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Sobreviviendo al Apocalipsis II — capítulo 16

Ya me encontraba ronca de tanto gritar, sin palabras, tan solo gritando de dolor. Tenia la esperanza de que alguien me escuchara, de que se diera cuenta que seguía ahí, pero el granero estaba lo suficientemente alejado para que nadie me escuchara.  La llama del encendedor acariciaba mi piel, abrasándola, cauterizando el montón de heridas que Rachel ya me había hecho. La muchacha aprovechaba para quemar las pocas zonas sanas de mi piel, causándome múltiples quemaduras de primer grado. Yo solo me limitaba a gritar hasta que eventualmente Rachel se canso de oírme y me amordazo con un trozo de tela que se encontró tirado. El trapo sabia a tierra y a sangre.¿Cuanto tiempo había pasado desde el momento en el que desperté amarrada dentro del granero? Aproximadamente doce horas, considerando que el ya se estaba metiendo y estaba oscuro. En esas doce horas, Rachel vendo y cauterizo la apuñalada que me dio con la excusa de que no quería que muriera tan fácilmente de una infección. No me alimento, solo me dio agua para que no me deshidratara. Pasaron mas horas y me encontraba sufriendo horribles dolores en todo mi cuerpo, quería dormir y no despertar hasta que todo esto pasara. Si iba a morir, quería hacerlo ya. Estaba comenzando a perder mi valor y con ello mi cordura, me convertí en una niñita asustada encerrada en una pesadilla en la cual mi vida terminaría de manera violenta. Me arrastre como un miserable animal agonizante, llore como nunca había llorado frente a alguien y grite, grite mucho. En tan solo veinticuatro horas, me convertí en algo muy distinto a mi, en alguien en quien jure nunca me convertiría: en una miedosa, suplicante cobarde.-¡¿PORQUE NO ME MATAS?!-Grite con el rostro empapado en lagrimas y sollozando fuerte. -¡LÍBRATE DE MI Y ACABA CONMIGO!Rachel me volteo la cara de un golpe y luego me pateo en el estomago. Jadee en busca del aire que salio abruptamente de mis pulmones.-¡CÁLLATE! ¡HARÉ CONTIGO LO QUE QUIERA! -No...-Jadee. -Si sigues hablando, tu no seras la única en este granero-Dijo con voz melosa, acercándose a mi y desenfundando su navaja. Se arrodillo a mi lado y pego sus labios a mi oreja. -Tienes buena imaginación, ¿verdad? Bueno...te daré algo que imaginar.Levanto mi roída camiseta para descubrir mi espalda y deslizo su navaja en mi piel, cortándome. Solté un gemido agudo entre dientes. -Imagina a tu preciado Daniel-Ordeno entre dientes mientras trazaba cortes en mi espalda. Yo solté un respingo-Amarrado justo frente a ti, pero nunca poder tocarlo. Imagina la manera en la que la navaja cruce su mejilla-Deslizo sus manos por mis mejillas como si intentara seducirme. -Su cuello-Sus dedos rozaron mis arterias. -Sus brazos...-Acaricio mis brazos. -Sus piernas...-Sus manos se deslizaron por mis piernas. -Hacia...-Sus manos se deslizaron mas allá de que creí posible, solté un gemido ahogado y grite, removiendome. Rachel se rió agudamente y retiro sus manos de mi cuerpo.-Divertido, ¿no crees?-Murmuro. -Ahora piensa en tu hermanita. Sus pequeño cuerpecito se rompería tan fácil...-Suspiro. -Pero se parece mucho a ti. Quisiera probar si tiene tu resistencia...-¡NO TE ATREVAS A TOCARLA!-Grite, interrumpiéndola con voz ronca. -¡MI HERMANA, NO...!-Shh, shh-Susurro ella mientras tomaba mi barbilla para callarme. -Si no te portas bien, habrá castigo, y no sera directamente para ti. Tal vez una bala perdida alcance a tu primita o un caminante accidentalmente se meterá en la tienda de los Grimes. -Ellos no tiene la culpa-Susurre. -Ellos no tiene nada que ver con esto.-Pero ellos si que tienen que ver contigo. Ahora cállate, comienzas a hartarme con tus lloriqueos-Dejo mi barbilla.Una rabia asesina lleno mi sistema y me encontré sacudiéndome fuertemente para poder liberarme. Las cuerdas dañaban mis sensibles muñecas, que se encontraban con heridas en carne viva. Pero yo ya no sentía ningún dolor, solo sentía furia; quería acabar con mi enemiga, desaparecerla de manera lenta y dolorosa de mi vida, justo como ella lo estaba haciendo conmigo. Gruñí entre dientes e intente acercarme a Rachel inútilmente. -¡Basta! ¡Annelisse!