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Historia 151791 — capítulo 9
Capítulo 5
Viserion Baratheon
Arrebujado entre las dunas que formaban las sedosas sábanas, Harry se vio forzado en abrir los ojos porque apuntaban directo a la ventana que ya iluminaba una débil luz dorada resbalando por el alféizar. Frente a él, entre las sábanas, estaba Ron boca abajo y completamente desnudo; un rastro de saliva atravesaba en ese momento la comisura de su boca y Harry sonrió con discreción. Bostezando, se desperezó tranquilamente estirando los brazos mientras giraba hacia su lechuza, que a su espalda, no dejaba de ulular con una curiosa placidez.
Pero… Harry sintió como si un relámpago lo atravesara en el mismo momento que su mirada se aclaró. Alguien estaba allí, sentado en el gran baúl. Columpiaba los pies con retozo y con sus grandes ojos azules muy abiertos, los miraba a los dos sin parpadear ni dejar de acariciar con debido encanto aHedwig.
—¡Hola, Harry!—saludó Luna Lovegood.
—¡LUNA! —prorrumpió Harry golpeándose en la cabecera de la cama; rápidamente se estiró para tomar con torpeza sus gafas de la cómoda.
Ron se removió casi imperceptiblemente y balbuceó algo inentendible entre sueños.
—Siempre creí que ustedes hacían una bonita pareja —confesó la rubia asomándose entre el hombro de Harry—. Tiene muchas pequitas en la espalda, ¡encantador! —luego contempló a la lechuza tranquilamente, como si aquella situación fuera la más natural y común del mundo.
Harry se había vuelto de un rojo escarlata, estaba atónito. ¿Porqué Luna estaba allí? ¿Cómo es que había dado con su habitación? ¿De qué iba toda esta locura? Estaba muerto de la vergüenza; no sólo de que los hubiera descubierto compartiendo la cama, si no porque tanto Harry como Ron, estaban completamente desnudos bajo las sábanas.
—Ahhhhmm… —balbuceó Ron nuevamente, mientras que se acomodaba ciegamente hacia Harry para rodearlo con un brazo. Su mano debió sentir como Harry temblaba, porque el chico se desperezó manteniendo un ojo cerrado.
—¿Qué pas… —Ron enfocó a Luna durante unos instantes que parecieron muy largos—¡LUNA!—lanzó un fuerte alarido que hizo queHedwigchillara asustada. Ron se cubrió el pecho con las sábanas manteniendo la boca entreabierta —¿Q-QUÉ PASA? ¿Q-QUÉ HACES TU A… ¡POR MERLÍN!
—Hola, Ronald. Tienes el cabello más largo. Me gusta cómo se te ve.
—P-Pero… Q-Qué… —Ron miró a Harry y luego a Luna, abriendo tanto los ojos como podía para intentar asimilar y aceptar lo que verdaderamente estaba pasando: ¡LUNA ESTABA ALLÍ FRENTE A ELLOS EN ESE MOMENTO!
La muchacha los contempló con un aire de regodeo durante un momento en el que nadie dijo nada. Harry sintió que se encogía.
—Entré hace un rato —dijo entonces, bajando del baúl y dándole una última palmadita aHedwig— Cada que mi padre y yo nos hospedamos aquí, me gusta subir a platicar con Fidelino.
—¿F-Fidelino? —logró pronunciar Harry que ya no sabía qué hacer, o qué decir.
—Siempre tiene muy buenos temas de conversación —les comentó caminando hacia el diván donde se sentó y elevó los hombros con carisma—. Sólo que ahorita creo que está dormido…
—¿De…? —Ron estaba estupefacto, sus ojos iban de Harry a Luna. Sus pupilas hacían movimientos suaves, de análisis, como si sospechara que aquello no estaba sucediendo en realidad; pero por si acaso, permanecía cubriéndose con las cobijas hasta la barbilla.
—Fidelino. Vive en ese baño —señaló con un dedo mientras que con la otra mano jugueteaba con su collar de corchos.
Sin mover la cabeza, Harry y Ron únicamente desplazaron los ojos para compartir una mirada de aprensión. Sentían el abochornado clima que se hacía bajo las sábanas.
