La Princesa del Olimpo — capítulo 26
-¿Qué?
-Dije no.
-Pero…
-Lo siento.
Me levante de la silla. Quería llorar.
-Me tengo que ir-mi voz se quebró.
-No, por favor.
-Perdóname.
Las lágrimas amenazaban con salir. Rodeé a Apolo y Salí de ahí corriendo.
Corrí por lados del jardín por los que nunca había estado.
Alguien agarró mi brazo y me jaló.
-¿Qué?-dije confundida alzando la cabeza.
Vi a Afrodita agarrándome el brazo.
-¡Suéltame!
-No, escúchame.
-¿Qué?
-Es sobre Apolo.
-Acaso no te basta haberte acostado con él-dije casi gritando.
-No es eso. Quiero disculparme, creí que Ares te amaba y estaba celosa, luego descubrí que solo le gustabas. No era amor. Lo siento.
-Está bien-dije secándome unas lágrimas.
-¿Por qué le dijiste que no?
La miré y llore más.
-Tranquila.
-¡No!-exclamé.
-¿Qué sucede? ¿Por qué le dijiste que no?
Agaché la cabeza- Me da vergüenza decirlo.
-Soy mujer, igual que tu.
-No soy una mujer, soy una niña y tengo miedo a esto.
-¿A qué te refieres a esto?
-A casarme y luego eso…tú ya sabes.
Mi cara estaba ardiendo de la vergüenza, seguro estaba roja como un tomate.
Soltó una carcajada.
-¿En serio?-pregunto entre risas.
-Si-dije completamente avergonzada.
-Tranquila-ya no reía- es normal que estés asustada pero tranquila.
-Ahora entiendo-dijo una voz que reconocí al instante.
-Apolo-dije volteándome hacia él.
Se acerco a mí y se puso en cuclillas. Acaricio mi mejilla y me dio un beso en la nariz.
-Sabes que si no estás lista yo esperaría por ti ¿Verdad?
No dije nada.
Creí que se enojaría por qué no pensé en ello, pero él simplemente sonrió y me abrazó.
-Te amo mucho-dijo mirándome a los ojos.
-Yo me voy-dijo Afrodita.
Ni siquiera la miramos.
-Sabes que antes de ti nadie me había amado como tú me amas.
Lo miré confundida. Él tenía a muchas mujeres y lo amaban.
-Ellas me aman solo por mi físico, en cambio tú sabes de mí. Me amas por como soy, no por quién soy.
-Pero recién nos conocemos. ¡Llevamos una semana!
-Te lo dije antes, nosotros nos conocemos desde hace tiempo. Yo te amé desde que tenías dos años y tú desde que tenías doce.
Tomó mis manos.
-Te amo y lo sabes. Nunca te cambiaría por nada y sabes que te protegería con mi vida, si tengo que dar mi alma por ti lo hare, si tengo que ir al Tártaro por ti lo hare, si tengo que gritarle a los dioses de los cuatro vientos que te amo lo hare. Hare lo que sea para mantenerte a mi lado.
No supe que decir. Era hermoso y raro. Era hermosamente raro.
Nunca había amado a nadie y esto era raro para mí.
Lo besé y no lo deje parar para respirar. No hasta que ya me asfixiaba.
Cuando logre recuperarme, dije:
-Sí.
-¿Si qué?-preguntó jadeando.
-Si quiero.
-¿Si quieres qué?-preguntó emocionado.
Sabía que yo tenía una sonrisa estúpida. Es cierto, todos nos volvemos medio idiotas cuando nos enamoramos.
-Si quiero casarme contigo.
Me abrazó y me quitó el poco aire que tenia. Me dio otro beso.
-¿Apolo?
-¿Mmm?
-No…respiro.
Se separó de mí para que pudiera respirar.
-¿Vamos a descansar?-dijo.
-Sí, mañana será un día muy difícil.
-Oh, por cierto-sacó el anillo-¿Me permites?
-Por supuesto.
Coloco el anillo en mi dedo.
-Es hermoso.
-Solo queda hermoso en ti.
-Gracias.
A la mañana siguiente desperté abrazada a Apolo.
Tocaron la puerta.
-Adelante-dije.
Me senté en la cama y moví a Apolo.
-¿Ah?-dijo somnoliento.
-Levántate flojonazo-dije casi gritando.
-Señorita Summer tiene que...-dijo una ninfa entrando en la habitación.
En su boca se formo una perfecta "O".
-Lo siento, yo…
No termino de habar ya que la interrumpí.
-Tranquila, pasa.
Asintió.
-Señorita, tiene que ponerse esto-dijo mostrándome unas ropas negras.
-De acuerdo.
-¿Qué es eso?-preguntó Apolo frotándose los ojos.
-Ropa-dije.
Se sentó. Me miró aun con sueño y luego miró a la ninfa, me volvió a mirar y después se sorprendió cuando vio a la ninfa.
-Señor Apolo, en su habitación hay ropa igual-dijo la ninfa.
