Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Princesa del Olimpo · de

La Princesa del Olimpo — capítulo 13

-Armina ¿Qué haces aquí?-pregunto Hera-Te hemos buscado por todo el Olimpo, nos preocupaste.

-lo siento.

-ella fue a rescatarme-defendió Apolo.

-Armina, ven.

Me pare rápidamente y camine hasta llegar con mi madre.

-Apolo hablaremos más tarde-dijo mi madre.

Me despedí con una mano mientras  mi madre jalaba mi muñeca.

Hera cerró la puerta de un portazo.

Me estuvo jalando todo el camino hasta llegar a mi habitación.

-¿Por qué fuiste a Creta?-pregunto Hera después de cerrar la puerta.

-sentía necesidad.

-¿segura? Yo creí que fuiste porque te has encaprichado con Apolo.

No dije nada.

-hija, tú te vas a casar con Ares. Yo no estoy de acuerdo pero tu padre ya tomo la decisión y dudo mucho de que a vaya  cambiar.

-Mamá, detesto a Ares. Por favor ayúdame, no quiero casarme con él.

-Hare todo lo que pueda.

Asentí.

-Ares te llevara al Campamento Mestizo hoy-anuncio mi madre.

-No por favor.

-perdón pero ha sido orden de tu padre.

Bufe.

-Además, tienes que olvidarte de Apolo, es imposible que te hallas enamorado de él en un día.

-Me pregunto a mi misma como pudo suceder-susurre.

Me miró y luego se fue.

Me fui a sentar en la cama. Me mire en el espejo y empecé a planear.

Después de un rato, ya tenía el plan hecho.

Iría al templo de Apolo.

Salí de mi habitación sigilosamente. 

Empecé a caminar rápido pero en silencio. Aun no manejaba muy bien la teletrasportación.

De pronto una puerta se abrió. Busque un lugar donde esconderme pero me demore demasiado. De la puerta salió Afrodita.

-contigo quería hablar-dijo ella.

Me quede quieta.

-¿Qué sucede?-pregunte

-ven por aquí.

Afrodita se metió en aquella habitación otra vez.

Camine hasta llegar al marco de la puerta.

-entra.

Entre en la pequeña salita, las paredes eran blancas y los sillones azules con dorado eran parecidos a los de la edad media.  En el centro estaba una mesita de caoba.

-lindo lugar-dije

-gracias.

Ella se sentó y tomo su taza que reposaba en la mesita.

-siéntate-dijo

-ok

Me senté en el sillón de al lado.

-con que te casaras con Ares-dijo Afrodita con un tono cargado de ira.

-er, si.

-sabes que te será infiel ¿verdad?

No dije nada.

-solo te diré una cosa.

Se paro y camino hacia mí, las puertas que estaban abiertas se cerraron de golpe.

-escucha mocosa entrometida, toca a Ares una sola vez y hare que te enamores del hombre más horrible del mundo-amenazo.

Trague saliva. 

-yo nunca lo hare

-mas te vale.

Comencé a pararme pero Afrodita agarro mi cuello y me empujo hacia atrás.

Empezó a ahorcarme y a clavarme sus uñas.

-suéltame-logre decir.

-Recuerda lo que te dije, tócalo y veras que tan mala soy.

Soltó el agarre.

-Vete-dijo furiosa.

Camine hasta mi habitación frotándome el cuello, me había dejado las marcas de sus uñas y no quería que Apolo viera lo que me hizo ella.

Me tire en mi cama, estuve así un largo rato.

Cuando escuche  voces por el pasillo, me alerte, que tal si era la loca de Afrodita.

Me tape hasta el cuello con la manta y fingía dormir.

Alguien abrió la puerta.

Cerré mis ojos para que creyeran que duermo.

Oí pasos acercarse a mi cama.

Ese alguien tomo la manta y la tiro. Y como yo estaba bien envuelta en la manta, me caí.

Me empecé a parar. Vi al idiota que jalo mi manta. Quien más podría ser, Ares.

-¿Qué diablos te pasa?-dije alzando la voz.

Él se limitaba a verme divertido.

Inclino la cabeza para verme desde un mejor ángulo.

-Ahora entiendo los celos de Afrodita-dijo Ares dando una vuelta a mí alrededor.

-¿Qué?-pregunte confusa.

Él rodó los ojos.

-Afrodita dice de que eres bonita-me miro arriba abajo-veo que tiene razón, incluso superas la belleza de Psique.

-¿Psique? ¿La esposa de Eros?

-La misma. Por eso Afrodita estaba celosa de ti, porque puede que sea posible de que la superes en belleza y yo me enamore de ti.

-Ambos sabemos que nunca va a pasar.

Asintió.

-¿para qué has venido?-pregunté.

-Tenemos que entrenar.

-¿entrenar?

-sí, hoy vas a aprender a usar una espada. La necesitaras.

-ok. Pero ¿para que la necesitare?

-pronto lo sabrás. Ahora vamos.

Tomó mi mano y me jalo.

-¿Adónde vamos?

-a mi templo, ahí podrás practicar.

Me llevo hasta su templo.

En el camino mi madre nos vio y sonrió al ver que Ares y yo teníamos los dedos entrelazados.

Quiero a mi madre pero creo que está loca.

Cuando llegamos al templo me llevo a la Sala de Entrenamiento.

La sala de entrenamiento era espaciosa y la pared estaba llena de armas, había espadas, lanzas y un montón de cuchillos y dagas.

-escoge un arma, enseguida vuelvo-dijo.

Camine por el largo de la pared, las espadas me atraían. Raro.

-Toma-dijo Ares apareciendo a mi costado.

Mire lo que tenía en sus manos, había unas ropas negras.

Enarque una ceja-¿Qué es eso?

-no vas a entrenar vestida así ¿o sí?

Me mire-no

Le quite la ropa de las manos-gracias. ¿En dónde me cambio?

-no sé, si quieres cámbiate aquí delante de mí.

Lo mire como si estuviera loco. Alto. Esta loco.

-Paso. ¿No tienes algún baño en donde pueda cambiarme?

-¿y si te cambias en mi habitación?

-está bien.

Me guió hasta su habitación.

Suspire cuando se fue. Deje la ropa en la cama y me empecé a cambiar. 

La ropa era negra y ajustada.

Salí de la habitación y camine hasta llegar a la sala de entrenamiento.

-Bien, te queda bien-dijo Ares.

-mmm, Gracias.

-Ahora empecemos escogiste tu arma ¿verdad?

-sí, una espada.

Ares cogió una espada y me la dio. Él saco su espada mágica.

-A pelear-dijo él.

Empezamos a pelear, Ares era bueno pero yo lo estaba superando.

-Parece que estuviera peleando con Atenea-murmuró.

Seguimos peleando y me hizo un pequeño rasguño en el labio.

-¡Au! Espera- me toque el labio y en mis dedos vi un poco de icor.

Ares se acerco y alzo mi barbilla para que lo mirase.

Miro mis labios.

-Curaré eso-susurro.

Él se inclino y me besó.