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La Princesa del Olimpo — capítulo 27

Miré a todos lados y el laberinto era oscuro como boca del lobo, poco a poco las antorchas que habían a ambos lados del pasillo en el que me encontraba se prendieron dejando ver  el estrecho pasillo sin fin en el que me encontraba. En aquel lugar solo se veía un camino delgado e infinito hacia los dos lados.

¿Cómo sabría el camino que debía tomar? ¿Cuál debía ser mi próximo paso?¿Derecha o izquierda? ¿Qué camino sería el correcto?

Pensé en Apolo, mi dulce y tierno Apolo, ¿Donde estaría? ¿Qué estaría haciendo? estas preguntas retumbaban en mi cabeza como un tambor, y poco a poco mi mente jugó contra mí misma, pensé en monstruos horribles y pasillos sin fin, comprendí cuan elaborado era el plan de Atenea. Decidí que iría a la derecha, caminé lo más silenciosamente posible cuando escuché un gruñido a mi espalda, y vi un par de ojos amarillos viéndome, no eran dos pares, no tres pares , cuatro, cinco, seis pares de ojos mirándome. 

Intenté correr hacia cualquier lado, girando a derecha o izquierda sin pensármelo demasiado, huyendo de aquella... cosa. Mi poco pensamiento me encaminó hacia un callejón sin salida. Intentaba pensar soluciones lo más rápido posible, mas los rugidos de la bestia junto a sus pasos ruidosos no ayudaban demasiado. Pensaba que estaba todo perdido.

Vi a la hidra acercarse, no sabía qué hacer, esos segundos eran cruciales, no podía pensar en nada más que en Apolo, no tenía con que defenderme ¿O sí?

Saque mi arco y disparé varias flechas, trate de encontrar su punto débil disparando a diferentes lugares hasta que se me ocurrió un buen lugar.

Prepare la flecha y la dispare al ojo. Claro, debería pensar que me salve pero no, la enfurecí más.

Solté una maldición.

La hidra abrió su boca y soltó fuego. 

Me tire al suelo y rodé hasta el otro muro.

-¡Quémala!-grito alguien.

Me levante lo suficiente para ver a Apolo saltando y cortando las cabezas de la hidra con su espada.

-¿Qué?-grité.

-Quema el cuello de la cabeza cortada.

Hice lo que me dijo y cuando termine solo quedo el cuerpo sin cabezas.

-¿Como me encontraste?

-Tu madre-jadeó-tu madre te puso un rastreador... me lo dio el aparato de rastreo y así te encontré.

Fruncí el ceño.

-¿Porque me puso un aparato de rastreo?-pregunte mas para mí que para él.

-Quería que te protegiera-murmuro.

Suspire. 

Acaso mamá cree que no puedo cuidarme sola.

-Hay que buscar a Nico y a Artemisa.

-Yo te sigo.

Caminamos por horas pero a mí me parecieron siglos. Recorrimos todos los pasillos que nos encontrábamos. Cuando giramos en una esquina, nos encontramos con quien menos quería encontrarme.

Enio esbozo una sonrisa maliciosa.

-Hola Summer.

Ella se había trenzado el cabello marrón y sus ojos negros brillaban con maldad.

Forcé una sonrisa- Hola Enio.

-Enio-gruño Apolo.

-Calma muchacho.

-Vámonos-agarré la mano de Apolo.

-Oh, ¿Por qué se van tan pronto?-pregunto Enio.

-Es una competencia, querida, no podemos quedarnos-respondí.

-Ya lo sé.

-¿En serio?, me sorprende que tu pequeño cerebro captara algo.

Me fulmino con la mirada.

 Sonreí con suficiencia. Quería hacerla enojar. Lo sé, es estúpido.

-Niña estúpida-dijo Enio.

Suspiré y murmure un "Lo sé"

Agarre a Apolo y lo jale hasta el otro pasillo.

Cuando estuvimos lo suficientemente lejos él pregunto:

-¿Qué fue eso?

-Ni siquiera yo lo sé.

Suspire.

-Tenía ganas de molestarla.

-Mmmhuhmmm.

Puse los ojos en blanco.

-Tienes que aprender a soportarme.

-Sí, ya lo hago.

Le di un codazo en las costillas.

-Au. Sabes que te amo.

-Lo  sé y tú también sabes que yo te amo.

Me abrazó por la espalda. Gire mi cabeza y lo miré.

Él sonreía y me dio un beso.

-Te quiero-susurré.

-Yo también.

-Esto es cursi-dijo alguien, la voz era de chica.

Mire a frente y vi a…

-Hola Arty-dijo Apolo caminando hacia su hermana.

-¡Que no me llames Arty!

La pelirroja estaba vestida de negro, sus ojos platedos brillaban con furia y por mi parecer acaba de luchar con algo pues tenía el arco en sus manos.

-Calma, calma-dijo Apolo-¿Cómo estás?

-Bien-dijo tranquila.

-¿Contra qué has luchado?-pregunto.

-Contra una manticora.

-Ow.

-No me gusta como Atenea ha hecho esto-dijo mirando al piso.

-Es difícil pero tenemos que encontrar la salida-dijo Apolo.

Artemisa alzó la cabeza y miro a Apolo impresionada.

-¿Qué sucede?-pregunte.

-Nada, nada.

Apolo la miro confundida.

Luego se escucho unos crujidos.

-¿Escuchan eso?

-Shhh-dijo Apolo poniéndose un dedo sobre los labios.

-¿Por qué?-pregunto Arty.

Justo en ese momento las antorchas que iluminaban el pasillo se apagaron.

Parpadee hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad.

-¡Qué raro!-dije.

-Sí, mucho-dijo Artemisa.

Se escucharon mas crujidos y algo como si se deslizara.

-¿Qué es eso?-susurro Apolo.

-No lo sé-respondió su hermana.

En ese instante las antorchas que estaban alrededor se encendieron y vi como una liana se ataba en el pie de Artemisa. Lo único que escuche fue su grito y luego se apagaron las antorchas.

Escuche el grito de un hombre.

-¡Summer! ¡Artemisa!-grito mi novio.

-¡Apolo! ¡Artemisa!-grite.

 Corrí hacia adelante pero una liana me agarro el pie y me hizo caer.

Me arrastro hasta no sé dónde y luego todo se nublo.