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Memorias de Idhún IV: De luz, hielo y fuego. — capítulo 3

Erik no sabía si dibujar los ojos de Eva mirando hacia "la cámara" (así es como llamaba él al ojo del observador) o si ponerlos mirando hacia abajo. Sería su trabajo para las clases de arte del colegio, y quería que le salieran bien. Si conseguía una buena nota le dejarían que, en 1º de la ESO, escoger la alternativa a inglés, arte. Como su padre a veces les hablaba en danés o en inglés, no le parecía tan importante, pero tenía que trabajar mucho para sacar una media de nueve en arte y que le dejaran.

Decidió hacerlos hacia abajo, pues sabía que nunca lograría captar en un dibujo aquella mirada tan hela y espeluznante que tenía su hermanita de once años. La había dibujado en un balcón que creía que se lo había inventado, pero que parecía totalmente un recuerdo. Le había salido verdaderamente bien, tuvo que admitir, le encantaba dibujarla, se le daba muy bien.

Dentro de unos días empezaría el curso, y tenía que entregar los dibujos y tareas para saber si le dejarían entrar en la clase de arte. Estaba un tanto nervioso por si no le dejaban, aunque tampoco era algo muy importante.

Continuó dibujando, coloreando, hasta que llegó a los ojos, siempre los ojos. ¿Cómo conseguiría hacer ese color? Probó a empezar con tonos claros y continuar oscureciéndolo, pero eran unos ojos simples. Exhausto, dejó caer el lápiz sobre la mesa, y respiró hondo.

Justo en ese momento, se abrió la puerta de su cuarto. Había notado su presencia unos momentos antes, y se volvió hacia la figura que se acercaba a él. Ya llevaba puesto el camisón, pues dentro de poco deberían acostarse, aunque siendo verano, tampoco importaba. A no ser que fueran ya las dos de la mañana, como era en ese momento.

La figura en camisón se puso junto a él. El largo cabello castaño oscuro le caía por la espalda, suave y frío, un poco despeinado, y sus rosadas mejillas se encendían con la luz de la lámpara de mesa.

—Erik, he descubierto otra cosa en el desván— contestó la niña, observando a su hermano.

Erik también la observaba, expectante. Asintió lentamente mientras empezaba a levantarse, pero se acordó de una cosa.

—Espera, déjame acabarte los ojos— le suplicó, y se sentó de nuevo en la silla. Eva se acercó más, y Erik y dejó que se sentara en su regazo. Se miraron a los ojos un buen rato, mientras el los estudiaba, buscando cualquier matiz de cambio de color en sus ojos, cualquier cosa extraña, y poco a poco consiguió convertir su dibujo en una sombra de su hermana.

La niña no apartó ni un momento de la de su hermano, mientras que este retocaba cada matiz con una pincelada del lápiz. Cuando acabó se lo mostró a su hermana, que le sonrió y le dijo que era muy bonito.

"Dibujas muy bien"

Erik ya se había acostumbrado a que Eva hiciera eso, y le reconfortaba saber que solo lo hacía con ella. Desde aquel día en el que ninguno de los adultos le dio su apoyo, jamás había vuelto a utilizar su extraño poder con ninguno de ellos, ni en su presencia. A parte de leer la mente, todo lo demás lo hacía solo con Erik. Había controlado su poder de helar cosas a la perfección, y Erik había descubierto que el también podía hacer cosas extrañas. La primera vez que pasó fue cuando estaban comprando un helado con Jack, hace un par de años.

Nada más coger el helado, de alguna manera, se había derretido en su mano a la velocidad de la luz.

"Tíralo al suelo" le había dicho Eva, telepáticamente, "No se lo digas a Jack".

Y eso había hecho. Cuando su padre se dio la vuelta y descubrió que el helado se le había derramado de las manos, le dijo que no importaba, y le compró otro. Por suerte ese no se derritió.

Y Eva y Él siguieron practicando con sus poderes. A él le habría encantado tener poderes mentales, pues se sentía un poco celoso cada vez que Eva se metía en su mente y él no podía hacer nada. Al final, Eva le había prometido que jamás se metería en su mente a no ser que él quisiera, o para hablar telepáticamente.

Se levantaron de la mesa y ambos caminaron sigilosamente por el pasillo. Sus padre hacía rato que se había acostado, pues suponían que sus hijos estaría ya dormidos. Pero Eva se había quedado escuchando música en su IPod, y Erik dibujando. Y por lo que pudo comprobar el chico, su hermana había hecho muchas más cosas que escuchar música.

Al final del pasillo se encontraba la puerta que daba al desván, al que Erik había descubierto la llave hace unos años debajo del jarrón junto a esa misma puerta. Eva empujó la puerta y ambos pasaron al otro lado. Erik la cerró detrás de si. La chica presionó el interruptor y comenzaron a subir escaleras.

