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Historia 151791 — capítulo 11

Segunda parte

Celeste profundo

Aunque Joffrey no miraba directo hacia Viserion, claramente podía distinguir como sus pálidos ojos se fijaban con curiosidad hacia la gata que maullaba afanosa bajo el asiento. No agregó un comentario más después de aquella respuesta, no lo creía conveniente, ni mucho menos le interesaba entablar una conversación.

El cabello de Viserion  se agitó suavemente cuando se agachó para contemplar mejor a Arya, y Joffrey lo miró por el rabillo del ojo.

—Es una gata hermosa.

Joffrey pestañeó una vez y asintió.

—Sí… —contestó simplemente, y continuó prestándole atención al horizonte.

—¿Hace algo en especial?

Joffrey volvió a girar el cuello.

—No en realidad —torció la boca—. Bueno, tiene un dedo más en cada pata… supongo que eso la hace única.

Viserion se inclinó sonriendo, y  lanzó una nueva mirada de fisgoneo hacia la jaula.

—¿Podrías sacarla? Me gustaría verla a la luz de la ventana.

Joffrey no se movió. En realidad, no le agradó nada la idea. Viserion podría estar pensando en gastarle alguna mala broma, aunque sin embargo, estaban solos. Sería extraño que planeara algo así, sin que hubiera lambiscones a su alrededor que alabaran la hazaña.

—Está muy fastidiada —cortó Joffrey—. El traqueteo del tren la molesta.

Viserion lo observó directamente a la cara, y sonrió socarronamente. Joffrey apartó la vista con indiferencia.

—Lo siento. No era mi intención importunarte —se disculpó el rubio y volvió a incorporarse en su asiento. 

Ante aquella respuesta, Joffrey experimentó una extraña sensación. ¿Había sido grosero? No tenía por qué ser amable, a decir verdad. No se conocían de nada, y lo único que tenían en común era una mala experiencia con una chica. Aquella hipótesis lo tranquilizó.

—No tengas cuidado, no ha sido el caso —le apaciguó Joffrey. 

Viserion no dijo nada; se ocupó en sacar su varita de la túnica y la sostuvo en la mano. Era ligeramente curvada, de una madera muy oscura. Comenzó a juguetear con ella y volvió a abrir los labios.

—¿Eres de primero?

Aquel señalamiento llegó a Joffrey como un trancazo en el pecho. Pudo escuchar como sus propias mandíbulas se apretaban y sintió que ardía de pies a cabeza. ¿Viserion acababa de mofarse de él? ¿Quería restregarle en la cara que tenía un aspecto de primerizo? ¿Su intención era incomodarlo para vengar lo de hace un momento? Joffrey puso una cara de indignación y esquivó sus ojos plateados. Era evidente que jamás lo había visto en Hogwarts, o al menos eso demostraba.

—Iniciaré el tercer año —dijo. 

Hubo una pausa en el que únicamente se escucharon los rieles.

—Disculpa. No te había visto antes.

Viserion acababa de disculparse por segunda vez. Primero lanzaba una de sus malas jugadas, y luego parecía retractarse tan amablemente. ¿O es que en realidad nunca había sido su intención fastidiarlo? Joffrey no sabía cómo reaccionar.

—Tú también comienzas tercer curso —comentó éste para aliviar la tensión.

—¡Lo sabes! —afirmó Viserion con un tono melodioso mientras asentía y le daba una pirueta a su varita para volverla a cachar en la mano.

Joffrey se sintió rodeado de pronto por un bochorno.

—Sí, bueno. Lo sé porque tenemos un amigo en común —mintió.

—¿Eres también de Slytherin? —inquirió Viserion entornando los ojos con un deje de curiosidad y recelo.

—Oh, no, no… yo soy de Gryffindor —aclaró Joffrey abriendo los pliegues de su gabán para mostrar la corbata de franjas doradas y escarlatas que llevaba debajo.

