El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 9
Dos años más tarde, Jolinne se separaba del abrazo de Will, que parecía contento de verla. Ella detectó una nota de angustia en sus ojos, pero no comentó nada.
Necesitamos refugio unos días.
Vaya, ni una llamada en dos años ¿y me pides algo así? - el muchacho sonrió pícaramente- Es una broma, entrad. Esta es vuestra casa.
Les abrió la puerta de par en par, dejándolas pasar a un pequeño hogar que olía a pino.
Eres muy amable, gracias - dijo Sylvie- pero ¿nos podrías decir, es decir… quién…?
¿Quién rayos eres tú? -terminó Katherine.
Ya veo que Jolinne os ha hablado de mi -soltó una risotada, mientras Jolinne evitaba su mirada sin decir nada- Soy Will, Will Turner. Vosotras debéis de ser las amigas de Jolinne que estuvisteis aquí la última vez.
¿De qué os conocéis? -preguntó Mayleen, mirando fijamente a Jolinne.
Le conocí cuando iba al pueblo para hacer algunas compras -se adelantó la castaña- Ya sabéis, como comida o medicina…
Err sí, exacto -Will le siguió la corriente- Mi madre tiene un pequeño comercio de plantas medicinales, así que yo era quien le vendía algunas cosas.
Debe de ser interesante lo que hace -comentó Sylvie.
Lo es. Venid conmigo, os enseñaré una habitación en la que podréis dormir. Es muy pequeña para las cuatro, pero no tengo nada más…
En efecto, se trataba de una habitación pequeña para una persona, ya no hablemos de cuatro. Pero las chicas habían dormido en peores condiciones, y apretujaron tres colchones en el suelo. Dejaron sus pertenencias sobre los pies de las "camas", y se sentaron en el desvalido sofá delante de una chimenea crepitante, algo cansadas por la caminata.
Se está calentando té en la cocina -informó Will- Sacadlo cuando ya se haya calentado lo suficiente, ¿de acuerdo? Es para vosotras. Yo voy a dar un paseo fuera, ahora que aún no está oscuro.
Voy contigo. Se me han dormido las piernas -saltó Jolinne. Notaba ya alguna mirada de sospecha por parte de sus amigas, pero decidió ignorarlo. Cogió el abrigo y salió afuera con Will. El tiempo era frío en ese mundo. Empezaron a andar juntos, alejándose de la casita.
Así que no les dijiste nada a tus amigas de mí.
No quería complicar las cosas -dijo secamente ella.
¿Por qué crees que no iban a entenderte?
Porque eres de otro mundo, Will -Jolinne se paró, mirándole a la cara- No sabíamos siquiera si nos íbamos a volver a ver…
Y sin embargo, aquí estamos.
Él la miró fijamente. No hizo falta que se dijeran nada más para desvanecer la distancia que los separaba a ellos y a sus labios, fundiéndose en un beso interminable.
Jolinne recordó sus primeros besos con Will no muy lejos de allí, hacía tiempo.
2 años antes
Voy a dar un rodeo, luego os veo.
¡Qué raro!
Katherine, Sylvie y Mayleen se había acostumbrado ya al paseo de la tarde de su amiga castaña, así que las tres se quedaban cerca del refugio, jugando entre ellas.
¿Creéis que es normal estar tanto tiempo en uno de los mundos? -preguntó Katherine- ya llevamos unas cuantas semanas aquí. En el anterior mundo no estuvimos más de unos cuantos días…
Supongo que es depende del mundo -Sylvie se sentó junto a ella- Jolinne me explicó que el giratiempo debe iluminarse para que funcione.
¿Y dondé está? Vamos a ver si ya se ha iluminado, ¿no?
Lo tiene Jolinne. Ella debe estar al tanto, si se encendiera ya nos avisaría.
Bien, pues… No estaría mal que siguiéramos haciendo figuritas.
Mayleen les acercó a las otras dos unos trozos de madera. Cada una cogió su cuchillo, y empezó a darle forma a los pequeños trozos de madera: Katherine pensó en tallar un pequeño lobo, Mayleen un búho y Sylvie un delfín. Rápidamente iban cogiendo forma.
Sylvie, ¿cómo lo haces para que te quede tan bien siempre? -Mayleen se asombraba con ella.
No lo puede explicar -contestó Katherine- ¿No lo ves, pelirroja? Sylvie es una artista.
La muchacha se ruborizó.
No seáis exageradas.
