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Sobreviviendo al Apocalipsis II — capítulo 15

Mi consciencia volvió a mi poco a poco y con ella regreso el dolor a mi cabeza. Me encontraba sentada en el suelo, con mi espalda apoyada en alguna pared de madera y mis manos estaban atadas por las muñecas detrás de mí; no podía abrir los ojos, un trapo tapaba mi visión. Lo último que recordaba era el rostro de Rachel antes de perder la consciencia y eso me causo un cosquilleo desagradable en el estómago. Ahora sí que me encontraba en muy serios problemas. No había ruido que delatara mi paradero y el aire estaba aún fresco por lo que intuí que aún no amanecía, pero apestaba un montón a cadáver y eso me hizo alertarme aún más. Intente zafarme de mis ataduras jalando mis manos pero las cuerdas solo causaban raspones en mis muñecas. Escuche algo pesado arrastrarse por el suelo a unos pocos metros delante de mí y me quede inmóvil, esperando algo, lo que fuera pero una voz me hizo saltar.-Buenos días-Dijo ella con voz cantarina. Yo no respondí ya que estaba tratando de regularizar mi respiración y que no delatara mi miedo. -¡Dije "buenos días", perra!-Grito y escuche el clic del seguro de un arma ser removido. Sabía que me estaba apuntando con ella directamente a la cabeza pero yo me quede inmóvil, respirando entrecortadamente. Escuche a Rachel suspirar de frustración.-Parece que tendré que enseñarte como será todo para ti ahora-Dijo. Al parecer, aun no iba a dispararme. -Cuando yo pregunte algo, tú contestas. Si te pido algo, tú lo haces. No hay replicas. Si me desobedeces, habrá un pequeño castigo para ti. Bueno...toda tu estadía aquí será un castigo pero si eres obediente tal vez decida hacer las cosas más rápido. ¿Me entendiste?-Yo me estremecí, y no conteste. Mi voz no lograba salir de mi garganta, ni un sonido. -¡¿Me entiendes?!En el momento en el que me grito, me dio un golpe justo en la cabeza con el arma, causándome aún más dolor y tirándome de lado. Caí con mi costado y sentí mi cabeza como si fuera a partirse por la mitad. -Supongo que ya entendiste, ¿verdad?-Dijo Rachel con voz un poco ronca pero sin acabar con su chillido habitual. Sabía que si no contestaba me ganaría algo peor que un golpe. -Sí, si...ya entendí-Replique con rapidez. Mi voz era pastosa y temblaba por miedo. -¿Qué es lo que vas a hacerme?-Lo que hasta tus sabias que pasaría: voy a matarte-Respondió con toda la tranquilidad que ya no existía en este mundo, como si hablara del clima o del color de la ropa. Yo volví a estremecerme. -Pero primero, quiero que tengas una vista del lugar donde permanecerás los últimos días de tu vida.Rachel desato con brusquedad el trapo que obstruía mi visión y abrí los ojos con dificultad por primera vez. Estaba en el interior de granero y la puerta estaba cerrada. Podía ver resquicios del mundo exterior por las grietas de la madera y vi que apenas comenzaba a salir el sol. No supe que hacer, no supe si gritar o llorar o quedarme callada o rogar porque me matara de forma rápida. Lo último no iba a pasar sin importar cuanto implorara, era obvio.-¿Porque...?-Susurre y unas cuantas lagrimas se deslizaron por mis mejillas sin previo aviso.-¿Porque, preguntas?-Ríe Rachel. -¡Fácil! Me quitaste al amor de mi vida, pequeña zorra. Daniel. Todo esto era por él. Por celos, envidia, despecho. Iba a matarme solo porque la habían botado de una relación que nunca existió. -No sé cómo puede estar contigo-Continuo. -El solo hecho de tenerte enfrente de mi me causa nauseas.-Entonces déjame ir-Dije en un murmullo. -Oh, no, las cosas no son tan fáciles-Rachel hizo un mohín, como si lamentara decepcionarme. -Me enseñaron a que si no conseguía lo que quería cuando quería...