Viserion lo contempló unos momentos, como si lo estudiara. Lo hizo de una forma fría, pero sin embargo no era ofensora. El gesto de sus ojos y sus cejas pronunciaban aún aquel semblante de desdén y presunción, pero era un hecho que así se mostraba normalmente, y que no estaba haciéndolo a posta. Viserion parpadeó dos veces y se solazó con el panorama sin decir nada más. Joffrey se preguntó si estaría pensando en la eterna rivalidad que se tenían sus casas por principio, una que que remontaba desde la época medieval. En ese momento, el tren pasaba por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato el paisaje, en silencio. 

A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomó y les dijo:

—¿Quieren algo del carrito, primores?

De inmediato, Viserion asintió sin decir nada, mientras rebuscaba en el bolsillo de su túnica. Joffrey se puso de pie de un salto para sacar unas monedas de su baúl. Debido a las prisas con las que salió de casa, no le había dado tiempo de desayunar, y aquellos bocadillos y golosinas que brillaban con la luz de la ventana del pasillo, le resultaban irresistibles.

Viserion salió al pasillo seguido de Joffrey, y comenzaron a elegir. Había de todo: Ranas de chocolate, Píldoras ácidas, Grageas de Todos los Sabores de Bertie Bott, Pirulíes con sabor a sangre, Empanadas de calabaza, Tarros de Cucarachas, Droobles, Moscas de café con leche, Babosas de Gelatina,Varitas de Regaliz, Sapos de menta, Ananá confitado, entre otros muchos más.

Cargando ya con unos Doobles y Ranas de chocolate, Joffrey estiró la mano para tomar también la última caja de Sapos de menta que había, su golosina favorita, pero dio un respingo cuando su mano casi choca con la de Viserion, que también iba dispuesto a cogerla. Se observaron por unos segundos. El rubio notó como los ojos de Joffrey evitaban mirarlo fijamente, pero también notó por primera vez con la luz del pasillo, que eran de un celeste profundo. Una tonalidad que no había visto antes. 

—Tómala tú, está bien —otorgó Joffrey indiferente mientras tomaba un par de Calderos de chocolate.

—Tómala tú. Tú la ibas a agarrar primero… a mí no me gustan tanto.

—No, he cambiado de opinión, me gustan más los Pirulíes… —mintió Joffrey mientras tomaba un manojo. La verdad era que no estaba siendo educado, sino que simplemente no quería contrariarlo.

Viserion tomó la caja de Sapos de menta sin decir nada más. Ambos pagaron sus compras y volvieron al compartimento. Joffrey guardó unas golosinas en su baúl, y apartó un puñado de Ranas de chocolate en el asiento junto con unos pastelillos de anís. En ese momento, escuchó que a sus espaldas la puerta se abrió.

—¡Ah, Baratheon! Aquí estabas, debí suponerlo—dijo un muchacho alto de cabello negro y mandíbula angulosa. Parecía muy eufórico. Era Blake Celastro, uno de los grandes compinches de Viserion, y aclamado golpeador del equipo de quidditchde Slytherin.  

Viserion estaba ocupado en masticar su empanada de calabaza, por lo que no respondió a su amigo más que con una sonrisa y un enérgico cabeceo.

—Ven, volvamos. Ella ya ido a buscarte, no regres… —Blake advirtió la presencia de Joffrey cuando una de sus ranas saltó sobre el asiento— Qué… ¿qué diablos haces con éste? —sonrió casi carcajeando.

Viserion compartió una fugaz mirada con Joffery y tragó su bocado.

—Le ha tocado ocupar este lugar, ¿no es así? —Supuso Viserion—. ¿Se conocen? —les preguntó a los dos, peroJoffrey no dijo ni una palabra.

—Muchos lo conocemos —bramó Blake enaltecido y estirando una sonrisa maliciosa—. Es Joffreychazado.

—¿Qué? —examinó Viserion que aparentemente no estaba comprendiendo nada —¿De qué hablas…?

—Joffreychazado, ¿no lo recuerdas? —exclamó con voz altiva y lo señaló con impudicia— Éste es el chico al que le robaste la novia —carcajeó con entusiasmo y le palmeó un hombro a Viserion—. Bueno, en realidad no se la robaste —detalló arrastrando las palabras y enarcó sus tupidas cejas para hacer énfasis—, ella revocó su decisión de ir con él al Baile de Navidad porque te prefirió a ti. ¡Lo rechazó! Qué humillación... a muchos nos da lástima —y sonrió con un fingido aire lastimero. 