Cuando llegaron al piso la luz de la luna se filtraba por la pequeña ventana que había en la inclinación del tejado. La primera vez que había subido fue cuando se quedaron solos por primera vez en casa. Sus padres habían tenido que salir rápidamente y le habían encargado a Erik que cuidara de Eva en su ausencia.

Había hecho mucho más que cuidar de ella.

Ese día, cuando subieron, no encontraron nada más que cajas llenas de trastos. Pero la segunda vez, de alguna manera, lo estudiaron más a fondo, y se creyeron súper tontos por no haber visto en su primera mirada las dos vainas que descansaban en una esquina apartada. Erik había corrido directamente a la que parecía una vaina más corta, pero más reluciente. Eva había cogido la más larga. Cuando Erik cogió el pomo del objeto, notó un pequeño cosquille, y luego la sacó. Era una espada de fuego.

Eva, en su lugar, había encontrado un báculo. También sintió un cosquilleo, pero mucho más fuerte. Ambos estudiaron los objetos, y llegaron a la conclusión de que no habían aparecido allí por casualidad, eran de sus padres.

Pero esa vez, cuando subieron, Eva había encontrado algo más. Cogió una caja que descansaba junto a la puerta, aparentemente vacía. Pero luego le dio la vuelta, y Erik vio como el la base de la caja, pegada con celo, había una carpeta azul.

"No la he abierto aún, quería esperarte" le dijo su hermana. Habían decido que cuando hablaran de cosas referentes al desván o sus poderes, lo harían telepáticamente, para que sus padres no les escucharan.

Erik despegó la carpeta de la caja, y juntos se sentaron en suelo, con la espalda en la pared. Extrajo unos papeles de su interior, y los estudió con detenimiento.

Eran dibujos.

Parecían dibujados por un niño pequeño, pero tampoco tanto, quizás siete u ocho años. En ellos había unicornios, dragones, casa-árbol, gente azul y serpientes con alas. Pero lo que más llamó la atención a Erik fue uno en el que un cielo estaba iluminado por tres lunas.

"Eva" la llamó telepáticamente, aunque sabía que ella le estaba escuchando, "Esto lo he dibujado yo"

Entonces los estudiaron con más detalle. El unicornio era de color blanco, con un cuerno brillantes. Erik lo había dibujado sonriendo. El dragón no parecía mucho un dragón, era más bien un lagarto con alas. La casa era completamente abstracta, pero se podía ver que las paredes estaban hechas de árboles, y la serpiente tenía los ojos azules.

Y las lunas tan solo eran eso, una luna roja, una luna verde, y una luna blanca. El fondo era de color azul marino mal coloreado, pero se podía apreciar perfectamente de que trataba el dibujo.

"Crees que esto será de…" empezó Eva, mirando a su hermano. ambos se contemplaron con cara atónitas, y volvieron a centrar su mirada en el dibujo.

"…Idhún" pensaron los dos a la vez.

Eva había oído ese nombre mil veces en la mente de su padre. Normalmente su madre pensaba en el con elegancia, con noches de lunas triples y con gente corriendo entre los bosques. Pero su padre lo recordaba todo desde un plano aéreo, un mundo de magia.

Poco a poco, a lo largo de su vida, ambos había llegado a la conclusión de que su padres no eran normales, y Eva le había hablado a Erik de todo lo que sabía. Pero nunca habían pensado de ella o él hubieran visto ese mundo. Estaba claro que Erik si, puesto que lo había dibujado, bastantes veces, con mucho detalle, y Eva a veces soñaba con serpientes aladas que la llamaban.

¿Pero haber nacido allí? Eso era una nueva pista a través de todo lo que les quedaba por averiguar.

"Como me encantaría ir a verlo" comentó Erik, mientras observaba el dibujo del dragón."

"No se" contestó Eva, "¿No crees que si no estamos ahí es por algo?" ambos pensaron esas palabras largo rato, mientras Eva también contemplaba un dibujo, el de la serpiente con alas.

"Puede que nuestros padres hicieran algo malo" dijo el chico al final. "Y tuvieran que huir de ese mundo"

al principio les había costado creerse que la magia existiera de verdad, pero después de ver la espada, el báculo, y sus poderes, ya no estaban tan seguros. Habían dado por sentado que Idhún era un mundo mágico, con unicornios y dragones, y serpientes aladas. También sabían que había tres lunas y tres soles, y que sus dioses eran diferentes a los de la Tierra. Victoria había pensado varias veces en un nombre de una diosa, Wina, diciendo que le tendría que dar las gracias a veces, porque si no el embarazo habría sido más largo y posiblemente Eva no estaría allí. Otra veces pensaba que ojala Eva no estuviera ahí.

Había llorado mucho por esos pensamientos. Sabía que su madre solo los pensaba cuando estaba enfadada con Eva, o con su padre Christian.

Christian.

