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Tras esos ojos de hielo — capítulo 5
Era su primer día de clase. Estaba muy nerviosa, aunque no había dejado que se le notara. Con los los magos era diferente, no era como las demás personas, a las que encontraba muy... simples. Quería empezar de nuevo, esta vez intentando caerle bien a la gente. Una parte de ella se revelaba ante la idea de relacionarse con la gente, le gustaba estar sola y las personas la agobiaban; por otra parte necesitaba gente a su alrededor, amigos tal vez, no sentirse tan marginada. Muchas veces se había planteado la posibilidad de ser bipolar, era como si fuese dos personas diferentes, incompatibles. Todo eso la confundía.Se miró al espejo mientras se cepillaba los dientes. Conocía bien su rostro, pero al mismo tiempo era como si no fuese ella. El reflejo, SU reflejo la miraba impasible, su rostro pálido estaba inexpresivo, con el pelo mojado y rizado cayéndole sobre los hombros y esos ojos azules denotaban tal frialdad que incluso ella misma se sentía intimidada. Eran horribles, pero por otra parte tan hermosos... Los odiaba y los amaba a la vez, no quería asustar a la gente, ni echarla de su lado, pero le encantaba estar sola y que la respetasen.Se mojó la cara con agua fría y se sentó en el suelo embaldosado, cerca de la ventana, mientras me cepillaba el pelo. Le encantaba eso, la relajaba mucho, era una de las razones por las que se levantaba cada mañana mucho antes de lo necesario. Cuando era más pequeña, se despertaba bastante pronto y se preparaba, luego, cuando ya empezaba a ser la hora de levantarse iba al cuarto de su padre para despertarlo, y cuando se desperezaba, le tendía el cepillo y ambos se sentaban en la cama, él le cepillaba el pelo mientras le contaba relatos sobre un mundo que él mismo había inventado, Idhun, donde todo era posible.Había abandonado esa costumbre hacía años y aún seguía sin saber por qué se había ido distanciando de su padre, una parte de ella agradecía el espacio, pero le echaba de menos.-Eva- dijo Rose desde el otro lado de la puerta del baño- ¿vas a tardar mucho? Lo necesito con urgencia.Se levantó y salió para dejarle intimidad a Rose.Sacó de su baúl los libros que necesitaba y se preparó para bajar a desayunar, sin esperar a las demás, que dormían aún.Apenas había nadie en el Gran Comedor. Se sentó alejada en la mesa y sacó un pergamino y una pluma mientras mordisqueaba una galleta.No entendía por qué usaban tinta y pluma, era muy pringoso. Para clase tenía planeado usarlas, lo mejor era evitar broncas con los profesores, pero para mandar cartas a su padre usaría un boli que robó del banco, que tenía un bonito color azul claro. Al principio había intentado llamarle, pero allí no había cobertura, por lo que se había tenido que rendir y conformarse con escribir una carta. *Ahora mismo estoy desayunando en el comedor. Me han seleccionado para Griffindor, aquí estamos divididos en cuatro casas, la mía al parecer es la de los valientes, sería una casa perfecta para ti. Conozco a alguno de mis nuevos compañeros, espero que estés contento de saber que tengo algo parecido a un proyecto de amigos, no tienes de qué preocuparte, estoy bien.**Te quiere:*Eva. -¿Qué escribes?- preguntó Albus sentándose a su lado.-Una carta- contestó, luego pensó que a lo mejor tendría que empezar a dar más información cuando le preguntaban, para que tener una conversación con ella no fuese tan complicado- para mi padre- empezó, una parte de su cerebro le mandaba cerrar la boca, le decía que no tenía que fiarse de nadie más que de ella misma- me pidió que le escribiese nada más llegar.-Padres- dijo encogiéndose de hombros, viendo el esfuerzo que hacía la chica para ser amable- los míos también son unos maniáticos- dijo sacando un pergamino- tengo que escribirles también.-¿Dónde la puedo mandar?- dijo más cortante de lo que pretendía- por favor, ¿me lo puedes decir?- lo intentó de nuevo con un tono más amigable.-Claro, desayunamos y te acompaño- dijo Albus con una enorme sonrisa. Estaba claro que esa chica tenía ganas de ser amable, pero simplemente parecía no que le saliese, quería ayudarla de algún modo a caer bien a la gente, él al menos la consideraba una buena persona.Terminaron justo cuando James, Fred y Erik llegaban medio dormidos.-Vaya, buenos días- dijo James con una sonrisa burlona- veo que empiezas bien el curso hermanito.-Buenos días a ti también James- dijo irritado Albus.-¿Ya os vais?- dijo Fred riendo al ver que caminaban juntitos.