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El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 10

Dos años después, ahí estaban, el uno frente al otro recordando viejos besos.

Jolinne tenía la cabeza en una nube, sin intención de despegar los labios de su chico. Se besaron un buen rato, hasta que se separaron con un ligero suspiro y se abrazaron.

Te he echado de menos.

Yo no he parado de pensar en ti…

Pero esto está mal, Will -Jolinne enterró el rostro en su pecho, mientras la abrazaba- No podemos estar juntos, no nos pertenecemos… Volveré a irme con mis amigas a otro mundo, y no volveremos a vernos. Nunca estaremos juntos.

Estamos juntos ahora, Jo. -dijo besándola en el pelo.

Pero ¿hasta cuándo? - Jolinne se separó de él- ya tuvimos que separarnos una vez, y ahora tendremos que volver a hacerlo…

Hasta entonces, déjame disfrutar un poco de ti -la besó suavemente en la mejilla- Si algo he aprendido de mi padre, es que las pocas veces que estás con alguien a quien quieres, debes disfrutar de ello.

Ella se rindió, soltando un suspiro. Se sentaron ambos al lado de un árbol, entrelazando sus manos.

Estás más mayor -dijo él- pareces más adulta.

Tú también. Te has dejado barba… -le tocó la mejilla lentamente- Ahora tienes dieciocho, ¿verdad?

Sí. Tú tienes ya dieciséis, ¿no? -ella asintió- Vaya, así que las cuatro lleváis… ¿dos años enteros viajando de mundo en mundo?

No podemos volver a casa -explicó, mientras intentaba arrancar hierbajos distraídamente- nos está costando mucho… aunque creo que podemos estar ya sobre la pista.

Si no podéis volver a casa, quedaos aquí. Quédate conmigo, por favor.

Jolinne miró sus oscuros ojos suplicantes. Le encantaban esos ojos. Se sentía muy tentada de complacerles…

No puedo, Will. Me encantaría. Pero no puedo hacerle eso a las chicas… no podría obligarlas a que se quedasen, ni tampoco podría abandonarlas. Tengo muchas ganas de decirte que sí… pero no vuelvas a pedírmelo.

De acuerdo. -se resignó.

Bueno, cuéntame cómo van las cosas por aquí. ¿Cómo está tu madre?

Finge estar bien, como siempre. Sigue con su negocio de reliquias de piratas y objetos extraños. Espero que a tus amigas no les dé por entrar a la tienda a buscar plantas medicinales.

No te preocupes. ¿Sigue haciendo viajes con el barco a escondidas del pueblo?

Sí, todo sigue igual.

Jolinne notó en seguida el abatimiento de su silencio.

Will, ¿qué ocurre? ¿Algo anda mal?

Júrame que no dirás nada -la miró a los ojos- no puede saberlo nadie.

Te lo prometo.

Verás… el cofre ha desaparecido.

¿No será… el cofre que me imagino?

Sí.

¿El que tiene el corazón de tu padre? -la alarma de Jolinne hizo que alzara la voz más de lo normal.

Chsst! -Will miró alrededor- No puede enterarse nadie, Jolinne. ¿Te imaginas las repercusiones que puede tener esto?

Claro…

Jolinne entonces lo entendió: Will era el chico al que debían ayudar en este mundo. Y el objeto perdido, era nada más y nada menos que un corazón palpitante metido en una caja.

Tenemos que contárselo a las chicas.

¿Es que no me has oído decir que no puede saberlo nadie?

¡Confía en mí! Podemos ayudarte, Will. De verdad. Creo que por eso estamos aquí, ésa es la razón por la que hemos vuelto a este mundo. Estoy segura.

Acabó aceptando a regañadientes. Volvieron despacio a la casita, ya que empezaba a oscurecer y notaban el frío colándose por sus cuerpos. Encontraron a Sylvie, Mayleen y Katherine con una taza humeante en la mano, sentadas alrededor del fuego.

Os tengo que contar algo -dijo Will, sentándose en un sillón frente a ellas, con los codos apoyados en las rodillas- Jolinne ha insistido en que os lo explique todo, ya que dice que me podéis ayudar.

La castaña les lanzó una mirada elocuente, como diciendo "es él". Las demás la entendieron en seguida, y se irguieron para escuchar la historia de Will, quien se lo contó todo.

