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Historia 151791 — capítulo 8

Capítulo 4

El Espejo parlante

—Ron, ¿estás bien? —se arriesgó a preguntar Harry, poco más tarde, cuando hubieron llegado de vuelta al bar. Ron no había articulado todavía una sola palabra desde entonces.

—Muy bien —logró responder con un deje cortante a la vez que alzaba una mano y señalaba su cerveza de mantequilla vacía para pedir otra.

Tom se acercó de inmediato abriendo de un chasquido la botella, por lo que Harry no insistió.

—Será mejor que subamos a preguntar si han llegado noticias.

Ron respingó su cerveza dándole un gran trago con el motivo de librarse de responder, y dejó la botella medio vacía en la mesa. Rechinó la silla al levantarse y fue tras de Harry a través del pasaje.

Antes de llamar a la puerta de la señora Weasley, se cercioraron de que no fuera un mal momento para irrumpir. Decidieron esperar un poco tras de varios llamados, pero nadie atendió. Los dos comprobaron poco después que bajo la línea de la puerta no había luz.

—Habrán salido también —observó Harry— Volvamos más tarde.

Y enfilaron silenciosamente hacia su estancia. Una vez que abrieron la puerta, ambos sonrieron como autómatas. Sus valijas estaban frente a la cama brillando con el fuego de la chimenea. Ron fue hasta ellas y se trepó su maleta parchada en las piernas para registrarla.

—¡Sí, mi colección de cromos! —dijo sacando una pila de tarjetas que puso sobre la cómoda— ¡Y aquí está también toda mi ropa! …aunque no veo mis calceti… ¡Por los calzones de Merlín!

Harry pudo ver como Ron extraía del fondo de su valija el Desiluminador de Dumbledor.

Harry abrió su baúl y echó un breve vistazo a su ropa que, aunque estaba desastrosamente acomodada, parecía estar todo: el mapa del merodeador, la capa invisible, el monedero peludo que Hagrid le había regalado, el álbum de fotos, un atado de cartas y algunos libros.

—¿A qué hora lo habrán traído?

En ese momento llamaron a la puerta, y Ginny entró con un semblante resuelto y más relajado. Tenía en una mano una caja de piña confitada, y en la otra su varita. Harry se sintió un poco incómodo.

—¿Les falta algo?

Harry no respondió, porque de todos modos lo ignoraría.

—Creo que me faltan unos calcetines desparejados, pero creo que no los echaré de menos —respondió Ron mientras terminaba de contar sus cromos—. ¿Quién ha traído las cosas?

—Se acaba de ir Kingsley con un par de compañeros del ministerio. Por suerte pudieron rescatar gran cosa… nadie resultó herido. Utilizaron el hechizo convocador…

Harry, sin saber qué hacer ante la repentina presencia de Ginny, se ocupó de lleno en doblar la ropa de su baúl.

—¿Saben algo ya de lo sucedido? —inquirió Ron mientras marchaba ansioso al baño para mudarse la ropa.

—Sí… —respondió su hermana no muy convencida—  Bueno, eso supuse yo. El rostro de Kingsley tenía un semblante preocupado, pero no nos quiso decir nada. Dijo que ni siquiera sabía que mi papá estaba en el ministerio, creyó encontrarlo aquí… así que salió sacando humo.

—Espero que tengan más consideración y nos envíen pronto algún adelanto —bufó Ron.

—¿Tienes todo, Harry?

Si Harry no hubiera visto cómo Ginny movía los labios, quizá no lo habría creído. Miró a la chica unos segundos antes de aceptar que era ella quien había hablado, porque, para empezar, tenía semanas que no le había dirigido una sola palabra después de su ruptura.

Hedwig estiró las alas desde lo alto del dosel de la cama, y ululó débilmente. Harry, absorto por la sorpresa, titubeó un momento antes de asentir.

—Sí. Creo que no me falta nada —le respondió pretendiendo sonar natural.

—Bien —respondió ella con una bonita sonrisa.

Harry no podía creerlo. Parecía que al fin podrían ser amigos de nuevo y poder convivir con normalidad sin necesidad de estar evitándose a cada momento. De pronto, sintió de nuevo aquel cariño que tenía por la más pequeña de los Weasley, como de hermanos, uno que había creído casi olvidado.

Ron asomó su melena por la puerta del baño mientras hacía malabares para colocarse un pantalón limpio.

—¿Cómo sigue mamá?

Ginny se sentó en la cama redimiendo un pesado suspiro.

