La Princesa del Olimpo — capítulo 25
Sangre. Dolor. Muerte.
Esas palabras se repetían en mi cabeza.
Faltaba un día para convertirme en una asesina. Hay algunos en mi lista que pienso matar violentamente, Enio será uno de ellos.
La detesto por meterse en mi mente y estar amenazándome, además la primera razón por la que la quiero matar es que ella fue quien hirió a Apolo.
Apolo…Apolo… ¡Apolo!
Él había estado planeando estrategias con Artemisa y estaba entrenando. Mientras yo estaba con Hermes, él me enseño a mentir y a pelear.
Era bueno, pero, ¡Oh, vamos! Soy la diosa de la guerra le iba a ganar.
Amiga, estaba equivocada.
Sí, me ganó. Me dijo que me faltaba técnica.
Tras terminar la práctica estuvimos haciendo planes, suposiciones de cómo sería el lugar a donde iríamos.
Suponíamos que fuera en una isla, si había una volcán, los cuatro iríamos ahí para encontrarnos; si era una bosque, iríamos a un rio. Sé que son pocas suposiciones y además hay poca probabilidad de encontrarnos.
Por lo que yo sé, todos íbamos a estar separados, ninguno iba a saber en dónde está el otro. Eso era preocupante, pero a la vez una ventaja, si nadie ve en donde estoy podre esconderme con facilidad.
Afrodita ha estado extrañamente calmada, no sé si añadirla a mí lista. Sé que no podemos morir pero si destruyen varias partes de nuestros cuerpos, podemos ir al Tártaro.
Un lugar horrible, donde están los monstros, titanes y quién sabe qué cosa más.
Nico di Angelo se nos unió a nuestra pandilla. Me enseño a usar el poder de las sombras y fue muy pero muy difícil. Las sombras te permiten transportarte y pueden ser guerreros. Si, lo sé, extraño. Nico le tomó años aprender a manejarlos y dijo que lo que me había enseñado es de novicios.
Nico y yo nos tiramos en una colchoneta.
-Tienes que trabajar más-dijo.
-Lo sé, soy una novata.
Nos quedamos en silencio.
-¿Qué te ha dicho Thalía?-pregunté.
-Nada. Después del beso nos dimos, que fue un error y desde ahí no la veo.
-¿Cómo te sientes?
-Raro.
-¿Por qué?
-¿¡Te has vuelto la doctora corazón o qué?!-exclamó/preguntó.
-Solo quiero ayudar a mi guapo amigo.
Suspiró-Ok.
-¿Por qué te sientes raro?
-Aun tengo sentimientos por la otra persona.
-Oh.
-Summer-llamó esa voz, su voz.
-¿Hablamos después?-le pregunté a Nico.
Antes de él pudiera responder, Apolo apareció enfrente de nosotros.
-Hola-saludamos ambos.
-Hola-respondió Apolo.
-Yo me voy-dijo Nico levantándose.
-Adiós-dije.
Cuando Nico se fue, Apolo se echo a mi costado.
-¿Por qué estas así?-preguntó.
-mmm, ¿A qué te refieres?
-Te siento un poco extraña-luego murmuro para sí mismo-siento que me ignoras.
-No te ignoro. Tú me ignoras a mí.
-Claro que no.
-Si lo haces, estas así desde hace dos días.
-Yo no…
Le mande una mirada y se quedo callado.
-Sabes, estoy cansada, estresada y quiero dormir, así que me voy.
Me estaba parando cuando Apolo de repente me jaló y caí otra vez en la colchoneta.
-¡Apolo!-exclamé.
No hablé nada más ya que Apolo me besó.
Lo empujé.
-¡Oye!
-¿Qué? ¿Ahora no puedo besarte?
-Sí pero…
Otra vez me besó.
-No te pases de listo.
-Está bien.
-¿Podrías quitarte de encima?
-Uy, lo siento.
Se paró y me ayudo a levantarme.
-Hoy vamos a cenar fuera-anunció.
-¿y que se celebra?
-Ya te enteraras-empezamos a caminar.
-Ok.
-Me da pena tu amigo.
-¿Qué amigo?
-Nico.
-¿Por qué te da pena?
-Summer, yo sé lo que él siente.
Me paralicé.
-¿Qué?
-Se que él siente algo por Percy-susurró la ultima parte.
-¿Cómo lo sabes?
-Soy el dios de la verdad, se que miente sobre sus sentimientos.
-Me gustaría que el dijera la verdad sobre sus sentimientos, se que se le haría difícil decirlo pero sería lo mejor ¿No crees?
-Sí pero se le haría muy difícil. Hay chicos que son así, yo fui así y se me hizo algo dificil.
-Lo sé, recuerdo tu historia, fue con Jacinto ¿Verdad?
-Sí.
Tomé su mano y entrelacé sus dedos con los míos. Él miró nuestras manos y luego sonrió.
