La Princesa del Olimpo — capítulo 23
¡Soy una idiota! ¿Por qué no le hice caso a mis instintos?
Corrí hasta él y me miró suplicante.
-Ayúdame-susurró.
-Sí, pero ¿Qué paso?
-Me atacaron, fue una mujer.
Lo voltee y jadeó.
-¿Dónde…-levante su camiseta-Oh.
-¿Está muy mal?-pregunto.
-Uh-huh.
Sacó una daga llena de icor, la sangre de los dioses.
-¿Con eso te ataco?
-Sí y tiene veneno de drakon.
-Eso es malo, es muy malo.
-Puedes curarme. Tu ave es el fénix, sus lágrimas me curarían.
-Pero no tengo ningún Fénix.
Ambos guardamos silencio, hasta que una idea se me ocurrió.
-¿Y si en vez de lagrimas uso sangre?
-¿¡Estás loca?!
-Un poco.
Golpeé mi brazalete y apareció una espada. Giré una de las piedras preciosas del mango y la espada se redujo a una daga.
-No lo vas a hacer.
Intento agarrar la daga pero fue en vano.
-Aquí vamos-dije acercando la daga a mi mano.
Corte la palma de mi mano y la acerque rápidamente a la herida.
Deje caer el icor en la herida y vi que esta soltaba humo cuando mi sangre la tocaba. Me acerque para ver porque lo hacía y vi que lo estaba curando, un líquido verdoso salía de la herida. Debe ser el veneno de drakon.
-No debiste hacerlo-dijo Apolo.
-Eres mi hermano.
-No soy tu hermano, los dioses no tienen ADN.
-Lo sé.
-¿Hay que intentarlo una vez más? Por favor.
-No. Además recién ha sido hoy que terminamos.
-Dime que hacer y lo haré.
-No.
-Te escribiré un poema por día, te cantare todas la mañanas, te preparare el desayuno, te daré todo lo que me pidas y hare todo lo que te plazca.
-Que dulce-dije en un tono lindo para después hablar secamente-Pero no.
-Por favor.
-No.
Rasgue una parte me camiseta y cubrí mi herida. La de Apolo ya se había curado.
-Yo puedo curar eso-dijo sentándose junto a mí.
-Está bien, no importa.
-Por favor-tomo mi mano con ambas manos.
Suspire.
-Está bien.
Quitó la tela y tapo la herida con su mano. Al quitarla, no había nada.
-¿Por qué no te curaste solo?
-Por que funciona en los demás, no en mí.
Asentí. Mire mi reloj y vi que era la una de la mañana.
-¿Por qué estas despierta? Es tarde-dijo Apolo.
-Duh… -vacile-¿Insomnio? Si, insomnio.
Entre cerró los ojos.
-No te creo.
-Cree lo que quieras-me pare y me aleje.
-Chiquilla traviesa-susurra Apolo en mi oído.
-¿Qué?-dije parando y volteándome.
-Acabo de leer tu mente, se que le has hecho una broma a la cabaña de Afrodita.
Fruncí los labios.
-No te he dado permiso de que leas mi mente-dije y me voltee.
Tomó mi brazo y me volteó hacia él. Sus manos estaban en mi espalda pegándome más a su cuerpo.
-¿Tengo permiso para besarte?
-No.
Dije no pero en mi mente estaba "Si, bésame"
Me besó con fuerza. Mis manos que estaban en su pecho, subieron a su cabello. Era un beso intenso y tenía la sensación de que si no nos separábamos, uno de nosotros se fundiría en el otro. Empezamos a acariciarnos en lugares estratégicos.
No, esto está mal.
Los empuje con fuerza. Me lamí mi labio ya que Apolo me mordió cuando lo empuje, sentí el sabor a sangre.
-Adiós Apolo-dije furiosa.
No paré de correr hasta llegar a mi cabaña y tener la puerta cerrada detrás de mí.
-¿Qué paso?-pregunto Thalía.
-Apolo.
-¿Apolo?-pregunto Annabeth-¿Qué te ha hecho?
-Besarme.
-¿Se besaron?
Asentí.
-¿Te obligo?-pregunto Thalía.
-No.
Annabeth fruncí el ceño y se acerco a mí.
Examino mi rostro y luego retrocedió unos pasos.
-Sabes que tu iris ha cambiado de color.
-¿Eh?
-Tus ojos ya no son azules, si no grises.
Alce las cejas.
