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Tras esos ojos de hielo — capítulo 14

Volvía a casa caminando tranquilamente bajo la luz de las farolas. Aún no era tarde, pero en invierno anochecía pronto.Intentaba que el viento no arrastrase la lluvia bajo el paraguas, una tarea imposible.Tan concentrado iba en su propósito que no se percató de que estaba siendo observado, y cuando al fin percibió una presencia, ya era demasiado tarde.Las luces de la calle se apagaron de pronto y todo quedó sumido en la oscuridad.Jack intentó divisar algo en la penumbra, pero solo detectó más sombras confusas. *Maldita sea, ¿por qué tuve que elegir venir por un recinto de obras? ¡Aquí no hay ni un alma!*Oyó unas palabras en una lengua que hacía ya mucho tiempo que no escuchaba. Le golpearon antes de que pudiese darse cuenta y lo lanzaron al suelo mojado.Intentó levantarse, pero resbaló y cayó de nuevo.Se esforzó en localizar a sus atacantes entrecerrando los ojos, pero no podía ver mas allá de su nariz a causa de la lluvia y la poca luz que proyectaba la luna tras los nubarrones.-¿Y éste es el gran yandrak? Yo lo recordaba menos patético- se burló una voz extrañamente conocida.-Covan- musitó Jack con la voz impregnada de odio.-Hola dragón, ¿te acuerdas de mí?- preguntó otra persona y seguidamente susurró un nuevo hechizo que lo golpeó de pleno.Jack gritó. Gritó de dolor, de impotencia, de rabia, de tristeza, de odio... de añoranza.-Qa...Qaydar.-Exacto- y le lanzó otro hechizo, ensañándose con el pobre hombre.-¿Dónde está tu espada, dragoncito?- esta vez fue una voz femenina la que lo sorprendió. Una voz que le resultaba familiar, pero no conseguía ubicar.Sonaba como ahogada, lo que le hacía pensar en los varus, aunque esa idea quedaba descartada, porque ellos no utilizaban cuerdas vocales, pero, ¿quién era esa mujer?-Te gustará saber que al fin la tengo yo. No puedo empuñarla, pero es un buen trofeo, ¿no crees?- Gaeru. La pirata semivaru que quiso robarle su espada y a la que él avergonzó ante sus "súbditos", la recordaba, claro que la recordaba, a ella y al maremoto que creó la diosa Neliam. Como para olvidarlo. Cuando se disponía a contestar el mismo hechizo lo golpeó de nuevo y silenció sus palabras sustituyéndolas por otro grito.Estaba solo. Completamente solo en una calle oscura y muy poco transitada, desarmado y en minoría numérica. Estaba perdido.Eva... ¡No! Si ellos habían venido a través de Limbhad sabrían donde encontrar a Eva. Qaydar era un archimago, el alma no habría tenido reparos en obedecerle.Una conocida sensación palpitaba al rito me de su corazón, extendiendo el calor por todo su cuerpo, haciendo arder la sangre de sus venas.Sintió un cosquilleo en los dedos y supo que no se había equivocado al calificarlo.Era la misma sensación que cuando incendió su habitación y el pinar de Allegra; la misma que tuvo antes de desvanecerse el día que Victoria y él salieron de la cordillera y fueron atacados por una mamá árbol.Creía que ya tenía controlada su parte de dragón, pero al parecer el instinto de supervivencia era más fuerte que su voluntad.Antes de que todo se desvaneciese logró escuchar un último hechizo, uno que desgraciadamente conocía. Uno que mataba a instante y que era el que le había arrebatado la vida a su amada.Sonrió para sus adentros pensando que el destino era cruel y retorcido, y que tenía un ácido sentido del humor.Rezó a los seis (algo que jamás pensó que haría) para que la maldición no lo alcanzase, para que le diese tiempo a enfrentarse a ella.Pero, antes de poder ver lo que sucedía, sus ojos se cerraron, al mismo tiempo que su consciencia se adormecía y dejaba paso al fuego.