—Pues, apenas volvimos a la estancia luego de acompañar a Kingsley, volvió a llorar… —dijo cansinamente mientras repasaba los dedos por su largo cabello — Sigue muy deprimida. Le serviría saber algo de papá.

—No es para menos —comprendió Harry.

—Al menos comió una empanada y se está bebiendo un vaso de coñac que le subió Tom. Ahora mismo la he dejado acomodando su ropa.

De pronto, la cabeza de Ginny empezó a moverse por la habitación, como si hubiera olvidado que alguien más estaba allí y lo hubiera pasado por alto.

—¿Y Hermione? ¿Creí que estaba con ustedes?

—¡No, no lo está! —gritó Ron enfadado desde el baño a la vez que escucharon un fuerte tumbo que hizo vibrar en el piso — E-Estoy bien… está un poco mojado aquí.

Ginny no paró de reír por lo bajo a la vez que volvía a la puerta.

—Hace un rato la vimos paseando en el Callejón Diagon —la orientó Harry.

—Bien, entonces iré rápidamente a desempacar mis cosas, Harry. Veré si la alcanzo en un rato. Nos vemos —y cerró la puerta sin que a Harry le hubiera dado tiempo de responder.

Ron salió del baño sobándose un codo y se fijó en Harry que miraba con detenimiento la puerta.

—¿Dijiste algo?

—No —respondió Harry sin darle mayor importancia, a la vez volvía a ocuparse en el baúl para acomodar por último la capa invisible.

—… es que me ha parecido oír… ¿Todo en orden? —rebatió Ron viéndolo cerrar su baúl de un sopetón.

Harry simplemente afirmó con la cabeza mientras impelía su baúl bajo la cama. Luego se levantó, y se adosó a la ventana.

—¿Estás realmente celoso verdad? —soltó Harry.

Ron trepó en la cama con los pies descalzos.

—¿Q-Qué? ¿Celoso? ¿Yo?

—Sí, tú.

—A qué te refie… ¡Claro que no! Ella puede tener a los amigos que quiera. Si no me ponía celoso cuando nuestra relación marchaba bien, menos ahora.

Harry pegó su rostro frente a la ventana y casi notó su propia sonrisa de sarcasmo reflejada en el oscuro atardecer. Recordó lo celoso que Ron era verdaderamente cuando de Hermione se trataba.

—¿Entonces a que se ha debido tu actitud de hace un rato?

Ron no respondió. Había comenzado a guardar con brusquedad la ropa sucia en la cómoda.

—Creí que tenías muy claro… lo que sentías —dijo Harry mientras notaba como su última palabra se plasmaba con vapor en el cristal.

Ron se quedó paralizado sin terminar de cerrar el cajón.

—Creí que tú no tenías dudas de lo que yo sentía por ti… —le replicó en un tono de reproche.

—No lo hubiera hecho de no haberte visto reaccionar de esa forma. Esa fue una perfecta reacción de celos, ¡Tan sólo ve como saliste de la tienda!

Hubo un silencio. Harry vio por el reflejo como Ron se sentaba de espaldas en la orilla del colchón. Aquella imagen en los campos de trigo, ahora parecía tan lejana.

—Y-Yo… creí que lo que pasó entre nosotros era... era porque… ¿Aún sientes algo por ella verdad?

Harry no había querido aceptar que aquella era una posibilidad, pero una vez que esas palabras salieron de sus labios pudo haberlo creído realmente: ¿Y si Ron estaba realmente confundido? ¿Y si todo se trataba de un error? ¿Y si ahora al haberla visto con alguien más se había dado cuenta que aún estaba profundamente enamorado de ella? ¿Y si ahora mismo Ron se planteaba que realmente no podría tener una vida sin Hermione? Aquella inesperada reacción en la tienda no podía señalar otra cosa. Entonces se sintió engañado, usado. Lo que había reprimido por tanto tiempo, y que finalmente había descubierto gracias a Ron, parecía ahora no valer nada para él. Era como si alguien se hubiera burlado de su secreto, como si alguien le hubiera visto la cara. Era como si los sentimientos que Ron le había hecho sentir, los pateara ahora como un desecho. Todo parecía estropeado. Ahora Ron quizá aceptaría que realmente quería a Hermione, y él se quedaría simplemente solo, con todo lo que sentía ahora…

Pudo sentir claramente una sensación similar a la de caer de su escoba; como aquella vez jugando quidditch, por culpa de los dementores. Ron lo había hecho volar alto, demostrándole que había otro tipo de amor, uno muy fuerte, desconocido… para luego dejarlo caer a su libertad.