Joffrey agachó la vista hacia el suelo mientras dejaba que su segunda rana se escapara hacia el pasillo. Sintió un vacío en el estómago y oprimió los puños.

Viserion no comentó nada. Contempló un momento a Joffrey y luego otra vez a Blake, que disfrutaba del efecto logrado.

—Hablas de… ¿Melisandre?  —instó Viserion.

Blake cabeceó sin perder de vista a Joffrey como si fuera una repulsiva babosa carnívora.

—Ella misma  —zanjó Blake—. Es de inteligentes cambiar de opinión, más tratándose de un Gryffindor como éste, ¿no crees? 

Viserion volvió a observar a Joffrey con una mezcla de pena, pero... también estuvo punto de reír, como si no se decidiera a qué lado apoyar. Blake no tuvo vergüenza alguna en carcajearse con una insoportable y estridente risa; con insolencia, con desfachatez. ¿Podía ser tan cruel? Joffrey tuvo un momentáneo arranque de cólera y se contuvo de tomar su varita. Podía recordar muy bien el hechizo Tragababosas y lo recitó mentalmente.

—Ven a nuestro compartimento, Ion —le insistió Blake volviéndose hacia él—. Marber ha hechizado a un rododendro cantarín y no ha parado de decir groserías —se carcajeó como estúpido y volvió a palmear el hombro de su amigo con rudeza. 

Pero Viserion no se movió; únicamente se meció en su asiento para acomodarse mejor.

—Me quedaré aquí hasta que lleguemos a Hogwarts, —dijo mientras desenvolvía otra empanada—. No quiero arriesgarme a ver a Melisandre hasta entonces.

—¿Estarás de broma, no? —le reclamó volviendo la vista hacia Joffrey, como si no diera crédito a que prefería compartir aquel compartimento con él.

Viserion negó contundente.

—Como digas… —dijo Blake con aire resolutivo, y se acercó a Joffrey para arrebatarle descaradamente una rana de chocolate que estaba desenvolviendo, y se la echó a la boca— nos vemos en un rato entonces — y se marchó.

Sus pasos se alejaron y nadie dijo nada durante unos minutos. 

Un banco de vapor pasaba fugazmente por la ventana en el momento que la voz de Viserion se volvió a escuchar.

—Lamento lo que ha dicho… realmente yo no sabía que tú eras aquel chico que… yo la verdad es que…

No se la creía. ¿Viserion se estaba disculpando por tercera vez? ¿Estaba siendo sincero? Joffrey sintió cólera e impotencia de no saber lo que realmente pasaba por su cabeza. Había reparado ante sus ojos como casi se había burlado junto con Blake respecto aquellas humillaciones. Si Joffrey accedía en creerle, más adelante tendría que aceptar con rabia que Viserion no solo era bueno en elquidditch y en los estudios, sino que también era un buen intérprete. 

—No importa —objetó Joffrey sin mirarlo a la cara—. Todo parece parece apuntar que la tal Melisandre resultó no ser muy agradable después de todo; de lo contrario no la evitarías de esta forma  —se lo expuso de ese modo para intentar demostrarle que no le daba mayor importancia a tal suceso, aunque no era del todo verdad. 

Ambos, desde su lugar, entretenidos con el vapor blanco que celaba por intervalos el actual paisaje boscoso, sonrieron sin saber que el otro lo hacía. 

—Soy Viserion, Viserion Baratheon —se presentó el rubio sin girarse.

Por supuesto que Joffrey ya lo sabía, pero no comentó nada para no evidenciar que él también formaba parte de los que lo consideraban el más popular del colegio. Pasaron unos instantes en el que sólo se escuchó el silbido del tren haciendo eco en el inhóspito panorama.

—Yo soy Joffrey... Joffrey Lannister —enunció éste con serenidad.

Recargando su cabeza con supremacía en el respaldo, Viserion volteó a mirarlo de perfil y le asintió una sola vez con suavidad.