← Equipo Imposible · de
Equipo Imposible — capítulo 5
Hana se levantó al día siguiente con ganas pésimas de ir al instituto. Más que nada, porque tenía claro que cuando entrase en el centro, todos iban a intentar ganar su amistad. Había sido poco cuidadosa. Había desvelado su mayor secreto a las tres chicas que dirigían la columna de cotilleos del periódico del colegio. Tomó nota personal de no desvelar tampoco el resto de sus secretos, y metió su diario en la caja fuerte de su armario y cambió la contraseña. A salvo, se dijo, mientras se calzaba. La Gata dormía profundamente, y Hana cogió sus cosas y bajó las escaleras con cuidado de que nada la despertase. Era culpa de la maldita criatura que su reputación como chica solitaria estuviese en juego. - Adiós, mamá, me marcho -dijo, en un tono de voz moderado según pasaba por la cocina. - ¿No desayunas? -se extrañó la señora Verontelli. - No, mamá, no quiero llegar tarde. - Llévate unas barritas de cereales, al menos. Hana cogió las barritas de cereales y salió de casa. Cruzó el camino de piedra que llevaba a la salida. Iba pensado en cosas que le gustaría que le pasasen a La Gata. Aunque había cambiado de opinión respecto a la compañía de las personas, estaba muy enfadada con el animal. Ella, en el fondo, quería estar siempre sola, relajarse y sentirse despreocupada. Una amistad como la de Miillanie y sus amigas era muy complicada de mantener, y por eso Hana no les había hablado en tres semanas. Porque no quería currar demasiado en la amistad, y no quería que cuajase. Sacó una barrita de cereales y le dio un mordisco. Abrió la cancela de su casa y salió a la calle. Llegó a la parada de autobús en nada, y subió a los diez minutos. ¿La Gata era realmente capaz de destruir la vida de Hana, con tal de que ella salvase la Tierra de seres imaginarios como los Huns? - No -se murmuró firmemente. El bus se detuvo frente a la puerta del instituto. Hana se había preparado para que todos se volviesen hacia ella y la llamasen de todo, e intentasen ganarse su amistad, pero no pasó así. - ¡Corred, llegan los Huns! -gritó Marco el Idiota, mientras corría de un lado a otro de la puerta.- ¡Los Huns! - ¿Eres subnormal o eres subnormal? -Hana le agarró del cuello de la camisa.- Los Huns no existen, idiota, ni existirán. - Lo dice el gato parlante ese -farfulló Marco. Hana miró a dónde señalaba el imbécil de Marco, y vio, para su sorpresa, que estaba allí, la gata morada y blanca, La Gata, mirándola sonriente. - Tú ... maldita... y asquerosa ... alimaña ... -dijo Hana, con la voz entrecortada por la furia.- Tú ahora mismo te vas de este instituto. - Nadie me manda -La Gata se quedó dónde estaba, con toda tranquilidad. - Oooo... claro que te manda alguien... ¡yo! -se lanzó encima del animal, que fue a retirarse pero no le dio tiempo. Hana agarró a La Gata por el rabo y le dio vueltas como si fuese una cuerda de vaqueros, y luego, deteniendo un poco la fuerza centrífuga, le soltó a La Gata: - ¿Sabes lo que hacen los dueños hoy en día con los gatitos malos como tú? -le pegó una patada en el trasero al animal y lo encestó en una papelera en la acera opuesta.- ¡Esto! Todos los alumnos estallaron en aplausos. Miillanie, Artemis y Kath fueron las únicas que no aplaudieron. - No tendrías que haberlo hecho -dijo Kath. - Se lo tiene merecido -respondió Hana.- Desde que esa maldita y asquerosa Gata apareció en mi casa, mi vida ha sido una pesadilla, y eso que ayer fue la primera vez que la vi. - Tienes que controlarte, así no venceremos a los Jas -le advirtió Miillanie. - La Gata dijo los Huns, y eso no existe -dijo Hana.- Se lo ha inventado, y alguien me gasta una broma ... - No; La Gata te dijo los Jas. Ella es de la dimensión felina -explicó Artemis. - ¿Qué demonios ...? -se detuvo Hana en seco.- A mí me dijo los Huns. La Gata salió de la basura y regresó con Hana. - Ahórrate esos ataques para los Jas -le regañó. - Me... dijiste ... los Huns, gata estúpida -le espetó Hana. - Dije los Jas -sentenció La Gata.- Empieza el entrenamiento de control de fuerza ... -Hana no la dejó terminar. La cogió por el rabo y la lanzó directamente al camión de la basura que pasaba por ahí. - ¡Toma Jas! -tembló de ira.- Nosotras nos prepararemos solas, tú vete a tú dimensión felina.