Entonces se dio la vuelta.

Ron estaba callado, no se movía.

—Me arrepiento tanto de lo que pasó —profirió Harry con voz trémula—  No debió pasar. Hermione es mi amiga, y…

El cuerpo de Ron estaba inmóvil. Y en aquel arrebato, Harry fue a la puerta en tres pasos y abandonó la estancia. Caminó con decisión hacia la escalinata y… se detuvo en seco. Sintió un intenso calor en el interior de su bolsillo, casi quemando su pierna. Automáticamente se llevó la mano hasta allí, y extrajo la esfera de Admonerstenseenvuelta en seda.

La esfera de cristal estaba estremeciéndose de un humo azul acero. Crepitaba: a Harry le quemaba de tal manera que tuvo que interponerla entre el pañuelo. Sintió un pinchazo en el pecho. Una sequedad invadió su garganta. La esfera comenzó a vibrar y a tambalearse como un abejorro atrapado. Una bruja salió de una de las habitaciones, y Harry se alejó a un rincón oscuro del pasillo. Una vez allí, dio un suspiró y elevó su mano para observar la burbuja de cerca. Un ojo azul apareció entre la nubosidad inquieta: aquella pupila brillaba de humedad.

Harry se vio abalanzado por su impulso, su corazón latía de prisa, podía escucharlo, y de pronto se vio ir de vuelta a la estancia.

Cuando abrió la puerta de un empujón, vio que Ron estaba de pie sobando su pierna con los ojos húmedos. Su esfera también estaba centellando de un verde intenso sobre la cama.

—… Te quiero Harry.

Harry sintió un mareo. La voz ronca de Ron había sonado tan sincera.

—Es sólo que… —tragó saliva y continuó— No creí que Hermione me olvidara con tanta facilidad. Si, sé lo que estás pensando: ¡Pobre engreído! Pero… ¿sabes? Me cayó como puntada al hígado comprobar que lo que yo creía era mentira… creo que ella tampoco siente lo mismo por mi desde hace algún tiempo. Pero sin embargo, creí que me preguntaría algo, o que aclararíamos todo… creí que yo era lo suficiente como para no ser olvidado así tan fácil; tal y como a mí me costó superarlo y asumir lo que sentía por ti—suspiró con pesar mientras miraba de reojo la esfera sobre la cama, luego dio un paso hacia Harry—… agregando a ello que… —sonrió un instante— en la tienda estaba tonteando con el nuevo jugador profesional de quiddichde los Chudley Cannons… Eso me hizo sentir inferior, y cuestionarme… y si… y si yo hubiera seguido interesado en ella… ¿así de fácil me hubiera desechado por un jugador profesional?

Harry negó con la cabeza. No sabía si darle un fuerte golpe en ese momento, o abrazarlo.

—Créeme que Hermione nunca lo hubiera hecho de saber que aún la querías. Lo que creo, es que ella ha aceptado hace mucho que ya no sientes lo mismo por ella, que lo de ustedes iba en picada… aunque tú creíste que ella aún no lo veía y te ha caído de golpe.

Ron asintió. La luz proveniente de la chimenea iluminaba los surcos que las lágrimas le dejaban en las mejillas.

—Soy un idiota. Lo sé.

Harry puso con cuidado su esfera sobre la cama, y mantuvo los ojos fijos en sus zapatos.

—Yo te quiero Harry. No quiero estar con nadie más…

Pero Harry se mostraba todavía dubitativo. Mantuvo agachada la cabeza para evitar su mirada.

—No sabes el miedo que… que me ha dado verte ir así… —dio un paso más.

—Ron, yo… no creo que…

—Te lo voy a demostrar ahora mismo, Harry. Te lo voy a demostrar de tal manera que no te quedará duda alguna.

Harry lo miró a los ojos.

—Ron, —empezó yendo hacia la puerta— yo creo que debemos pensar bien las… —pero el pelirrojo lo había detenido por el codo.

—¡No! ¡Escúchame! Sólo eres tú. Sólo tú existes para mí. Siempre has sido tú…

—¡De verdad, no es el momento! ¿Cómo lo demostrarías? Las esferas solo muestran cuando extrañas a alguien… ¡y todo esto me ha hecho pensar que en realidad podrías estar confundido! ¡Debes aclararte!

—¡Déjame demostrártelo! ¡Sé que puedo!