Apolo asintió y luego me dio un beso.
Después que dejo de besarme, la ninfa preguntó:
-¿Quiere algo más?
-Si-dijo Apolo sin mirarla-trae mi ropa aquí. ¿Esa es la que usaremos para el torneo?
-Sí, señor. Enseguida la traigo.
Me dio otro beso.
-Me alegro que Zeus haya aceptado dejarte que tu elijas a quien amar y no tener que obligarte a casarte con quien no amas.
-Así es, pero me pregunto ¿Qué hubieras echo tu si escogía a Ares?
-Te hubiera enamorado y te pediría que huyéramos juntos.
-Ohhh.
-Ahora entra a bañarte que se nos hace tarde.
-De acuerdo.
Me levante de la cama, agarre la ropa y entre al baño.
Me bañé, estuve bastante tiempo en el agua. Tenía la sensación de que no me bañaría en días.
Salí de la bañera, me seque el cuerpo y luego el cabello. Me puse las ropas negras y me hice una coleta alta, claro dejando un mechón suelto.
Tenía puesto una camiseta manga corta color negro, un pantalón negro y una chaqueta de cuero negra. Los zapatos lo escogíamos nosotros, tomé mis converse negras y me las puse.
Salí del baño y Apolo estaba durmiendo.
-¡Apolo!-grité.
-¿Ah? ¿Qué?-me vio-Ah, hola Summer.
-Entre en el baño, báñate y luego cámbiate.
-Lo siento, me quede dormido.
Asentí.
Se levanto y luego entro al baño llevándose la ropa consigo.
Acomode la cama y luego me senté a esperar.
Después de media hora. Apolo salió, iba vestido como yo solo que en hombre, lo único que cambiaba eran los zapatos. Él tenía botas y yo zapatillas.
-Te ves bien-dijo.
-Igual tu.
-Tenemos que ir a desayunar.
Asentí.
Salimos de la habitación y nos dirigimos al comedor.
Ahí estaban todos los dioses, nos sentamos con nuestros aliados y empezamos a desayunar.
Nuestra idea había sido aliarnos con todos los Olímpicos, todos aceptaron a excepción de Ares y Afrodita. Ares por orgullo y Afrodita por que amaba a Ares.
Pero todos sabíamos que si mandamos al Tártaro a los demás, tendríamos que pelear entre nosotros por los puestos.
Los puestos son el número de orden de cada Olímpico, quien está más cerca de los primeros números tiene más poder sobre los dioses menores. Pero a mí no me importa.
-Entonces si es una isla nos reuniremos en el mar-dijo Deméter.
-Aja-dije aunque no había hecho una pregunta.
-Dioses y diosas, por favor préstenme atención-habló Atenea.
Todo el ruido que había antes cesó.
-Como todos ustedes saben, hoy empieza el Torneo de los Olímpicos. Este Torneo será visto por todos, me refiero a que semidioses, centauros, sátiros y ninfas verán este "juego". Así que está prohibido mostrar su forma divina.
-¿Esas son todas la reglas?-preguntó/gritó alguien de atrás.
-No, solo falta una. Ningún dios o diosa debe volar.
Algunos dioses se pusieron a refunfuñar.
-Silencio-gritó Atenea-Ahora prepárense, en dos minutos tienen que ir al círculo.
Ya va a empezar. Ya a empezar. No sé qué cara tenía ya que Apolo me dijo:
-Cálmate, todo estará bien.
Asentí.
-Summer-me llamó Hera.
Me levante de la mesa y me dirigí hasta ella.
-Hola-saludé.
-Hola, cariño.
Me dio un abrazo y luego se separó. Me miró con tristeza.
-¿Qué sucede? ¿Porque me miras así?
-Lo siento, hija. Es que estoy preocupada por ti.
-Tranquila, todo estará bien.
-El Torneo será muy peligroso. Eres mi pequeña y tengo miedo de que te hagan daño.
-Lo sé pero todo estará bien, mamá.
Asintió.
-¡Es hora!-gritó Atenea.
-Tengo que irme.
-Te quiero, mi niña y sé que tu padre está muy orgulloso de ti.
-Gracias, mamá.
Me despedí de ella y me dirigí al salón del círculo. El salón era oscuro y ya saben porque el nombre, alrededor habían pequeños círculos, cada dios tenía que ponerse en el circulo para luego ser transportado al campo. Tome las armas que pensé que iba a necesitar, un arco, una espada, una lanza y varios cuchillos.
-En un minuto serán llevados al campo-la voz de Atenea sonó por todo el lugar.
Empezaron hacer una cuenta regresiva. Busque con la mirada a Apolo. Él me miraba preocupado.
"Tranquilo"-dije en silencio.
Asintió.
-Siete, seis, cinco, cuatro.
Respira, relájate.
-Tres, dos, uno.
Nuestros cuerpos brillamos, la luz era segadora. Cerré mis ojos y cuando sentí que todo había pasado los abrí.
Miré todo el lugar y me quede boquiabierta.
Era un…un…laberinto.