Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Princesa del Olimpo · de

La Princesa del Olimpo — capítulo 29

Lo vi caer.

Lo oí diciendo "Te amo".

Me arrodillé en la entrada del Tártaro después de degollar a Enio.

Me puse a llorar.

Sentí una mano en mi espalda.

-Todo acabo.

Mire atrás de mí.

-Nico-susurre.

Me abrazo y llore más.

-Cálmate, ya termino todo. Hemos superado todo. Eres una Olímpica.

-No me importa. Apolo cayó al Tártaro.

Nico iba a decir algo pero desparecimos en un flash.

Aparecimos en el salón del círculo y solo había ocho personas, contando a Nico y a mí.

Todos estaban con heridas y algunos echaban humo. En serio, humo.

-Todo ha terminado.

Alguien hablo detrás de mí.

Me gire.

-¡Papá!

Lo abrace.

-Papá, Apolo cayo al Tártaro.

-Lo se cariño.

-Tenemos que salvarlo…

Me iba a girar pero mi padre no me dejo.

-¿Qué sucede, papá?

-No podemos salvarlo. Él sabía que esto iba a pasar.

-¿Qué?

-Apolo tuvo una visión. Anoche. Mientras tú dormías. Él vio que iba a caer, no me dijo cuándo iba a volver.

-¡¿Por qué lo dejaste ir al Torneo?!-grite alejándome.

Zeus no dijo nada.

-¡Contesta!

-El destino no se puede cambiar.

Me puse a llorar.

Nico me abrazo y me susurraba que me calmara. Pero yo solo quería que él volviera.

-Vamos al Olimpo-dijo mi padre.

-¿Para qué?-pregunte furiosa.

-Para la ceremonia de coronación.

-¿Coronación? ¿Ni siquiera te apena que tu hijo haya caído al Tártaro?

-Me apena y mucho, pero él algún día va a tener que regresar.

-¿¡Cuando?!

-Cálmate y no sé cuándo volverá.

Solté un sollozo.

-Cariño-dijo otra voz.

-¿Mamá?

-Mi niña-me abrazo-Todo a estar bien.

-No, mamá.

-Claro que sí. Vamos al Olimpo. Tienes que descansar y luego prepararte.

-¿Acosa a nadie le importa que Apolo no este?

-Si nos importa pero debemos de continuar y me imagino el dolor que debes estar sintiendo.

-No te lo imaginas-solloce.

-Cálmate.

-¡Dejen de decir que me calme!

Sentí un dolor en la espalda. Como un pinchazo.

-Au-gemí.

Empecé a ver todo borroso.

-¿Mamá?

-Todo está bien, cariño.

Su voz se oía lejana y ya no distinguía su rostro.

Sentí como caía y luego todo se volvió negro.

Empecé a abrir los ojos lentamente.

-Mi señora, ya está despertando-dijo una voz de mujer.

-De acuerdo. Déjanos, por favor-dijo otra voz de mujer que se me hacía familiar.

-Sí, señora.

Oí pasos y como la puerta se abría y se cerraba.

-¿Hija?

Parpadee varias veces hasta que pude ver bien el rostro de la mujer sentada en el sofá.

-¿Mamá?

-Sí. ¿Cómo te sientes?

-Bien.

Fruncí el ceño. Creo que me estoy olvidando de algo.

-¿Qué pasa?

-Nada, solo creo que me estoy olvidando de algo.

Ella sonrió con ternura.

-¿Te acuerdas del Torneo de los Olímpicos?

-Sí, un poco.

-¿Qué recuerdas?

-Recuerdo que mi hermano Apolo cayó al Tártaro-ladee la cabeza-Pobre Artemisa, debe estar triste por su hermano.

-Si-dijo lentamente-¿Qué más te acuerdas?

-Que soy una olímpica.

-Aja. No has perdido la memoria.

-Ok-dije lentamente- ¿Cuándo es la ceremonia?

-Esta noche-sonrió- recién término la competencia ayer.

-De acuerdo.

Asintió.

-¿Quieres comer?

-Claro.

Movió su mano y apareció una mesa llena de manjares.

Me levante de la cama. Vi que estaba con un vestido negro corto y con magas que llegaban hasta el codo, me puse unas ballerinas negras. Luego camine hasta la mesa para comer.

Cuando ya estaba por terminar de comer alguien toco la puerta.

-Adelante-dijo mi madre.

Un chico de cabello negro con ojos negros y de piel olivácea. Parecía tener unos quince años.

-¿Nico?

-Hola Summer. Reina Hera.

-¿Qué sucede muchacho?

-Su esposo la llama.

-Bueno. Summer, linda, como ya oíste tu padre me llama así que me tengo que ir.

-Ok.

-Bien.

Hera salió de la habitación.

-¿Cómo te sientes, Nico?

-Bien ¿Y tú?

-Bien.

-¿Recuerdas algo delo que paso ayer?

-Recuerdo que mi hermano con el cual no me llevaba muy bien cayó al Tártaro y que hora soy una de las doce olímpicas.