-Me apunto en la cabeza con su revólver y luego soltó una carcajada. -Tenía permiso de soltarle un balazo a quien quisiera, eso es lo que extraño de casa. Lamento decepcionarte, pero no serás la primera en tener el honor de ser asesinada por mí. Siempre hubo una asesina suelta entre nosotros. Una asesina intento llevarse a mi Jacklyn hace poco más de una semana. Y en ese momento pensé en Dayane. ¿Ella estaba enterada de lo que su hija era? ¿Sabía que Rachel era un monstruo, lo más parecido a un caminante, que asesinaba a gente por capricho? Y si lo sabía, ¿no dijo nada a nadie ni intento detenerla? Retorcí mis manos para intentar liberarme, pero lo único que gane fueron más rasguños en mis muñecas. -Déjame ir-Insistí.Rachel sacudió la cabeza con lentitud y soltó una sonrisita, pero sus ojos se dirigieron hacia mis manos atadas en mi espalda. Se arrodillo justo a mi lado y comencé a sentir como apretaba aún más las cuerdas.-No quiero que mi pequeña huésped se escape-Comenta con una risilla que me causa escalofríos. Estaba demasiado cerca de mí y podía sentir su respiración en mi nuca. Tuvo que desamarrarme ligeramente las cuerdas, pero eso fue suficiente. Pude liberar mis manos y le di un fuerte empujón para tirarla sobre su espalda, me levante e iba a comenzar a correr y justo cuando llegue a la puerta del granero Rachel tomo mi muñeca y me giro hacia ella con una brusquedad que daño mis muñecas resentidas mientras rodeaba mi cintura con un brazo. Su rostro estaba a tan solo unos centímetros del mío y sus ojos despedían furia. Debí haber notado que la revolver no era su única arma. Un dolor agudo como nunca antes había sentido atravesó mi costado y abrí la boca para gritar, pero no salió ningún ruido, ni siquiera un gemido. Rachel chasqueo su lengua mientras sacudía la cabeza lentamente y saco el cuchillo de mi cuerpo con otro rayo de dolor. Mis rodillas se doblaron mientras ponía mi mano en su hombro para apoyo y Rachel me sostuvo.-Te dije que no me desobedecieras-Dijo y sonrió ligeramente. Me agarro del pelo y me tiro hacia donde yacían las cuerdas. Mi cabeza pego contra la pared de madera y me quede tendida en el suelo, jadeando y tratando de levantarme para escapar. Me lleve una mano donde me había apuñalado y la vi llena de sangre que hizo que me dieran nauseas. Rachel se acercó a mí y volvió a incorporarme jalándome por el pelo y las manos para volverme a amarrar. -No morirás por un rasguño como ese, te lo aseguro-Rio. Había lágrimas en mis ojos y deje vencer mi cabeza hacia delante, un gemido ahogado broto de mi garganta y salió entre mis dientes apretados. ¿Rasguño? ¿Esto era un rasguño para Rachel? Sentí una sacudida en mi interior cuando pensé en las cosas que me haría. Si una apuñalada era un rasguño para ella, no quería ni imaginar que era lo que iba a hacerme después. -Me pregunto cuál será tu castigo-Dijo, puso una mano debajo de mi barbilla y dirigió mi rostro para que la mirara. -¡Mírame mientras te hablo, maldita puta! Cruzo mi cara con un golpe bastante fuerte y siguió golpeándome en todas partes, con sus brazos y sus piernas mientras me gritaban.-¡HARAS CUANTO TE DIGA, LISSIE! ¡TODO!- Grito y me pateo justo en el estómago, sacándome el aire, causándome arcadas y extendiendo el dolor de la apuñalada. -¡NO… VOLVERAS… A… QUITARME… NADA… NUNCA MAS!Cada palabra era un golpe cada vez más fuerte, un golpe que me sumía más en una inconsciencia dolorosa. Estaba claro que socave su "amabilidad" y, como dijo, eso me traería una consecuencia extremadamente dolorosa. Entonces recordé cuando Daniel (su sonrisa, sus caricias, sus besos y llore porque probablemente moriría sin volver a verlo) me conto sobre ella, como había sido antes del apocalipsis; Rachel había tendió un padre que pertenecía a la mafia o algo así, era obvio de donde había aprendido sus truquitos, pero eso significaba también que sabía cómo torturar a sus víctimas. Su víctima, desgraciadamente, se trataba de mí. Para cuando Rachel termino conmigo, todo mi cuerpo estaba increíblemente adolorido, moreteado y magullado, era afectada por severas arcadas y unas toses que me hacían escupir sangre. Un sueño sangriento, lleno de dolor y locura, me invadió de repente y, agradecida, cerré los ojos para desmayarme.