Volaba a toda velocidad intentando no perder de vista a Erik, que llevaba la pelota bajo el brazo.Esquivó una bludger que venía directa a su cabeza por los pelos y eso la hizo retrasarse.Odiaba jugar con tormenta: la lluvia hacía que el flequillo mojado se le pegase a la frente y le dificultaba la visión, la humedad y el frío atenazaban sus músculos y la escoba mojada se volvía resbaladiza.Remontó el vuelo y se acercó a Erik para que le pasase la quaffle.Cogió la pelota roja al vuelo y avanzó a toda velocidad hacia los aros contrarios.Pensó que la lluvia a parte de su enemiga podía ser su aliada.Voló en zig-zag lo más rápido que el clima le permitía y aprovechando la confusión del guardián, lanzó hacia el aro del centro.-150-200 A FAVOR DE HUFFLEPUFF SEÑORAS Y SEÑORES- gritó la voz del comentarista- LOS LEONES INTENTAN REMONTAR. EVA REDFIELD MARCA AUNQUE AÚN ESTÁN LEJOS DE ALCANZAR A LOS TEJONES.Una bludger venía directa hacia ella y al esquivarla casi se cae de la escoba, pero en el último segundo consiguió mantener el equilibrio.-¡Snow despeja un poco más las bludgers que nos están friendo a golpes!- el otro chico, John, el tercer cazador no había tenido tanta suerte. Una bludger le había pegado en toda la pierna y gritaba enfadado desde el suelo, donde la enfermera le mandaba quedarse quieto para soldarle de nuevo el hueso.-¿Te crees a caso que es fácil verlas con esta lluvia?- rebatió el capitán, rojo de ira.La entrenadora volvió a soplar el silbato y el juego comenzó de nuevo.Los Hufflepuff tenían la quaffle de nuevo en su poder y avanzaban a toda prisa hacia sus aros.Eva voló en esa dirección para defender y se interpuso en un pase, aunque no consiguió agarrar la pelota porque estaba calada y escurridiza.Voló en descenso para recogerla, pero el viento no estaba a su favor.Cuando la pelota estaba a punto de rozar el suelo sonó el silbato de nuevo.-POTTER ATRAPA LA SNITCH DORADA Y GRIFFINDOR GANA- anunció la voz amplificada del chico de cuarto.Se olvidó de que estaba volando a toda velocidad hacia el suelo durante unos segundos, que fueron los decisivos para estrellarse contra el césped embarrado.-Siempre acabas igual o parecido- se burló James sosteniendo aún la pelotita dorada en su mano derecha.Ella se apartó el flequillo calado de la cara manchándosela de barro y se levantó trabajosamente. Le lanzó una mirada de advertencia al chico moreno, pero no surtió el efecto esperado cuando su boca se torció en una media sonrisa. -Madre mía, estás horrible- gritó Rose cuando Eva se adentró el los vestuarios.-Cáete en el barro y luego me enseñas como estar fabulosa con el en la cara- refunfuñó quitándose las protecciones.-Siempre puedes usarlo de mascarilla- contestó extendiéndolo por sus mejillas.-Para, ya estoy bastante sucia- recogió su ropa y salió de nuevo bajo la lluvia a regañadientes para dirigirse a su habitación y poder darse un relajante baño de agua caliente.-Enhorabuena- la felicitó el chico rubio.Después de que los dementores la atacaran, se habían hecho algo parecido a buenos amigos.-Gracias, has estado genial por cierto.-También tú. Me ha gustado sobre todo tu espectacular caída en el barro.-¿También tú con la bromita?-Reconoce que tu cara de completa confusión ha sido muy graciosa.Iba a contestarle, pero, antes de que pudiese mediar palabra, alguien la agarró por el brazo.-Señorita Redfield, acompáñeme.-¿Qué sucede profesor Longbottom?- preguntó preocupada por la expresión grave del hombre.-La directora desea hablar con usted.Preguntándose que motivos podría tener McGonagall para querer verla siguió al director de su casa hasta la gárgola que controlaba el paso al despacho.-Disciplina- dijo a modo de contraseña y la estatua se movió para dejar paso a las escaleras.Subieron por ellas y el profesor se detuvo ante la puerta.-Adelante- dijo la voz de la directora incluso antes de que llamasen.Estaba sentada tras su enorme escritorio revisando unos papeles y levantó la vista para mirar con desaprobación el chorreante y sucio atuendo de la joven de fríos ojos azules, pero apretó los labios y no dijo nada.-Como me ordenó, aquí está la señorita Redfield.-Gracias Neville, déjanos solas por favor.El hombre asintió y salió sin decir una palabra más.-Señorita Redfield, me temo que tengo malas noticias- dijo la mujer cuando la puerta se cerró.-¿Qué sucede?- dijo ella poniendo su mejor expresión indiferente.-Es un asunto delicado. Su padre...Podía adivinar lo que había sucedido por la mirada apenada que la anciana mujer le lanzaba y la expresión preocupada de su rostro.-No- susurró Eva sin cambiar la expresión, aunque apartó la mirada de los ojos de la mujer y quiso taparse los oídos para no escucharla; pero mantuvo la expresión indescifrable, como mecanismo de defensa.-Señorita Redfield, su padre ha desaparecido. 


Qué depresión. ni un comentario en los anteriores tres capítulos. Pero no soy una persona rencorosa, así que aquí está el nuevo capi.Espero que les haya gustado y que me digan que les ha parecido.Gracias por leer :)Besos