La Princesa del Olimpo — capítulo 21
-¿¡Qué?!-gritaron ambas.
-Te dije que no sería bueno decirles-me dijo Nico.
-Tú nunca dijiste eso-dije.
Me miro divertido y rodé los ojos.
-Entonces… ¿Eres una diosa?-pregunto Thalía.
-Así es-dije parándome.
Compartieron una mirada y Annabeth hizo una reverencia. Ella le dio un codazo a Thalía para que hiciera lo mismo.
Después que hizo la reverencia dijo:
-Disculpe mi insolencia, Señora.
-En primer lugar-dije levantando mi dedo- No me digas señora, hace no muchos días cumplí 16.
-Oh, lo siento.
-No importa. En segundo lugar, no me hagan ninguna reverencia.
Asintieron.
-En tercer y último lugar-Mire a ambas- ¿Qué quieren comer?
-No lo sé-dijo Annabeth confundida.
-¿Qué tal una hamburguesa con extra queso?-pregunto Thalía sonriendo.
Chaquee los dedos y apareció una hamburguesa con extra queso encima de la mesa.
-Se ve deliciosa-dijo lamiéndose los labios.
-Cómela.
La cogió y mordió.
-Esta deliciosa.
-Yo quiero un helado-dijo Annabeth.
Chasquee los dedos y apareció un helado sundae de vainilla.
-Prefiero el helado de fresa.
Señale al helado y este se volvió rosado.
-Pruébalo.
Agarro el helado y se llevo una cucharada a la boca.
-Mmmmm, fresa.
-Yo una pizza-dijo Percy.
-Te lo dije-dijo Nico en un tono divertido- te dije que iba a querer pizza.
-¡Calla di Angelo y dime que es lo que quieres!-dije cruzando mis brazos.
-Lasaña.
Hice un movimiento con la mano y apareció una pizza y una lasaña.
Percy se abalanzo por la pizza y Nico tomo su lasaña y se sentó en mi sillón. Yo también comí lasaña. Estaba rica.
Cuando terminamos de comer les conté todo. Me refiero a como me entere de ser una diosa, como llegue aquí, incluso les dije la profecía completa y todo, excepto lo del Torneo de los Olímpicos.
-Apolo es muy conocido por ser un mujeriego. No debiste fiarte de él-dijo Annabeth.
-Él siempre coquetea con las cazadoras-dijo Thalía.
-Por ser estúpida le creí-dije encogiéndome de hombros.
-No eres estúpida-dijo Nico.
De pronto tocaron la puerta.
-Yo voy-dijo Percy levantándose del sillón.
Mientras él se fue a abrir nosotros cuatro nos quedamos en silencio.
-Chicos, han cancelado Captura la bandera-anuncio Percy.
-Pero ¿Por qué?-pregunto Annie.
-Por que hoy vienen los dioses.
-¿Sabes algo?-me pregunto Thalía.
-Ni idea.
-Qué raro.
Asentí.
-¿A qué hora vendrán?-pregunte.
-A ver, si son las ocho…
-Espera, ¡¿Ya son las ocho!?
-Sí. ¿No te habías dado cuenta?
Negué con la cabeza.
Nos habíamos pasado la tarde comiendo y conversando.
-Nos perdimos la cena-dijo Nico.
-Ya comimos aquí-dijo Thalía golpeándolo en la cabeza con un cojín.
Ella se sentó en su sillón otra vez y murmuro:
-Hombres, siempre tienen hambre.
-En eso te apoyo Thalía-mire a Percy- ¿A qué hora vienen los dioses?
-Dentro de una hora.
Otra vez tocaron la puerta.
-Voy yo esta vez.
Me pare y camine hasta la puerta. Tome el pomo y la abrí.
A que no sabes a quien vi.
Me cruce de brazos. Lo mire de arriba abajo.
-¿Qué?-pregunte con arrogancia.
-¿El vestido de hoy en la mañana?-pregunto Ares mirándome de arriba abajo.
-Guardado ¿Por?
Rodo los ojos y chasqueo los dedos y apareció un vestido.
-Ponte este.
Me entrego el vestido blanco.
-¿Para qué usare este vestido?
-Para la Ceremonia de los Recuerdos. Tienes una hora.-dijo y se esfumo.
Ni siquiera sé lo que es esa ceremonia.
Cerré la puerta y desdoble el vestido. Era largo, las mangas eran cortas y eran de encaje. Bajo el busto había un cinturón hecho de piedras y luego caía hasta el suelo.
-Wow-dijo Annabeth acercándose- Ese es un vestido de Raimon Bundó.
-Vaya. Pero ¿Acaso ellos no diseñan vestidos de novia?-pregunte temiendo a la respuesta.