-Grito ella, pero yo no le hice caso. Intente zafarme de mis ataduras pero que estuviera ya bastante herida y cansada no ayudaban en nada. Me sacudí y gruñí de frustración y enojo.-¡Te dije que basta!-Me golpeo con el puño cerrado en el rostro, probablemente dejando un gran moretón en mi mejilla. Mis dientes se cerraron de golpe muy dolorosamente en mi lengua y tosí sangre. -No me provoques-Amenazo Rachel entre dientes. Yo la mire, aun tosiendo sangre. -Voy...a matarte-Susurre. Rachel rió con una carcajada maníaca. -¿En tu estado?-Rió y su semblante se puso serio en un segundo. -No lo creo, perra. Dicho esto, abrió la puerta del granero y se a largo. Escuche como ponía cadenas de nuevo y se iba, dejándome sola en la oscuridad.El otoño estaba cerca y poco a poco la luz del sol duraba menos. El invierno seria muy duro ahora, nuestro primer invierno a la intemperie con caminantes detrás de nosotros. Tendríamos que tener cuidado para que ninguno se enfermara ya que una simple gripe podría ser mortal por culpa de la falta de medicamentos. Sin calefacción, la nieve y corriendo de un lado a otro, el invierno sera duro. Ademas, al menos yo, no quería dejar pasar la Navidad sin ningún festejo o comida especial. Era una celebración bonita: el nacimiento de Jesús, el hijo de quien hizo esto a sus hijos...a mi. Jacklyn debería crecer conociendo aquella celebración, tal vez tendría algún regalo...Pero tu ya no estarás para Navidad, dijo una voz dentro de mi cabeza. Una voz macabra, pesimista, que siempre había estado allí a pesar de que trate de deshacerme de ella.  Era cierto. Yo ya no estaría en Navidad. No seria yo quien le diera un pequeño regalo a Jacklyn y le tarareara canciones de cuna que mi padre me canto a mi. No podría contarle cuentos ni arrullarla en mis brazos para tranquilizarla a ella y a mi misma. Jacklyn crecería sin mi, probablemente olvidándome con el paso del tiempo, y nadie sabría la manera en la que morí. Vencí mi cabeza hacia enfrente, sollozando fuerte. Me dolía mas que nada desaparecer repentinamente de la vida de todos aquellos que quería. Los amaba a todos: Jacklyn, Daniel, Rick, Carl, Lori, Carol, Sophia, T-Dog, Dale, Andrea, Daryl e incluso un poco de aprecio hacia Dayane; los nuevos Maggie, Beth, Hershel, Patricia y Jimmy. Esas personas conformaban en mi vida un lazo mucho mas fuerte que el que tuve con mi familia. Y ahora yo iba a morir sin que ellos supieran la razón de mi desaparición. Los dos días siguientes eran cada vez peor. Rachel no solo me torturaba físicamente sino también de manera psicológica. Me insultaba de manera horrible y creaba pesadillas en mi mente donde ella torturaba a mis seres queridos uno por uno. Solía dormir cuando ella me abandonaba y se iba al campamento para disimular ante mi gente, pero era mas desmayarse que dormir. Una sola vez me desato para que pudiera caminar alrededor del interior del granero, Rachel me traía amarrada de la cintura como si fuera un perro y yo, en vez de caminar, me tambaleaba, mareada de lo débil, dolorida y entumecida que me encontraba. Comía cosas que parecían sobras una o, con suerte, dos veces al día; Rachel no quería que muriera de inanición. Luego, cuando llegaba de nuevo, me contaba sobre la desesperación del grupo por mi desaparición y su desconcierto ya que sabían que yo nunca me iría sin mi familia; como Daniel lucia cada vez peor, negándose a creer que estaba muerta así de repente; los sollozos desesperados de Jacklyn preguntando donde estaba su hermana, su frustración que nadie le dijera y luego su miedo de que la hubiera abandonado como papa, mama y David; Daryl buscando por todas partes y ni siquiera sus maravillosas habilidades de cazador funcionaban. Para ellos, yo me desvanecí de la Tierra. Al amanecer del tercer día, Rachel entro con una sonrisa de oreja a oreja con su navaja en la mano y un encendedor en la otra. Se rió con aquella carcajada aguda e infantil y me miro con ojos abiertos de par en par, maníacos. Solo la vi, sin expresión alguna, y luego solté aire por la boca. Aun no se había calmado el dolor de los golpes y cortes anteriores, pero Rachel me torturaba aun mas curando mis heridas y volviéndolas a abrir, una y otra vez. -Es hora de hacerte unos bonitos dibujitos-Río.