—¿T-Te refieres a aquel espejo fisgón? —aventuró Ron apretando fuertemente las cobijas, sintiéndose obligado a seguir el hilo de la conversación, ya que no había otro remedio.
—Así es, Ron —respondió Luna con una noble sonrisa.
—¿E-Esa… cosa tiene nombre?
—Da buenos consejos… —respondió ella con tono soñador— inténtalo alguna vez —aconsejó poniéndose de pie para ir en dirección a la ventana. Durante su trayecto, se tropezó con los pantalones de Ron, se le atoraron los bóxer de Harry y casi resbala con un calcetín, pero una vez frente al vidrio suspiró con plenitud— Mi padre me comentó que hace unos días pasaron a visitarme, y que tomaron el té con él.
Harry asintió, todavía enrojecido de vergüenza.
—P-Pero… t-tú no estabas —musitó Ron.
—Fue una lástima. Hubiera sido una bonita sorpresa. ¡Bueno, creo que bajaré a desayunar! —dijo entusiasmada— Le dije a mi padre que únicamente vendría a saludar a Fidelino. Me dio gusto verlos, chicos. Ginny me dijo que estaban durmiendo todavía pero no me esperaba que… —miró a uno y otro: sus hombros desnudos, juntos, en la misma cama, la ropa esparcida por el suelo— …que esta fuera precisamente vuestra estancia. La gente por lo general prefiere otra.
—N-No veo la razón… —ironizó Ron.
—Nos vemos entonces… —se despidió la muchacha dirigiéndose a la puerta dando saltitos y meneando su larga cabellera rubia antes de desaparecer tras ella.
Harry y Ron desplomaron sus espaldas con consternación.
Al poco rato, comenzaron a vestirse. No dijeron una palabra. Estaban pensando en lo que acababa de pasar. Ron incluso no advirtió que se había colocado el suéter al revés, y a Harry no le hacía mucha ilusión bajar a desayunar aunque las tripas le rugían.
—¿Y si se han reunido todos a desayunar? —especuló Harry.
Ron hizo una cara de pavor.
—¿Les habrá dicho algo ya? ¡Santo cielo!
—Pues no hay otra forma de averiguarlo.
Como no queriendo la cosa, los dos caminaron por el pasillo que parecía más extenso que nunca. Y cuando llegaron a la escalinata, bajaron con cautela. Cruzando el final del pasillo, Ron se asomó al bar.
—¡Ay qué mala suerte! —gritó de inmediato.
—¿Qué pasa? —se asomó Harry también.
—Mi mamá ha bajado a desayunar, y todos están compartiendo la mesa.
Harry no había podido verlo a primera vista entre toda la gente que abarrotaba el pub; no fue hasta que la señora Weasley los vio asomados en el umbral a punto de dar media vuelta, que agitó una mano muy sonriente. Entonces el pánico se apoderó de los dos.
—¿Qué hacemos Harry? —murmuró Ron, mientras intentaba corresponderle el saludo a su madre.
—¡Camina, Ron! No hay vuelta at… ¡HOLA, SEÑORA WEASLEY, BUENOS DÍAS!
—¡Qué bueno que han bajado ya! —dijo la señora Weasley apretujándose con su silla para todos se recorrieran e hicieran dos huecos más—¡Acabamos de empezar, vengan!
Harry miró a Ron pasando trago, y caminaron remisamente hacia la mesa donde reinaba un ambiente acogedor y alborozado. Xenophilius Lovegood, Luna, Fred, George, Ginny y Hermione los miraron sonriendo para darles los buenos días también.
—¡Oh, serenos y hermosos días tengan! —festejó Xenophilius asintiéndoles con cortesía.
Harry le sonrió forzado mientras tomaba una silla.
—¡Harry, qué hay! —saludó George, y Fred le dio una palmada en la espalda que le torció las gafas —¡Jurábamos que les había dado el mal de sueño!