-Y que mastate a Enio y que te secuestraron en el laberinto.

-Eso. Aunque quiero olvidarlo.

Me estremecí.

-Oye.

-¿Hummm?

-¿Quieres un poco de comida?

-Claro.

Comimos y luego nos pusimos a conversar.

-¿Has hablado con Thalía?

-Sí. Ella va seguir con las cazadoras y se disculpó conmigo por lo del beso pero yo le dije que fue mi culpa, pero ella dice que fue la suya y bueno…

-Ya conozco su carácter.

-Sí.

Tocaron la puerta.

-Adelante.

Una ninfa entro llevando un vestido en sus brazos.

-Mi señora, este vestido lo envía su padre para que lo use en la ceremonia.

-Ok. Gracias.

La ninfa asintió y luego se fue.

-Es un lindo vestido-comento Nico.

-Si-alce el vestido-parece que hubiesen agarrado flamas y lo hubieran puesto en la tela.

-Sí, es muy peculiar.

-Así es. ¿A qué hora es la ceremonia?

-A las nueve de la noche.

-Falta bastante. Hay que ir a pasear.

-De acuerdo.

Nico y yo salimos del palacio y nos pusimos a caminar por los parques. Vimos más palacios y varias cosas más.

Ninfas, sátiros y semidioses, hacían reverencias ante mí y Nico.

Luego se nos acercó Afrodita. Ella me miraba raro parecía que me mirara con… ¿pena? No lo creo. Estoy viva, el resto se muestra feliz incluso Artemisa, que ha perdido a su hermano.

-Te ves muy bien, Summer-dijo cuándo Nico se fue por unos pastelillos.

-Tú también te ves bien, Afrodita.

-Gracias-sonrió-¿Quieres un café?

-Claro.

-Toma-dijo sacando una taza de café.

El café olía extraño, tenía su olor a café pero había algo más.

Vacile en tomarlo, al final me lo tome, no creo que me haga daño.

-Es delicioso.

-Lo sé, el mejor del Olimpo.

Nico regreso.

-No hay pastelillos.

-Qué pena-mire a Afrodita-¿Puedo ir a la ciudad?

-¿A Manhattan?

-Si ¿Puedo?

-Sí, pero regresa a la seis.

-Ok-mire a Nico- ¿Vamos?

-De acuerdo.

Estábamos en Central Park jugando a perseguirnos, luego compramos una salchicha.

-Nico, ¿Qué hora es?

-Las cinco.

-Tenemos una hora para regresar.

-¿Hay que ir al Campamento?

-Ok.

Ambos nos transportamos al Campamento.

Todo estaba igual que siempre.

-¿Quieres ir a saludar a Percy y Annabeth?

-No, ¿Quieres ir a los límites?

-¿Los límites?

-Del Campamento.

-Ah. Ok. Vamos.

-Ok.

Ambos fuimos a los límites del Campamento por la parte del bosque y cruzamos la frontera de ese lado.

-¿Cómo conoces este lugar?

-He recorrido este bosque varias veces y me eh encontrado con muchos monstros.

-Vaya. Este lugar es lindo.

Este límite sí que lo era. Estábamos en un prado hermoso con flores de diversos colores y con el atardecer que  se acercaba se veía más hermoso. Al lado derecho había un arroyo.

Nos habíamos demorado en llagar aquí media hora, así que solo nos quedaba media hora más.

-Bien. Este lugar es bueno para practicar.

-¿Practicar?-lo mire confundida.

-Sí. Vamos a practicar con las sombras.

-Bueno pero…

-Ponte esta venda.

Me dio una venda negra.

-Ok-dije poniéndomela- ¿Ahora  qué?

-Guíate con las sombras y alcánzame.

-¿Alcanzarte?

-Corre-grito.

La venda era fina y me dejaba ver un poco de sombras pero estaba corriendo a ciegas.

-Nico-grite mientras corría.

Grito su nombre y solo escucho ecos.

Sentí que me caía agua. Debe estar lloviendo.

Tome la venda y me la quite, pero veía mal. Empezó a llover más y más fuerte.

Busco en la lluvia y solo veo sombras.

Corro por el bosque, me tropiezo varias veces pero no caigo, miro al cielo y veo que es de noche.

Grito el nombre de Nico. Nada. Sigo corriendo.

Voces. Las escucho llamando detrás de mí.

Paro y me volteo y veo que son fantasmas. Pienso Nico.

-¿Dónde está Nico?

No responden.

-Díganme.

Nada.

-Nico-grite- dame una señal.

Una sombra apareció y cambio de forma hasta parecerse a la de un chico de quince años. Esa sombra se volvió en una persona.

-Nico-susurre.

-Hola-sonrió levemente.

-Eres un idiota-le dije acercándome hasta estar nariz con nariz.

-Sí, soy un idiota.

Alcé las cejas.

-Eso es poco, eres  un completo idiota.

-Sí, pero tú quieres a este idiota.

Y…y luego me…

Me besó.