Su padre no había vuelto a aparecer por allí desde que ella había matado al pez Ronny. Antes pensaba que era culpa suya, que no quería volver a verla, pero luego se tranquilizó, y cuando leyó la mente de su madre, que decía que a ver cuando vendría Christian de sus viajes largos, se tranquilizó. Su padre solo quería viajar, lo necesitaba, y ella lo comprendía.

Entonces escucharon un ruido abajo, unos pasos. Lo primero que pensó Erik fue que habían entrado a robar, pero luego pensó que eso era absurdo. Descubrieron que era su padre, que había bajado a la cocina, y esperaron a que se volviera a meter.

Eva rezaba a el dios que quisiera escucharla que a Jack no se le ocurriera mirar en sus habitaciones, pero sus súplicas no fueron escuchadas.

—¡Victoria— dijo Jack, corriendo a la habitación— Eva y Erik no están en sus habitaciones.

Escucharon como su madre también se levantaba de la cama, y se pusieron a buscarlos por toda la casa.

"Mierda" pensó Erik, dejando los dibujos a un lado "Nos van a pillar" Eva no dijo nada, pero le daba la razón con un asentimiento mental. Se levantaron y se dirigieron a la puerta lentamente, sin hacer ruido. Bajaron las escaleras y Erik escrutó el pasillo- oía como sus padres se movían por el salón, y cogió de la mano a Eva, para tirar de ella.

"¡No, Erik!", gritó mentalmente, pero ya era demasiado tarde. Su madre no se encontraba en el piso de abajo había estado revolviendo por la habitación de Eva y los pilló con las manos en la masa.

Al principio ninguno habló, pero Victoria se fue poniendo roja por momentos, y cerrando los puños a sus costados.

—¿Qué diablos hacíais ahí?— dijo lentamente, sin levantar la voz.

"Di que hemos encontrado la llave esta mañana y queríamos investigar" pensó rápidamente Eva, y se lo transmitió a Erik.

—Hemos encontrado la llave esta mañana y queríamos investigar— dijo Erik rápidamente, sudando de los nervios. "¿Por qué no lo has dicho tu? Le preguntó a Eva, tartamudeando mentalmente.

Eva tardó en contestar, pero al final dijo: "A mi no me habría creído".

—Que quede bien claro, no quiero que volváis a entrar ahí, ¿entendido?— dijo Victoria, alzando descomunalmente la voz en la última palabra. Eso atrajo a Jack espontáneamente, que apareció en pocos segundos— Como os vuelva a ver ahí arriba, arrepentíos de haber nacido.

Dicho esto, se dio la vuelta y se metió en la habitación, desapareciendo en la oscuridad. Jack los seguía mirando, con una mirada tan intensa que los quemó por dentro. Eva no bajó en ningún momento la mirada, pero por primera vez en su vida, deseaba hacerlo. Erik, simplemente, estaba cabreado. Su padre no lo estaba mirando a él, o al menos, no directamente. Su atención estaba en Eva, taladrándola fuertemente por dentro. Sabía que a su hermana no la vencería fácilmente , pero aunque el no podía leer mentes, sabía perfectamente que la hundiría por dentro con esa mirada.

Instintivamente, rodeó a su hermana con el brazo por delante, haciendo que se escondiera detrás de él. Eva lo agradeció enormemente, mientras la mirada de Jack seguía sobre ella.

Jack observaba todo esto con incredulidad, pero finalmente se dio la vuelta sin decir una palabra y se reunió con Victoria.

Erik se relajó enormemente, y se giró para mirar a Eva.

"No creo que sea buena idea que volvamos a subir" le dijo telepáticamente, acariciándole el hombre.

"Pero yo quiero saber por qué no nos quieren contar nada" repuso ella. Intentaba mantener su rostro de hielo, pero Erik denotó que quería llorar. No lo había vuelto a hacer desde aquella noche en la que su padre la rechazó y no ha vuelto.

La abrazó contra su pecho, y ambos se tensaron, pues ninguno estaba a gusto tan de cerca, pero por otro lado, no necesitaban, y de alguna manera, también los reconfortaba.

Erik le preguntó si quería que durmiera con ella. La niña se mostró un poco recelosa, pues no estaba acostumbrada a dormir con nadie a menudo, pero Erik notó perfectamente su duda, y le dijo que jamás le contaría a nadie que había dormido con su hermano mayor, que no mancharía su imagen de niña dura.

Ambos sonrieron ante la broma y se metieron en la habitación de Eva, sobre el cocho la no se encontraba el dibujo del unicornio, Eva lo había escondido bajo su almohada, sabía que su madre se lo intentaría quitar.

Los hermanos se tumbaron juntos sobre la cama, y se durmieron rápidamente. Erik soñó que era un dragón muy grande y que mucha gente lo aclamaba por su poder. Eva soñaba algo parecido, en la que ella era una serpiente alada, y toda la gente la temía, la odiaba y la echaba de todas partes.

Ninguno de los dos sabía, conscientemente, que todo eso era verdad.