Luna estaba muy concentrada bebiendo de su copita de alhelí a la vez que tarareaba. Hermione y Ginny les acercaron a los chicos la bandeja de mantequilla y la tabla con pan, mientras que Molly agitaba la varita para servirles jugo de calabaza.
—¡Sírvanse, sírvanse! —invitó la señora Weasley dando un aplauso. Su cara se adornaba de una exagerada sonrisa cándida.
Harry miró a los demás con una breve línea entre las cejas. Ginny dejó su vaso de leche y se le acercó al oído:
—Está de mejores ánimos que durante las navidades, ¿a que sí?
—¿Han habido buenas noticias?
—No, eso es lo extraño. No ha llegado nada; papá vino muy temprano y ni pío dijo —replicó ella mientras los dos le ponían atención al debate que comenzaba a tener su madre con Xenophilius sobre los gnomos, en el que aseguraba que el verdadero nombre de aquellos seres eraGernumblis.
—¡Fred y George les han enseñado a algunos a decir palabrotas! —festejó la señora Weasley llevándose su jugo de calabaza a los labios y al no poder contenerse de risa, éste se le derramó por la barbilla—¡Cielos! —se limpió torpemente con la servilleta sin dejar de carcajear—. ¡Deberías de haberlos oído cuando uno se asomaba al jardín!
Fred y George estaban boquiabiertos.
—Nunca le había dado una pizca de gracia aquella hazaña —se extrañó George.
Hermione carraspeó y le pidió a Ron le pasara la canasta de empanadas. Ron se la entregó sin problemas.
—¿Todo bien con Scorpius? —entabló él.
Hermione sonrió como si hubiera estado esperado a que alguien se lo preguntara.
—Pues lo acabo de conocer, —dijo fingiendo recato—pero tengo que confesar que aquella primera impresión me ha sorprendido. Al parecer es un muchacho maduro y centrado. Me parece sumamente interesante. Me ha invitado a salir… —hizo una cara de emoción que festejó con Ginny.
Pero Ron no alimentó aquella conversación porque estaba distraído al igual que Harry en los movimientos de Luna en la cabecera de la mesa. Dentro de su temperamento, la muchacha estaba tan natural como siempre; era como si nada hubiera pasado: con sus ojos saltones que le daban una expresión de sorpresa permanente, contemplaba las diversas pláticas a su entorno.
—Luna nos estaba contando que entró por error a su estancia… —empezó Ginny.
Harry sintió una corriente helada; se le resbaló el mango del cuchillo de la mantequilla y calló bajo la mesa, lo cual agradeció porque pudo desaparecer por unos instantes del panorama al agacharse a recogerlo. Ron casi se ahoga con el pan; le dio un largo sorbo a su zumo de calabaza.
—Nos dijo que todavía estaban dormidos.
Como si disfrutara sumamente de aquello, Luna asintió divertida enarcando sus ceja claras y sin perder de vista el rostro de los chicos al otro extremo.
—Ron estaba un poco incómodo… aquel diván no es muy espacioso —comentó la rubia mientras le daba un armonioso mordisco a su empanada.
Harry y Ron compartieron un gesto, luego le dirigieron una mirada nerviosa a Luna. Los dos finalmente pudieron relajarse, aunque no comprendían muy bien lo que pasaba por la cabeza de Luna.
—¡Hace un hermoso día! ¿No creen? ¡Ha salido el Sol! —homenajeó la señora Weasley dando otro aplauso y miró lado a lado de la mesa sonriendo a los presentes.
El que ahora se acababa de dar cuenta de la extraña actitud de su madre, fue Ron, porque abandonó su salchicha y le preguntó a sus hermanos porqué es que estaba tan contenta.
—Nos preguntábamos lo mismo —expuso Fred dándole un codazo a George quién no dejaba de inspeccionar a su madre con goce— Ayer estaba inconsolable, y hoy… ¡parece otra!
Se volvió a escuchar un carraspeo en la mesa y todos miraron a Hermione que se mantenía evasiva a los comentarios.
—¿Qué? —dijo blandiendo su salchicha que acababa de picar con el trinchete.
Las miradas no la dejaron.