Vamos a ver si lo he entendido -Katherine se sentó hacia delante- Tu padre tiene el corazón en un cofre. Tiene el pecho vacío, y su corazón está en un cofre a quilómetros de distancia.

Sí.

Y le bombea la sangre a todo su cuerpo a distancia, ¿o cómo va?

El caso es -interrumpe Jolinne, de pie al lado de Will- que el cofre ha desaparecido. Y debemos encontrarlo.

¿Dónde estaba guardado? -colaboró Sylvie.

En la recámara de la tienda de mi madre.

¿Y cuándo desapareció?

Hace ya una semana. Mi madre se fue en su navío para ir a buscar algunos viejos enemigos piratas y ver si fueron ellos quienes se lo llevaron.

¿Viejos enemigos piratas? -Mayleen estaba sorprendida- Vaya madre más temeraria, ¿no? Tendrá suerte si vuelve de una pieza.

Jolinne le lanzó una mirada asesina. La pelirroja se dio por aludida por su metedura de pata, y apretó los labios avergonzada.

Es más hábil de lo que crees con las espadas. Mi madre puede parecer sólo una mujer guapa, pero es una guerrera letal. Engaña mucho a simple vista.

Igual que nosotras -Katherine se levantó- Vamos a hacer pedazos al que se llevó el cofre y hacer que te lo devuelvan. ¿Por dónde empezamos?

Deberíamos ir a ver primero el lugar de donde desapareció -sugirió Sylvie- ¿Dónde está esa tienda de tu madre, Will?

En el centro del pueblo, donde están los demás comercios. Está a una hora de camino de aquí.

Pues vamos -resolvió Katherine.

Kaths, ya ha anochecido. ¡Hace un frío que pela fuera! -La pelirroja miraba por la ventana con cara de preocupación.

¿Crees que eso le importaría al ladrón? Cuanto antes vayamos mejor, Mayleen.

Kath tiene razón. -expresó Jolinne- Vamos a coger toda la ropa de abrigo que tengamos. Haremos noche en la tienda, si hace falta.

Sylvie asintió, y fue a buscar sus cosas. Mayleen hizo una mueca, pero aceptó. Cuando todos llevaban unas cuantas capas de abrigo, salieron de la casita.

Muy bien, seguidme. Es por aquí -indicó el muchacho.

Todas la siguieron, caminando dificultosamente por el bosque, en el que a veces había ramas o troncos caídos. Katherine se puso a hablar con Will en la parte de delante.

¿Sabías que te pareces a uno de mis hermanos mayores?

¿De verdad?

Sí, pero mi hermano es más moreno. Y más estúpido.

Eso hizo reír a Will.

¿Tienes muchos hermanos?

Sí, cinco. Todos mayores, todos varones. Es una lata…

Siguiéndoles un par de metros atrás, estaba una Jolinne pensativa junto a Mayleen y Sylvie. La pelirroja chisteó a Jolinne para que se acercara a ellas dos.

¿Y bien? ¿No hay algo que nos quieras contar?

¿A qué te refieres?

Entre tú y ese bombón rubio.

Jolinne miró a sus dos amigas, que estaban a la espera de su respuesta. Ya no tenía sentido ocultárselo.

Sí, está bien. Hay algo entre nosotros.

Mayleen dio un pequeño saltito de la emoción, Sylvie sólo sonrió.

¿Por qué no nos lo habías dicho antes?

No todas somos tan liberales como tú, Mayleen -Sylvie salió en su defensa- Imagino que habrá sido duro para ella, por el hecho de ser cada uno de mundos distintos.

Pero a mí me paso lo mismo con James Potter, y yo no os he ocultado nada.

Me parece que esto no es un capricho cualquiera… -tanteó Sylvie con delicadeza.

Jolinne negó con la cabeza, dándole la razón a su amiga, intuitiva como siempre. Siguieron la caminata tras los dos parlanchines que encabezaban el grupo.

¿Y qué piensas hacer?

La castaña sorteó una gran rama caída. No le gustaba su respuesta, pero era inevitable.

En cuanto recuperemos el corazón de su padre, le tendré que romper el suyo. Y el mío.