-Sí, la voy a llevar a enviar una carta- contestó empezando a cansarse.Eva miraba a Erik con el ceño fruncido, y él a ella igual, ambos sumergidos en sus pensamientos.Albus la agarró de la mano y tiró de ella para conducirla hacia la salida. Al principio Eva sintió ganas de apartar su mano de un tirón, pero luego simplemente lo siguió dejándose arrastrar.Subieron muchas escaleras, hasta llegar a las de una torre, o al menos esos supuso Eva, porque estaban muy alto y las escaleras se estrechaban.Entraron a una sala llena de lechuzas, en lo alto de lo que efectivamente era una torre.-¿Tienes lechuza?-Sí.Se dirigió hacia una completamente negra a la que había llamado Sheziss, uno de sus personajes favoritos de los cuentos de su padre.Cada uno envió su lechuza a casa, para dar la noticia de que estaban bien.Eva se quedó observando su ave, que pronto se encontraría con Jack, ella también le echaba de menos, y estaba preocupada por él, ya que lo único en lo que consistía su día a día era cuidarla, ya fuese planchar su ropa, preparar la comida o escuchar a escondidas cuando practicaba con la guitarra que le había regalado. ¿Qué estaría haciendo ahora él?Descendieron rápidamente para no llegar tarde a clase, y cuando ya salieron a un pasillo más ancho Eva se quedó quieta intentando decidir la dirección que tenían que tomar, Albus eligió por ella y volvió a tirar de su mano.De alguna manera él parecía conocer el camino, porque en un momento estuvieron entrando por la puerta del aula de encantamientos.Se sentaron juntos detrás de Rose y Eloie justo en el momento en el que el profesor entró.-Hola a todos chicos. Hoy es la primera clase de muchas, y espero que desde el principio mostréis atención, ¿Habéis traído las varitas?- preguntó, era un hombre pequeño y con voz chillona .Todos los alumnos se las mostraron.-Muy bien, ¿Todos tenéis una pluma?- todos levantaron la pluma que habían encontrado sobre los pupitres.Se dispuso a explicar el hechizo y practicaron las palabras y los movimientos por separado al principio.-Bien, ahora que todos lo sabéis más o menos lo que hay que hacer, efectuar el hechizo, es normal que al principio no os salga, el estudiante que primero lo consiga conseguirá diez puntos más para su casa. ¡Comenzad!La clase se llenó de murmullos y risas, Eva miró a los lados, nadie lo conseguía. Alzó la varita en dirección a la pluma y con el simple hecho de concentrarse en ella, de hacer pasar energía por la varita la pluma se elevó hacia el techo.-Muy bien señorita Redfield- exclamó el profesor- diez puntos para Griffindor.Se quedó mirando la pluma que aún flotaba sobre su cabeza, que raro, no había siquiera pensado en el hechizo, ¿por qué había volado?La clase acabó y se dirigieron al aula de pociones en las mazmorras.Se sentaron los cuatro en una misma mesa. El profesor Slughorn, un hombre calvo y gordo entró en la clase y les explicó, que este año los grupos los formaría él para que no estuviesen desequilibrados, lo de su club y como se evaluarían sus trabajos y blablabla.Empezaron a preparar una poción de pocos ingredientes y fáciles para ver su nivel.En su mesa hablaban de lo genial que eran las clases allí. Eva estaba concentrada en su caldero, al contrario que en la otra clase, esa le resultaba difícil, los ingredientes no tenían relación entre si, y menos sentido aún que la dirección en la que había que revolverlos tuviese tanto efecto en el resultado.Al final de la clase el profesor pasó por cada mesa poniendo nota a las pociones.-Bien, estos serán los grupos para el primer trimestre como mínimo. A petición de la directora los grupos mezclarán miembros de diferentes casas, no quiero oír ni una pega- advirtió.Nombraba cuatro personas, dos de cada casa y los colocaba en una mesa. Eva esperaba pacientemente su turno, al contrario que sus compañeros, que eran un manojo de nervios.-Redfield, Malfoy, Etxeberri... esto, usted- dijo señalando a la Slytherin- y Parkinson.Se sentaron en la mesa que el profesor les había indicado mientras terminaba de colocar a las personas restantes.Después de la comida tenían clase de vuelo. Al principio no le gustaba la idea de montarse sobre un palo para despegar los pies del suelo, pero descubrió que le encantaba sentir el viento en la cara y los pies alejados de la tierra. Se dejó llevar y, sin apenas darse cuenta, cogió velocidad. Cuando se percató de que todos la miraban desde poca altura y medio caídos en sus escobas, exceptuando a un par de personas que lo hacían bastante bien, descendió avergonzada y se desmontó. Lo había vuelto a hacer, era la rara de nuevo.