—Está bien, está bien… —bajó la voz— Ayer que fui al Callejón Diagon aproveché para comprar unos ingredientes… —manifestó con brevedad, pero el juego de ojos exigía más detalles—…ramitas de menta, ajenjo, semillas de ricino y púas de puerco espín —recitó de memoria— no aguantaba verla así.
—¿Usaste la poción para inducir la euforia? —exaltó Harry— Al menos fue con su consentimiento, ¿verdad?
Hermione no replicó nada.
Ginny ahogó un gritito y se quedó perpleja; los gemelos sonrieron divertidos.
—¿Qué tiene de malo? ¡Mírenla! —les señaló con la salchicha.
Todos observaron en ese momento como la señora Weasley golpeaba sus manos sobre la mesa con ritmo.
—¿Esa poción es segura? —preguntó Ron con remordimiento.
—Sólo le puse un poco en el té —los tranquilizó Hermione y todos continuaron desayunando sin dejar de ver a la señora Weasley como nunca antes.
De pronto, Harry recordó lo sucedido con los dragones: Luna y su padre vivían en el mismo valle que los Weasley.
—Señor Lovegood —alzó la voz Harry.
Xenophilius se arremangaba las mangas de la túnica para comer de un bol lleno unas desconocidas semillas color mostaza, y alzó el cuello para ver mejor a Harry.
—Dime, Harry.
—¿También tuvieron inconvenientes con los dragones migrantes?
Xenophilius meneó la cabeza de un lado al otro.
—Por fortuna tuvimos tiempo de proteger la casa antes de que aterrizaran sobre las colinas. Somos dichosos de que no haya pasado a mayores —le sonrió a su hija con dulzura y ésta le correspondió de igual manera.
—¿Usted sabe algo más sobre ello? —preguntó Harry casi arrepintiéndose al momento. Los Lovegood se caracterizaban por creer en las más extrañas y complejas teorías.Pero sin embargo, a pesar de su excentricidad, solían estar al final en lo correcto en algunas de sus suposiciones: como la existencia de las reliquias de la muerte.
Hasta ese momento, nadie había puesto atención a su conversación. No fue hasta que el señor Lovegood prolongó su silencio que todos permanecieron expectantes; como si aquella pausa hubiera simbolizado que algo de suma relevancia se tambaleaba en sus labios. Se limpió precariamente con la servilleta como para hacer tiempo, y tras mirar directo a Harry, respondió con un tono reservado:
—De eso estoy por asegurarme.
Justo en ese instante, todos se dieron cuenta que un muchacho se había parado junto a la mesa. Si Harry no hubiera sabido que Draco Malfoy era mayor, lo hubiera confundido a primera vista. El chico era igual de rubio, con la diferencia de que el cabello lo tenía más largo y le caía naturalmente sobre la frente. Sus pequeños ojos tan claros como la plata que expresaban una especie de ruda melancolía, recorrieron la mesa con calma hasta posarse sobre Luna, que estaba a su lado. Ginny se adosó a Hermione, y se lo comieron con la mirada. Era exageradamente atractivo.
—Oh, ya has vuelto —se alegró Luna abandonando su copita de alhelí en la mesa—¿no has tenido problemas?
El chico rubio negó ligeramente con la cabeza, dejando en el suelo una escarcela de piel desbordante de libros nuevos. El señor Lovegood le sonrió con nobleza y con un aire de progenitura.
—Les presento a mi primo, Viserion Baratheon. En unos días comenzará su tercer año en Hogwarts… —anunció Luna mientras levantaba su escarcela para cotejar sus libros.
Ron miró a Harry con tono cuestionario. Al parecer estaba pensando lo mismo que él.
Viserion observó uno a uno a los presentes de la mesa, y asintió levemente con la cabeza sin hacer otra expresión. Después, volvió a cargar en su espalda los libros luego de que Luna se los entregara haciendo un gesto de aprobación.
—Con permiso —se despidió el muchacho y se marchó rumbo al pasaje que lleva a las estancias.
—¿Porqué se parece tanto a…? —le preguntó Ron a Harry al oído un rato más tarde, cuando todos se habían levantado de la mesa y cuando Tom hacía que los platos sucios flotaran hacia la barra con diversas sacudidas de varita.