-Sí pero tranquila. ¿Quién estaba en la puerta?
-Ares. ¿Tú crees que me vaya a casar hoy?
*-*Nopueden casarte hoy. Recién te han dicho que te casaras.
-No sé. Ares dijo algo sobre una Ceremonia de los Recuerdos.
Frunció el ceño.
-¿Ceremonia de los Recuerdos?
Asentí.
-Nunca había oído eso.
-Chicos yo me tengo que ir-dijo Nico dirigiéndose a la puerta.
-¿A dónde vas?-pregunte.
Se removió incomodo.
-Tengo que irme-dijo y salió.
No pude leerle la mente.
-Qué raro-dije.
-Tienes que arreglarte para esa ceremonia-dijo Annabeth.
-Percy sal de aquí-dijo Thalía.
Percy agacho la cabeza y se fue.
-¿Alguna vez has discutido con él?-pregunte.
-Sí. Pero no vayas a decir que es una ternura. Siempre dicen no entiendo porque te enojas con él si es una ternurita. Me aburre que lo digan.
-No iba a decir eso.
-No me gusta ese vestido-dijo Thalía.
-No te gusta porque no es negro-dijo Annie.
-Acertaste Chica Sabia.
-¿Y si lo volemos negro?-pregunte.
-A ver-dijo Thals.
Pensé en que fuera negro, y si, se tiñó de ese color.
-Ahora me encanta. Aunque es muy descubierto en la parte de arriba.
-Si-dije sin ánimo.
-Póntelo.
-¿No crees que se molestaran por haber cambiado el vestido?
-No. Eres una diosa, no pueden obligarte mucho.
Asentí.
Después de unos diez minutos ya tenía el vestido puesto, las sandalias ya estaban en mis pies y para mi cabello me hice una coleta baja al costado.
-Me gustaría tener mi cabello así de ondulado-dijo Annabeth.
-Pero tu cabello es precioso así como esta-dije.
Sonrió- Gracias.
-¿Ya paso una hora desde que Ares vino?-pregunte.
-Sí.
Tocaron la puerta.
-Iremos contigo-dijo mi hermana.
-No pueden.
-No si nos ven-dijo Annabeth- Iré por Percy.
Se fue hacia la puerta, la abrió, hizo una reverencia a no sé quién y luego se fue.
-¿Estas lista?-pregunto Ares entrando en la cabaña.
-Sí.
-Suerte-susurro Thalía.
Camine hacia Ares, quien ofrecía su brazo.
-Estuvo bien que cambiaras el color-dijo mientras bajábamos las escaleras.
-Sí, ya-suspire. ¿Los doce estarán ahí?
-Sí.
Hice una mueca.
-¿Qué sucede? ¿Acaso no quieres ver a Apolo?- Vi tristeza en sus ojos por un segundo.
-Ni en pintura.
-¿Qué paso?
-Me engaño.
Gruño- ¿Con quién?
-Con Afrodita.
-No debes sufrir por quien no te ama.
-El dolor es mi compañía y el amor es mi enemigo.
Paro de caminar y yo hice lo mismo. Se giro hacia mí y tomo mi rostro con ambas manos.
-Me gustas-susurro.
Me besó. Retrocedí instintivamente.
-¿Por qué cada vez que nos vemos tiendes a besarme?
-Porque me gustas.
-Vámonos.
Los dos nos adentramos en el bosque y caminamos hasta llegar a un claro.
En el claro había catorce antorchas, siete a la derecha y siete a la izquierda, una enfrente de otra. Los dioses estaban parados al costado de cada una.
Pero ¿Catorce? ¿No deberían ser solo doce?
Ares me llevo hasta estar al final y al centro. Se fue para su antorcha, yo mire a los dioses y claro evitando la mirada de Apolo y Afrodita.
Al lado izquierdo estaba Hades y al lado derecho estaba…imposible, no puede ser él.
Nico di Angelo evito mi mirada. Camine hacia él.
-¿Qué haces aquí?-pregunte.
-En el inframundo soy como un dios, por eso estoy aquí.
-¿Y dios de que eres?
-De las sombras- Miro hacia las antorchas del principio- Ya va a empezar, vuelve a tu sitio.
¿dios de las sombras? Yo soy la diosa de las sombras.
-¿Qué hago cuando empiece?
-Avanzas y luego la pitonisa te pone la corona.
-¿Qué?
-Vuelve a tu sitio-dijo ansioso a que vuelva a mi sitio.
Volví a mi lugar rápidamente y de pronto empezaron a sonar trompetas. Mire a Nico en busca de ayuda y él hizo un movimiento que decía que avance.
Avance hasta llegar a… ¿Rachel?
