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Tras esos ojos de hielo — capítulo 7

Se despertó sobresaltada en mitad de la noche. Sus compañeras respiraban acompasadamente bajo sus mantas, profundamente dormidas.Eva respiraba ajitadamente, su corazón parecía querer salir de su pecho, miró a los lados con los ojos muy abiertos, agobiada de repente.Las paredes se estrechaban, o esa era la sensación que tenía Eva, la habitación cada vez era más pequeña, no podía seguir allí, estaba encerrada, se ahogaba no había suficiente oxígeno. Tenía que salir de allí.Se levantó de golpe sin molestarse en cambiarse la ropa y salió corriendo de la habitación. La sala común estaba vacía, en los pasillos y las escaleras no había ni un alma. Eva corría entre las sombras, intentando huir del castillo que se había convertido en un espacio claustrofóbico para ella de pronto.Una vez fuera respiró profundamente, llenando de aire los pulmones.Bastante más aliviada se tumbó en la hierva, sin importarle el frío de finales de septiembre.Giró la cabeza hacia la derecha y se encontró con que el Bosque Prohibido en realidad estaba muy cerca de ella.Sin saber exactamente por qué, se levantó y camino hacia allí, como atraída por una fuerza invisible que la hacía avanzar hacia el bosque, sin importar que las normas lo prohibiesen, sin miedo a lo que pudiese encontrar en las sombras de ese misterioso lugar se adentró en él, sintiéndose mucho mejor de pronto.Caminó un poco entre los árboles, protegida por las sombras, fascinada con la hermosura de las siluetas que formaba la pálida luz de la luna sobre los enormes árboles, hechizada por la apariencia misteriosa que la luz le otorgaba al fantástico lugar.Vio un destello a lo lejos. Avanzó guiada por el instinto, como si necesitase acercarse más a aquella luz. Llegó a un claro iluminado por la luna, donde se asentaban una hermosas criaturas, parecidas a los caballos, solo que mucho más hermosos, con el pelaje blanco como la nieve, con un cuerno espiralado y tan brillante que cegaba, parecía hecho del mismo material que las perlas. Eran completamente hermosos. Unicornios.Se le llenaron los ojos de lágrimas, un sentimiento de añoranza inundó su pecho,y sin ser plenamente consciente de lo que hacía, se acercó más a las hermosas criaturas, que se hallaban tumbadas sobre la hierva, observándola con sus luminosos ojos.Se sentó junto a ellos, apoyándose con cuidado en uno de ellos, que no se movió. Otro, un potrillo se acercó a ella, vacilante, pero finalmente apoyó la cabeza sobre sus piernas. Ella levantó una mano y acarició las suaves y brillantes crines del pequeño unicornio, que cerró los ojos a gusto con el tacto de la muchacha, que pasaba la mano sin rozar su pequeño cuerno. No sabía cómo, pero tenía claro que el pequeño cuerno que no era más grande que su dedo meñique era algo sagrado que no podía ni siquiera tocar. Se encontraba en una nube, como si eso fuese algo que añoraba hacer desde pequeña, como si se encontrase entre amigos, con su familia.De pronto uno de ellos alzó la cabeza, en tensión. Todos lo imitaron, incluso Eva acentuó sus sentidos. Sintió una presencia muy cercana. Los unicornios se pusieron en pié y comenzaron a trotar, y, haciendo gala de sus habilidades de viajar con la luz, desaparecieron uno tras otro, dejando a Eva sola en el claro.Con las prisas había olvidado la varita en la mesilla de noche, estaba completamente indefensa, ella sola en un enorme, oscuro y desconocido bosque. Las que antes le habían parecido unas acogedoras y protectoras sombras ahora se tornaban siniestras y amenazadoras.Intentaba avanzar lo más rápido que le permitían sus piernas, pero estaba ya agotada y sus articulaciones no le respondían.Tropezó con una raíz oculta entre la maleza y cayó de bruces.Intentó ponerse de nuevo en pié, pero no fue capaz, le dolía mucho el tobillo y ya no tenía fuerzas para ni siquiera protegerse.Una enorme araña apareció de la nada y arremetió contra ella. Lo único que pudo hacer ella fue cubrirse los ojos con su brazo, siendo consciente de que estaba indefensa frente a un enorme monstruo. Iba a morir, pero lo haría con dignidad. No pensaba sentir miedo, ni gritar, ni arrastrarse unos metros como una idiota para luego morir devorada por la araña. Esperó a que el bicho la atacase, pero el golpe no llegó.-PETRIFICUS- gritó una conocida voz para la chica.Eva levantó los ojos, para encontrarse con James Potter, que alzaba la varita en dirección a el horrible monstruo.Tras el muchacho estaban Fred Weasley y Erik Tara, que también agarraban con fuerza sus respectivas varitas.-¿Estás bien?- pregunto el chico arrodillándose al lado de la muchacha.No podía hablar. Pese a que su rostro estaba impasible y parecía completamente tranquila tenía un enorme nudo en la garganta. Le dolía todo el cuerpo, y sentía que se desvanecería en poco tiempo, pero no conseguía decirlo en alto.-Creo que tiene herido un tobillo- dijo Erik acercándose a ellos, seguido por un aún atónito Fred, al que por primera vez se le habían quitado las ganas de bromear.-Deberíamos llevarla a la enfermería, creo que no es solo el tobillo, le sangra mucho la frente- asintió James.Erik se quitó la bufanda para taponarle la brecha. Entre él y James la alzaron en volandas, pero lo último que recordará Eva de esa noche, serán los preocupados ojos de James Potter.