Me besó y luego seguimos caminando.
Cuando llegamos a mi habitación Apolo tomo mi rostro con ambas manos y me besó.
-Perdóname por haberte ignorado-dijo aun en mis labios.
-Perdonado.
-Te veo más tarde, te recogeré a las siete-dijo separándose pero sus manos seguían en mi cara.
-Eres malo-dije como una niña.
-¿Por qué?-me miró confundido.
-Solo me das dos horas para arreglarme.
-Pero dos horas es mucho para mí.
-Sí, pero tú no te tienes que maquillar, peinar, seleccionar un vestido luego los zapatos, y luego los pendientes, el collar y las pulseras.
-Cielos-suspiró- Tu no necesitas hacer todo eso, siempre estas hermosa y sexy.
Me sonroje.
Acaricio mi mejilla.
-Te ves linda cuando te sonrojas.
Respiré profundamente.
-Apolo, tengo que prepararme.
-Está bien-me dio un beso rápido y se fue.
Abrí la puerta de mi habitación y luego me puse a buscar que me iba poner.
Después de 45 minutos elegí un vestido azul cielo, igual que mis ojos. Escogí sandalias altas de color plateado y unas pulseras del mismo color y unos pendientes con piedras de zafiro. Solo me faltaba el collar.
Tocaron la puerta.
-Adelante.
Esperé, nadie abrió. Fui hasta la puerta, la abrí y no había nadie. No esperen, había una caja en el suelo. Encima de ella había una nota.
Cuida a tu familia, princesita.
No había remitente. Abrí la caja y me encontré con un muñeco rubio, una muñeca pelinegra y una muñequita de cabello marrón. La muñequita tenía un cuchillo clavado en el pecho.
Tomé la caja y la tire a la chimenea para que se quemara.
No sé porque pero me asuste y fue horrible.
Me vestí y me maquille y luego me puse los accesorios.
Estaba lista cinco minutos antes de que Apolo llegara.
Esperé y tocaron la puerta.
La abrí y ahí estaba mi sexy novio, con su gran sonrisa. Iba vestido con un traje negro y camisa blanca, en los brazos llevaba unas flores las cuales reconocí de inmediato.
Eran Chocolate Cosmos. Mis flores favoritas, siempre me gustó su olor, huele a chocolate y vainilla. Significa "el final del amor".
-Estas hermosa.
-Gracias. Y tú no estás nada mal.
-Estas son para ti-dijo entregándome las flores.
-Son hermosas-olí las flores y me quedé encantada.
-¿Vamos?
-Vamos.
Tomó mi mano y salimos del edificio. Me llevó hasta el jardín y allí había una mesa para dos. Tenía un mantel rojo, encima había platos, cubiertos, copas y en el medio un candelabro. Alrededor del cuadrado en donde estábamos había farolas.
-Ven-dijo.
Me llevó hasta la mesa, apartó la silla y me senté, luego empujo la silla hacia la mesa. Se sentó y después llamó a ninfas para que trajeran la comida.
-¿Cómo has estado estos días?-preguntó Apolo.
-Bien, estresada pero bien.
-¿Estas lista para mañana?
-Eso creo. ¿Y tú?
-Sí, estoy listo. Aunque estoy preocupado por ti.
-¿Por qué?
-No quiero que nada malo te pase-dijo tomando mi mano.
-No me va a pasar nada-sonreí.
Asintió.
Trajeron la comida y empezamos a cenar.
-¿Vino?
-Dionisio no vendrá a robármelo ¿Verdad?
-No creo que lo haga.
-Ok.
Sirvió el vino en mi copa y luego en la de él.
-Summer…-se agarro las manos- Ay, no sé cómo empezar.
-Por el principio-propuse.
-Sabes que tú y yo nos conocemos desde hace tiempo.
Asentí.
-Sabes que te amo mucho, más de lo que había amado antes a otra mujer.
-Lo sé-tomé un poco de vino-¿Estás bien?
-Sí-Respiró.
Lo miré y vi que estaba nervioso.
-¿Estás seguro de que estas bien?
-Sí.
Se paró y se puso a caminar mientras murmuraba: "Apolo piensa, eres el dios de la poesía y no se te ocurre nada que decir"
Llené más mi copa y seguí tomando. Sabía un poco dulce. Genial.
Apolo me miró y se acerco a mí. Deje mi bebida en la mesa. Él se arrodillo ante mí, sus ojos brillaban.
-Summer, ¿Me harías el honor de casarte conmigo?-dijo sacando una cajita y abriéndola dejando ver un anillo con un zafiro en forma de corazón y alrededor diamantes.
Pensé en su pregunta, los recuerdos me invadieron. Pensé en mi vida, en lo que seria.
Quería llorar, sentía diferentes emociones, las cuales no podía controlar. Sabía que tenía que responder.
-No.