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Equipo Imposible — capítulo 2
Septiembre, 1990. - ¡¡AAAAAAAA!! -se oyó por toda la casa.- ¡¡Llegó tarde al instituto!! Hana saltó de la cama, y se vistió tan rápido como pudo. Se peinó, se lavó los dientes y metió todos sus libros a huevo en la mochila. Hana tenía el pelo negro, largo hasta la cintura que le caía como una larga cascada negra. Los ojos azules mostraban arrogancia a veces y simpatía en otras, pero jamás amabilidad o piedad. No era una joven de fiar, apenas tenía amigos y nunca se separaba de un libro muy curioso: Leyendas de Inglaterra. La soledad la hacía sentirse bien, tranquila y despejada. Le gustaba pensar en sus cosas, organizar sus ideas y detener malos recuerdos que fluían. La compañía la distraía y no la ayudaba en absoluto a relajarse. Había rechazado un montón de amistades desde que se cambió de instituto, y era plenamente feliz con ello. En el fondo, sabía que solo querían su amistad para poderle copiar los deberes y sacarle dinero. Era la alumna más inteligente de su curso. Tenía un récord perfecto de asistencia desde que estaba en infantil. Su historial era impecable y no había recibido ni una llamada de atención en clase por estar distraída. Por eso, Hana no quería llegar tarde al instituto, ya que ser puntual era uno de sus mayores objetivos para una formación perfecta. - Hana, cielo, ¿no desayunas? -preguntó la señora Verontelli desde la cocina. - No, dame un sándwich, si acaso -dijo Hana, apurada.- Llego tarde, y nunca llego tarde ... nunca llego tarde ... - Bueno, toma -su madre le entregó un bocadillo. Hana lo cogió y salió corriendo como una bala al instituto. Si no tenía contratiempos, entonces no llegaría más de cinco minutos tarde. Pilló un taxi y le dijo que como no se diese prisa no le pensaba dar propina. El taxista se puso histérico y arrancó el vehículo a la máxima velocidad. Hana llegó al instituto en tres segundos. Como le había prometido al taxista, le dio su propina y salió disparada hacia su clase. Cuando llegó, afortunadamente no había llegado el profesor, y los alumnos estaban de juerga. Menos mal, se dijo, había olvidado que hoy hay Biología y Doña Marta siempre llega tarde. - Hola, clase ruidosa y maleducada -dijo, dejando sus cosas en su pupitre.- Veo que seguís portándoos como en preescolar, gritando cuando otras clases ya han empezado -los alumnos se miraron entre sí y luego la miraron a ella.- Ah, lo olvidaba; hoy tenemos examen de Matemáticas y me gustaría saber si habéis estudiado (que dudo mucho) y si no, mucha mierda (la necesitaréis) ... - ¡Eh, eh! ¿Has estudiado tú? -gritó Marco el Idiota, que era el más chulo arrogante de la clase. Marco era el chico más arrogante de la clase. Iba molestando al primero que veía y era el chico con el historial más lleno de faltas del instituto. Tan lleno, que Hana se preguntaba cómo es que todavía no le habían expulsado. Nadie conocía el auténtico apellido de Marco, Hana le había llamado El Idiota desde que se incorporó a la clase, y todos le habían llamado así, y desde ese día, nadie le había vuelto a llamar por su apellido. Ni siquiera los profesores. - Usa el cerebro, poniendo que lo tengas -respondió Hana.- Si os aviso, ¿por qué te crees que es? - No sé ... ¿por tocar las narices? -dijo Marco, poniéndose en jarras. - ¿Prefieres que llame a la jefa de estudios? -le advirtió Hana, con los brazos cruzados. Era muy fácil callar a Marco el Idiota. Tenía el historial tan lleno de faltas, que era normal que le tuviese miedo a la jefa de estudios. Afortunadamente, Doña Marta entró en clase, y todos se sentaron. Hana fulminó a Marco el Idiota con la mirada antes de ponerse a tomar apuntes y luego, ignoró todos los insultos que le escribía en notitas. Y es que Marco había sido una espina en la mano por tres semanas que llevaban de curso; que si zancadilla en el comedor, que si ahora te pego un chicle en el pelo, que si te culpo de algo que no has hecho ... Hana había aprendido a dominarle, y sabía que bastaba con amenazarle con avisar a la jefa de estudios para que dejase de molestar. Era el punto débil de su enemigo mortal; Hana estudiaba a la gente para saber cuál era su punto débil, su personalidad, y luego, era ella la que atacaba. Hana había conseguido