—¿Ah, sí? ¿Cómo lo…

La voz de Harry fue eclipsada por los labios de Ron encima de los suyos. Comenzó a besarlo en intervalos de cariño y violencia; mordisqueando sus labios o lamiéndolos con mesura.

Sintiéndose apresado, Harry intentó apartarlo de encima, para tomar la perilla de la puerta que estaba a dos palmos pero…

—Fermaport—lanzó Ron entre gemiditos con la varita que acababa de sacar del bolsillo. Entonces se escuchó como un ruido sordo pareció sellar la puerta por dentro.

Harry luchaba para zafarse de aquel beso que parecía adormecerlo cada vez más como por arte de un extraño sortilegio, pero no podía hacer nada ante la gran fuerza de Ron que lo apretujaba contra la arista de la pared que hacía eco a sus respiraciones. El chico alzó el cuello para esquivar sus labios, pero consiguió que su boca continuara en su cuello con pequeños y arremetidos besitos cálidos y ruidosos que chisgueteaban bajo el lóbulo de su oreja. Entonces, Harry se estremeció de pies a cabeza sintiendo una debilidad increíble que el pelirrojo aprovechó. Con sus musculados brazos, lo tomó de las piernas y lo trepó sobre del gran baúl pegado a la pared. Sentado encima, pudo ver el contorno del cabello de Ron de un naranja encendido a causa de la luz de la chimenea a su espalda. Entreabriendo la boca, Harry jadeaba despacio por el esfuerzo de resistencia; estaba ruborizado desde el ángulo del cuello hasta el rostro.

Ante aquella irresistible imagen, Ron apuntó su varita al cinturón de Harry que se calentó por la punta durante breves instantes y tras un leve destello rojo, toda prenda que tenía de la cadera hasta los pies se desvaneció como el humo.

Ron se sonrojó en ese mismo instante. Un cálido escalofrío trepaba en su columna. El corazón le palpitó en las sienes y la garganta. Sus manos comenzaban a sudar, no pensaba claro, todo parecía difuso, y es que aquella imagen era tan excitante: Harry estaba precariamente sentado arriba del mueble con únicamente su camisa a cuadros azules que fracasaba en cubrir su erecto pene que descollaba de forma alarmante bajo el último botón. Harry aún más rojo, intentó ocultarlo, pero mientras más lo intentaba, el ver y oler a Ron tan cerca, sólo conseguía que este creciera y se endureciera como una piedra.

Ron sintió un vuelco en el corazón; se mordió el labio inferior y el sutil y suave aroma sexual de Harry, lo abrazó como un manto. Sin esperar más, se adosó hacia el moreno para continuar besándolo sediento. Lo tomó de la cintura, y de un sólo movimiento que le hizo rozar la piel con la superficie barnizada, lo empalmó sobre su cadera. Harry suspiró. Ron se propuso en demostrarle con sus movimientos, lo duro y empalmado que tenía el miembro bajo sus pantalones que lo oprimían. Harry pareció notarlo porque comenzó a mover casi imperceptiblemente su entre pierna para restregarse encima suyo.

—Ufff… H-Harry…

—… Id… iota—suspiró Harry sintiendo sus mejillas ardiendo.

Las temblorosas manos de Ron comenzaron a acariciarle alrededor de los pezones que destacaban tiernamente bajo la tela a cuadros; y luego, con fuerte arrebato, se la abrió provocando que cada uno de los botones salieran proyectados en todas direcciones. Harry escuchaba el ruido de golpecitos y ruedos en el piso de madera, mientras Ron comenzaba a lamerle los pezones con un deleite exquisito, con un goce desenfrenado, sin cataduras. Escuchaba el succionar de aquellos labios mientras que sus manos lo retenían con fuerza de la cadera para que no se moviera un centímetro de encima de su bulto caliente que le arrimaba con fuerza sobre el perineo.

Harry apretó los labios para contener un gimoteo.

Sin aguantar más, Ron desabrochó su pantalón; corrió la bragueta de un jalón y los dejó caer un poco, justo bajo su trasero. Debajo de sus bóxer blancos, Harry contempló su pene destacando en su máximo esplendor. Su gran volumen parecía a punto de desgarrar las costuras y justo sobre la punta de su torneado glande, ya se derramaba una pequeña sombra de humedad que Harry no tardó en sentir entre sus piernas cuando se lo apoyó sin miramientos.