—No tengo la menor idea, ¿serán parientes? —se formuló Harry que verdaderamente estaba intrigado.
—Ya has oído a Luna. Es su primo, no creo que Malfoy…
—Primo lejano, en realidad —remató ella a sus espaldas. Acababa de dejar a su padre conversando con una pareja de magos que le daban la enhorabuena por el éxito de su revista. —La familia Malfoy y la suya están fuertemente emparentadas… —explicó Luna—sólo que… bueno, la de Baratheon siempre ha estado por encima.
—¿Por encima? —se sorprendió Ron que no creía que eso fuera posible.
Luna asintió haciendo resonar sus viejos aretes de rábanos.
Era cierto que a un principio, luego de que se corriera a voces de que la familia Malfoy había pertenecido a las filas de seguidores de Voldemort, había perdido fuerza e influencia, pero con el pasar de los años, su distinción parecía resurgir poco a poco. La comunidad mágica extrañamente continuaba respetando mucho aquella familia de magos.
—¿Estás emparentada con los Malfoy? —se admiró Harry entendiendo que después de todo, no sería un disparate; todos eran igual de rubios.
—Mi padre es primo de la madre de Viserion. Murió hace poco más de un año... Ion (como le digo de cariño), le ha tenido siempre mucho aprecio a mi padre, y últimamente ha convivido mucho con nosotros.
—¿Y su padre? —curioseó Ron.
—Es un hombre muy ocupado —torció la boca con aire lastimero—. Trabaja para el Ministerio de Magia; casi no pasa tiempo con él, rara vez se pasa por su mansión… Éstos últimos dos cursos hemos acompañado a Viserion al expreso de Hogwarts, para desearle un buen año; aunque él preferiría venir solo... Mi padre apenas lo dejó ir a hacer la compra de los útiles por su cuenta.
—Ya veo, ¿es por eso que se han hospedado aquí hoy? —preguntó Harry.
—No en realidad. Llegamos ayer. Mi padre tiene… una… —titubeó pareciendo analizarlo, como si se debatiera entre que fuera debido o no contarles.
Ron osciló un poco en la silla para que pudiera ver mejor a Luna que no muy convencida, ultimó:
—Tiene una importante entrevista paraEl Quisquilloso.
Harry se cuestionó porque tanto padre como hija, permanecían muy reservados en cuanto ciertos temas, así que se contuvo de preguntar una vez más en vano. Ron miró de refilón hacia donde Xenophilius Lovegood conversaba con aquellos magos, y luego de un momento, tomó el rumbo de otro tema:
—Luna… —suspiró Ron—, queríamos hablar contigo.
—No diré nada. No tengan cuidado —se apresuró a decir.
Ambos amigos se miraron con sorpresa. Luna se turnó en mirarlos con detenimiento y admiración.
—Por sus reacciones sé que lo suyo, bueno… es sólo situación de ustedes —sonrió—. Sólo ustedes sabrán que hacer y que no. Es algo que no me concierne.
Ron soltó una carcajadita amistosa y puso una mano sobre el pequeño hombro de Luna.
—¿Sabías que tienes el suéter al revés, Ron? —comentó Luna.
Cuando Harry estaba por agradecerle también su discreción, Hermione se sentó en ese junto al trío con un rostro apesadumbrado.
—Tienen razón —les confesó resoplando y apoyando un codo en la mesa—. Creo que se me ha ido un poco la mano con la poción.
—¿Por qué lo dices?
—Acabo de dejar a Ginny bailando con ella en la estancia. Están dando un extraño vals por la radio…
Los tres se echaron a reír.
Harry y Ron fueron a ver, y mientras se alejaban, Luna se sentó frente a Hermione sin perder de vista la manera en como los chicos se miraban y se divertían juntos.
—Qué bueno que tú y Ron lo hayan dejado —comentó Luna con un aire filosófico. Hermione la miró desconcertada — Creo que él sólo quiere tu amistad, y eso es bueno, ¿no? No hacían tan bonita pareja.