No lo somos. Tus figuras son las que se venden mejor y por más dinero; si no fuera por ti nos habríamos muerto de hambre en este mundo.
Mientras tanto, Jolinne ya se había alejado bastante de ellas. Se acercaba al acantilado que se conocía tan bien. Vio una figura esperándola ya allí, y se dirigió hacia ella.
Cuando Will la vio, la abrazó, y le dio un tierno beso en los labios, como hacía cada día desde que se atrevieron a confesarse lo que sentían el uno por el otro. Tardaron unas cuantas tardes de conversaciones inacabables, seguidas de largos silencios mirando la puesta de sol sentados juntos, pero al fin se inclinaron para que sus labios se besaran. Ahora, ese beso se había vuelto en un gesto natural para ellos, casi imprescindible.
Will miró sus ojos verdes, que resaltaban tanto en su piel morena. Pero la vio algo intranquila.
Pareces seria. ¿Ocurre algo?
Tenemos que hablar.
Eso me suena a ruptura. Sentémonos, anda.
No quiero romper contigo -ella también se sentó- sólo que te tengo que explicar algo. ¿Recuerdas que te dije que algún día no muy lejano tendría que irme de este pueblo?
Sí. -Will bajó la cabeza, mirando al suelo- Ese día ha llegado, ¿no?
Eso me temo. Pero es algo más complicado…
Fue entonces cuando Jolinne le explicó todo: no era que cambiaban de pueblo, sino de mundo. Le habló de Hogwarts y del giramundos, y de los viajes que había hecho con sus cuatro amigas hasta entonces. El muchacho estaba atónito.
¿Eres consciente de que todo lo que me estás contando suena muy irreal, no?
Pensé que quién mejor tú para que me creyera.
Will agachó la cabeza. Ciertamente, la historia de la maldición de su padre sobre no ver tierra firme más de un día cada diez años, y el hecho de que su corazón estuviera en un cofre fuera de su cuerpo, no alentaba al realismo.
Te creo, Jo. Pero ¿por qué irte ahora? ¿Por qué no en unas semanas?
La castaña sacó algo brillante de su bolsillo. Era el giramundos, que estaba iluminado.
Este es el objeto que nos permite cambiar de mundo -explicó-. Si se ilumina, quiere decir que está listo para usarse.
Es decir, que ahora mismo podríais iros.
Jolinne seguía mirando el objeto, con rostro culpable.
Lleva encendido más de tres semanas. No se lo dije a las chicas porque… quería estar contigo -le miró a los ojos- pero no puedo seguir mintiéndoles, ¿entiendes? Tenemos que volver a casa.
Will la abrazó por detrás y le dio un corto beso en el hombro. También tenía expresión apenada.
Lo entiendo. Aunque me gustaría retenerte aquí para siempre… sé que no puedo. ¿Cuándo vas a irte?
Tardó un poco en contestar.
Llevo mucho tiempo sintiéndome culpable por no decírselo a mis amigas. Ellas merecen volver a casa, y yo las he estado engañando todo este tiempo. Así que cuando vuelva hoy, se lo diré y nos marcharemos.
Se cogieron de la mano. Sabían lo que eso significaba: era sus últimos minutos juntos. Jolinne le apretó más la mano.
¿Quieres venir con nosotras?- tanteó- Sé que éste es tu mundo, pero… tu madre apenas está contigo, ocupada con los viajes de pirata, y a tu padre lo vas a ver tres días más en tu vida…
Pero justamente en esos tres días debo quedarme aquí. La última vez que lo vi era un crío, pero la próxima vez será cuando yo tenga veinte años. Tengo muchas preguntas que hacerle entonces, y no puedo no estar aquí. No puedo marcharme.
Lo entiendo Will. Entonces tendremos que… despedirnos ya.
Se abrazaron un buen rato. Jolinne no se emocionaba con facilidad, pero se le estaba nublando la vista de lágrimas. Will también tenía los ojos rojos.
Nunca le había confiado a nadie lo de mi padre. No he confiado tanto en nadie como en ti, Jo.
Ella reprimía las lágrimas. Quería decirle que ella tampoco había confiado tanto en nadie como en él, ni siquiera en sus amigas, que nunca se había sentido tan bien y tan feliz como en los momentos pasados con él en el acantilado. Pero no le salían las palabras, así que se limitó a abrazarlo y darle sus últimos besos.
¿Crees que volveremos a vernos?
Mucho me temo que no.
Fue la despedida más dura que Jolinne podría recordar.
Dos años después, ahí estaban, el uno frente al otro recordando viejos besos.