Acunado entre la pared y la pequeña superficie del baúl, Harry gimió tímidamente ante la luz del fuego, y Ron lo rodeó virilmente con sus anchos brazos para plasmarle un mojado beso. Harry jadeó más fuerte entornando los ojos, y, sin poder esperar más, comenzó a deslizarle los bóxers para dejarle expuesto aquel vigoroso miembro de una vez por todas. Pero… cuando su húmedo glande estaba al borde del elástico a punto de brotar, se escuchó una voz provenir del baño:

—Hola, ¿qué hacen?

Los dos dieron un respingo y casi se caen del mueble.

Sin despegar los ojos de la puerta de donde provino la voz, Ron elevó las cejas alarmado y subió sus pantalones a prisa. Le dio un rápido toque en la cadera de Harry con la punta de la varita para aparecer su ropa nuevamente, y una vez hecho, le ayudó a bajar del baúl. Ambos se acercaron de puntillas al baño, muertos de miedo. En el marco de la puerta, Ron miró a Harry con un aire de cuestión, y Harry se asomó recordando casi al instante de qué se trataba.

—Suenan cansados —dijo el espejo que estaba encima del lavabo—.  ¡Estás sonrojado, amigo mío!

—Que demo… —gruñó Ron asomando la cabeza.

—El espejo que habla. Estaba desde la última vez que me hospedé aquí —le explicó a Ron con una leve sonrisa.

—¿Un espejo que habla? ¡Soy más que eso, muchacho!

Los dos amigos se miraron decepcionados.

—¿Qué clase de broma es esta? —dijo Ron echándose a reír.

—¡Broma tus incontables pecas!

Ron elevó su varita asintiendo con la cabeza como queriéndole decir a Harry: «¡podemos aturdirlo ahora mismo!», pero su amigo negó con la cabeza mientras cerraba la puerta y escuchaban como el espejo les preguntaba con sumo interés sobre qué hacían en la estancia hace un  momento.

Ambos fueron a la cama, mientras Harry continuaba riendo despacito.

—¿Te da mucha gracia? —gruñó Ron.

Harry asintió estirándose para tomar su esfera del colchón.

Ron se desplomó en la cama con los brazos cruzados tras la nuca. Resopló sacando el labio inferior de modo que su flequillo se estremeció con desilusión.

—¿Y ahora qué? ¿Crees que espejo habrá escuchado… todo?

—Pues creo que no todo —rió Harry.

—Puedo amenazarlo, si quieres… —propuso Ron procurando sonar intimidante.

Al cabo de un rato, cerca de las diez, el par bajó a cenar. En el bar, nuevamente no hubo señales de la señora Weasley, Hermione ni Ginny; tampoco atendieron la puerta de sus respectivas habitaciones cuando volvieron. Por lo tanto deliberaron que todas estarían descansando ya debido a la hora.

Durante esa noche, en la estancia número 11, Hedwig ululaba calmosa en lo alto del dosel mientras que el fuego crepitaba destacando las islas de ropa colonizando desastrosamente el suelo. Harry y Ron se habían conformado con al menos irse a la cama juntos, sin ropa, debido al descubrimiento del nuevo intruso a unos pasos de ellos.

Ron contempló muy de cerca a Harry; sus ojos de un color verde vivo. Pudo oler la fragancia de su cabello negro como la noche. Sintió exhalar sus labios sobre los suyos… el aroma de su piel se consumía en sus pulmones.

—¿Sigues dudando que… lo que pasó… o lo que hacemos podría ser un error? ¿Te arrepientes de algo?

Harry lo observó durante un momento con los ojos tenues y luego respondió con voz suave:

—Me arrepiento de que no haya sucedido antes.

La alegría de Ron se disparó en todas direcciones como los cohetes de colas brillantes, girándulas y bengalas del Doctor Filibuster. Harry podía ver en esos momentos, en sus ojos, todo lo que Ron sentía por él. No tenía que probárselo de otra forma. No tenía que hacer nada más. No había duda alguna.

Mientras allá afuera el mundo rodeado de aquel repentino frío ignoraba lo que sucedía en ese mismo momento bajo las sábanas de la estancia, el pelirrojo arrullaba a Harry. Lo colmaba de silenciosos besos en los hombros desnudos, en sus mejillas tibias, sobre su legendaria cicatriz en forma de rayo. No se detuvo hasta que el chico de ojos verdes se hubiera quedado plenamente dormido acurrucado entre sus brazos, posado en su pecho. Le acarició los labios y el lóbulo de la oreja durante un rato hasta que él también se quedó profundamente rendido; respirando silenciosamente, y tomando débilmente de su mano que de vez en cuando apretaba para sentirlo cerca.