-Bueno. Ahora son azules. ¿Has estado molesta?
-Sí, con Apolo.
-¿Es la primera vez que cambian de color?
-Sí.
-Interesante.
Bostecé- ¿Terminaron de leer Hush Hush?
-No-dijo Thalía.
-Pronto la terminaremos-dijo Annabeth.
Asentí.
-Tengo sueño.
-Duerme, nosotras también vamos a dormir.
-Pongan sus alarmas, hay que estar listas antes de las tres.
Asintieron.
Todas nos pusimos nuestros pijamas y nos fuimos a dormir.
Un estúpido ruidito me despertó de mi hermoso sueño. Golpeé la mesita de noche en busca del objeto que hacia el ruido.
Cuando lo encontré lo apague. Miré la hora y quería seguir durmiendo. Me tape con la manta hasta la cabeza.
-Levántate Princesa del Olimpo-dijo una voz de mujer.
-¿Qué?-pregunte alzando la cabeza.
-¿Qué cosa?-pregunto confundida Thalía.
-Nada, creo que aun sigo dormida.
-Pues yo te veo despierta.
Asentí.
-¿Annabeth esta despierta?
Miró a su costado-Aun no.
-Hay que prender la luz.
-¡No!-exclamó- Nos delatarías.
-Ah, ok.
Esperamos un rato, y se oyeron varios gritos.
Annabeth despertó dando un salto.
-¿Qué? ¿Qué paso?-dijo adormilada.
-La broma-dijimos Thalía y yo al unisonó.
Más gritos se oyeron. Por la ventana vimos como los otros campistas y dioses se dirigían a la cabaña de Afrodita.
Salimos somnolientas de la cabaña y nos dirigimos a la cabaña diez.
Vimos a Drew y a otros hijos de Afrodita bañados en el líquido verde de dudosa procedencia. Todos estaban corriendo y gritando de un lado a otro dentro de la cabaña. Los huevos caían desde el techo, las arañas estaban colgando, las ratas se paseaban por todo el lugar y los globos estaban explotando dejando libre al líquido verde.
Deseaba ver su expresión cuando se dieran cuenta del maquillaje.
Todos los campistas y dioses se estaban riendo de la escena, excepto mi madre y mi padre, él se estaba aguantando la risa al igual que Quirón. Atenea se reía, eso era raro, mayormente se ríe con un chiste inteligente.
Señale a Drew, que estaba golpeando a las arañas y saltando y en una de esas se cayó. Todos reímos más fuerte. Esto era cruel pero era tan divertido.
Cuando todo se termino, Afrodita salió furiosa.
-¿Quién fue?-pregunto a la multitud.
Nadie respondió pero se oían murmullos.
Alguien me abrazo desde atrás.
-Estuvo muy divertida la broma-Apolo susurró en mi oído.
-No trabaje sola-dije mirando al frente mientras Afrodita les hablaba a todos.
-Te van a descubrir.
-No si tú me delatas-dije mirándolo.
Me abrazo más fuerte.
-Sabes que nunca lo haría.
Asentí.
Tomé su mano y me lo lleve aparte.
-Sabes que me gusto ese beso ¿Verdad?-dijo.
Asentí.
-Te ves adorable en ese pijama.
-¿Gracias?
Seguimos caminando. Lo lleve al lugar en donde me dio mi primer beso.
-¿Recuerdas este lugar?- le pregunte.
-Sí. Lo recuerdo.
Sonreí.
-¿Me amas?
-Siempre.
Lo abrace.
-Te amo-le susurre.
-Te amo. ¿Todo está bien ahora?
-Siempre.
Nos besamos.
-Chicos, lamento a interrumpirlos-dijo un hombre.
Paramos los besos. ¿Siempre nos tienen que interrumpir?
-¿Qué sucede, Hermes?-pregunto Apolo.
-Ya anunciaron la fecha del Torneo de los Olímpicos.
-¿Cuándo es?-pregunte.
-Dentro de una semana, y es más, los dioses menores también van a estar.
-¿Y el peligro?-pregunto Apolo.
-Atenea está haciendo el Torneo.
Apolo abrió mucho los ojos.
-Atenea nos matara a todos.
-No-digo- Si tenemos aliados, no.
-Pero ¿quién va a querer ser nuestro aliado?
-Yo-dijo Hermes alzando una mano.
Asentimos.
Una voz de mujer hablo en mi cabeza.
La Princesa del Olimpo caerá.