su principal característica era el trabajo duro y yo no me consideraba alguien excepcionalmente trabajadora, sí había trabajado con esfuerzo antes, pero eran cosas que me interesaban directamente ¿Eso contaba? ¿O acaso no tenía nada de ninguna casa? Realmente eso fue lo que me puso nerviosa aquella noche: no poder obtener lo que quería, no poder hacer nada para obtenerlo de todas formas. Quería estar en Hogwarts y pertenecer a una casa, pero si el sombrero de pronto decidía que no servía en ninguna entonces no podría estar en ninguna aunque me esforzara en demostrarle lo contrario.
Los nombres pasaban, los demás eran seleccionados, las mesas estallaban en aplausos y yo seguía ahí parada por culpa de apellidarme Tonks, tenía que acabar con ese nerviosismo de una vez o iba a estallar…
—Me dijeron que nunca nadie se queda sin seleccionar, no va a comenzar ahora ¿Verdad? —murmuró alguien a mi lado, yo no había conocido a nadie en el tren por estar intentando encontrar la ubicación de Hogwarts así que no pensé que se estuviera dirigiendo a mí hasta que comenzó a pasar una mano por delante de mis ojos.
—¿Por qué haces eso? —pregunté de una forma más brusca de la que hubiera querido, los nervios siempre han actuado mal sobre mí.
—¿No puedo? —respondió agitando más su mano, maldito pelirrojo (olvidé mencionarlo: era pelirrojo, pero deben haberlo deducido ya).
No llegué a responderle para cuando por fin me llamaron, aunque de una forma que me pareció poco agradable: Tonks, Nymphadora, mi primer impulso ante eso causó las risas de los pocos (no tan pocos) que oyeron mis palabras junto a ese tono ligeramente tosco al decirlas:
—¡No me diga Nymphadora!
La profesora McGonagall (una mujer con pinta de Ravenclaw pero que realmente había sido Gryffindor) me colocó el sombrero seleccionador con una ligera mueca de enfado ya que seguramente me escuchó arremetiendo contra su Tonks, Nymphadora. Todo iba normal (o lo que se suponía que era normal) hasta que el sombrero pareció dejar de estar sobre mi cabeza para estar dentro de mi cabeza ¡Estaba dando un monologo entero! No le respondí a nada de lo que dijo porque algo me hizo sentir que él ya sabía lo que yo podría haber dicho, aunque estuve a punto de hacerlo cuando me preguntó si dejaría de intentar estar en una casa de Hogwarts si él dijera lo contrario. No le contesté, o al menos no recuerdo haberlo hecho, pero claro que la respuesta era un rotundo no; nunca dejaría de querer pertenecer del todo a Hogwarts, él tendría que saberlo...
—¡HUFFLEPUFF! —gritó luego de lo que me parecieron horas, oficialmente era parte de algo grande.