Eva abrió los ojos y quedó deslumbrada por la claridad que entraba por las ventanas de la enfermería.*Espera, ¿enfermería?*Se intentó incorporar pero pero alguien se lo impidió. Desconcertada miró a su derecha, donde se encontraba un sonriente muchacho que se apoyaba en su cama, un poco somnoliento.-No es buena idea, la enfermera aún no ha comprobado que no tienes contusiones internas, mejor no te levantes- la advirtió.Ella se tumbó de nuevo de mala gana, sin comprender aún que había pasado para estar en la enfermería con James Potter velándola.-¿Qué tal te encuentras?-Bien, un poco...Mareada- respondió algo incómoda.De pronto las imágenes de la noche anterior la asaltaron, los unicornios, la araña, los chicos. Él, el muchacho al que no tragaba intentando taparle la herida de la frente. Alzó la mano vacilante hacia su cabeza, pero se encontró con que la brecha había desaparecido.-Poppy la curó- dijo James.-¿Poppy?- preguntó la chica levando una ceja.-La enfermera- rió James.Como si la hubiesen invocado, la mujer apareció en la puerta de su despacho, y al ver que Eva estaba consciente se acercó casi corriendo.-Me alegra ver que ha despertado señorita Redfield- se acercó a la cama de la muchacha hasta quedar frente a ella- siga mi dedo- ordenó.Eva hizo caso, y, sintiéndose completamente boba movió sus ojos en la misma dirección el la que Poppy movía el índice.-Bueno, parece que no hay daños graves en su cerebro, así que puede irse. No haga esfuerzos excesivos- advirtió la mujer.Eva se incorporó lentamente y puso los pies en el suelo, estremeciéndose con el frío de las baldosas.Hasta entonces no se había percatado, pero lo único que llevaba puesto era una camiseta de su padre, de la que se había adueñado años atrás con  el pretexto de que era muy suave y que, desde entonces, usaba para dormir, y unos pantalones tan cortos que podían parecer la ropa interior. Menos mal que la camiseta me tapa pensó sonrojándose al ver que James la miraba sonriendo de medio lado. Antes de que el muchacho pudiese advertir su rubor alzó la cabeza con el rostro inexpresivo de nuevo y le lanzó una gélida mirada.-No puedes andar por el pasillo con esa pinta- sentenció él, cubriéndola con su capa- así al menos se disimulará un poco.Sin decir nada Eva se dirigió hacia la puerta, para que él no pudiese ver el color escarlata que habían tomado sus mejillas.Llegó a la sala común que estaba casi vacía. Fuera hacía sol, y todo el mundo disfrutaba de él, excepto un muchacho rubio que corría escaleras abajo desde el dormitorio de los chicos.-Oh, hola- dijo claramente incómodo- veo que estas mejor-se revolvió el claro pelo con la mano derecha, un gesto que le recordó muchísimo a Jack, el cual siempre hacía lo mismo cuando no sabía qué hacer o decir.-Sí- respondió con tono neutro Avanzó en silencio hacia los dormitorios de las chicas, pero antes de desaparecer las escaleras, tomó una decisión, una decisión que cambiaría el rumbo de las cosas, que acabaría al fin con una guerra tan antigua que ya no quedaba nadie capaz de recordar cómo empezó, una guerra que ordenaban unos caprichosos dioses, los que se hallaban demasiado lejos como para intervenir. Respiró hondo y dijo en voz alta y clara:- gracias, Erik.


Bueno, sé que he tardado un poco en actualizar y que este capítulo no es lo que se dice brillante, pero no sabía qué escribir, tengo falta de imaginación.Espero que os haya gustado y que me trasmitáis vuestras opiniones.Gracias!! :)