Ah, ya entiendo, Rachel es la pitonisa, consagrada a Apolo Pitio.
La pelirroja llevaba una capa azul con bordes dorados y en sus manos sostenía una corona de laureles de oro.
-Arrodíllate-dijo.
Me arrodille y me puso la corona.
Parpadee y ahí estaba yo, tendría unos tres años. Estaba en mi habitación del Olimpo, Atenea estaba sentada en la cama mientras yo estaba echada.
-¿Cuál es tu cuento favorito?-pregunto
-El Mago de Oz.
-Muy bien-dijo y chasqueo los dedos.
Un libro apareció, estaba flotando en el aire.
-Wow-la pequeña yo sé levanto de golpe-¿Puedo hacer lo mismo?
Asintió la diosa. Mini Summer chasqueo los dedos y apareció una pila de libros.
La imagen cambio.
Yo esta vez tenía como unos nueve años. Estaba sentada en un banco frente a un piano, a mi costado estaba el dios del sol, ósea Apolo.
-Toca-dijo.
-¿Estás seguro que no me equivocare?
-No lo harás. Toca mi, mi, fa, sol.
Toque las notas que me dijo.
-Ves, lo haces bien. Ahora toca el resto.
La imagen cambio.
Esta vez tenia doce años, estaba en un bosque y a mi costado estaba Artemisa. Ambas sosteníamos arcos y las flechas estaban apuntando a un animal.
-No hagas ruido-susurro.
Asentí.
-Dime las reglas-susurro.
-Tensa el arco, no mires al blanco y…
-¡Dispara!-grito.
Deje que mi flecha vaya.
La imagen cambio y aparecí en un cuarto blanco.
-Recordaras lo perdido en tu mente, recordaras a las personas que conociste-dijo una voz- recordaras las cosas que sentiste, recordaras tus sentimientos y recordaras todo ahora.
Abrí los ojos y estaba parada en el claro, las antorchas brillaban con más intensidad. Rachel tenía la corona en sus manos.
Me gire y vi a los demás dioses, los cuales hicieron una reverencia.
-Camina con cuidado Princesa del Olimpo-dijo una voz malvada en mi mente.
Cuando dejaron de hacer reverencia empezaron a conversar entre ellos y se dirigieron hacia el Campamento.
En cambio yo me dirigí a Nico. Cuando pase por el lado de mis padres, ambos me veían con orgullo.
Nico se metió en el bosque y ello lo seguí pero ya no lo veía. Me recosté en el tronco de un árbol.
Alguien me abrazo por detrás y me tense, luego empezaron a besarme el cuello. Vi cabello rubio.
-Hay que hacerlo mismo que hicimos más temprano-dijo Apolo.
-No soy Afrodita por si acaso-dije y camine alejándome de él.
-Lo sé. Eres mi novia-agarro mi brazo y le mire- La chica que yo amo.
-Si me amaras no me hubieras engañada.
Frunció el ceño- ¿Cuándo te engañe?
-¿Y todavía preguntas?-dije indignada.
Al ver que seguía confundido le respondí.
-Fue hoy y fue con Afrodita.
Alzo las cejas sorprendido.
-Con la única mujer con la que eh estado hoy has sido tú.
-¿Seguro? Porque yo te eh visto hoy como te revolcabas con la perra de Afrodita.
-No. Yo eh estado contigo, te hice mía.
-No. Yo estado con Percy y Nico todo el tiempo.
-¡Esa perra!-grito golpeando el árbol.
-Eh, tranquilo.
-No, ella me engaño, uso su poder. Ella tiene ese poder de transformarse en lo más hermoso que encuentre alguien al estar en su presencia.
-No funciona en mujeres ¿Verdad?
-No, ¿Por qué? ¿Me viste?
Puse los ojos en blanco.
-No, no te vi.
Asintió.
-No estás molesta conmigo ¿Verdad? Porque me engañaron, me hicieron creer que eras tú.
-Sí.
-Si ¿Qué?
-Si estoy molesta-me cruce brazos- ¿Acaso creíste que me acostaría contigo? Recién hemos estado juntos cuatro días.
-¿Estado? ¿Por qué lo dices en pasado?
-Porque terminamos.
-Pero fue una confusión, me hizo creer que eras tú.
-Es lo que hiciste. Está bien, ella se parecía físicamente a mí pero ¿mentalmente? No lo era. Tú pudiste haberme diferenciado por eso. Pero te dejaste llevar.
-Yo… Perdóname.
-Te perdonare, pero no volveremos a estar juntos.
Me gire y no mire atrás.
Ninguna lagrima cayo, ningún sollozo se escucho y en un camino abierto a la noche oscura y fría se oyó un grito a la lejanía proveniente de mi amado.