información a cerca de Marco el Idiota. Primero, su historial estaba asqueroso; segundo, era adicto a las radio-novelas (posiblemente, lo más anti-guay del centro); tercero, cuando estaba solo en el baño se besaba con su reflejo. Hana guardaba esa información en secreto ... hasta que Marco se pasase con ella y fuese el momento de usar la munición contra él. Tras tres cambios de clase, llegó el recreo. Hana cogió su merienda y bajó al patio. - Esa es Verontelli, la margi -murmuró Nicole St Claire, desde "sus" escaleras. Sus esclavas populares, según Hana, rieron. Hana no les hizo ni caso, y se sentó bajo su árbol, a leer su libro y pensar en sus asuntos privados, los que no pensaba compartir con nadie. Nicole St. Claire era una chica de tez pálida y cabello rojo como el fuego. Tenía unos llamativos ojos verdes y era una de las chicas más irritantes del instituto, después de Marco el Idiota. Aunque Nicole no defendía a Marco (por el simple hecho de que Marco era un urga-narices), Hana la tenía en su lista de peores personas del colegio. No era ni buena alumna ni buena compañera, y podía parecer muy guapa y atractiva por fuera, pero Hana ya sabía que era un monstruo por dentro. Lo había documentado en su cuaderno especial de notas. Por eso, Hana había decidido ignorarla por el resto de sus días en el instituto. Sacó su cuaderno de notas, y anotó el insulto que Nicole le había dicho. Quería asegurarse de analizarlo bien, para asegurarse de si merecía la pena molestarse por ello. La vida no era para ella, se dijo Hana. La vida estaba hecha para gente guay, a la que le gustaba hundirse en las multitudes y juntarse con otras personas. La vida no estaba hecha para ir sin compañía, reflexionó con sabiduría. Dejó fluir sus pensamientos y se puso a leer. Diez minutos después del inicio del recreo, Miillanie, una chica rubia de su clase, que solía estar en las nubes y tener un carácter muy reservado, llegó al rincón. Miillanie era una bella rubia de amables ojos grises, a la que le gustaba la tranquilidad y la nobleza. Ella misma venía de una familia noble y sofisticada. Era uno de los motivos por el cuál nunca se la había oído soltar una grosería o comer con la espalda torcida. En clase hablaba con educación y los profesores admiraban mucho su comportamiento, no tanto como sus notas. Miillanie era bastante distraída, y tendía a pensar en las nubes con frecuencia, algo que a ella le costaba reconocer. Miillanie solo tenía dos faltas en su historial, y ningún récord de asistencia, pero Hana la tenía por muy buena compañera. Era de las pocas que no se había metido con ella. - ¿Me puedo quedar contigo? -preguntó con educación. Hana reflexionó un momento. Tenía dos opciones; la primera, era dejar que Miilanie se quedase con ella, y compartir el secreto del libro. la segunda era expulsarla y perder la oportunidad de tener una amiga que era más o menos como ella. - Quédate, no me molesta -respondió Hana, cerrando el libro. - Gracias -le agradeció la rubia.- ¿Sabes? Me escapo de Marco el Idiota ... está intentando encontrarte ... yo sé dónde estás, y no quiero decírselo, así que ... - Marco el Subnormal, querrás decir -le corrigió Hana.- Pienso que "idiota" es quedarse corto ... ¿has visto su historial? Miillanie no contestó. Simplemente, se la quedó mirando, sorprendida. - El historial de Marco -aclaró Hana. - Ah ... se rumorea que está más sucio que la depuradora municipal -respondió la rubia, al fin. - Pero no lo has leído ... - ¿Tú sí? - Ser alumna estrella tiene sus ventajas -se enorgulleció Hana.- por cierto, me encantó tu historial; impecable como el palacio de Buckinham. - Gracias, me gano mi popularidad con mi respeto a la regla -dijo Miillanie, con orgullo. Se quedaron en silencio. Hana abrió su cuadernillo de bolsillo y anotó la personalidad de Miillanie; inteligente, algo distraída y buena alumna. En ese cuaderno apuntaba todas sus investigaciones sobre la gente, sucesos extraños o asuntos privados suyos sin más. Le era útil acordarse de todo. Hana, al finalizar el día, regresó a casa sola, despidiéndose de Miillanie, quien iba al centro comercial con Artemis y Kath. Hana no quería ir con demasiada gente, así que regresó a su casa, y se encerró en su cuarto para hacer sus tareas y centrarse en sus asuntos.